Mi encuentro con Jesús en la celebración de
la Eucaristía
El contenido de esta quinta exposición de las “Cinco Pláticas cuaresmales” es diferente del de las anteriores.
El objetivo dominante en todo
momento ha sido este: La fe es el encuentro (no tanto la aceptación de un
conjunto de verdades). El encuentro es enamorarse de él, quedar enamorado.
¿Cómo podemos encontrarlo? Porque él nos ha encontrado primero, él ha salido a nuestros
encuentro; él se ha anticipado. En cuatro testimonios del Nuevo Testamento
hemos visto cómo se refleja ese encuentro:
1. Cómo es el encuentro de Jesús
según la carta a los Hebreos.
2. Según las cartas de san
Pablo.
3. Según los escritos de san
Juan.
4. Según los Evangelios y en
concreto según san Marcos.
5. Ahora queremos ver cómo es
ese encuentro espiritual con Jesús en la celebración de la Eucaristía.
Las notas que siguen son cinco
explicaciones catequéticas de la celebración de la Eucaristía en el rito actual
establecido por la Iglesia. No es una “catequesis de ceremonias”, sino que es
una “catequesis de teología y espiritualidad”. Nos preguntamos: cuál es esa
realidad viva que está dentro de cada una de las partes de la misa, porque
queremos captarla y encontrar en ella al Señor.
(Advertimos: Son notas
escritas hace unos años
LA EUCARISTÍA,
CORAZÓN DE
NUESTRA VIDA
Después de una
Introducción, tratamos de cinco puntos:
0. Introducción: Qué
buscamos en estas explicaciones
1. Entrada en la celebración
2. Persona y comunidad en la celebración
3. La mesa de la Palabra
4. La Plegaria eucarística, “centro y culmen”
5. La Comunión:
celebración, vida espiritual, vida mística
0
Introducción:
Qué buscamos
Punto de arranque
La
Eucaristía es el corazón de nuestra vida, ¿quién lo va a dudar? La Eucaristía
es el centro de la vida de la Iglesia. La Eucaristía es el nervio de nuestra
vida espiritual cotidiana. La Eucaristía es el ápice de la vida mística.
Recordemos:
“La
Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al
mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos
apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el
bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen
en el sacrificio y coman la cena del Señor. (...)
Por
tanto, de la Liturgia, sobre todo de la EUCARISTÍA, mana hacia nosotros
la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella
santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la
cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin”
(Constitución
sobre la sagrada Liturgia, 10).
Lo
que buscamos en nuestras explicaciones es llegar al meollo de esta realidad del
misterio pascual de Cristo que lo celebramos cada vez que celebramos la Eucaristía.
Nos
hará bien que, de entrada, nos situemos en el camino de renovación que ha
vivido la Iglesia, por lo que respecta a la celebración de la Eucaristía, en
los decenios que han seguido al Concilio.
Tres etapas en la celebración de la
Eucaristía tras el Concilio
1959 El Concilio fue anunciado en la
fiesta de la conversión de san Pablo (25 de enero) de 1959. Se inició el 11 de
octubre de 1962, fiesta de la Maternidad divina de María; y se terminó en la
solemnidad de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre, del año 1965.
1969 El
primer documento aprobado fue la constitución sobre la sagrada Liturgia (4
diciembre 1964). Inmediatamente se comienza a celebrar la Misa en castellano,
que ya antes se había introducido en parte. El Nuevo Misal fue promulgado por
Pablo VI el Jueves Santo de 1969. Con el nuevo Misal venía la Ordenación
(Institutio) General del Misal Romano (OGMR).
1975 Se
promulga la segunda edición típica del Misal Romano con su correspondiente
Ordenación General del Misal Romano , que es la que está vigente, la que
podemos leer en nuestros Misales de altar.
2000 Con
motivo del Jubileo se quiso preparar la tercera edición típica del Misal
Romano, que enriquece notablemente el Misal de 1975. Con esta tercera edición
se publica la correspondiente Ordenación General del Misal Romano. El Jueves
Santo de 2000 el Papa Juan Pablo II aprueba la revisión que se ha hecho de
la Ordenación General del Misal Romano, que es la que aparecerá en la edición
del Misal (fin de este año o comienzos del año que viene), y que se ha
publicado ya en latín, en inglés..., para que los obispos y peritos puedan
hacer pequeños perfeccionamientos antes de formar un libro con el Misal.
El contenido espiritual de las diversas
partes de la Misa
La
Misa tiene su normativa, como es obvio, ceremonias que se explicaban minuciosamente
en los antiguos “manuales de liturgia”, ya olvidados (p.e. de Antoñana).
Pero
aquí no nos interesa primariamente precisar la ejecución del rito y entrar en
discusiones, sino el contenido espiritual que lleva consigo el rito.
Descubrir esto es una rica fuente de espiritualidad, y nos acerca más y más al
misterio central de la misa, que es nuestro objetivo.
Cuáles son “las diversas
partes de la Misa”
He aquí los distintos momentos, las diversas articulaciones, que
componen la celebración de la Eucaristía. Nos interesa desmenuzar estas partes
una a una para ver lo que contienen.
La enumeración, tomando los títulos de la Institutio es
la siguiente:
Ritos iniciales
Entrada
Saludo al altar y al pueblo
congregado
Acto penitencial
Kyrie, Eleison
Gloria in excelsis
Oración colecta
Liturgia de la Palabra
El silencio
Lecturas bíblicas
Salmo responsorial
Aclamación antes de la lectura
del Evangelio
Homilía
Profesión de fe
Oración universal
Liturgia eucarística
Preparación de los dones
Oración super oblata
Plegaria eucarística (con sus
ocho elementos)
1.
