domingo, 31 de marzo de 2024

1957. Domingo de Pascua 2024 Vio y creyó


Vio y creyó

Jn 20,1-9

Texto

1El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 2Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 3Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. 4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; 5e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. 6Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos 7y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. 8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

 

Hermanos:

El Señor ah resucitado. Verdaderamente ha resucitado, y el misterio de la Fe, este que llamamos el Misterio pascual, que es el centro y raíz de todos los misterios, ilumina a la Iglesia y la llena de alegría. Cristo ha resucitado y nosotros con él, porque él nos ha unido a su propio ser y vida. La muerte de Cristo es nuestra propia muerte, muerte al pecado y su santa Resurrección para nunca más morir es la nueva vida que se nos con cede por él y desde él para siempre.

Pedro confiesa esta fe y dice:

 37Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. 38Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén.

La muerte de Jesús, rechazado por los judíos – por una parte, de los judíos – y sentenciado por Pilato, parecía, de pronto, el triunfo de la maldad. “Pasó haciendo el bien”; era el resumen que daba Pedro de la vida de Jesús de Nazaret. Pasó haciendo el bien, pero no como una persona humanitaria, altruista, que busca el progreso de la sociedad y de la humanidad entera, afectada siempre por tantas desgracias, fruto de desigualdades y del poder de los poderosos. Pedro dice que este hombre estaba ungido por Dios y por la fuerza del Espíritu Santo, y que iba mucho más allá de todas nuestras buenas obras humanitarias. Él traía la salvación completa del hombre, sanándolo en sus propias raíces.

Continúa Pedro: A este lo mataron, colgándolo de un madero. 40Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, 41no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos. 

 

Mirad, hermanos, este primer Evangelio de la Resurrección después del anuncio de Pascua que anoche escuchamos en al santa Vigilia, nos dice cómo Pedro, columna de la Iglesia, pese a sus debilidades, y con él Juan, también columna de la Iglesia por la vía del amor, fueron favorecidos para que fueran y permanecieran como testigos privilegiados,

“Vio y creyó”, dice el discípulo amado, hablando de sí mismo, pero incluyendo también a Pedro. Vieron el hueco del sepulcro; vieron los lienzos y el sudario, y creyeron: el cuerpo glorioso del Señor está definitivamente con el Padre. Todo lo que él dijo era verdad.

Y graba esta verdad con letras indelebles para que las guardemos en nuestro corazón y vivamos la realidad que incluyen: 9Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

 

Prestemos atención a esta declaración. La Fe y solo la Fe nos introduce en el misterio. Para llegar a Cristo Resucitado, y hacer que esta verdad y realidad sean la nueva y definitiva experiencia de nuestra vida, no hay otro camino que la fe.

Los autores espirituales, por ejemplo, san Ignacio de Loyola en las meditaciones y contemplaciones de los Ejercicios espirituales, dice que Jesús se apreció, ante todo a su Madre.

San Ignacio de Loyola, al comenzar las contemplaciones de Jesús Resucitado, escribió así: “Se apareció a la Virgen María. Esto, aunque no se diga en la Escritura, se da por supuesto al decir que se apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento, como está escrito: “También vosotros estáis sin entendimiento?”. La Virgen permaneció en el camino de la fe hasta el Calvario, nos dice el Concilio Vaticano II. La Virgen, esclava del Señor, no tiene otro camino para conocer la divinidad de su Hijo, que la Fe, Y solo pro la Fe pudo conocer la Virgen María que su Hijo había resucitado.

Todas las apariciones de los cuatro Evangelios son eventos de fe. Si quitamos al Fe no hay ninguna aparición.

 

El Señor se apareció a Pedro y a Juan. Y hoy se nos aparece a nosotros. Y, al aparecerse, nos convierte en creyentes, lleno de luz, de gozo y de fuerza y en testigos.

Los apóstoles fueron los primeros testigos. Y nosotros, como bautizados, continuamos la misma misión.

Dice Pedro en las palabras que hoy escuchamos: Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dos lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados» (vv. 42-43).

