Entrada de Jesús en Jerusalén Mc 11,1-10, y
Pasión de Jesucristo según san Marcos Mc 14,1-15,47
Texto
evangélico de la entrada de Jesús en Jerusalén
Cuando se
acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos,
mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente y, en
cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía.
Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta pro qué lo hacéis, contestadle:
“El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”. Fueron y encontraron el pollino
en la calle, atado a una puerta; y soltaron. Algunos de los presentes les
preguntaron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron como
había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron
el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron
el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban
delante y detrás gritaban: ¡Hosanna!, bendito el que viene en nombre del Señor.
¡Hosanna en las alturas!”
Jesús
entró en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya
tarde, salió hacia Betania con los Doce.
Hermanos:
1. Comienza la Semana Santa con la liturgia del
domingo de Ramos. Comienza la Pasión del Señor.
La celebración cristiana de hoy tiene dos partes:
la primera es la entrada de Jesús en Jerusalén, que se conmemora con la procesión
de Ramos o con una entrada solemne en la iglesia para celebrar la Eucaristía;
la segunda es la misa, en la Pasión del Señor. Y en esta misa se lee el relato
de la Pasión, variando cada año: San Mateo, San Marcos, San Lucas, reservando
para leer en Viernes Santo todos los años la Pasión de Jesús según San Juan.
No es un día propicio para hacer sermones ni amplias
homilías. Basta con unas sencillas indicaciones que nos sitúen en el corazón
del misterio. Desde esta plataforma desde donde semanalmente proclamamos la
palabra del Señor, vamos a hacer unas sencillas consideraciones tratando de
desentrañar los textos evangélicos que hoy se leen y proclaman en todas
nuestras iglesias, este año siguiendo el Evangelio de Marcos.
Lo principal en Semana Santa es vivir los ritos
sagrados establecidos en los distintos momentos y tratar de penetrar su
contenido a través de la lecturas sagradas, de las solemnes oraciones de estos
días y de los cantos propios de la liturgia, cantos adecuados de estos días,
que no suenan en la iglesia en el resto del año.
2. Evoquemos,
pues, la entrada de Jesús en Jerusalén. La primera sorpresa que transmite
el Evangelio es que Jesús mismo suscita este gesto simbólico que, sin duda, está
en relación con los profetas. Efectivamente, al punto viene a nuestro pensamiento
el pasaje de Zacarías. San Mateo lo recordará expresamente en este lugar,
cuando nos diga: “Esto ocurrió para que se cumpliera lo dicho por medio del
profeta: Decid a la hija de Sión: Mira a
tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollíno, hijo de
acémila” (Mt 21,4-5).
El Papa Benedicto XVI escribió en su ancianidad un
amplio libro de Jesús de Nazaret. Titulado simplemente “Jesús de Nazaret”, que expone lo que en su conocimiento teológico,
espiritual y personal, representa la persona de Jesús en su vida, desde la
infancia hasta su pontificado. Es delicioso el capítulo que dedica a la entrada
de Jesús en Jerusalén. Allí nos dice como cosa erudita, que sirve para la
exégesis: “Jesús reivindica el derecho del rey a requisar medios de transporte,
un derecho conocido en toda la antigüedad- El hecho de que se trate de un
animal sobre el que nadie ha montado todavía remite también a un derecho real”
(Jesús de Nazaret, vol. II: Desde la entrada en Jerusalén hasta la
Resurrección. Planeta / Encuentro, 2011, p.14).
Ese borriquillo está atado. Y con ello se evoca la
profecía de Jacob sobre Judá (Gen 49.10s). Continúa el Papa: “Por lo tanto el
borrico atado hace referencia al que tiene que venir, al cual los pueblos deben obediencia” (ibídem).
3. Jesús entra en su pueblo como su rey, y
nosotros, que celebramos estos acontecimientos, lo recibimos como rey. Quizás
sin quererlo comenzamos a desfigurar la efigie de nuestro verdadero rey. Y eso
lo hacemos desde que ponemos a Jesús una corona y un cetro. El Misal de México
tiene en esta páginas unas antiguas letrillas, que pienso serán del tiempo de
los cristeros: “Mexicanos, un Padre tenemos / que nos dio de la patria la
unión, / a ese Padre gozosos cantemos / empuñando con fe su pendón”.
El poder que Jesús ostenta al apropiarse el texto
de Zacarías es un poder muy singular al margen de cualquier nacionalismo,
incluso nacionalismo espiritual. Por citar de nuevo al Papa Benedicto XVI:
“Jesús no se apoya en la violencia, no emprende una insurrección militar contra
Roma. Su poder es de carácter diferente: reside en la pobreza de Dios, en la
paz de Dios, que él considera el único poder salvador” (p. 15).
4. La segunda parte de la liturgia de hoy estará
centrada en la lectura de la Pasión, al presente según el texto de San Marcos.
Este evangelista tiene una fuerza del todo singular
cuando nos ha mostrado la oración de Jesús en el Huerto. Jesús en el Huerto
está deshecho. Dice el texto sagrado que “empezó a sentir espanto y angustia” (14,33), dos
palabras terribles que no parecen estar de acuerdo con la primera línea del
Evangelio, que dice: “Comienzo del
Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios”. El Hijo de Dios ahora tiembla de
espanto ante lo que le viene encima. “Mi alma está triste hasta la muerte.
Quedaos aquí y velad” (v. 34).
Entonces Jesús, Hijo de Dios, y hombre débil, como
el más débil, se agarra Dios, y ora y
vuelve a orar con las mismas palabras. Los discípulos las han oído perfectamente
y nos las han transmitido: “Decía: ¡Abbá!,
Padre: tú lo puedes todo. Aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero,
sino como tú quieres” (v. 36). Aquí está la humanidad y la divinidad de la
Pasión de Jesús, que los cristianos han meditado a lo largo de todos los
siglos.
5. Pasada la escena del Huerto después de aquel
altercado y del prendimiento, Jesús entra de lleno en lo que va a ser la obra
de su amor: su entrega incondicional en manos de los hombres.
Veremos a Jesús en manos de los judíos, en manos de
los romanos y en el Calvario. Una sola palabra para cada uno de estos momentos.
Ante el Sanedrín: “¿Eres tú el Mesías, el hijo del
bendito? Jesús contestó: “Yo soy. Y
veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las
nubes del cielo”
Este es el Jesús verdadero de nuestra fe.
Ante Pilato: “¿Eres tú el rey de los judío? Él
respondió. Tú lo dices”
Y en la Cruz, este Jesús del amor y del silencio,
tiene una sola palabra: “Dios mío, dios
mío, ¿por qué me has abandonado?... Y después de un breve momento, Jesús,
dando un fuerte grito, expiró.
Y el centurión dijo: “Verdaderamente este hombree era Hijo de Dios”.
8. Hermanos:
Esta es nuestra fe, esta es nuestra fuerza, esta es
nuestra esperanza.
Señor Jesucristo, queremos vivir contigo esta
Semana Santa, contigo que nos llevas al Padre, contigo que eres nuestro perdón
y nuestra paz. Que el vivir estos santos misterios nos lleven hasta la gloria
de la resurrección. Amén.
Guadalajara, viernes de Dolores, 27 marzo 2015.