Acción de gracias: Prefacio
2.
Aclamación: Santo
3.
Epíclesis
4.
Narración de la institución y consagración
5.
Anámnesis
6.
Oblación
7.
Intercesiones
8.
Doxología
Rito de la comunión
- Oración del Señor
- Rito de la paz
- Fracción del pan
- Comunión
Rito de conclusión
a) Breves comunicaciones
b) Saludo y bendición sacerdotal
c) Despedida del pueblo
d) Beso al altar e inclinación al altar
1
Entrada en la celebración de la
Eucaristía
La secuencia de los ritos
Como
quedó escrito en el esquema de la celebración la secuencia de ritos iniciales
son estos pasos:
1.
Entrada
2.
Saludo al altar y al pueblo congregado
3.
Acto penitencial
4.
Kyrie, Eleison
5.
Gloria in excelsis
6.
Oración colecta
El “para qué” de estos ritos
Obviamente tienen una finalidad práctica;
de alguna manera hay que comenzar una celebración. No se entra, por así decir,
en picado en medio de la misma.
Pero tienen una finalidad espiritual,
claramente señalada en la OGMR 24 (recogida igual en la nueva, con una pequeña
añadidura).
Dice la Ordenación:
“La finalidad de estos ritos es hacer que
los fieles reunidos:
constituyan una comunidad (in unum
convenientes communionem constituant),
y se dispongan a oír como conviene
y a celebrar dignamente la Eucaristía”.
Comunidad-comunión para celebrar la
Eucaristía
Hemos
de aclararnos en unos puntos muy importantes:
1.
Estar juntos (in unum convenientes) es reunión y de alguna manera comunidad.
2.
Pero la comunidad no llega a ser plena si
no es “comunión”. En el Nuevo Testamento esta palabra, que en griego se dice
“koinonía”, tiene mucha importancia. La Iglesia, por su propia naturaleza, es
comunión.
3.
La comunión culmina en la parte de la
celebración que llamamos, por excelencia, Comunión; pero toda la
celebración tiene que concebirse como comunión.
Juan María Canals, director del
secretariado Nacional de Liturgia, escribe a propósito de La Eucaristía,
misterio de comunión (revista Phase, julio-agosto 2001, 279-292):
“...La
participación en la Eucaristía no se reduce únicamente al acto de comulgar,
sino a toda la celebración. El fiel cristiano, desde que llega a la iglesia, se
une a los hermanos, comparte la misma fe y crea unos lazos de comunión con
todos los que forman la asamblea litúrgica. Refuerza la comunión cuando escucha
y responde a la palabra de Dios, cuando hace memoria agradecida de la historia
de la salvación y cuando comulga el cuerpo y la sangre de Cristo” (p. 279).
Tres elementos para favorecer la
Comunidad-comunión
1.
Sentirse reunidos mediante la disposición de los puestos que ocupamos. Visiblemente
se tiene que notar que formamos “comunidad-comunión”.
2.
Cantar juntos la misma fe para empezar la celebración. “El de este canto
(el Introito o Entrada) es abrir la celebración, fomentar la unión de
quienes se han reunido, etc.” (OGMR 25).
Detalles
La antífona del Introito se canta. “Si no
hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos, o un lector recitarán la
antífona que aparece en el Misal. Si esto no es posible, la recitará al
menos el mismo sacerdote después del saludo” (OGMR 26).
A este texto se añade ahora: “... el cual
puede también adaptarla a modo de monición inicial” (Nueva Ordenación, 48)
3.
El saludo del sacerdote, que manifiesta la presencia de Cristo, manifiesta
también el misterio de la Iglesia congregada.
El
saludo del sacerdote a la asamblea congregada, introducido previamente por la
señal de la cruz, tiene dos finalidades:
Manifestar la presencia de Cristo.
Manifestar el misterio de la Iglesia
congregada.
El
saludo termina saludando el pueblo al sacerdote (Y con tu Espíritu), saludo que
va en la misma dirección espiritual que ha iniciado el sacerdote.
Conclusión
Por
tanto, si un saludo no tiene por dentro ese contenido no se puede decir que sea
un saludo legítimo para comenzar la sagrada celebración que preside Cristo.
Beso de entrada y despedida al
altar-Cristo
El
altar
El
altar tiene dos simbolismos:
El
altar es ara del sacrificio incruento.
El
altar es la Mesa de Comunión, mesa en la que se prepara el manjar del Cuerpo y
de la Sangre del Señor.
Si
miramos al altar como “ara” del sacrificio, tendría que ser pequeño.
Si
lo miramos como “mesa de comunión” tendría que ser grande.
Si
lo miramos como mueble noble en relación con el retablo, tendría que someterse,
arquitecturalmente, a las medidas y estilo artístico del retablo. Pero en esta
perspectiva, nos habríamos salido del sentido místico y simbólico del altar y
lo habríamos desfigurado en función el retablo, en daño de la teología.
(Nota.
Por respeto a su significatividad, no vale hacer un altar “práctico”: labrado y
bonito por la parte visible a los fieles, y feo por detrás, por donde pueden
ver sólo el sacerdote y los ministros. Así sucede cuando queda raso, o es
utilizado para un armario de libros u objetos para la celebración. En realidad
este uso sería, inconscientemente, una profanación del altar).
El
descubrimiento espiritual de lo que es el altar, lleva a un trato correspondiente
a este misterio. Sepamos que el altar:
No
es, por su naturaleza, el soporte para floreros.
No
es, por su naturaleza, el soporte para candelabros.
