“…Porque de
dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las
fornicaciones, robos, homicidios, 22 adulterios, codicias, malicias, fraudes,
desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. 23 Todas esas maldades
salen de dentro y hacen al hombre impuro” (Mc 7,21-23).
“Es una sabiduría:
aprender a acusarse. Intentad hacerlo, os hará bien. Para mí es bueno, cuando
consigo hacerlo, me hace bien, nos hará bien a todos.
Que la
Virgen María, que cambió la historia con la pureza de su corazón, nos
ayude a purificar el nuestro, superando en primer lugar el vicio de
culpabilizar a los demás y de quejarse de todo” (Papa Francisco, Ángelus,
domingo 29 agosto).
Mc7 1 Se reunieron
junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; 2 y
vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse
las manos. 3 (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin
lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus
mayores, 4 y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se
aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 5
Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus
discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos
impuras?». 6 Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros,
hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su
corazón está lejos de mí. 7 El culto que me dan está vacío, porque
la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. 8 Dejáis a un lado
el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
14 Llamó Jesús de nuevo a la gente y les
dijo: «Escuchad y entended todos: 15 nada que entre de fuera puede
hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
21 Porque de dentro, del corazón del hombre,
salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, 22
adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación,
orgullo, frivolidad. 23 Todas esas maldades salen de dentro y hacen
al hombre impuro».
Hermanos:
1. Acabamos de reemprender la
lectura de san Marcos hasta final de año, lectura que había interrumpido
durante cinco domingos por la proclamación del Evangelio del Pan de vida.
Este pasaje del Evangelio de
Marcos, del capítulo siete, podemos considerarlo como un texto central para
hacer un examen, sin paliativos, acerca de la religión que profesamos. Toda religión
necesita un culto, y unas expresiones y formas, unas fiestas, unas
observancias. Toda religión, sean las antiguas religiones heredadas en China e
India, sea el judaísmo, sea el islam, sea el cristianismo. Sine se soporte
humano, de psicología, de expresiones externas, que son templos, cánticos, formas
sociales… el espíritu se evapora y desaparece.
Todo ello es necesario; y, al mismo
tiempo, si no somos penetrantes, eso mismo puede terminan siendo una trampa,
que nos lleva al engaño. Jesús no ha ahorrado palabra para criticar la falsa
piedad, y ha citado a Isaías, que vivió setecientos años de nuestra era. También
entonces ocurría lo mismo. Lo cual nos advierte que también hoy nos puede pasar
lo mismo.
2. El pueblo de Israel podía gloriarse
de aquella Ley y Alianza que Dios había establecido. Y hoy nos llena de emoción
leer el pasaje del Deuteronomio escogido como primera lectura para introducir
las palabras del Señor en el Evangelio. Moisés exhorta vivamente, emocionadamente,
al pueblo a observar los mandamientos: “Observadlos y cumplidlos, pues esa es
vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales,
cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: “Ciertamente es un pueblo
sabio e inteligente esta gran nación”. Porque ¿dónde hay una nación tan grande
que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo
invocamos? Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y
decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?” (Deut 4,6-8).
Esta es la situación espiritual,
que, sin embargo, ha derivado en una corrupción.
Hermanos, la experiencia de la vida
nos enseña que la corrupción del culto es dar culto al culto, y no culto a
Dios. Lo mismo que es corrupción hacer que de los mandamientos de Dios engendren
mandamientos que nos damos los hombres que Dios no nos ha dado, y crearnos
tradiciones.
Jesús ha sido duro y tajante. Y las
polémicas continúan.
3. Citaré con el debido respeto algo ocurrido esta
semana. En las audiencias de los miércoles el Papa está dando unas catequesis,
al eco de la carta de San Pablo a los Gálatas, donde es tan importante el tema
de la Ley. El 11 de agosto el Papa decía así: “Dios les
ofreció la Torá, la ley, para que pudieran
entender su voluntad y vivir en justicia. Tenemos que pensar que en ese
momento, una ley como esta era necesaria, fue un regalo tremendo que Dios
le dio a su pueblo”. Y luego añadió: “La ley, sin embargo, no
da vida, no ofrece el cumplimiento de la promesa porque no es capaz de poder
cumplirla. La ley es un viaje, un viaje que conduce hacia un
encuentro… Aquellos que buscan la vida necesitan mirar la promesa y su
cumplimiento en Cristo”. Esto ha ofendido al Gran Rabinato
Judío, que, por medio de su representante ha enviado una carta al Vaticano,
donde se lee: “En su homilía, el papa presenta la fe cristiana
como algo que no solo reemplaza a la Torá; pero afirma que
este último ya no da vida, lo que implica que la práctica religiosa judía en la
era actual es obsoleta”, … “Esto es, de hecho, parte integrante de la
‘enseñanza del desprecio’ hacia los judíos y el judaísmo
que creíamos que la Iglesia había repudiado por completo”.
Esto no es exacto, ni mucho menos, y una aclaración de
detalle nos sacaría de una homilía, para introducirnos en una clase magisterial
con muchos puntos y divisiones.
Podemos decir, muy en síntesis, que la Iglesia
entiende y predica que toda la Biblia es inspirada, todo lo que escribió sigue
siendo inspirado por Dios. Pero nosotros, cristianos, lo releemos todo desde
Cristo; y entonces sí que es distinto.
4. Jesús ha censurado las tradiciones que nos hemos
impuesto los hombres. Y ha censurado que nuestra torpeza no nos lleve a hacer
de la alianza una verdadera ley del corazón, porque del corazón, y solo del
corazón procede la maldad. Todo lo bueno y lo malo nace en el corazón,
hermanos. Y esa es la revelación que nosotros pedimos a Jesús. Del corazón nace
el amor; pero del corazón nace… escuchen estas trece palabras que ha detallado
el Evangelio: los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos,
homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia,
difamación, orgullo, frivolidad.
Salvemos el corazón, hermanos. Solo se puede agradar a
Dios desde la verdad del corazón. Nuestra religión pura y verdadera es la
religión del corazón.
Termino, hermanos, haciendo una petición a Jesús, en
nombre propio y en nombre de todos:
Dame, Señor, una corazón sencillo, humilde y puro. Si
tú me lo das, seré la persona más feliz del mundo. Amén.