El
“Shema, Israel” es el centro de la fe de Israel. ¿Es una exhortación al amor, a
la observancia de la Torá como Ley y Alianza de amor? Es eso e infinitamente
más, porque es una declaración de entrega de Dios a su pueblo. Dios se define a
sí mismo, y al definirse se entrega en amor. El “Schemá”, escuchado en
el Espíritu, esconde la Encarnación, que es la sublime entrega de Dios al
hombre, en toda la potencia infinita con la que lo divino puede entregarse a lo
humano. Dios, que es Dios, solo Dios, se entrega al hombre, que se solo hombre,
y ahora Dios se hace hombre, todo hombre, para que el hombre en su totalidad
entre en Dios.
Así el Shemá
es la entrega nupcial de Dios a quien con amor eterno va a ser su esposa.
Escucha: Yo te amo. Y este amor es irrevocable: de mi parte no se puede romper;
durará mientras yo, Dios, sea Dios.
Dad gracias al
Señor porque es bueno: | porque es eterna su misericordia (Salmo 136/135).
“Con amor eterno
te amé” (Jer 31,3; cf. Is 54,8).
Para explicar lo
que es “amor eterno” (amor para siempre, más bien, en el caso, que amor desde
la eternidad, que también lo es) los profetas lo han comparado con la
estructura del universo. El amor eterno, que Dios nos regala, es más firme que
el firmamento, más estable y duradero que el universo creado: “Aunque los
montes cambiasen | y vacilaran las colinas, | no cambiaría mi amor, | ni
vacilaría mi alianza de paz | —dice el Señor que te quiere—“ (Is 54,10).
28 Un escriba que oyó la discusión, viendo lo acertado de
la respuesta, se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de
todos?». 29 Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el
Señor, nuestro Dios, es el único Señor: [1]0
amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu
mente, con todo tu ser”. 31 El segundo es este: “Amarás a tu prójimo
como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». 32 El escriba
replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es
uno solo y no hay otro fuera de él; 33 y que amarlo con todo el
corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a
uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». 34
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás
lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Hermanos:
1. Jesús viene en
esta homilía a anunciarnos de pleno el amor de Dios: amar a Dios,,
a mi Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo
tu ser.
San Juan nos
dirá: Él nos amó primero. Y nosotros reflexionamos: Solo el que ha sido amado
puede amar, porque el amor nos e conoce con la cabeza, sino con el corazón. Y
sigue nuestra reflexión: Si Élme amó
con todo su corazón, yo no puedo amarle con la mitad con la mitad ni con las tres
cuartas partes; tengo que amarle con todo mi corazón y con todas las fuerzas vitales
de mi ser. En castellano decimos: con alma, vida y corazón; con todo
cuanto soy, con todo cuanto poseo ser un día. He de cultivar todas las
posibilidades a mi alcance – mi talento, mis haberes – para una sola cosa: para
amar a Dios. En esto está mi plenitud, mi realización, en una palabra, mi
felicidad.
2. Ahora bien, Jesús,
metiéndose dentro de esta frases, saca lo que estaba dentro: Y al prójimo
igual, con todo tu ser, es decir: has de amar a tu prójimo como te amas a ti
mismo.
Pensando en estas
cosas, san Pablo dirá: Estos es la Ley y los Profetas. Aquí están todos los
mandamientos; de aquí se deriva todo.
Por poner un
ejemplo, es como si dijéramos a unos padres: Padre y Madre, tenéis que amar a
cada uno de veustros hijos con todo el corazón, toda el alma, con todas las
fuerzas, con todo el tiempo, con toda vuestra vida. Es decir, y concretando:
Tenéis que darles
de comer cada día, ya para eso trabajar y ganar lo necesario:
Tenéis que darles
educación, y para eso, llevarlos a la escuela.
Tenéis que cuidar
su salud, y para eso, si están enfermos, tenéis que llevarlos al médico.
Tenéis que mirar
por su futuro, y para eso proveerles de un oficio.
Tenéis que
orientarlos en la vida, y para eso darles los consejos oportunos.
Y así
sucesivamente podríamos trazar los Diez y los Veinte mandamientos de los padres
de familia, los cuales se resumen en uno: Tenéis que amarlos, amarlos de
verdad, amarlos como Dios los ama y como Dios quiere que los améis, respetando su
libertad a la hora de las grandes decisiones de la vida porque nos sois los
dueños de vuestros hijos. El dueño es solamente Dios Creador y Padre, y
vosotros sois los cuidadores a los que Él os los ha confiado.
3. Volviendo,
pues, a las palabras centrales de Jesús, ¿qué significado y repercusiones entrañan
para nosotros hoy y ahora en nuestra vida?
Hoy admitimos
como un principio válido y universal que todo estado debe ser laico; y por lo
tanto debe dejar a Dios a un lado.
