sábado, 28 de abril de 2018

1082. Domingo V de Pascua. Jesús nos entrega en su persona el rostro y la vida del Padre


Jesús nos entrega en su persona el rostro y la vida del Padre
Jn 14, 1-12

NOTA
Obsérvese que por despiste es errónea la lección del texto, el cual corresponde al ciclo "A", no al ciclo "B" en el que estamos.


Texto evangélico:
Jn14 1 No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3 Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. 4 Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». 5 Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 6 Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7 Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8 Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9 Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
     12 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Hermanos:
1. La esencia de nuestra fe es la intimidad con Dios, y la intimidad con Dios es la intimidad con Jesús. Dos frases que acabo de pronunciar tranquilamente y que nos dan, de repente:
- el sentido de la encarnación del hijo de Dios,
- el sentido de la religión en el mundo,
- y el sentido de la resurrección de Jesucristo que estamos celebrando esplendorosamente en los siete domingos de Pascua.
Estamos en este tiempo áureo de Pascua que litúrgicamente se componen de un triple movimiento:
- los tres primeros domingos vemos a Jesús Resucitado en tres escenas de aparición;
- el IV Domingo, que fue el domingo pasado, todos los años contemplamos a Jesucristo el pastor que conduce desde el cielo conduce a su Iglesia como el Buen Pastor;
- los tres domingos consecutivos escuchamos a Jesús en las palabars de despedida que nos ha transmitido san Juan. Es también ese Jesús viviente de la Pascua el que nos está hablando.

2. ¿Qué nos dice Jesús en estas palabras que acabamos de escuchar?
No se turbe vuestro corazón. Esta frase viene a dar el tono a todo lo que Jesús va a hablar. Dice el relato sagrado que acaba de salir Judas, y entonces Jesús comenzó a explayarse. Su corazón se enancha u puede desahogarse:
Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros (Jn 13,31-33). Es la primera vez que escuchábamos en el Evangelio esta palabra: Hijitos. Cuánta ternura materna se esconde de esta palabra en labios de Dios. Primera y única vez que aparece en los Evangelios.
Así, pues, hay un tono de familiaridad que traspasa todo el discurso de la cena, y este tono pertenece a la esencia de la fe. En el lenguaje vivo las palabras adquiere su pleno sentido en el tono con que se pronuncian.
En momentos intensos de la vida un “¡Hijo mío, hijo mío!” es una frase completa que no pide más. El tono con que se dice es la explicación de todo.

3. Lo más característico de la cena es que Jesús abre de par en par su corazón, y de ahí fluye su amor a borbotones. Escuchemos otras este comienzo de su discurso:
No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar.
 Dice Jesús que va a la casa de su Padre y que allí nos va a preparar el lugar. Considera que es una familia su Padre, él y nosotros.
Hace falta mucho valor espiritual, mejor dicho, mucha luz en el corazón, para recibir estas palabras con todo su significado y atenernos a sus consecuencias. Grabémoslas bien grabadas para cuando toque la hora y vemos que esta vida se acaba y la muerte (la Hermana Muerte, decía san Francisco) o para cuando tenemos a un ser queridos en estas condiciones.

4. La intervención del apóstol Tomás nos va a dar la posibilidad de penetrar más y más en ese misterio de la familiaridad de Dios con el hombre. Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.
Dios es todo, porque ya dijeron los antiguos pensadores que “Dios aquello más grande que lo cual nada puede pensarse".
Ese todo es que es Dios se nos da en Jesús, que es igualmente el todo, igual que Dios. Jesús es “camino y verdad y vida”, tres palabras que no se puede separar porque las tres están significando lo mismo. Jesús es camino: camino-meta, Jesús es camino-verdad, Jesús es camino-vida.
Alcanzar a Jesús, y alcanzar al Padre es lo mismo. Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.