Hermanos: La experiencia de que Jesús ha resucitado no es la ficción de la fantasía; no es la prueba que pueda dar un historiador con los métodos comunes de la historia. La Resurrección de Jesús no es algo que se pueda demostrar como se demuestran los eventos humanos. La Resurrección dentro ciertamente de la historia humana, es u evento de que, que pide la consagración entera de nuestro ser, El que no cree tendrá sus argumentos propios para sustentar su postura. También los tiene el creyente, pero, pro encima de todo, la Resurrección de Jesús es la obra de Dios en nosotros, que transforma de raíz toda nuestra vida, dándole un sentido nuevo y definitivo.

La resurrección de Jesús nos compenetra y transforma toda nuestra vida. Si é¡ ha resucitado nosotros, yo, he resucitado con él; su vida es mi propia vida.

Esto es el centro de toda la espiritualidad de san Pablo y de todo el Nuevo Testamento. Para san Pablo un cristiano es alguien “en Cristo Jesús”. Se trata de una incorporación a él de orden real, espiritual, que no se puede medir o configurar con mera psicología humana, ni con ningún  procedimiento o invento nuestro. Del mismo modo como nunca será demostrable que la Eucaristía es el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tampoco será demostrable por técnicas humana que Jesús es el Viviente, el Resucitado, el que gobierna cielo y tierra, el que es el sentido y dinamismo de mi vida.

Sencillamente tenemos que vivir por gracia, y dar humilde y firme testimonio. Lo demás Dios lo hará.

Ante este Cirio Pascual, imagen y símbolo del Resucitado, miremos a Cristo que vive y reina:

Señor Jesús, creemos en ti, misterio último de nuestra vida. Tú eres la Palabra definitiva del Padre. Tú eres la vida. Haz que vida con la tuya sean una, porque yo creo en tu santa Resurrección; que esta Resurrección, sacramentalmente celebrar y vivida, sea la experiencia firme, gozo y eficaz de todos los días de mi vida. Amen. Aleluya.

Satélite, Hermana Capuchinas, Domingo de Pascua, 31 marzo 2024.

sábado, 30 de marzo de 2024

1956 Felicitación Pascual 2024


 

Surrexit Dominus vere
                      
    
Oh Jesús compenetrado 
con todo humano que existe, 
eres la Pascua y la Vida 
de toda Vida que vive. 

Eres luz de los cristianos, 
eres gozo inextinguible, 
eres paz de toda guerra 
eres Dios de mis confines. 

Hoy es la Resurrección: 
lo visible y lo invisible 
son la carne de tu cuerpo 
que crea la nueva estirpe. 

Somos familia de Dios, 
somos divino convite; 
contigo en la Trinidad 
seremos para servirte. 

Oh Jesús, amor dulcísimo, 
de hombres y serafines 
eres todo y más que todo 
suave fuego que derrite. 

¡A ti, Jesús, Dios hermano, 
encarnado en una Virgen, 
a ti torna cielo y tierra 
y cual Hijo te bendice! Amén. 

Hermanas capuchinas, Satélite. 
Vigilia Pascual, 2024 
Fr. Rufino María Grández


sábado, 23 de marzo de 2024

1955. Domingo de Ramos ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Bendito el que viene en nombre del Señor

Mc 11,1-10

Texto

Mc11 1 Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, 2 diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. 3 Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”». 4 Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. 5 Algunos de los presentes les preguntaron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?». 6 Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.

7 Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. 8 Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. 9 Los que iban delante y detrás, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!  10 ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!». 11 Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.

Hermanos:

1. Para entender la vida de Jesús, sea un cristiano o sea una persona que viene de otra religión y va en busca de la verdad, la escena de la entrada de Jesús en Jerusalén, en el momento culminante de su vida, es una escena esencial. Y la gracia de esta gran fiesta con la que se abre la Semana Santa, es esta: Yo soy uno de aquellos que tomaron la palma y aclamaron a Jesús: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Uno de aquellos que agarraban sus mantos y los tendían en el suelo, para que el borriquillo que llevaba a Jesús, el Rey de Israel, el Hijo de Dios, tuviese la mejor alfombra que nadie ha tenido, una alfombra no de terciopelo, sino una alfombra de amor. Las hojas, y seguramente las flores, las ramas, y los mantos que echaban sobre el suelo eran la mejor alfombra de amor que el mundo ha conocido.