Pero por otra
parte decimos, que en el centro de toda legislación debe ser el Hombre, la
dignidad humana, la igualdad entre el hombre y la mujer, los derechos humanos,
el derecho constituido por la sociedad a lo largo de los siglos para convivir
en un recto comportamiento. Es decir, hay toda una Filosofía del ser humano, como
base de un pensamiento y de una legislación. Esa Filosofía, con unos principios
firmes, defiende unos modos de comportamiento, que llamamos “valores”. Hay que
educar en valores, se dice hoy.
En esta Filosofía
Dios no entra como referente del ser humano. El ser humano puede prescindir de Dios
y funcionar según los pensamientos a su alcance.
4. Hermanos, es
muy fácil enrollarse en los propios pensamientos para justificar nuestros malos
instintos y acabar en un caos. Todo es opinable, todo es justificable; pero así
vamos al caos, a la desintegración de unos principios absolutos que ordenen el
sentido y la orientación de la vida.
En un texto
central de la revelación en el Antiguo Testamento leemos estas majestuosas
palabras:
Escucha,
Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor,
tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas
palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus
hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y
levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las
escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales. (Deut 6,4-9).
Dios existe; Dios
es Uno; Dios es tu Dios. Si esto es verdad, tenemos ya un punto de partida, la
vida recibe un sentido nuevo. Dios manda, Dios protege; a Él se lo debemos
todo: todo viene de Él, todo retorna a Él. Y ahí es donde surge el amor, que es
la consagración del ser entero al Señor.
Él nos ha amado;
yo correspondo a ese amor con mi consagración total a Él, con alma y vida: Amarás,
pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus
fuerzas.
5. En este modo
de hablar y en esta perspectiva, hermanos, Dios no es una idea, perdida allá en
lo infinito. Dios es su presencia real en la vida, lo m ismo en la vida personal
que comunitaria; Dios es la compañía de mi vida. Dios no es uestorbo; bien al contrario, Dios es
seguridad, Dios es presencia, Dios es presente, Dios es futuro.
Pero todavía hay
más. Sin negar nada a cuanto llevamos dicho, el cristiano se adelante y dice: Dios
es hombre; Dios es Jesús. Por tanto, amarás al Señor Jesús, tu Dios, que vive
en el Evangelio, que vive en la Eucaristía, que vive en tu propia vida con
todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Y el mismo Señor Jesús
nos dice: Y amarás al prójimo como a ti mismo.
Esta es nuestra fe;
esto es lo que creemos y lo que debemos anunciar al mundo.
Podré cambiar las
palabras para decir lo mismo, como escuchamos hoy en la Carta a los Hebreos:
Cristo es nuestro Sacerdote – es el misterio que celebramos en la Eucaristía –
nuestro único y sumo Sacerdote. De una vez para siempre ha ofrecido su
Sacrificio en al Cruz, que se actualiza cada vez que nos reunimos y celebramos
la Eucaristía.
Terminamos con
una súplica del todo simple:
Señor Jesús, te reconocemos
como Hijo de Dios, como nuestro Dios. Haz que te amemos con todo el corazón,
con toda el alma y con todas las fuerzas; y al prójimo – tú nos lo has dicho –
como a nosotros mismos. Amén.
En
enero de 1986, al Concluir la tradicional Octavario por la Unidad de los
Cristianos, el Papa Juan Pablo II – hoy San Juan Pablo II – lanzó a las
iglesias cristianas y al mundo una iniciativa: juntarnos para orar, cada uno a
su estilo y manera, por la paz del mundo. Así se hizo el día 27 de octubre de
este año. Es lo que se llama “el espíritu de Asís”, una iniciativa de oración
que desde entonces se ha venido cultivando. El domingo anterior al evento, en
el ángelus el Papa explicó por qué en Asís.
“Reunidos
juntos para orar en la ciudad en la que vio la luz ese hombre de paz que fue
Francisco, tendremos así la posibilidad de ofrecer al mundo un válido
testimonio de nuestro empeño común por la paz y por la causa del hombre. Con el
Pobrecillo queremos desear a la humanidad de hoy «Pax et Bonum», «Paz y Bien»”.
Se llevó a cabo felizmente la iniciativa. Y la
Crónica de aquellos días dice:
“Se
fueron sucediendo la oración de los budistas, hindúes, jainistas, musulmanes,
sintoístas, sikh, de las religiones africanas tradicionales, amerindia,
zoroastrana, de los judíos y de los cristianos. En la celebración hubo cantos y
gestos simbólicos, ramos de olivo, palomas blancas lanzadas al vuelo...
Finalmente, Juan Pablo II pronunció el discurso conclusión” (Crónica, L’Osservatore
romano, edición semanal).
He
aquí un sencillo himno oracional, por si pareciere oportuno introducirlo
devotamente en el rezo de Laudes o Vísperas, en la circunstancia de “el
espíritu de Asís”. (En Jesús de Medinaceli se hará una oración, con el material
adecuada, después de la misa última del viernes 29 de octubre).