Una alegría muy suave
¿Cuál es la verdad más consoladora de nuestra fe consoladora?
Que Jesús sea Dios.¿Por qué es la verdad más consoladora?
Porque Jesús es mi hermano.
Una alegría muy suave,
que venía desde adentro,
llenaba todo mi ser
al ver lo que estaba viendo.
Que Jesús era Jesús,
hombre todo verdadero,
vecino del vecindario
hombre todo, todo entero.
Hombre humilde sometido
al humano entendimiento,
con una historia menuda
como un hijo de su pueblo.
Hombre de raza judía,
sujeto a aquel Testamento,
el que en los libros sagrados
con fe se fue transmitiendo.
Y ahora viene el prodigio,
que es imposible entenderlo,
que ese hijo, que esa historia
era historia de Dios Verbo.
Si yo quiero imaginarlo,
yo siento que lo estropeo,
retírate, fantasía,
que Jesús no es nada de eso.
Y si busco explicación,
retírate, entendimiento,
que mi Jesús no es esclavo
de tus dominios escuetos.
Retírate, raciocinio,
y no quieras poseerlo:
la santa Divinidad
no cabe bajo argumento.
En penumbra y oración,
cuando el ambiente es silencio,
yo sentía, yo sabía
que era hombre y Dios muy cierto.
Y si más quiero saber,
por mi razón y contento,
todas las dudas del mundo
levantan su monumento.
Es mi Dios en comunión,
cuando lo vivo latiendo,
y sé fijo que era él,
el mismo del Evangelio.
Adorando y adorando,
el amor como sendero,
puedo llegar y gozarme
tocando a Dios en su cuerpo.
Nadie venga con lecciones
que me parecen un cuento,
en la almohada de mi fe
descansa mi pensamiento.
La mente humana se estrella
al pensar en el infierno;
tu santa Divinidad
sea fortín y consuelo.
Infierno, infierno maldito,
infierno castigo eterno,
si un hermano de mi raza
es mi Dios y paradero.
Oh Jesús, hermano mío,
líbrame, que nada entiendo…
No lo pienses, me decía
mi Dios, Jesús Nazareno.
Mi Jesús, Dios de besar,
más sutil que mis deseos,
tú eres mi Dios, yo te adoro,
y aquí por siempre me quedo. Amén
.
Madrid, Jesús de Medinaceli, domingo 1 de agosto de 2021
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