Eres, Clara, para mí
He aquí una canción a Clara, que ha brotado de la fuente, como un hilo de agua limpia. ¿Clara o la mujer…, que es el anhelo divino del varón? En un tránsito de luz no los quisiera separar.
Cuando llega Santa Clara, se remueven muchas hojas en el jardín. Como anécdota, como pequeña historia que configura una verdad en el corazón, valga este apunte. Las hermanas clarisas de Arnedo (La Rioja) hace varios siglos que están en el pueblo con presencia ininterrumpida. El actual párroco del pueblo, don Javier Martín Martija, sencillo y emprendedor, les invitó a que celebraran con una “Semana Clarisa” los 460 años de presencia y bendición en el pueblo, y así se hizo al principio de junio. Pude compartir con un retiro esta celebración. Y les brindé un folleto de 30 himnos y poemas espirituales de santa Clara, poemas que he ido poniendo en Internet. El título lo tomé de la misma santa Clara: Pianticella, Plantita. Así se llama ella al principio de su Regla, la plantita de san Francisco.
Cuando llega su fiesta, rebrota la querencia de santa Clara y salen versos. Un sencillo ramo de flores que deposito junto a su imagen, como hermano empeñado en la misma tarea del seguimiento a Jesús.
En esta ocasión aquella cancioncilla de san Francisco, Audite, poverelle, escrita – se calcula – cuando Francisco compuso el Cántico de las criaturas en la primavera de 1225, un año y medio antes de su tránsito.
Escuchad, pobrecillas, por el Señor llamadas,
que de muchas partes y provincias habéis sido congregadas:
vivid siempre en la verdad,
que en obediencia muráis.
No miréis a la vida de fuera,
porque la del espíritu es mejor.
Yo os ruego con gran amor
que tengáis discreción de las limosnas que os da el Señor.
Las que están por enfermedad gravadas
y las otras que por ellas están fatigadas,
unas y otras soportadlo en paz,
porque muy cara venderéis esta fatiga,
porque cada una será reina en el cielo coronada
con la Virgen María.
Eres, Clara, para mí
el eterno femenino,
dije: aquí termina el mundo,
al asomarme a tu abismo.
Eres el eros humano,
y más ágape divino;
eres Eva, eres María
en el mortal entresijo.
Mujer que anhela el varón
al encontrarse a sí mismo,
si un día la gracia viene
y va limpiando resquicios.
Eres hermana menor,
y tu hermano es san francisco;
tan pobre que me enamoras
porque en ti veo al sol limpio.
Eres pura, eres belleza,
y en tu mano veo un lirio,
quiero ser como tú eres,
quiero ser puro contigo.
Eres la luz de tus ojos,
que a mí me deja tranquilo,
que mirada de mujer
contagia luz y cariño.
Eres humilde y sencilla
y guía de los sencillos,
que así Francisco os quería
cuando cantaba sus trinos.
Eres familia, mi hermana,
aunque pasaron los siglos,
y yo canto embelesado
como un pobre juglarcillo.
Tú desde el cielo me escuchas
secretos que no te digo,
que si todo lo dijera
me dirían que deliro.
Cantemos a Cristo amado
sin pensares de buen tino;
a él la gloria y amor
por los siglos de los siglos. Amén.
Madrid, 10 agosto 2021
Nota. Para encontrar en Internet estos poemas, véase al blog del autor "Las hermosas palabras del Señor":
Núm. 78: Santa Clara, perfume de 800 años:
Núm. 191 (el presente): Santa Clara, perfume de 800
años. CONTINUACIÓN. Y los números sucesivos los encontrará en la fiesta de
santa Clara: 581 (año 2014), 835 (año 2016), 981 (año 2017), 1243 (año 2019), 1414
(año 2020).
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