2.
San Pablo:
“Para
mí el vivir es Cristo
y el morir una ganancia”
(Filipenses 2,21)
I
Unos
previos teológicos a esta meditación
Estos puntos no
pertenecen a la meditación que impartimos.
1. Dos tipos de hermenéutica para acceder a Jesús:
historia y teología
Como
normalmente todos reconocen, Benedicto XVI se ha mostrado con gran teólogo,
antes y después de ser Papa. Después de haber publicado el primer volumen a su
obra “Jesús de Nazaret”, al publicar el segundo firmó un prólogo teológico
(fiesta de san Marcos de 2010) al II, que va “desde la entrada en Jerusalén
hasta la Resurrección”, antepuso unas consideraciones sobre la verdadera
metodología para acceder a Jesús. Se trata de consideraciones rigurosamente
científicas, que pertenecen al ámbito académico, que ele studioso crítico las
considerará de gran importancia.
“He
podido comprobar también con gratitud que la discusión sobre el método y la hermenéutica
de la exégesis, y sobre la exégesis como disciplina histórica y teológica a la
vez, se está haciendo más vivaz, no obstante ciertas resistencias hacia los
nuevos pasos. Me parece de particular interés el libro de Marius Reiser, Bibelkritik und Auslegung der Heiligen Schrift, publicado en 2007,
en el que se recoge un conjunto de ensayos publicados precedentemente,
dotándoles de una unidad interna y ofreciendo indicaciones relevantes para las
nuevas vías de la exégesis, sin abandonar la importancia que siempre tiene el
método his-tórico-crítico.
Una cosa
me parece obvia: en doscientos años de trabajo exegético la interpretación histórico-crítica
ha dado ya lo que tenía que dar de esencial. Si la exégesis bíblica científica
no quiere seguir agotándose en formular siempre hipótesis distintas, haciéndose
teológicamente insignificante, ha de dar un paso metodológicamente nuevo
volviendo a reconocerse como disciplina teológica, sin renunciar a su carácter
histórico. Debe aprender que la hermenéutica positivista, de la que toma su
punto de partida, no es expresión de la única razón válida, que se ha
encontrado definitivamente a sí misma, sino que constituye una determinada
especie de racionabilidad históricamente condicionada, capaz de correcciones e
integraciones, y necesitada de ellas. Dicha exégesis ha de reconocer que una
hermenéutica de la fe, desarrollada de manera correcta, es conforme al texto y
puede unirse con una hermenéutica histórica consciente de sus propios límites
para formar una totalidad metodológica.
Naturalmente,
esta articulación entre dos géneros de hermenéutica muy diferentes entre sí es
una tarea que ha de realizarse siempre de nuevo. Pero dicha articulación es
posible, y por medio de ella las grandes intuiciones de la exégesis patrística
podrán volver a dar fruto en un contexto nuevo, como demuestra precisamente el
libro de Reiser. No pretendo afirmar que en mi libro esté ya totalmente
acabada esta integración de las dos hermenéuticas. Pero espero haber dado un
buen paso en dicha dirección. En el fondo, se trata de retomar finalmente los
principios metodológicos para la exégesis formulados por el Concilio Vaticano
II (cf. Dei Verbum 12), una tarea en la que, desgraciadamente, poco o nada se
ha hecho hasta ahora”.
2. Para conocer a San Pablo: Las
20 catequesis de Benedicto XVI
Durante el “Año Paulino” el Papa Francisco dio 20
catequesis sobre la figura y la doctrina de san Pablo con un lenguaje
totalmente asequible al pueblo cristiano. La primera de ellas es del 2 de julio
de 2008; la última del 4 de febrero del 2009. “Hoy comienzo un nuevo ciclo de
catequesis, dedicado al gran apóstol san Pablo. Como sabéis, a él está consagrado
este año, que va desde la fiesta litúrgica de los apóstoles San Pedro y San
Pablo del 29 de junio de 2008 hasta la misma fiesta de 2009. El apóstol san
Pablo, figura excelsa y casi inimitable, pero en cualquier caso estimulante, se
nos presenta como un ejemplo de entrega total al Señor y a su Iglesia, así como
de gran apertura a la humanidad y a sus culturas”.
En el tema que hoy desarrollamos sería conveniente
leer la catequesis 8: “La relación con el Jesús histórico”.
Lista de catequesis
con el título puesto por la web de vatican.va
Ambiente
1.
El
ambiente religioso y cultural de san Pablo
Retrato de san Pablo
2.
La vida de
san Pablo antes y después de Damasco
3.
La
"conversión" de san Pablo
4.
La
concepción paulina del apostolado
Pablo y la tradición recibida; Pedro y Pablo
5.
Pablo, los
Doce y la Iglesia pre‑paulina
6.
El
concilio de Jerusalén y la controversia de Antioquía
Eclesiología
7.
La
dimensión eclesiológica del pensamiento de san Pablo
Cristología
8.
La
relación con el Jesús histórico
9.