Es cierto que la nueva Ordenación
mantiene la concesión de que se puedan colocar encima del altar dos, cuatro y
hasta seis candelabros que acompañan a la cruz en al procesión de entrada, pero
si esto no se “interpreta” correctamente, podemos volver a la idea del altar
monumental, con el peligro de un altar visto en otros tiempos como base del
retablo...
No es el soporte para los vasos sagrados
que no están en uso.
No es el soporte para la custodia que al
final de la misa se va a exponer.
No es el soporte para las vinajeras.
No es el soporte para un hermoso atril,
obra preciosa de hace varios siglos.
No es el soporte para el “Libro del
altar”, o para el Libro de la Oración de los Fieles, o para los papeles de los
avisos que hay que hacer para el final de la misa, o para las hojas de la
homilía, o de los cantos, o para las gafas (con su estuche), ni para la caja de
cerillas de las velas.
Para
poder dar un beso al altar con el hondo significado mistérico que tiene, el
altar tiene que ser verdaderamente altar.
El primer beso al altar
Lo
primero que hace el sacerdote, antes de saludar a la asamblea, es saludar al
altar, y esto lo hace
mediante
una inclinación profunda
y
sobre todo, mediante un beso.
Saluda
al altar no propiamente como mesa de comunión, sino como ara del sacrificio,
porque el altar místicamente es Cristo.
¿Qué significa el beso al altar?
-
Si el beso en nuestra cultura es la mayor expresión externa de amor (caso de
que no se convierta en mero rito social, quizás de compromiso), si el beso es
beso, el beso del sacerdote al altar significa poner toda la celebración bajo
el signo del amor.
-
Diríamos, incluso, de amor esponsal. El sacerdote besa a Cristo, esposo de la
Iglesia.
-
Es un beso de fe, de adoración y de ternura.
-
Y esto es lo primero que hace el sacerdote; es ya encuentro profundo con el
Señor.
El beso final al altar
Y
lo último que hace el sacerdote, al concluir la celebración, después de haber
despedido a la asamblea, es un beso al altar.
-
Beso de ternura y adoración, como al principio.
-
Beso de agradecimiento.
-
Beso de despedida hasta la próxima celebración de la Eucaristía.
La
liturgia malabar tiene una oración de despedida al altar con expresada con
palabras conmovedoras.
El acto penitencial
“Después
el sacerdote invita al acto penitencial, que se realiza cuando toda la
comunidad hace su confesión general y se termina con la conclusión del
sacerdote” (OGMR 29). La nueva Ordenación añade: la cual confesión no tiene eficacia
sacramental (n. 51); es decir, no es una de las tres formas con que se
administra el sacramento de la penitencia, no es, por tanto, la absolución
general con confesión general.
El
acto penitencial, al iniciar la Eucaristía, se entiende desde la comunión que
hemos subrayado. He aquí los perfiles:
-
Toda la comunidad se siente necesitada de la purificación de Dios para celebrar
estos divinos misterios.
-
Es improcedente utilizar este momento para acusarse de pecados personales.
-
Es improcedente incrustar aquí la celebración del sacramento de la penitencia.
-
Ni tampoco es el momento de introducir aquí pecados específicos colectivos (con
frecuencia en relación con las jornadas especiales por tal o cual necesidad).
-
El sacerdote, como miembro de toda la comunidad, hace con ella la confesión de
pecados, y en la conclusión se asocia como un hermano más: “Reconozcamos
nuestros pecados... Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros”.
Kyrie, eleison
Se
trata de una solemne aclamación a Cristo, el Kýrios, el Pantocrátor. Si no se le ha metido dentro del “acto penitencial”, el Kýrie no es, en rigor, acto penitencial, sino aclamación a Cristo
glorioso. Al reconocer su divinidad y su señorío, imploramos, en consecuencia,
su misericordia, que es una manera espontánea de confesarlo como Dios. El Kýrie nos ha venido de nuestros hermanos
de Oriente.
Tengamos
muy en cuenta lo que nos indica el Misal:
“Siendo
un canto con el que los fieles aclaman al Señor y piden su misericordia,
regularmente habrán de hacerlo todos, es decir, tomarán parte en él el pueblo y
los cantores” (OGMR 30).
Los músicos con frecuencia se deleitan
más en el “ten piedad” que en el Kýrios. Esto desfigura el sentido.
Y desfigura también el sentido el
introducir cuñas para pedir perdón por esto y por esto, habiendo hecho ya el
acto penitencial.
Sentido pascual del Gloria
“El
Gloria es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia,
congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y le presenta sus
súplicas” (OGMR 30). La nueva Ordenación añade un aviso: El texto de este
himno no puede ser cambiado por otro (n. 53).
Con
muchísima frecuencia en Navidad, en vez del “Gloria” se canta un villancico que
empieza con las mismas palabras del Gloria: Gloria a Dios en las alturas...
Esto es realmente un error y desfigura la liturgia.
Por
el contrario, entrar en la espiritualidad del Gloria es entrar de lleno en un
ámbito pascual como pórtico de la celebración de la Eucaristía.
Sería
hermoso tomar el Gloria como materia de meditación para iniciar la liturgia con
el corazón dilatado, aclamando la Gloria de Dios.
Oración colecta
“A
continuación, e l sacerdote invita al pueblo a orar; y todos juntos, a una con
el sacerdote, permanecen un rato en silencio para hacerse conscientes de estar
en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas. Entonces el
sacerdote lee la oración que se suele denominar colecta. Con ella se
expresa generalmente la índole de la celebración, y con las palabra del sacerdote
se dirige la súplica a Dios Padre por Cristo en el Espíritu Santo” (OGMR 42).
