domingo, 1 de agosto de 2021

1635 Una alegría muy suave. Soliloquio de comunión – 3

 Una alegría muy suave


¿Cuál es la verdad más consoladora de nuestra fe consoladora?

Que Jesús sea Dios.
¿Por qué es la verdad más consoladora?

Porque Jesús es mi hermano.

 

Una alegría muy suave,

que venía desde adentro,

llenaba todo mi ser

al ver lo que estaba viendo.

 

Que Jesús era Jesús,

hombre todo verdadero,

vecino del vecindario

hombre todo, todo entero.

 

Hombre humilde sometido

al humano entendimiento,

con una historia menuda

como un hijo de su pueblo.

 

Hombre de raza judía,

sujeto a aquel Testamento,

el que en los libros sagrados

con fe se fue transmitiendo.

 

Y ahora viene el prodigio,

que es imposible entenderlo,

que ese hijo, que esa historia

era historia de Dios Verbo.

 

Si yo quiero imaginarlo,

yo siento que lo estropeo,

retírate, fantasía,

que Jesús no es nada de eso.

 

Y si busco explicación,

retírate, entendimiento,

que mi Jesús no es esclavo

de tus dominios escuetos.

 

Retírate, raciocinio,

y no quieras poseerlo:

la santa Divinidad

no cabe bajo argumento.

 

En penumbra y oración,

cuando el ambiente es silencio,

yo sentía, yo sabía

que era hombre y Dios muy cierto.

 

Y si más quiero saber,

por mi razón y contento,

todas las dudas del mundo

levantan su monumento.

 

Es mi Dios en comunión,

cuando lo vivo latiendo,

y sé fijo que era él,

el mismo del Evangelio.

 

Adorando y adorando,

el amor como sendero,

puedo llegar y gozarme

tocando a Dios en su cuerpo.

 

Nadie venga con lecciones

que me parecen un cuento,

en la almohada de mi fe

descansa mi pensamiento.

 

La mente humana se estrella

al pensar en el infierno;

tu santa Divinidad

sea fortín y consuelo.

 

Infierno, infierno maldito,

infierno castigo eterno,

si un hermano de mi raza

es mi Dios y paradero.

 

Oh Jesús, hermano mío,

líbrame, que nada entiendo…

No lo pienses, me decía

mi Dios, Jesús Nazareno.

 

Mi Jesús, Dios de besar,

más sutil que mis deseos,

tú eres mi Dios, yo te adoro,

y aquí por siempre me quedo. Amén


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Madrid, Jesús de Medinaceli, domingo 1 de agosto de 2021

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