domingo, 31 de diciembre de 2017

1038. María, Madre de Dios para siempre



María, Madre de Dios para siempre
Lc 2,16-21

Texto evangélico:
16 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
 21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción..

Hermanos:
1. El fiel cristiano que frecuente los misterios divinos, sabe que el día 1 de enero, en medio del tiempo de Navidad, es un día solemnísimo, portador de tres misterios:
- Octava de Navidad y Solemnidad de Santa María Madre de Dios, la principal fiesta dedicada a la Santísima Virgen.
- Día de la Paz con el mensaje que cada año el Santo Padre prepara de antemano. El mensaje de este año tiene por título: Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz, y está firmado el 13 de noviembre de 2017, memoria de Santa Francisca Javier Cabrini, Patrona de los migrantes.
- Día de Año Nuevo con la bendición que todos los años escuchamos del libro de los Números.
Vamos a reflexionar sobre el primer punto: Santa María, Madre de Dios; haciendo también algunas consideraciones sobre la Bendición del nuevo año.

2. Las primeras palabras que se escribieron en el Nuevo Testamento sobre la Santísima Virgen, son las palabars que hemos leído en la segundo lectura, lo que san Pablo dice a los Gálatas. La carta a los Gálatas se escribió antes de que tuvieran su redacción final los santos Evangelio. Dice san Pablo: “cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial” (Gal 4,4-5).
Hijo de Dios nacido de mujer. La verdad central de toda la teología de san Pablo es esta que Jesús, Jesús de Nazaret, el hombre concreto que murió crucificado es el verdadero Hijo de Dios.
Esta verdad central, Jesús Hijo de Dios, muerto y resucitado, este Jesús, que tiene la mismísima categoría de Dios, este Hijo de Dios es “nacido de mujer”. María ha sido constituida Madre del Hijo de Dios.
El verdadero Hijo de Dios es hijo de una mujer, mujer de nuestra raza, de la raza de Adán; es hermana nuestra.

3. San Pablo añade que ha nacido bajo la Ley. Jesús es hijo de Israel, miembro de un pueblo, que ha tenido su historia espiritual contada por la Biblia.
Ya tenemos, pues, las dos primeras definiciones para abordar el misterio de Jesús.
- Jesús, Hijo de Dios e hijo de María.
- Jesús, Hijo de Dios, hijo de Israel, sometido al régimen de la Ley de Moisés.

El cristianos e acerca con reverencia a María y la llama Madre de Dios. Cuántas discusines hubo entre los cristiano sobre el verdadero ser de Jesús y, en consecuencia, sobre la maternidad de la mujer que lo trajo al mundo. Pasaron siglos para que al fe tradicional de la Iglesia, adquiriera la forma de definición dogmática”. Fue en el concilio de Éfeso, que se celebró en los meses de junio y julio del año 431, cuando se definició que María era la verdadera Madre de Dios, no en un sentido sublimado o poético (un canto del Antiguo Testamento llama a Débora “Madre de Israel”), sino en un sentido inmediato y físico. María fue la engendradora de Dios, la “Theotókos”, sancta Dei Génetrix. Dice el texto del Concilio:
“…Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne... De esta manera [los Santos Padres] no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen. (Concilio de Efeso, Denzinger 111ª).

4. Isabel, esposa de Zacarías, la había llamado, según el Evangelio de san Lucas “la Madre de mi Señor”, unas palabars que, tomadas en toda su sustancia, están diciendo: “la Madre de mi Señor Dios”.
El Concilio nos ha dicho definitivamente que María es la Engendradora de Dios, la Madre del Hijo de Dios, la Madre de Dios simplemente.
Esta es la verdad central de toda nuestra fe en la Madre de Jesús y de nuestra piedad a ella. Se dirá que hemos sacralizado a la Virgen María; y es verdad, porque esa es su realidad.
San Pablo ha querido “humanizar” a la Virgen, pero en ese mismo instante la ha divinizado. ¿Quién puede ser la Madre del hijo de Dios, si no está toda ella traspasada de divinidad?
Ya en los mismos Evangelios venzo que María es Virgen: Virgen Madre, dos títulos inseparables uno del otro.
Estas verdades las repasamos en el día de hoy, con el corazón lleno de gozo y de admiración. Vean cómo comienza el oficio de esta solemnidad, en las primeras Vísperas: “¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos hace participar de su divinidad” (primera antífona de las I Vísperas)
Y prosigue en la segunda antífona de este día solemnísimo: “Cuando naciste inefablemente de la Virgen se cumplieron las Escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón, para salvar a los hombres; te alabamos, Dios nuestro”.
Particularmente bella es la tercera antífona: "En la zara que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada: Madre de Dios, intercede por nosotros".