Esta
oración colecta combina de modo armónico la densidad de lo que es el encuentro
personal en la presencia de Dios, a quien le presento en silencio mis súplicas,
yo en la asamblea santa, y la oración de todos mis hermanos en comunidad,
recogidas (colecta) todas las aspiraciones por la voz del sacerdote.
En
el nuevo Misal va a haber un enriquecimiento grande de oraciones colecta en los
domingos en el tiempo ordinario, pues, si es verdad que son muy hermosas las
que están, con todo, no expresan de modo directo el misterio del día que es la
resurrección del Señor.
Con
la oración colecta concluye la parte introductoria de la Misa.
2
Persona y comunidad para
celebrar la Eucaristía
Asimilación de lo que hemos
descubierto en la
“Entrada en la celebración de
la Eucaristía”
Persona y comunidad
Al
celebrar la Eucaristía la celebramos como persona y como comunidad, dos
realidades armónicamente unidas, una inseparable de la otra. Veamos cuáles son
las actitudes que corresponden a estas realidades.
Yo como persona: los detalles de mi
persona y de mi vida para la Eucaristía
1.
Primacía
La
Eucaristía, y concretamente la misa diaria:
-
será lo más importante de mi vida;
-
será lo más importante de mi jornada.
2.
Invitación al conocimiento de la Eucaristía y de la Misa
Este
convencimiento me está invitando:
-
a tener, ya de antemano, un conocimiento de todo lo que se refiere a la Eucaristía;
-
a tener el gusto por conocer el misal, que es libro del sacerdote y de cada
fiel; una especie de devoción al Misal, como libro espiritual;
-
a saber qué misa es la que hoy celebra la Iglesia.
-
En caso de tener la responsabilidad para preparar una Misa, conocimiento para
saber qué textos vamos a escoger y por qué, qué cantos vamos a cantar y por
qué.
3.
Invitación a cuidar el entorno de la Eucaristía
-
Todo esto me llevará, en cuanto pertenezca a mis responsabilidades, a cuidar
con esmero todo el entorno que se refiere a la Eucaristía, a saber:
-
La sacristía: ornamentos sagrados y vasos sagrados.
-
Cuidado de los libros que se usan en la celebración de la Eucaristía, y especialmente
de los leccionarios: en la forma de guardarlos y de tratarlos.
-
Cuidado muy especial del altar y del ambón.
4.
Invitación a las disposiciones interiores
-
La adoración del Santísimo Sacramento arranca de la celebración de la Eucaristía
y vuelve a ella.
-
La presencia de Jesús en el Sagrario la consideraré en relación con la Misa,
que es la celebración del misterio pascual del Señor (como lo explicaremos en
su momento).
-
Hay dos actitudes interiores que hemos de fomentar para la celebración:
a)
El deseo de Jesús, especialmente al
acostarse y al levantarse.
b)
La limpieza de corazón para celebrar la Eucaristía cada día. (Al confesarme en
los tiempos determinados, pensaré que la celebración del sacramento de la
reconciliación dispone mi corazón para la Eucaristía).
Yo miembro de la comunidad del Señor
1.
Mi comunidad es la Iglesia celeste
-
Celebro la santa Eucaristía en unión con todos los santos y ángeles del cielo.
2.
Mi comunidad es la Iglesia universal terrestre
-
Celebro la Eucaristía en unión con la iglesia diocesana (significado de comunión
al nombrar la persona del obispo).
-
Celebro la Eucaristía en unión con toda la Iglesia universal (significado de
comunión al nombrar la persona del Papa).
3.
Mi comunidad es la comunidad religiosa en la que vivo
-
Mi comunidad en concreto es esta familia en la que vivo (hoy comunidad de
Recoletas, ancianas y jóvenes, nacidas aquí y venidas de Oriente).
Las tres características de la comunidad
al iniciar la celebración
Según
hemos visto en los diversos detalles analizados en las partes del rito de
entrada, la comunidad celebrante - o concelebrante - es:
1.
Una comunidad penetrada de la presencia del Señor.
-
El sentido de la presencia del Señor es esencial para celebrar en profundidad.
2.
Una comunidad de pecadores, santificada por Dios
-
Sentido del acto penitencial: Somos pecadores (sacerdote y fieles).
-
Unos y otros intercedemos mutuamente, uniéndonos, pro otra parte, a la Iglesia
celeste y terrestre.
3.
Una comunidad que exulta por la gloria de Cristo
-
Es el sentido del “Gloria” que, aunque dentro del rito de entrada no es de por
sí un elemento de entrada: Himno a la gloria de Dios y de Cristo, que anticipa
el sentido mismo de la Eucaristía.
La
asimilación consciente de estos elementos nos configuran con la genuina
espiritualidad que brota de la Eucaristía.
3
La mesa de la Palabra de Dios
ofrecida antes de la mesa de la
Eucaristía
El paso del Espíritu de Dios
La
renovación bíblica, el acercamiento directo y piadoso a los libros del Antiguo
y Nuevo Testamento, ha sido una novedad mayor de la espiritualidad de la
Iglesia en el siglo XX, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II. Esto lo
hemos visto con evidencia en nuestras comunidades religiosas. Hoy es un hecho
alcanzado y no hace falta insistir en ello.
Creemos
que ésta ha sido una de las grandes gracias que el Señor ha concedido a su
Iglesia, y nosotros, por su misericordia, somo especialmente beneficiarios. Vivimos
de la Palabra de Dios, gustada día a día
-
en la celebración ferial y dominical de la Eucaristía,
-
en la recitación diaria del Oficio Divino o Liturgia de las Horas.
Conclusión.
