Encontrarme con Jesús
El
encuentro con Jesús es revelación. La Universidad no me puede enseñar a mí que
Jesús es el Hijo de Dios. Lo dijo Jesús a Pedro: “eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que
está en los cielos” (Mt 16,17).
En 1984 la
Pontificia Comisión publicaba un amplísimo documento, Bible et Cristologie (en francés y en latín) donde se nos informaba
con pleno detalle de tendencias y autores acerca de cómo se va trabajando para
recuperar y contemplar a ese Jesús que está en las Escrituras. He aquí los
apartados:
1 Intentos teológicos de
estilo "clásico" - 2 Métodos especulativos de tipo crítico 3 Cristología
e investigación histórica - 4 Cristología y ciencia de las religiones - 5
Aproximaciones a Jesús partiendo del judaísmo - 6 Cristología e "Historia de la Salvación" - 7
Cristología y antropología - 8 La
interpretación "existencial" de Jesucristo - 9 Cristología y preocupaciones sociales. - 10 Estudios
sistemáticos de nuevo estilo - 11. En esta perspectiva los exegetas y
los teólogos abordan la cuestión de la personalidad
individual de Jesús.
Es
iluminador y necesario este conocimiento científico de los Evangelios. Pero no
es suficiente para dar con el Jesús de mi vida. Me viene a la mente lo que indicaba hace tres días al
inicio de la 108 Asamblea Plenaria del Episcopado mexicano (11 noviembre), el
Nuncio Apostólico en México en su mensaje:
“Permítanme
compartir una sensación y una experiencia personal: me parece, es mi sensación,
que en los seminarios no se está suficientemente favoreciendo el desarrollo de
un buen hábito de diálogo personal, de corazón a corazón, entre el seminarista
y el Señor. En mi seminario, -y para mí esta es una grata experiencia-, cada
día había un espacio, normalmente antes del canto de vísperas, para
acostumbrarnos a la oración personal: quien 15 minutos, otros media hora o
hasta una hora, todos –según lo acordado con el director espiritual y según el
camino ya hecho – nos quedábamos frente al tabernáculo permitiendo ser
inundados de esa fuente de agua viva y vivificante” (Mons. Franco Coppola,
Nuncio Apostólico en México).
¿Quién
es Jesús para mí? He aquí los puntos de aterrizaje de nuestra meditación.
Mi
Jesús: mi lectura personal del Evangelio
1.
Es obligación mía instruirme e informarme en todo lo referente a mi fe, y el
centro de mi fe es Jesucristo. Pero el estudio y la información es cuestión de
nunca acabar. Cuanto más se estudia más se abre el campo de conocimientos y las
posibilidades de nuevos estudios. Pero a la par, me topo con dos limitaciones:
que mi mente es reducida, y mi tiempo es corto. La
conclusión obligada es que, con lo que yo sé y lo que vaya aprendiendo, me
forme una imagen real, viva, personal, completamente mía de Jesús, de ese Jesús
que ha de regir mi vida y me ha de recibir en la eternidad.
2.
Mi Jesús es ante todo una presencia.
Y lo primero es una presencia inmanente, como lo ha vivido y explicado Pablo.
Ser cristiano es “ser en Jesús”.
3.
Esta presencia inmanente de Jesús es
una presencia vital, que lo invade todo, que me penetra todo; que está en mí.
Jesús en mí y yo en él. No es de orden imaginativo; es de orden sustancia y
real, sobrenatural.
5.
Pero, al mismo tiempo mi Jesús es una
presencia en el espacio y en el tiempo. Jesús llena el universo, es el eje
de la creación. Todo fue creado por él y para él. Y es el eje de la historia.
Él mismo se ha presentado como árbitro final de la historia. Este es mi Jesús,
que ha de juzgar al mundo.
6.
En este aspecto, estando Jesús fuera y dentro de mí, Jesús es mi compañía. Jesús es la suave presencia y compañía de
mi vida. Puedo contar con él en todo instante de mi vida, y en todo lugar,
en toda circunstancia.
7.
Jesús, mi Jesús, es Jesús Resucitado con
el pleno poder de su divinidad.
8.
En tas circunstancias Jesús es el guía
de mi vida, el que me conduce y el que me ha de llevar hasta el final. Él
se define como el Buen Pastor. Una alegoría espiritual, de la que arrancan
múltiples verdades.
9.
Jesús es mi interlocutor: yo puedo
recibir su palabra y puedo devolverle la mía. No es imaginación; es la
estructura de una realidad espiritual.
10.
Jesús es el agente de mi actividad,
de mis iniciativas. Todo lo que hago, lo puedo hacer movido por él, y lo puedo
hacer por él y para ella, de tal forma que toda
mi vida queda cristificada en él. Así nada hay en mí que no sea parte de
él.
11.
Por otra parte, Jesús, portador del Espíritu, es el inspirador constante de mi existencia. Es la fuente de nuevos
pensamientos. Jesús es para mí la sorpresa cotidiana, el horizonte de mi
futuro, mi novedad constante, mi creación. (Si escribo poesía, Jesús es la
palabra poética que espero que en él se engendre).
12.
Pero, como entiendo que mi vida, está unida a la Iglesia de modo siempre
sustancial, pues soy Iglesia santa de Dios, mi Jesús el guía de su santa Iglesia, a la que yo pertenezco.
13.
Y de este modo, con nuevas luces del Espíritu, puedo definir quién es “Mi Jesús”,
el Dios de mi vida, en el Padre y con el Espíritu Santo.
OFRENDA A JESÚS
Presencia luminosa
dentro y fuera,
Jesús, Hijo del Padre,
hermano mío,
mis días son los tuyos
a tu vera,
obrando en mí tu suave
poderío.
Tú eres luz radiante de
su gloria,
del Génesis palabra del
principio:
palabra creadora de
seis días
del sol y las
estrellas, de mí mismo.
Origen primordial de
Adán y Eva
abrazados en éxtasis
divino,
allí eras tú, hermano
primogénito,
y, siendo hermano, nos
hiciste hijos.
Jesús, Hijo de Dios, mi
compañía,
Evangelio cotidiano a
mis oídos,
confidente de amores y
de anhelos,
y paz de mis pensares y
caminos.
A ti mi vida ofrezco y
cuanto soy
dejando a tu cuidado mi
destino,
y a gloria de mi Padre,
en el Espíritu,
en ti yo me abandono,
en ti confío.
Aguascalientes,
Ags. [México], monasterio de Capuchinas,
13 noviembre 2019
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