jueves, 30 de julio de 2020

1412. Domingo XVIII, A – Jesús nos da el pan de Dios


Jesús nos da el pan de Dios
Mt 14,13-21

Texto evangélico:
13 Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. 14   desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. 15 Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». 16 Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». 17 Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». 18 Les dijo: «Traédmelos». 19 Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. 20 Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. 21 Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Hermanos:
1. En medio del verano  acabamos de escuchar este Evangelio grandioso de la multiplicación de los panes. De la maravilla de las parábolas, que captaron nuestra atención los tres domingos pasados, pasamos a este episodio, que es como un sol resplandeciente en medio de la vida de Jesús.
Con espíritu de adoración y amor contemplamos esta escena divina de la existencia de Jesús en medio de nosotros, y nos preguntamos: ¿Qué está significando este hecho de la vida del Señor, que desborda nuestra imaginación? Y como la vida de Jesús no tiene fondo, porque alcanza y llega hasta nosotros, la respuesta es múltiple. Veámoslo.

2. Si uno se fija en aquella frase No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer, inmediatamente concluye que este Evangelio es una apremiante invitación a despertar los más nobles sentimientos de la solidaridad humana para que entremos en el corazón del mundo y al punto concluyamos que el hambre no tiene que existir, porque hay alimentos para todos. Si existe la solidaridad humana, el hambre deja de existir. Cuando uno en la ciudad ve a una mujer sentada en la calle, en el suelo, y alargando su mano y tendiendo su mirada que te traspasa el alma, uno se pregunta: ¿Por qué, Dios mío, por qué? No es el caso de entrar en este momento en discusiones, en programas de ayuda…, que gracias a Dios abundan. Dadles vosotros de comer. Esta palabra de Jesús ha dado tanto que pensar en tiempo actuales, y tanto se ha escrito en este sentido en los comentarios de nuestras Biblias. Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces, dicen los apóstoles.
Con cinco panes y dos peces, si Dios está en medio, se puede dar de comer hasta saciarse a unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Y sobraron doce canastos, que no pueden ir a la basura: Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras.
Si Dios está en medio, repito, hermanos; si el hombre acepta la solidaridad y la hermandad que le unen a todos los seres humanos de la tierra.
Es, sin duda una buena interpretación del Evangelio, que te compromete a hacer algo para que sea verdad. Mis manos pueden ser las manos de Dios para llevar amor a los necesitados.
En este caudal de pensamientos que nos va trayendo la pandemia, uno principalísimo es este de la vulnerabilidad del ser humano, la evidencia de que nos necesitamos todos, unos a otros, porque todos formamos una familia humana, y, ante un hecho de tantísima gravedad, desparecen las clasificaciones de ricos y pobres, las diferencias de culturas y religiones. Somos hermanos. Quedémonos con esta frase de Jesús.

3. Otro puede decir con la Biblia en la mano: Este hecho de la vida de Jesús a mí me transporta a la gran peregrinación del Éxodo, cuarenta años por el desierto, bajo el amparo de Dios, que se comprometió a dar de comer a su pueblo día a día, mediante el maná.
Sin duda que es una interpretación correctísima. La vida de Jesús solo se comprende desde Dios, desde el bautismo hasta la cruz y la resurrección. Dios conducía a su Hijo amado, y por su Hijo Dios conducía a su pueblo. Jesucristo es la historia de Dios en medio de su pueblo.
Lo acaba de decir el Evangelio. La multitud seguía a Jesús, fascinada por sus palabras, verdadero alimento del corazón, y fascinada igualmente por los gestos de bondad que salían de sus manos. Dice el texto sagrado: … lo siguió por tierra desde los poblados. 14 Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Jesús sintió compasión, y fue el amor compasivo el causante de todo lo que vino.
Jesús es el nuevo Moisés del pueblo de Dios en esta travesía por el desierto. Jesús hacía prodigios que Moisés no pudo hacer. Y esos prodigios existen hoy en la Iglesia.
Interpretar, pues, la multiplicación de los panes como una réplica superior de aquella historia de amor, que durante tantos años se fue tejiendo día a día, es exacto, y nos abre anchuras de vida y esperanza para entender la vida anegados en el amor de Dios, pase lo que pase.
Jesús es el guía y en él reside todo el amor de Dios, que nos da la seguridad plena en nuestro camino.
Hermanos, la  Biblia no tiene fondo, y podemos pensar en estas cosas, llenos de consolación espiritual.

