domingo, 24 de diciembre de 2017

1034. Nochebunea 2017 - Gloria y Paz



Nochebuena 2017 – Gloria y Paz



Texto evangélico Lc 2,1-14
1 Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. 2 Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. 3 Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. 4 También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, 5 para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto 7 y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
 8 En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. 9 De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: 11 hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. 12 Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». 13 De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: 14 «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

Hermanos:
1. Acabamos de entrar con un corazón sincero y deseo, preparado en el tiempo del Adviento, en la celebración del gran misterio de nuestra fe, inicio de todos los demás: La encarnación del Hijo de Dios en medio de la historia de la humanidad. Para que podamos gustar mejor los aspectos tan variados de este misterio divino, la Iglesia nos ofrece tres momentos distintos con sus textos respectivos.
La Misa de medianoche: los ángeles anuncian la noticia (Lc 2,1-14).
La Misa de la aurora: los pastores corren a Belén, “a ver eso que el Señor nos ha anunciado” y adoran al Niño (Lc 2,15-20).
La Misa del día: Contemplación gozosa del misterio acontecido: “14 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14); (Jn 1,1-18).

2. A mí me ha correspondido esta noche, al proclamar y explica la palabra, ser el ángel del nacimiento.
El tema de mi predicación ya me lo han dado los ángeles, y no quiero apartarme de él. Son dos palabras inmensas, cuyo contenido no se agota, y con estas dos palabars queremos recibir la gracia de esta nochebuena:
En el cielo: GLORIA, GLORIA, GLORIA a Dios.
En la tierra: PAZ a los hombres, en los cuales Dios se ha complacido en manifestar su benevolencia, su buena voluntad.
Bien pronto nos vamos a dar cuenta de que estas dos palabras contienen toda la gracia infinita de la Encarnación.

3. Ahora bien, hermanos, esta homilía la estoy pronunciando en esta iglesia de Ntra. Sra. de los Ángeles, filial de la Parroquia de San Martín de Porres, que a las 8.00 de la noche y antes de la cena navideña ofrece a todas las familias de este barrio la Misa de Noche Buena. Y esta circunstancia concreta nos propone unas vivencias entrañables que quisiéramos gustar y comentar.
La cena de Nochebuena es, como ninguna del año, la cena de la familia. Este día se alarga la familia, para que el hogar sea el hogar de todos. Cuántos recuerdos y emociones van unidos a la cena de nochebuena, hermanos. Cada familia tiene los suyos. Y cuando durante el año ha muerto un ser querido – el padre, la madre, un hermano… - todo esto condiciona también con cariño el estilo de la cena.
La Nochebuena sabe, por lo tanto, a familia, a recuerdos íntimos y preciosos que los años no destruyen. Dichosas las familias que pueden celebrar la Nochebuena como familia, y benditas y dichosas las familias que pueden celebrar juntas la Misa y Mesa de Nochebuena, como aquí, en este momento nos acontece.

