María, Madre de Dios
para siempre
Lc 2,16-21
Texto evangélico:
16 Fueron corriendo y encontraron
a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo
que se les había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de
lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas
estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores dando
gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que
se les había dicho.
21 Cuando se cumplieron los ocho días para
circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el
ángel antes de su concepción..
Hermanos:
1. El fiel cristiano que frecuente los misterios divinos, sabe que el día 1
de enero, en medio del tiempo de Navidad, es un día solemnísimo, portador de
tres misterios:
- Octava de Navidad y Solemnidad de Santa María Madre de Dios, la principal
fiesta dedicada a la Santísima Virgen.
- Día de la Paz con el mensaje que cada año el Santo Padre prepara de
antemano. El mensaje de este año tiene por título: Migrantes y refugiados:
hombres y mujeres que buscan la paz, y está firmado el 13 de noviembre de 2017,
memoria de Santa Francisca Javier Cabrini, Patrona de los migrantes.
- Día de Año Nuevo con la bendición que todos los años escuchamos del libro
de los Números.
Vamos a reflexionar sobre el primer punto: Santa María, Madre de Dios;
haciendo también algunas consideraciones sobre la Bendición del nuevo año.
2. Las primeras palabras que se escribieron en el Nuevo Testamento sobre la
Santísima Virgen, son las palabars que hemos leído en la segundo lectura, lo
que san Pablo dice a los Gálatas. La carta a los Gálatas se escribió antes de
que tuvieran su redacción final los santos Evangelio. Dice san Pablo: “cuando
llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido
bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos
la adopción filial” (Gal 4,4-5).
Hijo de Dios nacido de mujer. La verdad central de toda la teología de san Pablo
es esta que Jesús, Jesús de Nazaret, el hombre concreto que murió crucificado es
el verdadero Hijo de Dios.
Esta verdad central, Jesús Hijo de Dios, muerto y resucitado, este Jesús, que
tiene la mismísima categoría de Dios, este Hijo de Dios es “nacido de mujer”. María
ha sido constituida Madre del Hijo de Dios.
El verdadero Hijo de Dios es hijo de una mujer, mujer de nuestra raza, de
la raza de Adán; es hermana nuestra.
3. San Pablo añade que ha nacido bajo la Ley. Jesús es hijo de Israel,
miembro de un pueblo, que ha tenido su historia espiritual contada por la
Biblia.
Ya tenemos, pues, las dos primeras definiciones para abordar el misterio de
Jesús.
- Jesús, Hijo de Dios e hijo de María.
- Jesús, Hijo de Dios, hijo de Israel, sometido al régimen de la Ley de
Moisés.
El cristianos e acerca con reverencia a María y la llama Madre de Dios. Cuántas
discusines hubo entre los cristiano sobre el verdadero ser de Jesús y, en
consecuencia, sobre la maternidad de la mujer que lo trajo al mundo. Pasaron
siglos para que al fe tradicional de la Iglesia, adquiriera la forma de
definición dogmática”. Fue en el concilio de Éfeso, que se celebró en los meses
de junio y julio del año 431, cuando se definició que María era la verdadera Madre
de Dios, no en un sentido sublimado o poético (un canto del Antiguo Testamento llama
a Débora “Madre de Israel”), sino en un sentido inmediato y físico. María fue
la engendradora de Dios, la “Theotókos”, sancta Dei Génetrix. Dice el texto del
Concilio:
“…Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y
luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se
dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de
la propia carne... De esta manera [los Santos Padres] no tuvieron inconveniente
en llamar madre de Dios a la santa Virgen. (Concilio de Efeso, Denzinger 111ª).
4. Isabel, esposa de Zacarías, la había llamado, según el Evangelio de san
Lucas “la Madre de mi Señor”, unas palabars que, tomadas en toda su sustancia,
están diciendo: “la Madre de mi Señor Dios”.
El Concilio nos ha dicho definitivamente que María es la Engendradora de Dios,
la Madre del Hijo de Dios, la Madre de Dios simplemente.