4. Pero he aquí que otra persona puede decir: Cuando leo este pasaje, yo pienso en la Eucaristía. ¿Por qué? Porque son las mismas palabras las que se emplean en el relato de la Cena y en la consagración. He aquí estas cinco expresiones de lo que acabamos de escuchar en el relato de san Mateo:
Primero, tomó el pan.
Segundo, alzó los ojos al cielo
Tercero, pronunció la bendición a Dios: bendijo a Dios, le dio gracias.
Cuarto, partió el pan
Y quinto, lo repartió.
Efectivamente, hermanos; es exacto; el relato de la multiplicación de los panes es una anticipación de la Eucaristía. Y lo entenderemos perfectamente al recibir la santa Comunión.
El profeta Isaías nos ha hablado del convite que Dios nos ha preparado: “Saborearéis platos sustanciosos…; venid a mí, escuchadme y viviréis”.
Hermanos, no necesitamos saber más. La Eucaristía es infinitamente más que la multiplicación de los panes. La Eucaristía es el verdadero banquete que Dios nos ha preparado por medio de su Hijo Jesús. Cada Domingo, incluso cada día, si lo queremos, podemos venir a saciarnos del banquete de Dios. Y en este banquete encontraremos dulzura y la fuerza que nunca habíamos podido imaginar.

Señor Jesús, enséñame a comulgar, sabiendo que ya  no me das un pan de ángeles, sino que tú mismo estás allí, y que con este banquete me introduces en el banquete del cielo. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, jueves 30 julio 2020.

lunes, 27 de julio de 2020

1411. Beata María Magdalena Martinengo


Beata María Magdalena Martinengo
Clarisa Capuchina
(1687-1737)
27 de julio
Memoria libre para las Clarisas Capuchinas,
II Orden y Hermanos Menores Capuchinos


“El alma humilde, partícipe de la santidad divina, se asemeja a los ángeles. Fija sus ojos en la sacrosanta humanidad de Cristo Jesús, Dios y hombre, y en ella encuentra la expresión más acabada de la santidad divina, la reconstruye en su mente, decide imitarla desde lo íntimo de su corazón, la convierte por acción en su comportamiento externo, y acaba siendo ella también un fiel trasunto de Jesús.
[…]
No soporto los elogios dados a cualquier criatura por distinguirse en determinada virtud, por ejemplo, en la  abstinencia o en la mansedumbre, o porque resplandezca en toda ella la humildad. Para mí será más santa el alma que supo vaciarse de sí misma, porque en ese vacío pudo entrar de lleno la santidad de Dios. ¡En verdad, Dios mío, tú solo eres santo! Tú haces los santos, Señor, destruyendo en nosotros cuanto puede ser obstáculo para que se infiltre en el alma tu santidad”.
(Tratado de la humildad, de la Beata, lectura del día).

En años recientes (2006) se han publicado las Obras (Gli Scritti) de nuestra Beata, por el Instituto Histórico de los Capuchinos, Roma - 2545 páginas

Beata Maria Maddalena Martinengo (1687-1737), Gli scritti. Edizione critica, introduzione e note a cura di Franco Fusar Bassini. Prefazione di Guido Sanguineti, vescovo di Brescia. Redazione e indici a cura di Costanzo Cargnoni. Vol. I-II. (Miscellanea di Testi Cappuccini, 3). Roma, Istituto Storico dei Cappuccini, 2006. 22,5 cm., XXXI-1370, 1371-2545 p., 36 tav. a colori. - ISBN 88-88001-40-9 (€ 95,00)

Para adentrarse en su biografía espiritual puede verse:
https://www.capuchinpoorclares.org/page85.html



En tu humilde santidad,
Jesús, mi Dios verdadero,
al pulso de tu verdad,
has de trazar mi sendero.

A tu paso por mi vida
y a tu querer yo me entrego,
y en comunión con tu Iglesia,
Santo de Dios, me confieso.

Tú, María Magdalena,
de familia Martinengo,
cual hermana en el carisma
me compartes tu secreto.

En la Pasión del Esposo
se hizo Verbo tu silencio,
y Jesús Sabiduría
puso en ti su magisterio.

Enséñanos junto a Cristo
la senda del Evangelio,
ser lámparas encendidas
del Amor, que es Luz y Fuego.