Yo estaba allí, podemos decir. ¿Cómo es posible? Los judíos decían y siguen diciendo al celebrar la Pascua anual que los libros santos prescribieron: Todos y cada uno de los judíos que profesamos esta Fe de la Alianza estábamos allí cuando nuestros antepasados salieron de la esclavitud de Egipto y a pie enjuto cruzaron el Mar Rojo, porque estábamos, desde Abraham, en la semiente que nos había de engendrar.

Pues lo mismo, y ¡cuánto más! Todos y cada uno de los discípulos de Jesús podemos decir: Yo estaba allí cuando las gentes sencillas de Jerusalén, el verdadero Israel de Dios, salieron a recibir el triunfo de Je su Mesías. Y de hecho todos los días, cuando celebramos la Eucaristía, recordamos, vivimos, actualizamos sacramentalmente este momento de Jesús, cuando cantamos en la Plegaria Eucarística: Santo, santo, santo… Hosanna en las alturas. Bendito el que viene ene el nombre del Señor; Hosanna en el cielo. En este canto, que es el canto principal de la Misa, unimos el cielo y la tierra y todos, haciendo un solo coro, proclamamos la gloria del Señor.

2. Hermanos, acabamos de comenzar la Semana Santa con el Domingo de Ramos. El Domingo de Ramos, que se llama “Domingo de Ramos de la Pasión del Señor” tiene dos partes: los Ramos y la Pasión, es decir, la procesión de los Ramos, y la lectura y proclamación de la Pasión del Señor en al santa Eucaristía. En esta homilía nos vamos a centrar en los Ramos.

Y también la procesión de los Ramso tiene dos partes:

-         Primero, lo que preparó Jesús.

-         Y segundo, lo que hizo la gente.

Sin eso que preparó Jesús, no entenderíamos lo que vino después. Veamos, pues, los detalles de lo que preparó Jesús.

3. Vamos a entender con toda precisión estas dos cosas, buscando su significado en lo más puro de nuestra fe. Hoy en México se cantará en las iglesias una canción que traen los pequeños misales de los fieles: “Que viva mi Cristo,  / que viva mi Rey,  /que impere doquiera / triunfante su ley! ¡Viva Cristo Rey, Viva Cristo Rey! - Mexicanos un Padre tenemos / que nos dio de la patria la unión / a ese Padre gozosos cantemos / empuñando con fe su pendón!” Si uno quiere investigar cómo nació y qué significa esta canción, se encuentra con noticias como esta: “La tradición mexicana nos ha regalado este himno dedicado a Cristo Rey, pues su aparición data de la guerra Cristera, cuando los Cristianos fueron perseguidos por el gobierno de Calles”.

A lo mejor en el fondo de esta canción popular, hay un resabio e lucha política, que debemos dejar a un lado. Lo que hoy celebramos no lo celebramos ni como mexicanos en México ni como españoles en España. Ambos estados se han declarado constitucionalmente laicos. Celebramos nuestra fe, que me da sentido a nuestra vida que debe impregnar todos los niveles y aspectos de nuestras actuaciones, en privado y en público.

4. Vengamos, pues, a los detalles. Jesús lo tiene todo programado. Cuentan los Evangelios que ene sta última visita a la Ciudad Santa, donde va a celebrar la Pascua, y adonde llegaban millares de peregrinos, ordena a dos discípulos que vayan a traer un borriquillo. San Lucas detalla quiénes fueron estos dos elegidos: Pedro y Juan. Con el conocimiento sobrenatural que tiene Jesús ha visto al borriquillo dispuesto: Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto. Efectivamente fueron, y encontraron las cosas así. No era una casualidad. Era otra cosa que dirigía el mismo Mesías.