Es obvio que las comunidades contemplativas utilicen todos los recursos posibles
para disfrutar en la máxima abundancia la mesa de la Palabra de Dios que brinda
la Iglesia. Algunos liturgistas, con muy buen sentido, han insistido - y diríamos
con san Pablo “a tiempo y a destiempo” - para que se aproveche al máximo la
posibilidad del ciclo bienal en el oficio de lectura. Y lo mismo sobre el
leccionario de la Eucaristía, del que se habla más abajo.
Un “tratado” sobre la Palabra de Dios en
la liturgia
El
año 1969 se promulgó el Ordo lectionum Missae, es decir el Leccionario
de la Misa. Iba precedido de unos “Prenotandos” o introducción, como es
habitual en los libros litúrgicos, para situar al sacerdote y a los fieles en
el misterio de la Palabra de Dios que se nos da en la celebración eucarística.
Esta introducción constaba de unas cinco páginas, antepuestas al texto en cada
uno de los leccionarios.
El
año 1981 se publicó la segunda edición típica del Ordo lectionum Missae
o Leccionario de la Misa. Los “Praenotandos de antes se extendían ahora
a lo largo de 34 páginas, antepuestas en cada uno de los libros que componen el
Leccionario.
Estas
páginas, de un contenido espiritual riquísimo, son una especie de Tratado
sobre la Palabra de Dios en la liturgia, y aconsejamos vivamente que uno
tome en sus manos cualquiera de estos libros del Leccionario para leer,
admirado, lo que allí se dice de la palabra de Dios, constitutiva de la
Iglesia.
Trasladamos
aquí el índice de la primera parte, para que se vea cuáles son las grandes perspectivas
que se nos ofrecen con la Palabra de Dios:
CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA
PALABRA DE DIOS
1. Indicaciones previas:
a) Importancia de la Palabra de Dios en la celebración litúrgica
b) Términos empleados para designar la Palabra de Dios
c) Significación litúrgica de la Palabra de Dios
2. La celebración litúrgica de
la Palabra de Dios
a) Características propias de la Palabra de Dios en la liturgia
b) La Palabra de Dios en la
economía de la salvación
c) La Palabra de Dios en la participación litúrgica de los fieles
3. La Palabra de Dios en la
vida del pueblo “de la alianza”
a) La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia
b) La Palabra de Dios en la explicación que de ella hace la Iglesia
c) Conexión entre la Palabra de Dios proclamada y la acción del
Espíritu Santo
d) Íntima conexión entre la Palabra de Dios y el misterio
eucarístico
LA CELEBRACIÓN DE LA LITURGIA
DE LA PALABRA DE DIOS
1. Elementos de la liturgia de
la Palabra y ritos de los mismos
a) Las lecturas bíblicas
b) El Salmo responsorial
c) La aclamación antes de la lectura del Evangelio
d) La homilía
e) El silencio
f) La profesión de fe
g) La oración universal u oración de los fieles
2. Cosas que ayudan a una recta
celebración de la liturgia de la Palabra
a) Lugar de la proclamación de la Palabra de Dios
b) Los libros de la proclamación de la Palabra de Dios en las
celebraciones
OFICIO Y MINISTERIOS EN AL
CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA PALABRA DENTRO DE LA MISA
1. Funciones del presidente en
la liturgia de la Palabra
2. Funciones de los fieles en
la liturgia de al Palabra
3. Ministerios en la liturgia
de la Palabra
Lectura continua de la Palabra
de Dios en la Misa
En
las solemnidades es preciso proclamar la Palabra fijada para ese día; lo mismo
en las fiestas.
En
las memorias, obligatorias o libres (salvo lo que precisaremos a continuación),
es vivamente aconsejable seguir la lectura continua. Incluso cuando la lectura
se ha omitido algún día por la concurrencia de una fiesta, se puede recuperar
al día siguiente.
Qué
son lecturas “propias” y lecturas “apropiadas” en las memorias de los santos.
Lecturas
propias en este caso son aquellas lecturas en las que se habla directamente
del santo de quien se celebra; p. e., Evangelio de santa Marta el día de santa
Marta.
Lecturas
apropiadas son lecturas que se aplican a un santo porque hace resaltar
de algún modo su carisma particular; p. e. “Dejad que los niños vengan a mí” en
la memoria de una santo de un santo educadores. Es, por ejemplo, el caso del Leccionario
de la familia franciscana. Las lecturas de las memorias de nuestros santos
y santas son todas ellas lecturas “apropiadas”.
Criterios
En las solemnidades y fiestas haremos,
como está mandado, las lecturas del ese día.
En las memorias de los santos haremos al
lectura “propia” cuando ocurra (son unas diez ocasiones, nada más). En los
demás casos, aunque el santo o santa, tenga una lectura apropiada, preferiremos
seguir el curso continuo de la lectura ferial.
Comentario a los números 4, 5 y 6 del Ordo
lectionum Missae
Número 4
Características propias de la Palabra de Dios en la
liturgia
En
la celebración litúrgica, la palabra de Dios no se pronuncia de una sola manera,
ni repercute siempre con la misma eficacia en los corazones de los que al escuchan,
pero siemrpre Cristo está presente en su palabra y, realizando el misterio de
salvación, santifica a los hombres y tributa al Padre el culto perfecto.
Más
aún, la economía de la salvación, que la palabra de Dios no cesa de recordar y
prolongar, alcanza su más pleno significado en la acción litúrgica, de modo que
la celebración litúrgica se convierte en una continua, plena y eficaz
exposición de esta palabra de Dios.
Así,
la palabra de Dios, expuesta continuamente en la liturgia, es siempre viva y
eficaz por el poder del Espíritu Santo, y manifiesta el amor operante del
Padre, amor indeficiente en su eficacia para con los hombres.