¡Cristo, Presencia encarnada,
Santo de Dios en mi cuerpo,
por los siglos de los siglos
seas la dicha que espero! Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, 27 julio 2020

viernes, 24 de julio de 2020

1410. Domingo XVII, A – Jesús anuncia el tesoro escondido del Reino de Dios



Jesús anuncia el tesoro escondido del Reino de Dios
Mt 13, 44-52


Texto evangélico:
44 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
45 El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, 46 que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
 47 El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48 cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. 49 Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
 51 ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». 52 Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Hermanos:
1. Tercer domingo en que hablamos de las parábolas de Jesús.
Las parábolas de Jesús pueden tener un título común; se las pueden llamar “Las parábolas del Reino”. Una vez más, y grabémoslo muy bien, las parábolas de Jesús y sus palabras todas no son enseñanzas de moral, de una moral excelsa, por supuesto, doctrina de vida para saber cómo manejarse en la existencia, en medio de tantas opiniones concurrentes, y tantas veces contrarias y excluyentes. Son, ante todo, revelación del misterio de Dios, que él lo conoce desde dentro, que nos lo entrega para que lo compartamos y lo hagamos vida.
Parábolas del Reino, que otros podrían decir “del Reinado de Dios”. Es correcto. Reinado es un reino en ejercicio, no titular – ni emérito ni actual – sino un reino que se hace sentir, porque es una soberanía que se está ejerciendo en la vida. Es como dicen los salmos:
“El Señor reina, tiemblen las naciones; | sentado sobre querubines, vacile la tierra.
El Señor es grande en Sión, | encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible: | ¡Él es santo!” (Sal 99,1-3).

2. Jesús nunca definió con una fórmula. Habló de él, como de algo vivo, real. Habló de él, invitándonos a entenderlo en vida. Y el Reino y Reinado es la súplica central en la Oración del Señor.
“Padre, santifica tu Nombre”. Lo acabamos de oír en los salmos: Reconozcan tu nombre, grande y terrible: | ¡Él es santo!
“Padre, trae tu Reino;
Padre, haz tu Voluntad en la tierra, lo mismo que la haces en el cielo; que cielo y tierra sean un mismo homenaje al Dios vivo y verdadero, al Padre”.

3. Esto es el Reino, el Reinado de Dios. Pero, ¡atención ahora! Todo esto que es real, que es verdadero, que es presente, es – escuchemos a Jesús – es como un tesoro escondido. Está tan cerca, está a la mano… Pero te puedes pasar la vida sin enterarte de que está a tu disposición y disfrute ese tesoro divino, regalado por Dios, que es el Reino.
Para explicar estas cosas divinas, Jesús pone una comparación humana. Nos dice que ese Reino que Dios nos regala es un secreto, un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder.
Si en mi campo, en el subsuelo, a diez metros hay una mina de oro, yo no sé si es propiedad mía como propietario, o acaso propiedad del Estado. No me importa saberlo, porque no tratamos de aclarar un asunto jurídico del Registro de la Propiedad, sino que tratamos de explicar una parábola ingeniosa y vida, al servicio de una verdad sobrenatural.
Qué hace el “Encontrador” del tesoro. Fijémonos con atención en cuatro cosas que se dicen en esta parábola de cuatro líneas.

4. Lo primero, guardar el secreto, volver a esconder lo que había encontrado. Es que, si lo dice, se queda sin él; estamos hablando de una parábola.
Lo segundo, acumular capital para comprar el campo. Sólo él sabe el tesoro que le viene encima. No va a andar con regateos a la hora de la compra. Él no tiene dinero suficiente para comprar ese campo.
Tercero: vende todo lo que tienen. Son cosas muy queridas. No importa, lo que yo voy a adquirir merece este sacrificio. El texto sagrado tiene aquí un dato, que, según los expertos, es “la punta” de la parábola. Y es esta palabra: “con alegría”. Voy a dejar todo con alegría, voy a romper con recuerdos, con afectos, con muchas ataduras que yo tenía por estas cosas, y lo voy a hacer “con alegría”, porque lo que me viene es incomparablemente más que lo que dejo.
Y cuarto: Compro el campo del tesoro. No me interesaba el campo; me interesaba el tesoro.
He hecho una operación genial, y esto ha sido el logro de mi vida.
Hermanos, si esta parábola uno se la aplica a sí mismo, seguramente que recibe un revolcón total de vida. Esta parábola nos lanza al rostro una pregunta: ¿Has encontrado el tesoro de tu vida? ¿Has encontrado la felicidad de tu tesoro? ¿Lo has vendido todo para poder disfrutar de algo absolutamente nuevo y desconocido? ¿Has experimentado en ti esa alegría exultante, que  no se puede pagar con todo el dinero del mundo?

