Nochebuena 2017 – Gloria y Paz
Texto evangélico Lc 2,1-14
1 Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto,
ordenando que se empadronase todo el Imperio. 2 Este primer empadronamiento se
hizo siendo Cirino gobernador de Siria. 3 Y todos iban a empadronarse, cada
cual a su ciudad. 4 También José, por ser de la casa y familia de David, subió
desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén,
en Judea, 5 para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. 6 Y
sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto 7 y dio
a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre,
porque no había sitio para ellos en la posada.
8 En aquella misma región había unos
pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. 9 De
repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de
claridad, y se llenaron de gran temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, os
anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: 11 hoy,
en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. 12 Y aquí
tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre». 13 De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército
celestial, que alababa a Dios diciendo: 14 «Gloria a Dios en el cielo, y en la
tierra paz a los hombres de buena voluntad».
Hermanos:
1. Acabamos de entrar con un
corazón sincero y deseo, preparado en el tiempo del Adviento, en la celebración
del gran misterio de nuestra fe, inicio de todos los demás: La encarnación del
Hijo de Dios en medio de la historia de la humanidad. Para que podamos gustar
mejor los aspectos tan variados de este misterio divino, la Iglesia nos ofrece
tres momentos distintos con sus textos respectivos.
La Misa de medianoche: los
ángeles anuncian la noticia (Lc 2,1-14).
La Misa de la aurora: los
pastores corren a Belén, “a ver eso que el Señor nos ha anunciado” y adoran al
Niño (Lc 2,15-20).
La Misa del día: Contemplación
gozosa del misterio acontecido: “14 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre
nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14); (Jn 1,1-18).
2. A mí me ha correspondido esta
noche, al proclamar y explica la palabra, ser el ángel del nacimiento.
El tema de mi predicación ya me
lo han dado los ángeles, y no quiero apartarme de él. Son dos palabras inmensas,
cuyo contenido no se agota, y con estas dos palabars queremos recibir la gracia
de esta nochebuena:
En el cielo: GLORIA, GLORIA,
GLORIA a Dios.
En la tierra: PAZ a los hombres,
en los cuales Dios se ha complacido en manifestar su benevolencia, su buena
voluntad.
Bien pronto nos vamos a dar
cuenta de que estas dos palabras contienen toda la gracia infinita de la
Encarnación.
3. Ahora bien, hermanos, esta
homilía la estoy pronunciando en esta iglesia de Ntra. Sra. de los Ángeles,
filial de la Parroquia de San Martín de Porres, que a las 8.00 de la noche y
antes de la cena navideña ofrece a todas las familias de este barrio la Misa de
Noche Buena. Y esta circunstancia concreta nos propone unas vivencias
entrañables que quisiéramos gustar y comentar.
La cena de Nochebuena es, como
ninguna del año, la cena de la familia. Este día se alarga la familia, para que
el hogar sea el hogar de todos. Cuántos recuerdos y emociones van unidos a la
cena de nochebuena, hermanos. Cada familia tiene los suyos. Y cuando durante el
año ha muerto un ser querido – el padre, la madre, un hermano… - todo esto
condiciona también con cariño el estilo de la cena.
La Nochebuena sabe, por lo tanto,
a familia, a recuerdos íntimos y preciosos que los años no destruyen. Dichosas
las familias que pueden celebrar la Nochebuena como familia, y benditas y
dichosas las familias que pueden celebrar juntas la Misa y Mesa de Nochebuena,
como aquí, en este momento nos acontece.
4. Hay además, hermanos, otros
pensamiento muy noble que quiero traer a vuestra consideración para que
sintamos, con un corazón abierto al mundo entero, que hermosa es la Nochebuena
como mensaje de fraternidad para todos los pueblos.
Hay muchas religiones en el
mundo, y cada religión tiene su calendario. Pero el nacimiento de Cristo ha
marcado el nuevo calendario del mundo. En el calendario judío hoy, 24 de
diciembre, es el 6 Tevet del año 5778 del cómputo bíblico de la
creación del mundo; pero en una agencia de viajes no le van a poner esta fecha,
sino que le dirán: su billete es para el 24 de diciembre de 2017. Y lo mismo le
dirán a una ciudadano chino que sigue su calendario ancestral. Es decir,
hermanos, la fiesta cristiana de la Encarnación de hecho ha marcado la marcha
del mundo.
5. Y ahora vengamos a estas dos palabras
que llenan la espiritualidad e este día: GLORIA Y PAZ.
