Amor esponsal del Señor que viene
y al Señor que viene
21 de diciembre y 31 de
mayo
son dos días señalas en mi calendario litúrgico por algo íntimo y personal, que
llena la vida de belleza y esperanza. Esos dos días son los únicos (que yo
recuerde) que suena en la Eucaristía el Cantar de los cantares: la venida del
amado saltando pro los montes brincando por las colinas.
Llega
el amado a despertar a su amada, que duerme tranquilamente, y le da una
serenata de amor: Levántate, amada mía, hermosa mía y ven a mí.
Es
primavera y a los dos les esperan las flores y el canto de los pájaros. Le
invita a salir y al aire de los cielos le invita a compartir amores. El amor
bulle en la hermosura de la creación; bulle sobre todo en esos dos corazones,
acoplados el uno para el otro. Aquí el secreto del amor es infinito, porque del
amor nadie puede decirnos el último cantar.
Isabel
ha vivido esta experiencia de amor encarnado, y ha recibido al Amor de su alma
que venía saltando por la serranía, de Nazaret, al norte de Galilea, hasta Ain
Karen (Fuente del Jardín) cerca de Jerusalén: ¿De dónde a mí esta dicha que
venga a verme la
Madre de mi Señor?
En
cuanto tu saludo llegó a mis oídos, saltó en mis entrañas este hijito de mi
vientre.
Venía
el esposo, Jesús, a hacer nupcias con su Iglesia, y el Bautista, pequeño como
un embrión, era el heraldo de esta acogida.
El
21 de diciembre, quinto día de las Ferias privilegiadas de Adviento, se lee el
relato lucano de la Visitación, y en consonancia con él se lee el Cantar de los
cantares. Lo mismo en la fiesta de visitación de la Virgen María a su prima
santa Isabel.
Así,
el Cantar de los cantares, adquiere su más bello primero cuando pasa a ser
Cantar de eucaristía.
Se
dirá que para leer el cantar de los cantares hace falta tener el corazón
preparado. ¿Quién puede oír, de labios de Jesús, con verdad: ¡Qué hermosa eres,
amada mía, qué hermosa eres!
No
quisiera aguardar al día de mi muerte para leer, como bella tarjeta de mi vida
el Cantar de los cantares, que es el
Cantar Divino.
Cuentan
de san Juan de la Cruz que, próximo a la muerte, el prior de la cmunidad le
leyó la recomendación del alma. San Juan de la cruz fue a cantar maitines al
cielo el 14 de diciembre de 1591, y esta escena ocurría el día anterior, más
exactamente pocas horas antes. El rito antiguo – me parece – tenía frases muy
severas, tétricas, como las tenía el Dies
irae, Dies illa. Y dice la historia que el humilde y sufrido fray Juan de
la Cruz le rogó a su P. Prior: “Dígame, padre, de los Cantares, que eso no es
menester”.
Un
anciano padre de mi provincial religiosa – cuerpo pequeño, cara cetrina, ojos
de inmensa ternura – decía próximo a su muerte (Ecuador, 28 abril 1978): ¡Nos llaman a bodas!
Esa
espiritualidad esponsal de amor ¿será solo para los santos… o no
vendrá también a nuestro socorro…? Me refiero a cualquier cristiano a cristiana
que con pureza de corazón quiere ser todo del Señor. ¿Estará prohibido llamarle
a Jesús Amado mío?
A
un célibe mujer o varón – ante las últimas realidades es igual – que a lo mejor
con lágrimas oblativas ha hecho esta ofrenda al Señor, ¿alguien podrá cortarle
las alas para decir a Jesús, con íntima e inefable ternura: Amado mío?
Leo
en el Cantar: Aní ledodí, we dodí lí:
yo para-el-amado-mío, y el-amado-mío
para-mí.
Esta
literatura de amor esponsal queda abierta para quien sienta el aura del Espíritu.
Con
sencillez de corazón podemos cultivarla. El Señor nos dé este toque divino para
poder decir a Jesús, Verbo Encarnado, hijo de la Virgen María: ¿Qué hermoso
eres, amado mío!
Y
nos dé esa sublime audacia para escucharle: ¡Qué
hermosa tú, amada mía, qué hermosa!
La
vida es bella porque Dios, con la infinita ternura de su amor, la hizo así. Así
la hemos de gozar en Navidad y así la esperamos para Navidad, ahora, en las
ferias mayores antes de que lleguen los villancicos.
El
cervatillo (2,8 3,5)
(Mañana de
primavera)
Ella
¿Sentís?
¡Los
pasos de mi amado!
Miradle
cómo viene,
saltando
por la sierra,
brincando
por las quebradas.
Viene
como gamo ligero mi amado,
como
ágil cervatillo.
¡Ya
se para!
¡Ya
está arrimado a mi cerca,
ya
mira por las rendijas,
atisba
por la empalizada!
Canta
mi amado
y
escucho que dice:
“Sal,
amada mía,
preciosa,
ven
a mí.
Mira,
ya se fue el invierno,
y
pasaron las lluvias y se fueron.
Brotan
las flores del campo,
y
vuelven las canciones;
se
oye por la vega
el
arrullo de la tórtola.
Le
han nacido las yemas a la higuera,
y
se huele el aroma de las viñas.
Paloma,
no
me escondas tu cara
en
los nidos de la roca,
en
los huecos de la peña;
que
quiero verte, déjame;
déjame
escuchar tu voz:
tu
voz es dulcísima,
tu
cara bellísima”.
Coro
Coged
las raposas,
esas
raposillas;
que
no se coman los pámpanos
cuando
rompen las viñas.
(Coloquios de la
noche)
Mi
amado para mí
y
yo para mi amado,
jardinero
de lirios.
Antes
de que sople
le
fresco de la madrugada y huyan las sombras,
escápate,
amado mío,
vete
por los montes de la Alianza
como
gacela,
como
cervatillo.
Para ver nuestra versión del Cantar de
los cantares, “El Cantar Divino” véase este sitio de mercabá.org.
http://www.mercaba.org/Espiritualidad/Rufino/NV/CARTEL%20NAVIDAD.htm
Guadalajara,
Jalisco, 21 de diciembre de 2017

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