5. El Reino de Dios, el Reino de los Cielos se parece a ese tesoro. Ahora podemos decir claramente: El Reino de los Cielos, el Reino de Dios es Dios vivo presente, vivo, actuante… en mi vida. Si he encontrado a Dios, he encontrado el tesoro: he reencontrado mi pasado, que, aunque era mío, estaba perdido; he encontrado el sentido de mi presente; he encontrado  mi futuro, como esperanza y triunfo.
Dios vive, Dios reina, Dios está presente. Y puedo hacer un discurso bellísimo de cómo Dios está presente y reinando en el mundo, en toda religión, incluso en una sociedad laica.
Pero, a lo mejor, este trabajo precioso de la presencia de Dios en el mundo, es una perorata para escaparme de algo más importante y decisivo: Dios reina reinando en mí. Dios es presencia en mí, de día y de noche, Dios es compañía, Dios es consolación, Dios es iluminación, Dios es fortaleza. Y podría suceder que, siendo verdad todo lo que voy diciendo, Dios en  mi es in tesoro escondido.

6. Hermanos, os dejo con estos pensamientos, porque, como decía el otro domingo, las parábolas quedan abiertas y las tiene que cerrar cada uno con su propia escucha humilde y sobrenatural.
Y la palabra final es muy sencilla, y la más importante de todas cuantas he dicho en esta homilía, y es esta: El Reino de Dios es Jesús; quien ha encontrado a Jesús, tesoro escondido, ha encontrado a Dios.

Jesús, que nos has anunciado el Reino, y, al anunciarlo, te has anunciado a ti mismo. Haz que te encuentre para amarte; lo habré encontrado todo. Haz que tu presencia llene mi vida de infinita alegría. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, viernes 24 de julio de 2020

miércoles, 22 de julio de 2020

1409. Madre - Misterio de Encarnación


Madre – Misterio de encarnación

La virginidad de María, la maternidad integral de María no son misterios aleatorios “añadidos” al misterio de la Encarnación. Son misterios inherentes a la misma Encarnación. Igual diremos de la resurrección de Jesús. Madre e Hijo quedan vinculados por Dios en un solo designio de amor. ¿Cómo explicar estos misterios? No tienen “explicación” siendo misterio; solo tienen “comprensión”. Como nos ocurre con la Eucaristía.
La teología es racional, pero en la racionalidad no puede dar la última razón de lo que analiza, y, al fin, adora.
En este poema queremos significa – de una manera tan torpe y balbuciente – este misterio de plena consolación: que la Madre de Jesús, Verbo encarnado, lleva en su seno virginal a todos los hombres, seamos de ello conscientes o no lo seamos. Y, al decir todos los hombres, sin excluir a nadie, me incluyo a mí, que en la órbita humana, para mi propio conocimiento, soy el inmediato, soy el primero.
Virgen Madre del Señor, tu divina maternidad sea m i seguridad y descanso. Monstra te esse Matrem.

1. Misterio de encarnación
en entrañas de mujer;
por siempre donde esté el Verbo
una Madre habrá de haber.

2. Y quien nazca de Jesús,
de su Madre ha de nacer;
Madre de todos los hombres,
hermanos todos en él.

3. Misterio de la ternura,
que otro misterio no es,
y una Madre vive adentro
en la esencia de mi ser.

4. María era su nombre
de esta hija de Israel,
y en mis labios se ha quedado
como una infinita sed.

5. Que lo sepan o lo ignoren,
la que dio a luz en Belén,
tiene una cuna caliente,
en todo hijo al vaivén.

6. La que en la cruz alumbraba
en el negro atardecer,
tiene un hijo a quien amar
en el sumo padecer.

7. Madre a quien llamo mi Madre,
historia de mi querer,
que es mi Madre en mi agonía
la que acaricia mi sien.

8. Santa Madre del Señor,
dulce Madre de mi fe;
mis palabras ya lo han dicho,
lo muestre mi amor también. Amén.

Madrid, 22 julio 2020.