5. El gusto de hoy es humanizar al máximo a la Virgen María, viéndola como una muchacha más del vecindario, con todas las características que podría tener una mujer de su época. Por mucho que nos empeños todos estos aspectos del común de los mortales de los que participó María, no podemos dejar de decir que ella es la Madre de Dios, y esto revoluciona todos nuestros pensamiento.
A ella acudimos, a ella rezamos, a ella que ha participado ya de la vida y gloria de su Hijo Jesucristo.

6. He dicho también que quisiera decir unas palabras sobre la bendición del nuevo Año que recogemos del libro de los Números, capítulo 6
     24 “El Señor te bendiga y te proteja,
     25 el Señor ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
     26 El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
Es la bendición que impartían los sacerdotes de Israel a sus hermanos, texto sagrado que no se traducía a otras lenguas, si la Biblia, en determinado momento, fue proclamada en otros idioma.
Se invocaba tres veces el Nombre sagrado de Dios que descendiera del cielo. Y esa Nombre iba bajando, bajando, invocado la primera vez, la segunda y la tercera. En la segunda y tercera vez e habla incluso del “rostro de Dios”: que se ilumine, que se muestre benigno.
La bendición está redactada en forma singular. Se daba a toda la comunidad santa, pero era en particular para mí, justamente para mí.
Y es emocionante escuchar la solemne firma de Dios. “Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré” (v. 27). “Yo los bendeciré”. Es como una fórmula sacramental. Como cuando el sacerdote pronuncia las palabars de la consagración, y el pan y el vino quedan consagrados.
Dios nos bendice, hermanos, y nosotros quedamos eficazmente bendecimos.
Hermanos: esta es la bendición para todo el año. Que Dios bendito nos bendiga. Amén. Por su Hijo Jesucristo. Amén. En el Espíritu Santo. Amén.

Guadalajara, Jalisco, Año nuevo 2018

Postdata. Bellísima la Carta de S. Atanasio (295-373) al Obispo Epicteto sobre la Encarnación corpórea del Hijo de ds que se operó en el cuerpo físico de una mujer, María, que leemos hoy en el Oficio de lectura. Dice el santo doctor de una manera tan bella:


Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que como todos nosotros es hija de Adán.

viernes, 29 de diciembre de 2017

1037. Cantares al Niño



Cantares al Niño

Hoy comenzamos la lectura del Cantar de los cantares (29 de diciembre, año II en el ciclo bienal de lecturas).
Jesús, que este libro nos eleve por los rumbos del amor divino, que es el más humano. Porque el amor es solo uno. Y el amor profundo y puro es el que todo lo unifica.

Amor que desciende todo
de Dios a  mi corazón,
es el amor que se llama
amor de la Encarnación.

Amor de un esposo amado,
en mi estancia, sin rubor,
donde los verbos son puros
para mirarnos los dos.

Porque él primero lo quiso,
el que, en Dios, hijo nació,
y una esposa a quien amara
en carne quiso y buscó.

Es pasajera esta tierra,
se marchita como flor,
pero es tan bella, tan bella
que está preñada de Dios.

Ojitos de Trinidad
nos guiñan con su fulgor,
cuando un infante adorable
nos dice que “Aquí estoy yo”.

“Yo soy”, en los Libros dijo,
Palabra que en mí clavó;
que es su presencia divina
y en mí su consagración.

Yo transciendo mis pecados
porque su amor es mayor,
y me quedo enamorado,
que el Verbo se enamoró.

Dios es Jesús para siempre
y a este nombre descendió,
y allí mi esposo se hizo
para ser mi comunión.

Jesús, mi secreto tú,
porque fuiste tú mi yo;
en estos lances de amores
silencio y adoración.


Guadalajara, Jalisco, 29 diciembre 2017