A Dios
¿qué es lo que nosotros podemos desear si todo lo tiene? Nosotros participamos
de la vida de Dios cuando entramos en la gloria, en la alabanza, en la
santidad.
Cuando se
habla de Navidad fácilmente recurre el recuerdo de san Francisco quien, dos años
y medio antes de su muerte, el 24 de diciembre de 1223, celebro la Nochebuena
en la montaña en el pequeño pueblo de Greccio haciendo una representación
escénica. A él le encargaron que predicara en esa Misa de Nochebuena. Y cuando
pronunciaba el nombre de Jesús se relamía los labios de gusto, y cuando decía
Bethlehem…, lo pronunciaba como si fuese un balido de ovejas.
Y de él
cuentan los biógrafos algunas ocurrencias navideñas.
“Si
yo hablara con el emperador, le suplicaría que, por amor de Dios y en atención
a mis ruegos, firmara un decreto ordenando che ningún hombre capture a las
hermanas alondras ni les haga daño alguno; que todas las autoridades de las
ciudades y los señores de los castillos y en las villas obligaran a que, en la
Navidad del Señor de cada año, los hombres echen trigo y otras semillas por los
caminos fuera de las ciudades y castillos, para que, en día de tanta
solemnidad, todas las aves y, particular- mente las hermanas alondras, tengan
qué comer; que, por respeto al Hijo de Dios, a quien tal noche la dichosa
Virgen María su Madre lo reclinó en un pesebre entre el asno y el buey, estén
obligados todos a dar esa noche a nuestros hermanos bueyes y asnos abundante
pienso; y, por último, que en este día de Navidad, todos los pobres sean
saciados por los ricos” (San Francisco, Leyenda de Perusa, 14).
6. Pero tenemos que saber cómo celebraban la Navidad
con los salmos: alabanza, exultación, gloria a Dios, como lo ha dejado reflejado
en el Oficio de la Pasión, que él compuso seleccionando versículos:
“Gritad de gozo a Dios, nuestra ayuda;
aclamad al Señor Dios vivo y verdadero con gritos de
júbilo.
Porque el Señor es excelso,
terrible, Rey grande sobre toda la tierra.
Porque el santísimo Padre del cielo, Rey nuestro antes
de los siglos,
envió a su amado Hijo de lo alto,
y nació de la bienaventurada Virgen santa María…”
(Oficio de la Pasión, salmo XV).
Así, pues, hermanos, Navidad es tiempo de
contemplación. De derramar el alma ante Dios, de alabarle, de darle gracias.
Adorar, adorar, adorar… al Dios de la excelsa gloria.
6. Gloria a Dios y a los hombres PAZ. ¿De qué paz
hablamos? ¿De la paz de las naciones…? Muchísimo más…
De la paz de la redención que Dios trae como donde la
Encarnación. Esa es la paz que solo la puede dar el perdón de los pecados, la
amistad con Dios que nos abre de par en par su corazón.
Muy pronto, en la comunidad cristiana, se forjó el
saludo que había de ser el saludo de los cristianos, que lo emplea san pablo en
sus cartas: Gracias y paz.
La frase de la Escritura “paz a los hombres de buena
voluntad”, hoy la hemso comprendido mejor y la traducimos de otra manera. Paz a
los hombres en los cuales Dios ha manifestado su buena voluntad, su benevolencia.
La paz, hermanos, es un don que Dios nos ofrece y regala a todos.
Esa paz la experimentó la Virgen María en el
nacimiento de su Hijo Jesucristo. Y es la paz que Dios ofrece a nuestras
familias y a cada uno de nosotros: la paz, la alegría de Dios.
“Y nadie podrá arrebatar vuestra alegría”, dijo Jesús
en la última cena.
Cuando nosotros nos deseamos y decimos ¡Feliz
Navidad!, nos deseamos esta paz. Que Cristo more en nosotros, que la presencia
de Dios nos haga llorar de ternura, que toda nuestra vida sea un inmenso río de
paz y de amor.
¡Paz y Bien!, es el saludo de los franciscanos. Con
dos palabars diferentes estamos diciendo la misma cosa. Paz y Bien es igual que
Gracia y Paz. Y decir ¡Feliz Navidad! con sentimientos cristianos.
Que el regalo que Dios te hace de su Hijo amado sea el
regalo para todos los días de tu vida. Que el perdón de los pecados te haga
feliz. Que la vida exultante de amor y generosidad sea tu riqueza y el don que
tú mismo ofreces a todos las personas que llegan a tus puertas. Amén.
¡Feliz Navidad!
Guadalajara, domingo 24 de diciembre de 2017.
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