viernes, 17 de julio de 2020

1408 - Jesús, las parábolas, la pandemia

Jesús, las parábolas, la pandemia
Mt 13, 24-43


Texto evangélico:
24 Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26 Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27 Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28 Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29 Pero él les respondió: “No:, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30 Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
31 Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32 aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».
33 Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». 34 Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35 para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
36 Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37 Él les contestó:
 «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38 el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; 39 el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. 40 Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: 41 el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42 y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43 Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Hermanos:
1. El mundo de las parábolas es maravilloso, porque es mundo dinámico, creador de pensamientos, profundamente sugestivo, que invitan a una reflexión y a un encuentro consigo mismo y con Dios. Las parábolas del Señor no se pueden entender sino en diálogo personal con Dios. Todas ellas son palabras abiertas que han de culminar en una opción personal. El Evangelio no es un “corpus” de doctrina, una biblioteca de consulta, sino un encuentro de la criatura con su Creador, para alcanzar el acto de amor y compromiso.
En la lectura de hoy nos encontramos con una observación teológica que pertenecen al sentido de las parábolas. Jesús inventa una especial pedagogía de la sencillez, una pedagogía reservada para él en las santas Escrituras, una pedagogía que venía del cielo porque alcanza lo que nadie sino él podía alcanzar: los misterios del Reino, los secretos guardados para esta hora desde la fundación del mundo. 34 Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35 para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
Nunca lo olvidemos, hermanos: Las parábolas no son historietas para amenizara la doctrina y entretener al auditorio, sino revelación de los secretos del Reino.

2. La primera parábola es al del trigo y la cizaña. El mal y el bien juntos existen, han existido y existirán. Y están tan entremezclados que muchas veces no se distinguen. ¿Qué hacer?
Uno podría acaso pensar que la doctrina de la parábola es la dotrina de la tolerancia, como si dijera Jesús que el bien siga su camino y que el mal siga el suyo. Que la sociedad se componga con una especie de democracia universal que pueda integrar todo, el bien y el mal juntos.
Esa tolerancia sería la indiferencia, la incapacidad crítica del discernimiento, la admisión de todas las ideas por contrarias que fueran entre sí.
Este aparente sentido de la parábola no es tal. Toda sociedad humana solo puede crecer admitiendo unos valores que sea los pilares de la verdadera convivencia, valores que podamos perfilar, discutir, refrendar o contradecir.
Un ejemplo. Estos días pasados ha habido una ejecución capital en los  Estados Unidos, cosa que no había ocurrido en diecisiete años. A mí me puede decir: Deja, tú no te metas; no es cosas que a ti te competente.
Pero resulta que yo soy un ciudadano de la familia humana, que pienso que, por muy graves que hayan sido los delitos por los que ha sido ejecutada esa persona, yo puedo pensar que la pena de muerte no es una vía de humanización, de progreso humano, y que, por lo tanto, la pena de muerte tiene que desaparecer en todos los estados.

3. La parábola de la cizaña no nos invita a una neutralidad que no conduce a nada. Si desaparecen las mentes pensadoras de la tierra la sociedad se autodestruye.
Entonces ¿qué significa esta parábola? El significado es terrible si nos atrevemos a aceptarlo. Jesús habla del Hijo del hombre, que es él mismo. Y nos presenta este final de la historia humana:
el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42 y lo
s arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43 Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

4. Hermanos, ante esta conclusión uno se queda helado, y piensa que tiene que ser otra cosa, que se no puede ser el resultado del Hijo de Dios a la tierra.
Nosotros escamoteamos ciertos textos del Evangelio y los apartamos a un lado, porque nos parecen que desfiguran la imagen de Jesús anunciada en otras partes.
Este es el momento de la oración personal para recogerse en la presencia de Dios, y decirle: Dios mío, en el fondo de mi corazón no acepto el infierno; creo que no corresponde a tu ser divino. Pero, pro otra parte, no puedo borrar esta página del Evangelio. Creo que tomar la vida con otra seriedad y que entonces me darás la luz para comprender lo que ahora, en mi mediocridad, en mi turbación…, no alcanzo a comprender. Enséñame, Dios a tomarme la vida en serio y líbrame, por tu misericordia de la condenación eterna.