5. Jesús quiere morir presentando al Padre un humilde triunfo. No he fracasado; he triunfado. El éxito no se cuenta por números de estadística; se cuenta por corazones. Y Jesús en su vida tuvo corazones que le amaron y los sigue teniendo. De hecho, aquí estamos nosotros. San Lucas nos narra un detalle tenebroso: «Maestro, reprende a tus discípulos». … «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,39-40).

La Semana Santa es para recordar y vivir la Pasión y Muerte del Señor. Comienza con el Domingo de Ramos y culmina en el Triduo Pascual . El Triduo Pascual comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor y tiene su máximo esplendor en la celebración de la Vigilia Pascual, la noche de Pascual, donde renovamos el bautismo, por el cual fuimos consagrados para siempre como hijos de Dios.

Como cristianos, ¿qué podemos hacer? Unirnos íntimamente a Jesús en estos misterios. La Cuaresma es tiempo penitencial, sabiendo que la mejor penitencia es la confesión de nuestros pecados. La celebración del sacramento de la Reconciliación. La Iglesia como madre nos aconseja que vayamos a celebrar este sacramento que purifica neustros corazones con la santa absolución, que es el abrazo de Dios.

Y ¿qué más podemos hacer? Dar gracias, infinitas gracias a Jesús, porque él nos ha dado la salvación, al morir en la Cruz por nosotros, y al mandarnos celebrar la Santa Cena, la Eucaristía, donde se contienen todos los bienes. Todas las demás cosas vienen por sí solas, porque un corazón que ama, ya por instinto sabe cómo agradar a la persona a la que ama.

Hoy Jesús viene a nuestro encuentro. Salgamos a su encuentro.

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Tú serás el verdadero Rey de mi vida y de mi familia, y queremos también que seas el Rey de la sociedad, siendo todos una verdadera sociedad de hermanos. No las piedras, sino nosotros, nuestros corazones están gritando: Bendito tú, Señor, por lo que has hecho por cada uno de los seres humanos que han eistido, que existen y existirán; bendito por todo lo que has hecho por mí. Eterna gratitud y alabanza a ti, que vienes y nos salvas, eterna gratitud y gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Cuautitlán Izcalli, sábado 23 marzo 2024

domingo, 17 de marzo de 2024

1954. Queremos ver a Jesús - Rima espiritual sobre el Evangelio de hoy, V dom. Cuaresma

Queremos ver a Jesús


La vida pública de Jesús, en el Evangelio de Juan, comienza con una escena encantadora: “«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». 39 Él les dijo: «Venid y veréis»” (Jn 1,38-39). Fueron aquellos dos discípulos (Andrés y otro) y se quedaron con él aquella tarde y aquella noche; y se hicieron discípulos suyos. Habían encontrado lo que buscaban.: “Hemos encontrado al Mesías” (v. 41). Y la vida pública de Jesús, contada por el mismo evangelista, se cierra con una escena similar. Unos griegos, que habían venido a la Pascua, le dijeron a Felipe: “«Señor, queremos ver a Jesús». 22 Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús” (Jn 12,21-22). Felipe (Filipos) y Andrés son los dos únicos nombres griegos de los Doce.

Las palabras de Jesús son el balance de su vida y el balance de toda su historia posterior. Y a continuación viene la cena.

 

Queremos ver a Jesús.

La voz que sueva y resuena,

y tras reguero de siglos

sigue sonando con fuerza.

 

¿A quién buscáis?, les decía

a la turba que se acerca

aquella noche agonía,

noche de la luna llena.

 

Con armas ellos buscaban

y con palos de pelea.

“A Jesús el Nazareno”.

Yo soy, dijo sin defensa.

 

¿A quién buscas y persigues,

Saulo con tanta fiereza?

Soy Jesús a quien persigues,

puedes hacer lo que quieras.

 

¿A quién buscas, buscador,

turbado entre tanta niebla?

Voy buscando, por instinto,

sin saberlo a ciencia cierta?

