En cada casa un altar
Es muy entrañable esta memoria de la Virgen. Cuando el Concilio de Éfeso (año 431) definió como verdad de fe que la “Madre de Jesús”, la “Madre de Cristo” (del Mesías) era la “sancta Dei Genetrix” (la santa Engendradora de Dios, que eso significa Theo-tókos), el culto a María se extiende por la cristiandad, y en Occidente la primera basílica es santa María la Mayor.
Lógico que los Papas tengan su querencia a esta basílica.
Valga como sencilla información
“San Juan Pablo II, desde el comienzo de su pontificado, quiso que una lámpara estuviera encendida bajo este ícono mariano como muestra de su gran devoción. Por su parte, el Papa Francisco, antes de emprender un viaje internacional y a su retorno, se dirige a la Basílica, deja un ramo de flores al pie de esta imagen mariana y se detiene para hacer un momento de oración”.
“La Basílica de Santa María la Mayor tiene un significado especial para el Papa Francisco, pues es el lugar que visitó por la mañana del primer día de su pontificado, el 14 de marzo de 2013, para encomendar su ministerio petrino a la Madre de Dios ante el antiguo ícono de María ‘Salus Populi Romani’, protectora del pueblo romano.
Desde entonces, cada vez que emprende un viaje internacional, el Papa Francisco acude a esta basílica para rezar antes, y para agradecer después, por los frutos de su visita apostólica.
Además, de haber acudido a rezar inmediatamente después de haber sido dado de alta del Hospital A. Gemelli luego de haber sido sometido a una cirugía el pasado 4 de julio.
El 5 de agosto de 2020 por la tarde, el Santo Padre visitó también por sorpresa la Basílica de Santa María la Mayor para rezar ante el ícono de María ‘Salus Populi Romani’” (Noticias de aciprensa).
No falte en nuestras casas, que con pequeñas iglesias domésticas, la imagen de María: el crucifijo, la Biblia, la imagen de María.
En cada casa un altar
para la Madre de casa,
que es la reina del hogar
la que quiso ser la esclava.
Si hay flores en mi jardín,
un geranio en mi terraza,
la primera, la primera…
sea mi Virgen amada.
Y una lámpara de amor
con una dorada llama,
le contará mis secretos
a quien mejor me los guarda.
Y acaso aquel mantelito
de puntilla trabajada,
para quien tuvo en su pecho
una divina embajada.
En esta iglesia doméstica,
que es mi familia cristiana,
la Virgen está presente,
muy bella representada.
Historias que yo me sé,
que son mi historia sagrada,
para ella, mi Virgencita,
en mi liturgia privada.
Porque es la Madre de Dios,
la bendita y venerada,
la que ha llenado la tierra
con mil nombres que la ensalzan.
Definida en los Concilios,
invocada por los Papas,
en las fiestas de mi pueblo
la Madre que nunca falta.
No porfío en devociones
ni en templos de mucha fama;
con ser Madre de Jesús
los Evangelios me bastan.
Y ahora, Virgen María,
y cuando expire mi alma,
te invoco y te invocaré
como mi dulce abogada.
Soy feliz porque en la Iglesia
tu presencia es celebrada;
eres un cielo estrellado
que otro Cielo nos retrata.
Soy cristiano, soy de Cristo,
y nadie me lo suplanta,
pero la Madre eres tú
junto a la Cruz y su Pascua.
Y cual Madre, Tehotókos,
a ti la llena de gracia,
en toda casa y familia
queremos verte alabada.
Por el honor de Jesús,
el Hijo de tus entrañas,
a quien gloria y bendición
por siempre les sean dadas.
Madrid, 5 agosto 2021.
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