5. Si la parábola de la cizaña tiene esa resonancia final terrible, las otras dos parábolas nos abre el corazón con alegría a una esperanza infinita.
31 Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32 aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

¿Qué va a pasar, hermanos, con la sociedad, con la Iglesia, en este vórtice en que estamos metidos con esta pandemia que va y viene sin que podamos dominarla?
Nadie lo sabe ciertamente. Pero los cristianos tenemos una referencia que nos llena de seguridad y paz. Jesús ve que hay un Dios en el cielo, su Padre, que es capaz de convertir un granito de mostaza que se pierde en las arrugas de la mano, en un árbol donde anidan los pájaros del cielo. Y ese Dios está actuando en medio del mundo y lo está haciendo.
Es glorioso pensar que ese Dios de amor está obrando a través de sus hijos y que yo mismo soy parte de ese Reino que Dios va estableciendo en la tierra.

Terminemos, hermanos, poniendo los ojos en Jesús: Gracias, Señor, por tu doctrina; gracias por haber puesto tus ojos en mí. Amén.

Pamplona, viernes, 17 de julio de 2020.

viernes, 10 de julio de 2020

1407. Domingo XV, A – Jesús, el Sembrador


Jesús el Sembrador
Mt 13,1-23


Texto evangélico:
Mt13 1 Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. 2 Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. 3 Les habló muchas cosas en parábolas:
 «Salió el sembrador a sembrar. 4 Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. 5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; 6 pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. 7 Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. 8 Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. 9 El que tenga oídos, que oiga».
     10 Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11 Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. 12 Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. 13 Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. 14 Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; 15 porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. 16 Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. 17 En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
18 Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: 19 si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. 20 Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; 21 pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. 22 Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. 23 Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Hermanos:
1. En la lectura del Evangelio de san Mateo, que es el banquete espiritual de este año del ciclo litúrgico, hemos pasado al capítulo 13 del texto sagrado, el capítulo de las parábolas. Y la primera que pone san Mateo es la parábola del sembrador. Seguramente que la parábola del sembrador y la del hijo pródigo son las más conocidas del Evangelio.
El texto de esta parábola es interrumpido por una pregunta: «¿Por qué les hablas en parábolas?
La contestación parece muy simple: Porque es un modo popular, sencillo, asequible a todos, para hacer entender y anunciar así el mensaje de Dios. Y de hecho san Marcos, al final de un grupo de parábolas da esta simple explicación: Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado (Mc 4,33-34).
Dicen los estudiosos del Evangelio que es una verdadera novedad que Jesús explicase en le mensaje de Dios, con estos modos sencillos de hablar.

2. Siendo esto verdad, nos sorprende el problema que late en las parábolas de Jesús, que es este: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11 Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
El drama de Jesús, que lo llevó toda su vida, y que se perpetúa en la historia, fue un drama interior. El drama de Jesús es que él no se sintió comprendido, no se sintió aceptado. Un sector de fieles, sí le comprendió, lo aceptó, lo amó con pasión de amor, y le sigue amando, y lo seguimos amando. Pero una buena parte no comprendió los secretos del reino. Y exactamente ocurre hoy: una religión social no vale.
El sector espiritual más representativo, el sector que cultivaba la piedad y la ley de Israel, no le aceptó; el desencuentro fue tan grande que terminó en el juicio y la muerte.
Jesús se acogió a palabras de Isaías para dar sentido al drama del rechazo de su vida: está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.
Dichosos nosotros que podemos y oír, entender y gustar las palabras del Señor.

3. Pero vengamos, hermanos, a lo bello de las parábolas del Señor que han quedado para siempre como manantial de revelación y consolación divinas.
¿Qué sígnica, pues, la parábola del Sembrador?
 En esta parábola hallamos tres referentes: Un sembrador, un género de semilla, que es el mismo, toda ella muy buena; y cuatro clases de terreno.   Por lo tanto, cuatro clases de resultado.
En el primero, segundo y tercero, no hubo cosecha por distintos motivos: los pájaros se comieron la semilla, la semilla no granó por falta de profundidad, o la semilla sí salió, pero quedó ahogada. En el cuarto terreno, la semilla trajo cosecha, al treinta, al sesenta, al ciento; es un decir, porque no hay semilla de trigo que puede dar ese género de producción.

4. Tal como ha quedado en los Evangelios esta parábola, es una catequesis de la fe: Miremos como recibimos la palabra de Dios, porque el fruto va a depender de nuestra acogida. De parte de Dios no va a fallar.
Seguramente que la primera intención de Jesús es querer mostrarnos cómo la Palabra de Dios, bien anunciada, siempre, absolutamente siempre, da fruto. Parábola de triunfo y de ánimo para no descorazonarse nunca… Habrá mil dificultades, pero si es palabra de Dios, siempre produce fruto. Esto nos lo confirma el antiguo oráculo de Isaías, que es la primera lectura de hoy: “así será la palabra, que sale de mi boca: | no volverá a mí vacía, | sino que cumplirá mi deseo | y llevará a cabo mi encargo” (Is 45,11).  