Número
5
La
palabra de Dios en la economía de la salvación
La
Iglesia anuncia el único e idéntico misterio de Cristo cuando, en la celebración
litúrgica, proclama el Antiguo y el Nuevo Testamento.
En
efecto, en el Antiguo Testamento esta latente el Nuevo, y en el Nuevo Testamento
se hace patente el Antiguo. Cristo es el centro y plenitud de toda la Escritura,
y también de toda celebración litúrgica, por esto, han de beber de sus fuentes
todos los que buscan la salvación y la vida.
Cuanto
más profunda es la comprensión de la celebración litúrgica, más alta es la
estima de la palabra de Dios, y lo que se afirma de una se puede afirmar de la
otra, ya que una y otra recuerdan el misterio de Cristo, y lo perpetúan cada
una a su manera.
Número
6
La
palabra de Dios en la participación litúrgica de los fieles
La
Iglesia, en la acción litúrgica, responde el mismo “Amén” que Cristo, mediador
entre Dios y los hombres, con la efusión de su sangre, pronunció de una vez
para siempre, para sancionar en el Espíritu Santo, por voluntad divina, la
nueva Alianza.
Cuando
Dios comunica su palabra, espera siempre una respuesta, respuesta que es
audición y adoración “en Espíritu y verdad” (Jn 4,23). El Espíritu, en efecto,
es quien da eficacia a esta respuesta, para que se traduzca en la vida lo que
se escucha en al acción litúrgica, según aquella frase de la Escritura: “llevad
a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla” (St 1,22).
Las
actitudes corporales, los gestos y palabras con que se expresa la acción litúrgica
y se manifiesta la participación de los fieles reciben su significado no sólo
de la experiencia humana, de donde son tomados, sino de la palabra de Dios y de
la economía de la salvación, a la que hacen referencia, por lo cual tanto más
participan los fieles en la acción litúrgica cuanto más se esfuerzan, al
escuchar la palabra de Dios en ella proclamada, por adherirse íntimamente a la
Palabra de Dios en persona, Cristo encarnado, de modo que aquello que celebran
en la liturgia procuren reflejarlo en su vida y costumbres, y, a la inversa,
miren e reflejar en la liturgia los actos de su vida.
4
La Plegaria eucarística,
“centro y culmen”
El
corazón de la celebración de la Eucaristía es la Plegaria eucarística. Cuando
se pregunta: ¿Qué es más importante, la Consagración o la Comunión?, podemos
responder:
Aunque ciertamente la “consagración” es
un momento puntual, de ninguna manera podemos separarla de la Plegaria
eucarística como tal. Las palabras de la consagración, si no estuvieran en la
Plegaria, no serían palabras de consagración.
El momento clave de la Eucaristía,
aquello por lo que es lo que es, es la Plegaria eucarística, centro y culmen.
Esto es el ápice de la celebración. Entrar interiormente en ella es entrar en
la esencia misma del misterio que nos dejó el Señor, el sacramento de nuestra
fe.
Este momento central y culminante exige
desde sí mismo, como derivación que fluye, la Comunión.
Descripción de la Plegaria eucarística
Qué es
“Ahora
es cuando empieza el centro y culmen de toda la celebración, a saber, la
Plegaria eucarística, que es
-
una plegaria de acción de gracias
-
y de consagración.
El
sacerdote invita al pueblo a elevar al corazón a Dios, en oración y acción de
gracias, y se le asocia en la oración que él dirige en nombre de toda la
comunidad, por Jesucristo, a Dios Padre.
El
sentido de esta oración que toda la congregación de los fieles se una con
Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio”.
Cómo se articula en ocho movimientos
Los
principales elementos de que consta la Plegaria eucarística pueden distinguirse
de esta manera:
1)
Acción
de gracias (que se
expresa sobre todo en el prefacio): en la que el sacerdote, en nombre de
todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da gracias por toda la obra
de salvación o por alguno de sus aspectos particulares, según las variantes del
día, fiesta o tiempo litúrgico.
2)
Aclamación: con ella toda la asamblea, uniéndose a
las jerarquías celestiales, canta o recita el “Santo”. Esta aclamación, que
constituye una parte de la Plegaria eucarística, la pronuncia todo el pueblo
con el sacerdote.
3)
Epíclesis:
con ella la Iglesia, por
medio de determinadas invocaciones, implora el poder divino para que los dones
que han presentado los hombres queden consagrados, es decir, se conviertan en
el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a
recibir en la comunión sea para salvación de quienes la reciben.
4)
Narración
de la institución y consagración: en ella, con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el
sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando bajo las
especies de pan y vino ofreció su Cuerpo y Sangre y se lo dio a los Apóstoles
en forma de comida y bebida, y les encargó perpetuar ese mismo misterio.
5)
Anámnesis: con ella la Iglesia, al cumplir este
encargo que, a través de los Apóstoles, recibió de Cristo Señor, realiza el
memorial del mismo Cristo, recordando principalmente su bienaventurada pasión,
su gloriosa resurrección y la ascensión al cielo.
6)
Oblación: por ella al Iglesia, en este memorial,
sobre todo la Iglesia aquí y ahora reunida, ofrece al Padre en el Espíritu
Santo la víctima inmaculada. La Iglesia pretende que los fieles no sólo
ofrezcan la víctima inmaculada, sino que aprendan a ofrecerse a sí mismos, y
que de día en día perfeccionen, con la mediación de Cristo, la unidad con Dios y entre sí, para que, finalmente,
Dios lo sea todo para todos.
7)
Intercesiones: con ellas se da a entender que la
Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, celeste y terrena, y que
la oblación se hace por ella y por todos sus miembros, vivos y difuntos,
miembros que han sido todos llamados a participar de la salvación y redención
adquiridos por el Cuerpo y sangre de Cristo.