4. Hay además, hermanos, otros pensamiento muy noble que quiero traer a vuestra consideración para que sintamos, con un corazón abierto al mundo entero, que hermosa es la Nochebuena como mensaje de fraternidad para todos los pueblos.
Hay muchas religiones en el mundo, y cada religión tiene su calendario. Pero el nacimiento de Cristo ha marcado el nuevo calendario del mundo. En el calendario judío hoy, 24 de diciembre, es el 6 Tevet del año 5778 del cómputo bíblico de la creación del mundo; pero en una agencia de viajes no le van a poner esta fecha, sino que le dirán: su billete es para el 24 de diciembre de 2017. Y lo mismo le dirán a una ciudadano chino que sigue su calendario ancestral. Es decir, hermanos, la fiesta cristiana de la Encarnación de hecho ha marcado la marcha del mundo.
5. Y ahora vengamos a estas dos palabras que llenan la espiritualidad e este día: GLORIA Y PAZ.
A Dios ¿qué es lo que nosotros podemos desear si todo lo tiene? Nosotros participamos de la vida de Dios cuando entramos en la gloria, en la alabanza, en la santidad.
Cuando se habla de Navidad fácilmente recurre el recuerdo de san Francisco quien, dos años y medio antes de su muerte, el 24 de diciembre de 1223, celebro la Nochebuena en la montaña en el pequeño pueblo de Greccio haciendo una representación escénica. A él le encargaron que predicara en esa Misa de Nochebuena. Y cuando pronunciaba el nombre de Jesús se relamía los labios de gusto, y cuando decía Bethlehem…, lo pronunciaba como si fuese un balido de ovejas.
Y de él cuentan los biógrafos algunas ocurrencias navideñas.
“Si yo hablara con el emperador, le suplicaría que, por amor de Dios y en atención a mis ruegos, firmara un decreto ordenando che ningún hombre capture a las hermanas alondras ni les haga daño alguno; que todas las autoridades de las ciudades y los señores de los castillos y en las villas obligaran a que, en la Navidad del Señor de cada año, los hombres echen trigo y otras semillas por los caminos fuera de las ciudades y castillos, para que, en día de tanta solemnidad, todas las aves y, particular- mente las hermanas alondras, tengan qué comer; que, por respeto al Hijo de Dios, a quien tal noche la dichosa Virgen María su Madre lo reclinó en un pesebre entre el asno y el buey, estén obligados todos a dar esa noche a nuestros hermanos bueyes y asnos abundante pienso; y, por último, que en este día de Navidad, todos los pobres sean saciados por los ricos” (San Francisco, Leyenda de Perusa, 14).
6. Pero tenemos que saber cómo celebraban la Navidad con los salmos: alabanza, exultación, gloria a Dios, como lo ha dejado reflejado en el Oficio de la Pasión, que él compuso seleccionando versículos:
“Gritad de gozo a Dios, nuestra ayuda;
aclamad al Señor Dios vivo y verdadero con gritos de júbilo.
Porque el Señor es excelso,
terrible, Rey grande sobre toda la tierra.
Porque el santísimo Padre del cielo, Rey nuestro antes de los siglos,
envió a su amado Hijo de lo alto,
y nació de la bienaventurada Virgen santa María…” (Oficio de la Pasión, salmo XV).

Así, pues, hermanos, Navidad es tiempo de contemplación. De derramar el alma ante Dios, de alabarle, de darle gracias. Adorar, adorar, adorar… al Dios de la excelsa gloria.

6. Gloria a Dios y a los hombres PAZ. ¿De qué paz hablamos? ¿De la paz de las naciones…? Muchísimo más…
De la paz de la redención que Dios trae como donde la Encarnación. Esa es la paz que solo la puede dar el perdón de los pecados, la amistad con Dios que nos abre de par en par su corazón.
Muy pronto, en la comunidad cristiana, se forjó el saludo que había de ser el saludo de los cristianos, que lo emplea san pablo en sus cartas: Gracias y paz.
La frase de la Escritura “paz a los hombres de buena voluntad”, hoy la hemso comprendido mejor y la traducimos de otra manera. Paz a los hombres en los cuales Dios ha manifestado su buena voluntad, su benevolencia. La paz, hermanos, es un don que Dios nos ofrece y regala a todos.
Esa paz la experimentó la Virgen María en el nacimiento de su Hijo Jesucristo. Y es la paz que Dios ofrece a nuestras familias y a cada uno de nosotros: la paz, la alegría de Dios.
“Y nadie podrá arrebatar vuestra alegría”, dijo Jesús en la última cena.

Cuando nosotros nos deseamos y decimos ¡Feliz Navidad!, nos deseamos esta paz. Que Cristo more en nosotros, que la presencia de Dios nos haga llorar de ternura, que toda nuestra vida sea un inmenso río de paz y de amor.
¡Paz y Bien!, es el saludo de los franciscanos. Con dos palabars diferentes estamos diciendo la misma cosa. Paz y Bien es igual que Gracia y Paz. Y decir ¡Feliz Navidad! con sentimientos cristianos.
Que el regalo que Dios te hace de su Hijo amado sea el regalo para todos los días de tu vida. Que el perdón de los pecados te haga feliz. Que la vida exultante de amor y generosidad sea tu riqueza y el don que tú mismo ofreces a todos las personas que llegan a tus puertas. Amén.
¡Feliz Navidad!

Guadalajara, domingo 24 de diciembre de 2017.

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