La
importancia de la cristología: Preexistencia y Encarnación
10.
La
importancia de la cristología. La teología de la Cruz
11.
La
importancia de la cristología. El carácter decisivo de la resurrección
Escatología
12.
Escatología.
La espera de la parusía
Justificación
13.
La
doctrina de la justificación. De las obras a la fe
14.
La
doctrina de la justificación. De la fe a las obras
15.
Adán y
Cristo. Del pecado (original) a la libertad
Vida sacramental
16.
El papel
de los sacramentos
17.
El
culto espiritual
Colosenses y Efesios (Cristo,
Cabeza del cosmos y de la Iglesia)
18.
La visión
teológica de las cartas a los Colosenses y a los Efesios
Pastorales (Iglesia
que sigue a Pablo)
19.
La visión
teológica de las Cartas pastorales
Martirio
20.
El
martirio de san Pablo
II
Puntos
de nuestra meditación
1.
Jesús es una presencia que me ilumina y todo lo ilumina
Pablo se encontró con Cristo en el
camino de Damasco: Jesús, de modo absolutamente inesperado, salió a su encuentro.
Una escena clave que se narra en tres ocasiones en los Hechos de los Apóstoles
(Hch 9,1-19; 22.5-16: 26,9-18). ¿Qué vio y percibió san Pablo?
Vio que Jesucristo en verdad había
Resucitado, que era el Viviente, que era la presencia continua, viva, inmediata,
de la Iglesia y del cristiano.
En la realidad de Cristo Resucitado – es
decir, muerto/resucitado – vio íntegro todo el misterio de Cristo.
Entendió que Cristo es el Hijo de Dios y
que es el fin de las Escritura.
Entendió que el sentido de las
Escrituras (lo que nosotros llamamos “Antiguo Testamento”) apunta Cristo,
formando todas ellas una historia de salvación, cuyo remate soberano es Cristo.
Y comprendió finalmente que Cristo es la
palabra final y definitiva, dada ya pro el Padre para siempre, y que en Cristo
está ya desde ahora nuestro futuro.
De esta amanera Pablo adquiere la
contemporaneidad de Cristo; Pablo y Cristo son místicamente contemporáneos. Un
día dirá: “Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo quien vive, es Cristo
quien vive en mí” (Ga 2,19-20).
2. La vida es “vivir en
Cristo Jesús”, “ser hallado en Cristo Jesús” con la “justicia” (santidad) que
procede de él, no con la mía
La experiencia paulina nos la ha
descrito Lucas en los Hechos. El testimonio directo de Pablo más cercano a lo
que le ocurrió lo hallamos en la carta a los Gálatas:
“Porque habéis oído hablar de mi pasada
conducta en el judaísmo: con qué saña perseguía a al Iglesia de Dios y la
asolaba, y aventajaba en el judaísmo a mucho de mi edad y de mi raza como
defensor muy celoso de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel
que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó
revelar a su hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles, no consulté
con hombres ni subí a Jerusalén a ver a los apóstelos anteriores a mí, sino que
en seguida me fui a Arabia, y volví a Damasco…” (Ga 1,13-17).
Aquel acontecimiento fue algo que
procedía directamente de una intervención divina; que operó un cambio
intrínseco en su corazón, que lo colocó al par de los apóstoles, de modo que
Pablo no es constituido apóstol por ningún otro sino por Cristo, si bien es
bautizado por el discípulo Ananías.
En su doctrina san Pablo nos comunica lo
que él mismo vive.
San Pablo inventa una fórmula que
atraviesa todas sus cartas: “en Cristo Jesús” (o con sus variantes: en Cristo, en
el Señor, en él, en el cual…) Y esta fórmula expresa la realidad y la condición
del cristiano.
Es una fórmula mística, que hay que
entenderla desde ella misma: - Esencia: yo
soy siendo en Cristo Jesús: ser en Cristo Jesús. - Actuación: Yo actúa desde mi nueva esencia, desde Cristo Jesús,
“vivir en Cristo Jesús”
Una expresión que tiende a convertirse
en “experiencia real” en mi conciencia cristiana.
Lo cual se explica como un paso ya
operado: paso de la muerte del pecado en el que vivía quien estaba fuera de
Cristo, paso a la gracia o vida en Cristo Jesús.
3. Qué conocía san
Pablo de Jesús histórico
Los biblistas han hablado, desde que se
pusieron en marcha los métodos críticos de investigación del Nuevo Testamento,
del Jesús de la historia y del Cristo de la fe, como si fuesen dos Cristos, si
no distintos, sí muy diferentes. Ese Cristo de la fe habría recompuesto todo el
Jesús de la historia…, problema que hay que estudiarlo con muchos detalles, con
muchos perfiles.
De pronto sí nos sorprende que en las
cartas de san Pablo no recuerde los hechos de la vida de Jesús, ni tampoco cite
en directo las palabras del Señor, por ejemplo las parábolas. En una de las
catequesis del Año Paulino Benedicto XVI ha estudiado este tema.