5. Aquí es donde debemos centrarnos: es el mayor gozo que uno puede tener en la vida: hacer algo divino. Y anunciar la palabra de Dios es algo divino. Y Dios se encargará de dar eficacia a eso poquito que tú haces. Alguien desde Islandia se enteró de una homilía; alguien desde Australia… Vía satélite, el mundo es una aldea.
El sembrador es Jesús. Y Jesús sigue sembrando en los corazones. Justamente la palabra “El Sembrador” es una palabra escogida como identificador de un canal de televisión católica.

Señor Jesús, divino Sembrador de los corazones en el mundo entero, hemos llamado a  tus palabras “las hermosas palabras del Señor”, porque no hay palabra más hermosa que la tuya: sigue sembrando en nuestros corazones, para que nunca nos cansemos de anunciar tu Evangelio, lleno de alegría y de esperanza, a nuestros hermanos, los hombres. Amén.

Desde Alfaro (La Rioja), viernes 10 de julio de 2020, (en la Orden capuchina Santa verónica Giuliani

jueves, 2 de julio de 2020

1406. Domingo XIV, A – Jesús da gracias, declara, e invita


Jesús da gracias, declara, e invita
Mt 11,25-30



Texto evangélico:
25 En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. 26 Sí, Padre, así te ha parecido bien. 27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 29 Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Hermanos:
1. Estamos hoy en el domingo XIV del tiempo ordinario – la serie completa son 34 – y este año vamos leyendo de forma continua los domingos el Evangelio según san Mateo. El domingo pasado estábamos en el capítulo 10; hoy en el capítulo 11.
El texto del Evangelio de hoy tiene una introducción peculiar: “En aquel tiempo tomó Jesús la palabra y dijo”; que es una fórmula ritual, más bien, una fórmula sacra que la ha tomado la Iglesia para introducir el Evangelio cada domingo, una fórmula para encuadrar el Evangelio como un bando sagrado que nos viene del cielo. Que es como decir: Atención, hermanos va a hablar el Señor; lo que vamos a escuchar solo lo puede decir él. No hay maestro en la tierra que le pueda suplir. Al final ponemos la firma. Si leemos el Evangelio decimos: "Palabra del Señor" y la comunidad responde mirando a Cristo: “Gloria a ti, Señor Jesús” (Ordenación Misal Romano, 134). Y se besa el texto del Evangelio. En cambio, si leemos otro pasaje de la Escritura, decimos: “Palabra de Dios”, para responder a Dios. “Te alabamos, Señor” (Ordenación, 128).
En los seis versículos del hoy podemos contemplar una semblanza de Jesús, que se representa al espíritu en tres cuadros:
- Jesús orando al Padre.
- Jesús revelando a la Comunidad.
- Jesús haciendo una invitación universal al mundo entero.
¿Quién es este Jesús que habla de una manera tan solemne? Es, ante todo, el Jesús que está en el cielo y que en la celebración es Jesús viviente y presente en medio de la comunidad. Bien es verdad que el Evangelio nos lo presenta como aquel Jesús que vivió en medios de nosotros y un día, recorriendo los caminos de Palestina, pasó haciendo el bien, consolando, hablando y enseñando.

3. He aquí el primer momento de algo singular que ocurrió. San Lucas nos dice, para detallar, que en aquel momento “se llenó de alegría en el Espíritu Santo”, y prorrumpió en esta oración. Es como si tomásemos una foto de Jesús, que, de repente, no ha podido menos de decir lo que lleva dentro: Te doy, gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra.
Jesús está viendo algo maravilloso y tiene que decirlo. Está viendo el mundo al revés de lo que aparece. Está viendo que los sabios y entendidos con su sabiduría no entienden; en cambio los humildes, los sencillos, los que aparece que no tienen por qué opinar, porque no cuentan en este mundo, esos sí son los videntes de la gloria de Dios. Esos son los que de verdad contemplan las maravillas de Dios. Esos son los que pueden anunciar el Evangelio y hacer las obras del Evangelio que Jesús había encargado cuando los envió en misión.
Esta visión e la vida que Jesús tiene no es un episodio particular de sus cortos días sobre la tierra. Esto pertenece al estilo de Dios, al estilo de Jesús y permanece así para siempre. Solo los sencillos conocen a Dios. Y los sabios ¿no lo conocen? Si son sencillos, sí; por sencillos y humildes. Jesús es el primero de todos los sencillos.