 

Queremos ver a Jesús,

la voz venía de Grecia.

En Grecia estaban los Sabios,

allí estaba la Academia.

 

Queremos ver a ese Hombre

que enseña desde otra escuela,

y su palabra es distinta

que no conoce la ciencia.

 

¿A quién buscas, Nicodemo,

en tu visita secreta,

si no tienes que buscar,

Sanhedrita de altas letras?

 

Voy buscando a quien no encuentro

en mi piedad farisea,

voy buscando a quien buscaron

inspirados los profetas.

 

¿A quién buscas, tu, mi hermano,

a quién buscas tú, poeta?

¿A quién buscas, soñador,

si sueñas metas eternas?

 

Voy buscando, que buscar

es mi vida verdadera,

porque buscar es abrirse

más allá de las estrellas.

 

En esta divina búsqueda

solo busca aquel que encuentra;

por haber sido encontrado,

buscarle a él es tarea.

 

Buscarle a él más y más

es amor que vuelva y vuela,

que el amor que se nos da

es promesa y es sorpresa.

 

Quisieron verle y le vieron,

y Jesús les dio respuesta,

Voy a ser trigo que muere,

para ser la gran cosecha.

 

Cosecha, Jesús, lo fuiste,

si es que vuelves la cabeza,

y nos ves a los que estamos

buscando más norabuena.

 

El que me busca hallará,

conmigo estará a mi vera,

y mi Padre le honrará,

y yo serviré a la mesa.

 

Yo buscador de Jesús

me declaro sin reserva,

buscador de su Verdad

para encontrarle de veras.

 

No es desprecio o altanería,

profesar esta firmeza,

que soy de la raza humana,

vecino de otras creencias.

 

Búscame en la Cruz alzada,

me decía en mi conciencia,

que desde allí te busqué

sintiendo tu sed sedienta.

 

A todos atraeré,

cuando ya alzado me vean,

que amándote hasta morir,

no buscarás otra prueba.

 

Es la verdad y la paz

la Cruz que mis ojos ciegan,

y abrazado al todo Amor

haz que mi vida muera.

 

Venciste, sí. Galileo,

vencido entre tanta afrenta;

y por decirlo a los vientos,

estos versos no se cierran. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, Domingo V de Cuaresma, 17 marzo 2024

sábado, 16 de marzo de 2024

1953. Dom V Cuaresma B. Jesús hace el balance de su vida y se ofrece al Padre

                            Jesús hace el balance de su vida y se ofrece al Padre
                                                                                Jn 12,20-33                                                                       


Texto

 20Entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; 21estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». 22Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. 

23Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. 24En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. 26El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. 

27Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: 28Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». 29La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. 30Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. 31Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. 32Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». 33Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Hermanos:

1.  Este Domingo V de Cuaresma nos trae una página divina del Evangelio, resumen de toda la vida de Jesús, y quisiéramos recibir con gozo y paz la revelación que de ahí se desprende. El domingo que viene será ya el Domingo de Ramos, comienzo de la Semana Santa.

Estamos escuchando estos tres domingos últimos al evangelista san Juan. Cada Evangelio tiene su propio perfil y su propia visión de Jesús, y ninguno de ellos es más importante que el otro; los cuatro Evangelio por igual nos transmiten la historia, la presencia, el misterio de Jesús.

Vamos a acercarnos al Evangelio de hoy, apreciando cada una de sus partes.

 

2. San Juan había comenzado la vida pública de Jesús con una pregunta: Rabí, ¿dónde vives? Y Jesús se volvió y respondió: Venid y lo veréis. Fueron con él aquella tarde y se quedaron con él toda la noche, hasta la mañana siguiente. Eran discípulos de Juan el Bautista que pasaron a ser discípulos de Jesús.