5. En la cumbre del Sinaí Moisés pronuncia le plegaria de su vida: Moisés exclamó: «Muéstrame tu gloria». Y él le respondió: «Yo haré pasar ante ti toda mi bondad…
 Y añadió: «Pero mi rostro no lo puedes ver, porque no puede verlo nadie y quedar con vida» (Ex 33,18-20).
La súplica de Felipe es la súplica sublime y última de toda la humanidad: Muéstranos a Dios, muéstranos tu rostro… y esto nos basta.
La respuesta de Jesús nos descubre el secreto. Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?
Esta es la fe que nosotros anunciamos como cristianos. Cuando predicamos a Cristo predicamos a Dios en su plenitud. En Jesús está el Padre, en Jesús está el Espíritu de Dios.
La esencia de nuestra fe, hermanos, es conocer a Jesús, el Hijo de Dios y en él recibir todo el amor, toda la ternura del Padre y del Espíritu Santo.

Señor Jesús, muéstranos al Padre y esto nos basta.
Muéstranos tu divino rostro, Jesús, hijo de María Virgen, y en él veremos la gloria del Padre y la santidad del Espíritu Santo.
Jesús, muéstranos el Evangelio y esto nos basta, porque en el santo Evangelio estás tú con el Padre y el Espíritu Santo. Amén.

Logroño, convento de la Madre de Dios (hermanas concepcionistas franciscanas), sábado 28 de abril de 2018.

viernes, 20 de abril de 2018

1081. Domingo IV de Pascua. Jesús, el Buen Pastor en este momento de la Iglesia


Jesús, el Buen Pastor en este momento de la Iglesia
Jn 10,11-18 
Texto evangélico:
11 Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; 12 el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; 13 y es que a un asalariado no le importan las ovejas. 14 Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, 15 igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. 16 Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 17 Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. 18 Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

Hermanos:
1. Todos los años, el IV Domingo de Pascua es el Domingo del Buen Pastor.
Los tres primeros domingos leemos algún relato de las apariciones pascuales. El cuarto es el Buen Pastor. No salimos de la Pascua, porque la figura del buen Pastor es específicamente una figura pascual de Jesús. Leemos, pues, todos los años una sección del capítulo 10 del Evangelio de san Juan. En este capítulo, con un lenguaje alegórico y místico, se nos presenta a Jesús como el Buen Pastor de la Iglesia, a la que hoy dirige desde el cielo.
Esta imagen entrañable tiene un significado sin fondo, y para el cristiano sensible a las cosas de Dios es una delicia adentrarse en esta revelación que Jesús está dando hoy a su Iglesia. La necesitamos tantos…

2. Quisiera comenzar esta reflexión con un dato, que no es un dato simplemente curioso, sino un dato que encierra una entrañable lección. Me refiero al Crucifijo que lleva el Papa, que es el crucifijo que llevaba como obispo. En la cruz pectoral no está Jesús crucificado, sino Jesús Buen Pastor, con la oveja descarriada encima de los hombros, rodeando el cuello; en el fondo está el rebaño que sigue al Pastor. Y en la cima de este relieve está el Espíritu Santo, que conduce a la Iglesia.
Los símbolos hablan por sí mismo. El Buen Pastor acabamos de afirmar que es una imagen pascual de Cristo, como nos la presenta el libro del Apocalipsis; pero nada quita a que hagamos otra afirmación equivalente: el Buen Pastor es Jesús en la cruz.

3. Los obispos, como bien sabéis, no llevan un cetro de Rey. Despareció la tiara pontificia con las tres coronas, que representaban la plenitud de poderes propia del Papa. Los obispos no llevan una vara de mando, como lleva un regidor, un alcalde, una alcaldesa. Los obispos llevan un cayado de pastor, para decir que, por encima de todo, son pastores, si bien es verdad que ese cayado metálico puede estar muy sofisticado, y, a lo mejor, hasta llevar perlas preciosas, que no  es precisamente lo que corresponde a un pastor. El Papa Pablo VI tuvo la iniciativa de cambiar la terminación del cayado del pastor, poniendo en lugar de la empuñadura curvada, la imagen de Jesús en la cruz, significando visiblemente que la cruz de Cristo es nuestro verdadero cayado. Y este báculo lo han usado los papas sucesivos. La cruz es el báculo, es el cayado con el que la Iglesia avanza por los caminos de este mundo.

