jueves, 21 de diciembre de 2017

1032. 21 de diciembre: Cantar de los cantares



Amor esponsal del Señor que viene
y al Señor que viene

21 de diciembre y 31 de mayo son dos días señalas en mi calendario litúrgico por algo íntimo y personal, que llena la vida de belleza y esperanza. Esos dos días son los únicos (que yo recuerde) que suena en la Eucaristía el Cantar de los cantares: la venida del amado saltando pro los montes brincando por las colinas.
Llega el amado a despertar a su amada, que duerme tranquilamente, y le da una serenata de amor: Levántate, amada mía, hermosa mía y ven a mí.
Es primavera y a los dos les esperan las flores y el canto de los pájaros. Le invita a salir y al aire de los cielos le invita a compartir amores. El amor bulle en la hermosura de la creación; bulle sobre todo en esos dos corazones, acoplados el uno para el otro. Aquí el secreto del amor es infinito, porque del amor nadie puede decirnos el último cantar.
Isabel ha vivido esta experiencia de amor encarnado, y ha recibido al Amor de su alma que venía saltando por la serranía, de Nazaret, al norte de Galilea, hasta Ain Karen (Fuente del Jardín) cerca de Jerusalén: ¿De dónde a mí esta dicha que venga a verme la Madre de mi Señor?
En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, saltó en mis entrañas este hijito de mi vientre.
Venía el esposo, Jesús, a hacer nupcias con su Iglesia, y el Bautista, pequeño como un embrión, era el heraldo de esta acogida.
El 21 de diciembre, quinto día de las Ferias privilegiadas de Adviento, se lee el relato lucano de la Visitación, y en consonancia con él se lee el Cantar de los cantares. Lo mismo en la fiesta de visitación de la Virgen María a su prima santa Isabel.
Así, el Cantar de los cantares, adquiere su más bello primero cuando pasa a ser Cantar de eucaristía.
Se dirá que para leer el cantar de los cantares hace falta tener el corazón preparado. ¿Quién puede oír, de labios de Jesús, con verdad: ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres!
No quisiera aguardar al día de mi muerte para leer, como bella tarjeta de mi vida el Cantar de los cantares, que es el Cantar Divino.

***
Cuentan de san Juan de la Cruz que, próximo a la muerte, el prior de la cmunidad le leyó la recomendación del alma. San Juan de la cruz fue a cantar maitines al cielo el 14 de diciembre de 1591, y esta escena ocurría el día anterior, más exactamente pocas horas antes. El rito antiguo – me parece – tenía frases muy severas, tétricas, como las tenía el Dies irae, Dies illa. Y dice la historia que el humilde y sufrido fray Juan de la Cruz le rogó a su P. Prior: “Dígame, padre, de los Cantares, que eso no es menester”.
Un anciano padre de mi provincial religiosa – cuerpo pequeño, cara cetrina, ojos de inmensa ternura – decía próximo a su muerte (Ecuador, 28 abril 1978): ¡Nos llaman a bodas!
Esa espiritualidad esponsal de amor ¿será solo para los santos… o no vendrá también a nuestro socorro…? Me refiero a cualquier cristiano a cristiana que con pureza de corazón quiere ser todo del Señor. ¿Estará prohibido llamarle a Jesús Amado mío?
A un célibe mujer o varón – ante las últimas realidades es igual – que a lo mejor con lágrimas oblativas ha hecho esta ofrenda al Señor, ¿alguien podrá cortarle las alas para decir a Jesús, con íntima e inefable ternura: Amado mío?
Leo en el Cantar: Aní ledodí, we dodí lí: yo para-el-amado-mío, y el-amado-mío para-mí.
Esta literatura de amor esponsal queda abierta para quien sienta el aura del Espíritu.
Con sencillez de corazón podemos cultivarla. El Señor nos dé este toque divino para poder decir a Jesús, Verbo Encarnado, hijo de la Virgen María: ¿Qué hermoso eres, amado mío!
Y nos dé esa sublime audacia para escucharle: ¡Qué hermosa tú, amada mía, qué hermosa!
La vida es bella porque Dios, con la infinita ternura de su amor, la hizo así. Así la hemos de gozar en Navidad y así la esperamos para Navidad, ahora, en las ferias mayores antes de que lleguen los villancicos.
El cervatillo (2,8 3,5)
(Mañana de primavera)

Ella
¿Sentís?
¡Los pasos de mi amado!
Miradle cómo viene,
saltando por la sierra,
brincando por las quebradas.
Viene como gamo ligero mi amado,
como ágil cervatillo.
¡Ya se para!
¡Ya está arrimado a mi cerca,
ya mira por las rendijas,
atisba por la empalizada!
Canta mi amado
y escucho que dice:
“Sal, amada mía,
preciosa,
ven a mí.
Mira, ya se fue el invierno,
y pasaron las lluvias y se fueron.
Brotan las flores del campo,
y vuelven las canciones;
se oye por la vega
el arrullo de la tórtola.
Le han nacido las yemas a la higuera,
y se huele el aroma de las viñas.
Paloma,
no me escondas tu cara
en los nidos de la roca,
en los huecos de la peña;
que quiero verte, déjame;
déjame escuchar tu voz:
tu voz es dulcísima,
tu cara bellísima”.

Coro
Coged las raposas,
esas raposillas;
que no se coman los pámpanos
cuando rompen las viñas.

(Coloquios de la noche)
Mi amado para mí
y yo para mi amado,
jardinero de lirios.
Antes de que sople
le fresco de la madrugada y huyan las sombras,
escápate, amado mío,
vete por los montes de la Alianza
como gacela,
como cervatillo.

Para ver nuestra versión del Cantar de los cantares, “El Cantar Divino” véase este sitio de mercabá.org.
http://www.mercaba.org/Espiritualidad/Rufino/NV/CARTEL%20NAVIDAD.htm

Guadalajara, Jalisco, 21 de diciembre de 2017

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