Y, sorprendentemente, al terminar la vida pública, dentro de la Semana Santa, y antes de comenzar el relato de la Cena y la Pasión, el evangelista nos cuenta un suceso semejante, paralelo: Queremos ver a Jesús. Estamos en los días de la Pascua judía; habían venido a Jerusalén peregrinos de muchas regiones. Y había llegado algunos griegos. Decir griegos era decir paganos, pero al parecer prosélitos judíos, y ahora quieren ver, visitar a un Judío del todo especial: Queremso ver a Jesús. Y con todo respeto se lo dicen a Felipe, es decir, Filipos, que es un nombre griego: Señor, queremos ver a Jesús. Y este se lo dice a Andrés. Cosa curiosa: Felipe y Andrés son los dos únicos nombres griegos del Colegio Apostólico. El mundo griego se va a abrir a Jesús.

3. Y tenemos la respuesta de Jesús: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

Ha llegado la hora. Jesús ha cumplido su misión. Él había venido para las ovejas perdidas de la casa de Israel, sí; para aquel pueblo de la Alianza, su propio pueblo, que andaba como ovejas sin pastor; pero Jesús era consciente de que había venido para el mundo entero. Y comienza a llegar la caravana de Grecia. Efectivamente Pablo comenzará su ruta por aquellas regiones de Oriente y en su segunda misión pasará a Grecia: Filipos, Atenas, Éfeso, Tesalónica.

Jesús ha dejado esta huela para toda la humanidad, y aquellos griegos alzan la bandera: Queremos ver a Jesús.

Ojalá pudiéramos pasear esta bandera por las calles: Queremos ver a Jesús. Con otro lenguaje distinto es lo que los Magos venidos de Oriente dijeron a Herodes: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo (Mt 2,2).

4. Queremos ver a Jesús, es una voz que nace en lo profundo del corazón.  Es el anhelo que el ser humano lleva dentro de sí como buscador de la verdad y como fascinado por la belleza del bien.

Jesús acepta este anhelo que él ha escuchado en lo íntimo del ser. Y en el Evangelio encontramos su respuesta: 24En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. 

Estas palabras pertenecen a la propia vida de Jesús. La vida de Jesús no puede entenderse sin su propia muerte. El tuvo que morir, como el grano de trigo, para convertirse en espiga… No solo en espiga, porque han pasado dos mil años y sigue dando fruto y seguirá dando fruto hasta el fin del mundo. Si hoy celebramos la Eucaristía es porque Jesús vive.

No podemos perdernos ninguna de sus palabras. Lo que Jesús ha vivido quiere que lo vivamos nosotros, y sigue diciendo para todos y cada uno de sus discípulos, si de verdad queremos oírle:

El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Jesús canta el triunfo dinar de su vida y nos lo propone a nosotros. Nos dice que estaremos donde él está. El premio total es este: el Padre lo honrará.

Estas palabras de Jesús son la Carta de nuestra Fe; esta es la verdad cristiana.

5. Pero sigamos escuchando porque no ha terminado el Evangelio. Al principio de la Cuaresma vimos a Jesús en el desierto, orando y tentado; pero los ángeles le sirvieron. Y el domingo segundo, todos los años, es la escena de la Trasfiguración, signo del triunfo final de su vida. Aquí, al concluir su breve vida pública, y antes de entrar en el Cenáculo, ocurre algo celestial, que es como una segunda Transfiguración, anticipo de la Pascua.

27Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: 28Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». 

Esta es nuestra ruta, hermanos. La Cuaresma no tiene sentido sin la Pascua. Recordemos una frase de san Pablo: “… y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él” (Rom 8,17).

Queremos ver a Jesús, y Jesús también nos quiere ver a nosotros. Dos personas enamoradas, sean jóvenes o sean ancianos, y con una simple mirada se lo han dicho todo, y encuentra el gozo y la paz

Señor Jesús, la vida corre, la vida en torno a mí, que es un barullo de ideas, de políticas y proyectos – y tantas veces un barullo de mentiras – y acaso mi corazón sea también un barullo…, ¿dónde vives? Quiero verte como tus primeros discípulos, como aquellos extranjeros del Evangelio de hoy.

Y Jesús me dice: Estoy en la Cruz; mírame y encontrarás la paz. Amén.

Cuautitlán Izcalli, viernes 15 marzo 2024.