8)
Doxología
final: en ella se
expresa la glorificación de Dios y se concluye y confirma con la aclamación del
pueblo.
Las grandes
líneas espirituales
La oración de Cristo
El
valor sumo de la Plegaria eucarística proviene de que:
1)
Jesucristo
es el orante.
2)
Y el
orante con la que es la “oración total” de su existencia.
3)
Es
la oración pascual de Cristo en la tierra y de Cristo en el cielo.
4)
Es,
ni más ni menos, que “Su Oración”.
La Eucaristía halla su identidad en
Cristo. Y la Eucaristía es la Eucaristía del Señor Jesús; no hay otra, ni puede
haber otra, aunque a lo largo de los siglos se celebre en variedad de ritos y expresiones.
Llegar
a la identidad de lo que fue la Eucaristía de Jesús en la cena es llegar a la
Eucaristía. A este propósito escribe Pedro Farnés:
“Las
seis acciones que la Iglesia ha recibido de Jesús como elementos inmutables de
la misa son: a) tomar pan y vino; b) bendecir a Dios por las maravillas que
obra en favor de los hombres; c) prenunciar con palabras y gestos su entrega
sacrificial; d) romper el pan; e) distribuir el pan fraccionado; f) dar a beber
el cáliz. Estas son, ni más ni menos, las partes constitutivas del rito
eucarístico, las acciones que nunca pueden faltar en la celebración
eucarística...” (Liturgia y Espiritualidad, junio 1998, p. 254).
Lo
que Cristo realizó y realiza en la Plegaria eucarística es:
-
dar gracias al Padre por las maravillas obradas en el Hijo, Jesús de Nazaret, y
en toda la historia de Dios con los hombres;
-
“santificarse”, es decir, entregarse por la salvación de todo el mundo, asumiendo
en su cuerpo entregado (sacrificio) y sangre derramada (sacrificio) la historia
de los hombres.
La espiritualidad eucarística que de aquí
se desprende
La
espiritualidad de la Eucaristía consiste en esta compostura de corazón: empalmar
con Cristo, dejándose asumir por él.
1.
Asentir a Cristo. Decir “amén” a la obra de Cristo, contemplando en su acción
de gracias la obra cumbre de los siglos, agradable al Padre.
2.
Dejarse conducir por él, asumiendo su entrega como salvación nuestra .
La
comunión será la verificación concreta de esta acción ya realizada en la Plegaria
eucarística.
5
La Comunión:
celebración, vida espiritual,
vida mística
La secuencia del
rito celebrativo de la Comunión
La
secuencia de los momentos que componen el rito de la Comunión forma estos pasos
o momentos (según anotamos al principio):
- Oración del Señor
- Rito de la paz
- Fracción del pan
- Comunión
Debemos
conocer la interioridad de cada uno de estos cuatro momentos para no
desfigurarlos y para entrar en íntima sintonía con la realidad espiritual que
nos transmiten.
Oración del Señor
“En
ella se pide el pan de cada día, con lo que también se alude, para los cristianos,
al pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que,
en realidad, las cosas santas se den a los santos” (OGMR 56 a).
Esta
oración la dicen todos a una con el celebrante. Téngase presente que no es el
sacerdote quien la inicia, sino quien invita.
Así
pues, la primera palabra, PADRE, No se le puede quitar a la asamblea; la tienen
que decir todos juntos.
La paz
¿Qué
significa la paz en e este momento? Lo que sugiere la oración que se acaba de
rezar: “mi paz os dejo, mi paz os doy... Concédele (a la Iglesia) la paz y la
unidad”. La unidad en la fe es la paz de la Iglesia.
Por
tanto, al darnos la paz, nos deseamos:
-
“paz y unidad para la Iglesia y para toda la familia humana”
-
nos expresamos mutuamente “la comunión eclesial” (así precisado en la nueva Ordenación)
-
y la “caridad”, es decir el amor cristiano.
Las
Conferencias episcopales indican el modo de dar este saludo de paz. La nueva
Ordenación añade: “Conviene, sin embargo, que cada uno dé el signo de la paz
solamente a quienes tiene más cerca y de un modo sobrio” (n. 82).
Fracción del pan
-
“El gesto de la fracción del pan, realizado por Cristo en la última Cena, en
los tiempos apostólicos fue el que sirvió para denominar a la íntegra acción
eucarística” (OGMR 56 c).
-
Este gesto “significa que nosotros que somos muchos, en la comunión de un solo
pan de vida, que es Cristo, nos hacemos un solo cuerpo (1Co 10,17)”.
-
La nueva Ordenación precisa: “Este rito se reserva al sacerdote y al diácono”
(n. 82). La razón es porque Cristo mismo partió el pan que distribuyó.
Comunión
El
ritmo de la comunión tiene tres momentos:
Primer
momento. El pueblo se acerca procesionalmente a participar en el banquete
eucarístico.
Del
canto para la comunión se dicen tres cosas:
- Debe expresar por la unión de las voces
la unión espiritual de los que comulgan.
- Ha de expresar la alegría del corazón.
- Debe mostrar la inmole comunitaria ()
de la procesión de los que se acercan a recibir la Eucaristía.
Observemos
además:
- Los
cánticos para la Comunión (si no son del Graduale romano) los aprueba la
Conferencia Episcopal.
- Mientras
no tengamos la colección de cánticos aprobados por la Conferencia Episcopal,
habrá que tener muy presentes los criterios anteriores. (Los abusos que ocurren,
sobre todo, en la Misa de celebración del matrimonio son patentes. Por ejemplo,
un solo, una canción que le gusta mucho a la novia, que es una canción en
inglés... Los “solos” no son cánticos de comunión).