4. En un segundo momento Jesús nos da una palabra secreta de revelación: ¿Quién conoce de verdad a Dios? ¿Quién conoce al Hijo de Dios? Las cosas de Dios son divinas, y el hombre no puede acceder a ellas. Solo Dos conoce a Dios, solo el Hijo conoce al Padre, solo el Padre conoce al Hijo.
Pero Dios Altísimo, que sobrepasa la capacidad de todo conocimiento, puede dar el don de su revelación. Puede revelarse al hombre en su intimidad.
Y he aquí la palabra de Jesús: y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
El Hijo de Dios, solo él, nos puede revelar el corazón del Padre.
Hermanos, esto es sublime y literalmente divino: Solo Jesús nos puede dar el conocimiento de Dios, del Padre, de las cosas divinas.
Toda la religión cristina se centra en Jesús, porque solo él nos puede abrir la puerta de Dios.

5. Y ahora se nos presenta el tercer cuadro de este acontecimiento divino: Venid a mí todos. Esta invitación de Jesús la hemos puesto en las estampas del Corazón de Jesús, de una forma piadosa, pero en su ingenuidad totalmente verdadera, Tratemos de ver el significa total y absoluto que contiene.
Jesús habla a los cansados y agobiados. La Ley de >Moisés contenía muchas normas y preceptos para agradar a Dios. Los rabinos posteriores a Jesús llegaron a contabilidad los 613 preceptos de la ley. Muchas leyes pertenecían al culto y todo el referente a la pureza e impureza sexual; por lo mismo a determinado género de personas.
San Pablo, que quiso ser un judíos perfecto, y que seguramente lo fue en cuanto la fragilidad humana lo consiente, porque ciertamente san Pablo no fue ningún disoluto, llegó a esta experiencia personal: La Ley es santa, pero me agobia, y en un pasaje célebre de sus cartas, en la carta a los Gálatas, refiere como una vez se lo reprochó a Pedro, que quería guardar ciertas observancias sin pasar definitivamente a esa libertad absoluta que nos ha dado la fe en Cristo Jesús.
Jesús nos habla del cansancio y nos invita a descansar en él.

6. Hermanos en la vida hay muchos cansancios: casando del trabajo y de los años; cansancio de la política, llena de corrupción y de mentira; cansado de la profesión que uno ha ejercido, porque habiendo gastado la vida no veo la correspondencia que podría esperar…; cuando de mí mismo y no sé por qué… El peor cansando de todo es el cansancio de Dios yd e la religión, cansancio destructor que repercute en uno mismo.
Sería lo peor que uno llegara a decir. Toda la  vida queriendo y no puedo. Me siento fracasado. Ya no sé si cero en Dios. Puede ser una noche oscura horrorosa.
Pero en Evangelio me está diciendo que eso es falso. Dios es nuestra paz, nuestro triunfo, nuestro verdadero futuro.
Jesús nos lo está diciendo: Venid a mí todos los que estáis desengañados y cansados de la vida. Mi yugo, es decir, el Evangelio es suave; mi carga, que no es otra que el precepto del amor, es ligera. Y detrás de ella está el consuelo y la felicidad.
Quien se acoge a mí, aunque fuera solo en el último momento de la vida, ha triunfado. Yo soy el triunfo del amor.

7. Hermanos, cuanto voy diciendo, es eco del mensaje de Jesús, que es para pensar y llorar de consolación. Yo no soy ningún fracasado. Yo he triunfado en la vida, y como un príncipe me presento a la hora de la verdad ante él.
Este miércoles pasado moría en su casa el hermano del Papa Benedicto XVI, a sus 96 años. “Confío en Dios misericordioso”. Estas son las últimas palabras que se le pudieron entender. Ese es el triunfo de su vida. La muerte es el triunfo del amor de Dios.

Señor Jesús, tus palabras quedan abiertas para mí para el mundo entero. Tú eres manso y humilde de corazón. Y ese corazón es el amor infinito del Padre. Confío en ti. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, jueves, 2 de julio de 2020.