Pablo tiene constantemente en su
pensamiento este hecho total de la vida de Jesús: muerte y resurrección, y todo
ello según las profecías. Para Pablo Jesús es el hombre del presente; es decir:
- Jesús vive con el Padre
- Jesús vive en su Iglesia
- Jesús vive conmigo
Y desde aquí se establece la relación
con el Señor.
Del mismo modo que para Pablo igualmente
para nosotros la imagen prevalente de Jesús para nosotros debe ser esta: el
Viviente, el que está con el Padre y está conmigo; solo desde ahí eh de
recuperar la vida terrestre de Jesús.
4. Las dos dimensiones
de mi experiencia con Jesús: la experiencia del pecado y la experiencia de la
gracia.
El pecado. San
Pablo ha sido implacable cuando ha hablado del pecado. Tendríamos que leer para
ello el capítulo primero y el capítulo segundo de la carta a los Romanos: el
pecado ha sido una marea arrolladora que ha invadido el mundo. La historia de
la humanidad la ´pinta san Pablo como una pavorosa historia de pecado.
No es una mente enfermiza, al pintar con
tan negros trazos la realidad del hombre.
No es un historiador que intente
describir una historia manchada y negra. Baja hasta el fondo del corazón humano
para decir: Así es el hombre.
Y además tiene la conciencia de que sin
Cristo no puede salir de esta situación.
La gracia. Ahora
bien, por la pura misericordia de Dios ha acontecido la gracia. Es una
constante en la doctrina de san Pablo. Podemos recordar la segunda lectura del
domingo pasado, IV de Cuaresma. “Por gracia estáis salvados mediante la fe. Y
esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras para que
nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya [hechura suya]. Dios nos ha creado
en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las venas obras, que de antemano
dispuso él que practicásemos” (Ef 2.8-10).
San Pablo ha dejado muy en claro que
todo es gracia, Pero la gracia suscita nuestra colaboración, y todo ello según
un plan ordenado de Dios.
5. Mi encuentro con
Cristo desde esta perspectiva de san Pablo
Se nos abre un panorama grandioso desde
esta perspectiva. San Pablo puede exclamar: “¡No hay, pues, condena alguna para
los que están en Cristo Jesús!” (Rom 8,1).
Y al final de todo el tratado que ha
elaborado en la carta a los Romanos sobre el pecado y la gracia y la misión de
Cristo, exclama. “Después de esto, ¿qué diremos? Si Dios está con nosotros,
¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que
lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? … ¿Quién nos
separará del amor de Cristo?” (Rom 8,31-35).
Volvemos de nuevo, hermanos, a eso
principio clave que es la raíz de todo le pensamiento cristiano: ¡Hemos sido
amados por Dios! ¡Somos amados por Dios en su Hijo amado! Acaso mi corazón
vacile, pero más importante que el hecho de que yo ame a Dios es el hecho de
que Dios me ha amado y me sigue amando.
He aquí el verdadero encuentro con Dios.
Desde aquí mi vida tiene sentido y
misión, pleno sentido pase lo que pase.
¡A Cristo sj todo honor y toda gloria
pro los siglos de los siglos! Amén.
Guadalajara, Jalisco, martes 16 marzo
2015.
Estimado fray Rufino:
ResponderEliminar1.- Vaya por delante mi admiración por la extensa y prolija exposición de sus PLÁTICAS CUARESMALES. Es lamentable que otros cristianos que asimismo leen su blog no plasmen en él ese agradecimiento.
2.- Es muy cierto que la inmensa mayoría cristianos no saben cuántas epístolas escribió san Pablo, y mucho menos su contenido.
3.- Es muy cierto que la inmensa mayoría de los cristianos prefieren que se les dé todo hecho…. en todo lo referente al credo cristiano.
4.- Es muy cierto que la inmensa mayoría de los cristianos no tienen ninguna inquietud religiosa, absolutamente ninguna. Y eso no es bueno.
5.- Como se sabe, a partir del siglo XIX el estudio de los textos bíblicos ha sido sistemático. Gracias a ello se ha podido determinar que no es correcto admitir la autoría de san Pablo en lo que se refiere a la Carta a los Hebreos. Dicho texto no es una carta sino una homilía, y no fue escrita a hebreos, sino a cristianos muchos de ellos procedentes del judaísmo.
6.- Igualmente los exegetas advierten, al estudiar los textos paulinos, que san Pablo fue autor de siete epístolas, y que éstas fueron redactadas entre los años 20 al 25 después de la muerte de Jesucristo, mientras que las otras seis son de autores anónimos, discípulos asociados a san Pablo, siendo redactadas con posterioridad al año 60. Y otro importante dato es que se admite la existencia de una segunda carta a los Colosenses (“Y por vuestra parte leed vosotros la que os venga de Laodicea”); está claro que se escribió una carta a los cristianos residentes en Laodicea, que quedaba cerca de Colosas, pero no ha llegado a nuestros días.
Cordiales saludos.
Juan José.