Esta es la verdad central de toda nuestra fe en la Madre de Jesús y de nuestra
piedad a ella. Se dirá que hemos sacralizado a la Virgen María; y es verdad, porque
esa es su realidad.
San Pablo ha querido “humanizar” a la Virgen, pero en ese mismo instante la
ha divinizado. ¿Quién puede ser la Madre del hijo de Dios, si no está toda ella
traspasada de divinidad?
Ya en los mismos Evangelios venzo que María es Virgen: Virgen Madre, dos títulos
inseparables uno del otro.
Estas verdades las repasamos en el día de hoy, con el corazón lleno de gozo
y de admiración. Vean cómo comienza el oficio de esta solemnidad, en las
primeras Vísperas: “¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano,
tomando cuerpo y alma, nace de una Virgen y, hecho hombre sin concurso de
varón, nos hace participar de su divinidad” (primera antífona de las I Vísperas)
Y prosigue en la segunda antífona de este día solemnísimo: “Cuando naciste
inefablemente de la Virgen se cumplieron las Escrituras: descendiste como el
rocío sobre el vellón, para salvar a los hombres; te alabamos, Dios nuestro”.
Particularmente bella es la tercera antífona: "En la zara que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada: Madre de Dios, intercede por nosotros".
5. El gusto de hoy es humanizar al máximo a la Virgen María, viéndola como
una muchacha más del vecindario, con todas las características que podría tener
una mujer de su época. Por mucho que nos empeños todos estos aspectos del común
de los mortales de los que participó María, no podemos dejar de decir que ella
es la Madre de Dios, y esto revoluciona todos nuestros pensamiento.
A ella acudimos, a ella rezamos, a ella que ha participado ya de la vida y
gloria de su Hijo Jesucristo.
6. He dicho también que quisiera decir unas palabras sobre la bendición del
nuevo Año que recogemos del libro de los Números, capítulo 6
24 “El Señor te bendiga y te
proteja,
25
el Señor ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
26
El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
Es la bendición que impartían los sacerdotes de Israel a sus hermanos, texto
sagrado que no se traducía a otras lenguas, si la Biblia, en determinado
momento, fue proclamada en otros idioma.
Se invocaba tres veces el Nombre sagrado de Dios que descendiera del cielo.
Y esa Nombre iba bajando, bajando, invocado la primera vez, la segunda y la
tercera. En la segunda y tercera vez e habla incluso del “rostro de Dios”: que
se ilumine, que se muestre benigno.
La bendición está redactada en forma singular. Se daba a toda la comunidad
santa, pero era en particular para mí, justamente para mí.
Y es emocionante escuchar la solemne firma de Dios. “Así invocarán mi
nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré” (v. 27). “Yo los bendeciré”.
Es como una fórmula sacramental. Como cuando el sacerdote pronuncia las
palabars de la consagración, y el pan y el vino quedan consagrados.
Dios nos bendice, hermanos, y nosotros quedamos eficazmente bendecimos.
Hermanos: esta es la bendición para todo el año. Que Dios bendito nos bendiga. Amén. Por su Hijo Jesucristo. Amén. En el
Espíritu Santo. Amén.
Guadalajara, Jalisco, Año nuevo 2018
Postdata. Bellísima la Carta de S. Atanasio (295-373) al Obispo Epicteto sobre la Encarnación corpórea del Hijo de ds que se operó en el cuerpo físico de una mujer, María, que leemos hoy en el Oficio de lectura. Dice el santo doctor de una manera tan bella:
Postdata. Bellísima la Carta de S. Atanasio (295-373) al Obispo Epicteto sobre la Encarnación corpórea del Hijo de ds que se operó en el cuerpo físico de una mujer, María, que leemos hoy en el Oficio de lectura. Dice el santo doctor de una manera tan bella:
Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un
verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero,
digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que
como todos nosotros es hija de Adán.