Detalles
muy importantes para quien tiene sensibilidad para con los divinos misterios:
- Desde hace treinta años los documentos
de la Iglesia nos están diciendo que es sumamente deseable (VALDE OPTANDUM) que
se comulgue con hostias consagradas en la misma misa.
- Recibir la Sagrada Comunión en el doble
signo místico del Pan y del Vino debe ser totalmente normal y diario en
cualquier comunidad religiosa.
- Jesús dio él mismo el Pan y el Vino a
sus discípulos. La Eucaristía se recibe de manos del sacerdote, signo
sacramental de Cristo; eventualmente de manos de un ministro, pero no se
toma del altar, gesto que, de por sí, tiene significado de “autoservicio”.
Segundo
momento. La asamblea, que ha recibido al Señor, descansa y ora en silencio.
Lo
pide el corazón. Es el tiempo del coloquio personal, que no se puede prolongar
en exceso por el ritmo armónico de la celebración.
Tercer
momento. Canto o himno de acción de gracias.
El
canto de después de la comunión tiene carácter distinto del cántico de acompañamiento
de la comunión. Este canto es:
- Un salmo.
- O un cántico de alabanza.
- O un “himno”.
Qué recibimos en
la Comunión
1.
En la comunión recibimos al Señor Jesús, que vive y reina con el Padre y el
Espíritu Santo. Se nos da el misterio de la resurrección de Cristo.
2.
El cuerpo del Señor es el “cuerpo entregado”, y la sangre del Señor es la
“sangre derramada”. Se nos da el misterio de la muerte de Cristo.
3.
La experiencia pascual que acontece en la comunión transciende todo tipo de
experiencia conocida. Es en sí misma la suprema experiencia mística cristiana;
superior a ella no puede haber otra hasta la vuelta del Señor.
4.
La realidad íntima de la comunión es la realidad íntima del Bautismo, que nos
incorpora simultáneamente a la muerte y resurrección de Jesús (Rm 6), y nos infunde
el Espíritu Santo. Con todo, la experiencia bautismal es inicial, la experiencia
de comunión eucarística es experiencia de plenitud, abierta a la Pascua
celeste.
Ramificaciones de
una sola experiencia
La
comunión contiene en esencia todas las sucesivas experiencias cristianas. Nada
extraño que la experiencia mística cristiana (p.e., la experiencia de las
llagas) vaya vinculada a la vivencia de la comunión. Con frecuencia los
místicos reciben sus gracias en torno a la comunión Veamos algunas
indicaciones:
1.
Experiencia trinitaria. La Eucaristía está abierta al don del Espíritu
Santo derramado en los corazones para poder comulgar. Sin el don del Espíritu
Santo no se puede comulgar, del modo como María no pudo concebir sino por medio
del Espíritu Santo. En el cielo de la Eucaristía está el Padre, y comulgar es
una experiencia de paternidad-filiación.
2.
Experiencia esponsal. Cristo es esposo de la Iglesia y en la comunión
puede ser experimentado, por gracia, como en ningún otro momento, como esposo
de la Iglesia en mí, como esposo mío.
3.
Experiencia de cruz. El que comulga, comulga la cruz de Cristo. Por
ello, la comunión es -puede ser-experiencia del amor llagado (estigmatizaciones
tras la comunión).
4.
Experiencia eclesial. El que recibe a Jesús está en la Iglesia. La
comunión es el criterio último del ecumenismo. No poder participar todos los
bautizados en la que es la misma y única Eucaristía es el mayor dolor que lleva
consigo la Iglesia.
5.
Experiencia de comunión universal. La comunión con Cristo salvador está
abierta a la experiencia del mundo salvado por Cristo. La comunión es el abrazo
a la comunidad humana.
6.
Experiencia celeste. Toda la celebración eucarística se realiza en
comunión con los ángeles y santos del cielo. La experiencia del cielo es
inherente al hecho de comulgar al Señor de la Gloria.
7.
Experiencia escatológica. La comunión nos introduce en el mundo que
viene y de alguna manera lo hace presente, de tal forma que Jesús dijo que el
que el come “tiene vida eterna” (Jn 6,54). La comunión anticipa el destino de
nuestra historia.
Téngase
presente con toda claridad que el sacramento último que recibe el cristiano no
es la Unción de los enfermos. Tampoco la absolución sacramental. Es la
Eucaristía, que en e este caso la recibe en forma de “viático”: Eucaristía para
el camino sin retorno, el camino del encuentro con Cristo, a quien se nos da
real y verdaderamente en el pan y el vino consagrados.
Pedagogía
De
todo cuanto vamos indicando se deduce algo importante: acaso tengamos que
corregir íntimamente el modo y estilo de nuestras comuniones. Cuando recibimos
al Señor ¿en qué pensamos?, ¿en que nos entretenemos?, ¿qué perspectivas
vitales son las que nos ocupan?
Debemos
salir de nuestro individualismo y dejar en al penumbra nuestras necesidades concretas.
En una auténtica pedagogía procuraremos:
Centrarnos en Cristo: glorificarle,
gozarnos con él.
Sentirnos como él sintió; abrirnos a la
Iglesia y al mundo.
Desde ahí presentarle nuestra oblación
como respuesta al amor, por su sola gracia.
Y por último también pedirle.
(Guadalajara, Jalisco, día quinto, 20
marzo 2015).
¡Una maravilla estos textos de las pláticas cuaresmales! Los tengo impresos y es para orarlos muy detenidamente. Dios se lo pague todo.¡Bendito sea Dios, que inspira estas joyas para ayudarnos más y más a encontrarnos con Él...Muchísimas gracias.
ResponderEliminar