4. El Evangelio de hoy, escrito por un gran teólogo, después de la muerte y de la resurrección de Jesús, nos hace tres aplicaciones de la figura del Buen Pastor, Jesús, a la actualidad del mensaje proclama:
- la primera, es la contraposición entre el pastor dueño del rebaño y el pastor asalariado. El dueño da la vida por su rebaño. Naturalmente que hay una sublimación de la imagen. El asalariado huye cuando ve venir el peligro; el dueño permanece, incluso hasta el punto de dar la vida por su ovejas. Este retrato que corresponde a Jesús, el único que ha dado la vida por su rebaño, ha sublimado la imagen, porque no corresponde la verdad fija y empírica de la vida: el pastor no tiene por qué dar la vida por las ovejas.
- La segunda imagen comparativa es la del conocimiento: el pastor conoce a las ovejas y las ovejas conocen al pastor.
- La tercera imagen es misionera: hay otras ovejas que no están en este redil. Y Jesús quisiera que todas formaran un solo rebaño con un solo pastor. Jesús quiere ser el pastor de todos los hombres, como salvador de todos.

5. Cuántos pensamientos para reflexionar, para interiorizar.
Ante esta imagen noble y delicada del Buen Pastor, que los pueblos antiguos la han aplicado a los jefes supremos de las naciones, porque han visto en el buen gobernante el elegido de Dios para su pueblo, queremos reflexionar con sabiduría, porque sin duda Dios nos está revelando algo para este momento de la Iglesia.
Queremos un pastor que nos gobierne, no un militar que enderece nuestras conductas con el mando y la fuerza. Un pastor que alce en sus manos a la oveja débil, que lleve en sus hombros, para tornarla al redil, a la oveja extraviada.
Si la luz de Dios de nuestras reflexiones acepta que necesitamos a ese Pastor – que los cristianos lo llamamos Jesús – hemos dado un gran paso por los caminos del pastoreo de Jesús.

6. Pero hay más. Todo lo dicho es bueno y correcto. Pero este plan, con lo delicado que es, resulta insuficiente. Si queremos leer las santas Escrituras con ese trasfondo espiritual que reflejan estos detalles, hemos de dar un paso al frente, y confesar paladinamente: que Jesús, desde el cielo, está ejerciendo de Buen Pastor, y que la Iglesia está muy segura bajo su cayado.
Esta sencilla verdad, que la asumimos desde el fondo del Evangelio, nos ilumina y nos da una inmensa seguridad, paz y esperanza. Podemos confiar sin ninguna vacilación. El camino de la Iglesia no está sujeto a los avatares de la política humana; sería una visión corta de la realidad. Con humildad, con rotunda firmeza, hemos de profesar nuestra fe. Y es lo que ahora mismo quiero hacer como remate y conclusión de esta homilía.

7. Señor Jesús, creemos y creo firmemente que tú eres hoy el Pastor, el Buen Pastor, el único Pastor de tu santa Iglesia. Vemos con el realismo de nuestros ojos que hay un desmoronamiento doloroso de tantas cosas que hemos amado y que han sustentado la Iglesia de nuestra infancia, de nuestra juventud, de nuestros amores. Ignoramos ciertamente en dónde van a terminar esta evolución y estos cambios; pero, creyendo en el Evangelio, creemos firmemente que eres tú el Pastor que dirige a la Iglesia que el Padre ha puesto en tus manos, y que tú estás haciendo la obra que el Padre te ha encomendado. Acepta nuestra vida, incluso nuestra muerte, al servicio de tu pastoreo. Amén.

Alfaro (La Rioja, España), viernes 20 de abril de 2018