sábado, 16 de marzo de 2024

1944. Dom I Cuaresma B. Jesús en el desierto


Jesús en el desierto

Mc 1,12-15

Texto:

12A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto. 13Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. 

14Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; 15decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio». 

Hermanos:

Un Evangelio extremada breve e intenso. Son cuatro versículos. En los versículos se nos habla de Jesús en el desierto, y en dos versículos del comienzo de la predicación del Señor.

Acabamos de empezar la santa Cuaresma; nos vamos a detener especialmente en el significa de los dos primeros versículos.

La Cuaresma es un tiempo e gracia que el Señor nos concede, un camino espiritual, ene seis etapas, en seis domingos, que nos lleva hasta la Pascua de Jesús, centro de la año litúrgico y de la espiritualidad de la Iglesia. El protagonista de la Pascua es Cristo, como aparece evidente: Cristo, vencedor del pecado y de la muerte, Cristo el Viviente, Rey inmortal, Cristo nuestra vida y sentido de nuestra vida. El protagonista de la Cuaresma no es el hombre pecador, llamado a la conversión creyendo en el Evangelio. El protagonista de la Cuaresma es Cristo; si no, romperíamos la unidad del único misterio.

Es oportuno recordar aquellas palabras que decía San Agustín a los cristianos hace tantísimos siglos (1.600 años) hablándoles de Jesús en el desierto, de las tentaciones y de la victoria:

'"Cristo era tentado por el diablo y en Cristo eras tentado tú, porque Cristo tomó tu carne y te dio su salvación, tomó tu mortalidad y te dio su vida, tomó de ti las injurias y te dio los honores, y toma ahora tu tentación para darte la victoria.

 Si fuimos tentados en El, vencimos también al diablo en El. ¿Te fijas en que Cristo es tentado y, sin embargo, no consideras su triunfo? Mírate a ti tentado en El y conócete a ti vencedor en El. Pudo impedir al demonio que se le acercara, pero, de no ser tentado, no te hubiese dado la lección de la victoria”.

Cuando nuestros hermanos judíos celebraban anualmente la Pascua de Israel, es decir, la salida de la esclavitud de Egipto y el paso del Mar Rojo, pensaban y decían: Tú estabas allí cuando Dios hacía estos prodigios en favor de su pueblo, porque ya desde antiguo, desde siglos atrás, tú estabas en la semilla del Padre Abraham, que que procedemos como pueblo de Dios.

Hay, pues, una vinculación misteriosa entre lo de antes y nosotros. San Agustín habla con este lenguaje espiritual. El centro de su teología es lo que llama el CRISTO TOTAL, un modo de pensar que ya procede de san Pablo, que define al cristiano como el que es “en Cristo Jesús”.

Hablamos, pues, hermanos no de simples verdades históricas que sucedieron en el tiempo, y se fueron con el tiempo, cosas que ya pasaron, y las recordamos, para sacar bueno ejemplos y animarnos. No son cosas de antes, sino que son cosas de hoy. En definitiva, con misterio que giran en torno al único misterio, que es Cristo Jesús, el Señor.  Por eso no nos sorprenda que, en las oraciones de este domingo primero de Cuaresma, por dos veces, se habla con una expresión que, de repente suena extraña: “el sacramento cuaresmal”, “el venerable sacramento cuaresmal”.

Los sacramentos son siete, ya los sabemos: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, estos son los centrales, los tres sacramentos de la iniciación cristiana; luego viene el sacramento de la Penitencia, si hemos perdido la gracia bautismo, el Matrimonio y Orden Sacra dotal, según la vocación de cada uno, y el Sacramento de la Unión de los Enfermos.

No hay más que siete sacramentos, y, sin embargo, se habla de la Iglesia como sacramento universal de salvación. Pues en el mismo sentido espiritual se habla, se puede hablar, más bien, del sacramento cuaresmal: conjunto de signo espirituales que la Iglesia ha establecido para que a través de ellos se nos comunique la gracia de la penitencia y de la comunión de Dios. El ayuno, la oración y la limosna son los tres signos que configuran el sacramento cuaresmal.

Y, al decir oración, decimos, sobre todo, la oración de las celebraciones litúrgicas. La Iglesia, a través de un orden de lecturas sagradas, que ha experimentado durante siglos nos va introduciendo más y más adentro en el misterio de Cristo, centro de toda la vida cristiana.

Jesús, conducid por el Espíritu fue al desierto, ante todo, para estar con el Padre. La intimidad con Dios es la vivencia más hermosa a la que nos invita la santa Cuaresma; ene ste sentido, lo mismo que la Pascua.

Pero la Cuaresma tiene un rasgos muy específico: tiempo de conversión, tiempo de prueba, tiempo de tentación. ¿Cuál fue la tentación del diablo a Jesús? Y ¿cuál es la tentación del Tentador a nosotros?

Los otros dos Evangelios – Mateo y Lucas – nos hablan de tres tentaciones: Si eres Hijo de Dios, haz esto y esto. La tentación a Jesús y la tentación a Adán, en el fondo, es al misma: Dejar a Dios a un lado y suplantar a Dios por criterios del diablo, por criterios nuestros.

Podemos comer de todos los árboles del jardín, pero de este no, porque si comemos de este moriremos.

Y el diablo sugiere: No es verdad; lo que ocurre es que si coméis de este árbol seréis inmortales como Dios; por eso Dios os ha dicho que no podéis comer.

Si eres Hijo de Dios, que esta piedra se convierta en un bollo de pan; hazme caso a mí.

Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, que te vena, que te aplaudan. Y Jesús responde, aunque las palabras sean distintas: Como soy Hijo de Dios escojo el último lugar, prque la redención del mundo no se va a hacer por triunfos y conquistas, sino por el sufrimiento y el dolor.

Si eres Hijos de Dios, póstrate ante mí y te daré todo el reinado del mundo entero. Como soy Hijo de Dios, nub ca me postraré ante ti, ni quiero ningún reinado humano, pero seré el rey de los corazones.

Y el demonio se retiró hasta otro momento. Será Getsemaní y la Pasión.

Jesús consideró tan importante la tentación, que la puso en el Padrenuestro. “No nos dejes caer en la tentación”.

Caer en la tentación es poner a Dios a un lado y no hacer de él el centro de la vida. Por eso, el mundo ha caído en la tentación. Dios no importa; si existe, que se quede en su sitio. Pero nosotros somos los que debemos organizar estar vida y nuestra historia, y haremos lo que nos parezca. Esto es caer en la tentación: no contar con Dios y organizarse según los propios gustos.

Hermanos, la sociedad ha caído en la tentación: vamos a ser buenas personas, pero sin contar con Dios.

Hemos caído en la tentación: las dos guerras horrorosas que estamos viviendo son una demostración evidente. La guerra se puede terminar mañana. Nos sentamos, hablamos, y nos damos un abrazo como hermanos; pero no queremos, porque nos odiamos. Y el odio viene de Satanás.

Y lo que decimos de la guerra a lo que pasa en nuestras familias, y más, en concreto, a lo que pasa en el corazón. El que da la espalada a Dios cae en la tentación, y el que cae en la tentación es un esclavo. No hay peor esclavitud que el pecado: te mete en el barro y te cierra los ojos.

Señor Jesús, basta de palabras. Quiero ir al desierto y escucharte en mi corazón, porque solo tú me puedes decir la verdad. Señor Jesús, que por tu gracia no caiga en la tentación. Quiero ser un hijo de Dios que viva en la libertad y el amor. Amén.

Cuautitlán Izcalli, domingo 18 febrero 2024

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