Jesús
en el desierto
Mc
1,12-15
Texto:
12A
continuación, el Espíritu lo empujó al desierto. 13Se quedó en el desierto
cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles
lo servían.
14Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; 15decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Hermanos:
Un
Evangelio extremada breve e intenso. Son cuatro versículos. En los versículos se
nos habla de Jesús en el desierto, y en dos versículos del comienzo de la
predicación del Señor.
Acabamos de
empezar la santa Cuaresma; nos vamos a detener especialmente en el significa de
los dos primeros versículos.
La Cuaresma
es un tiempo e gracia que el Señor nos concede, un camino espiritual, ene seis
etapas, en seis domingos, que nos lleva hasta la Pascua de Jesús, centro de la
año litúrgico y de la espiritualidad de la Iglesia. El protagonista de la
Pascua es Cristo, como aparece evidente: Cristo, vencedor del pecado y de la
muerte, Cristo el Viviente, Rey inmortal, Cristo nuestra vida y sentido de
nuestra vida. El protagonista de la Cuaresma no es el hombre pecador, llamado a
la conversión creyendo en el Evangelio. El protagonista de la Cuaresma es
Cristo; si no, romperíamos la unidad del único misterio.
Es oportuno
recordar aquellas palabras que decía San Agustín a los cristianos hace
tantísimos siglos (1.600 años) hablándoles de Jesús en el desierto, de las
tentaciones y de la victoria:
'"Cristo
era tentado por el diablo y en Cristo eras tentado tú, porque Cristo tomó tu
carne y te dio su salvación, tomó tu mortalidad y te dio su vida, tomó de ti
las injurias y te dio los honores, y toma ahora tu tentación para darte la
victoria.
Si fuimos tentados en El, vencimos también al
diablo en El. ¿Te fijas en que Cristo es tentado y, sin embargo, no consideras
su triunfo? Mírate a ti tentado en El y conócete a ti vencedor en El. Pudo
impedir al demonio que se le acercara, pero, de no ser tentado, no te hubiese
dado la lección de la victoria”.
Cuando nuestros
hermanos judíos celebraban anualmente la Pascua de Israel, es decir, la salida
de la esclavitud de Egipto y el paso del Mar Rojo, pensaban y decían: Tú
estabas allí cuando Dios hacía estos prodigios en favor de su pueblo, porque ya
desde antiguo, desde siglos atrás, tú estabas en la semilla del Padre Abraham,
que que procedemos como pueblo de Dios.
Hay, pues,
una vinculación misteriosa entre lo de antes y nosotros. San Agustín habla con
este lenguaje espiritual. El centro de su teología es lo que llama el CRISTO
TOTAL, un modo de pensar que ya procede de san Pablo, que define al cristiano
como el que es “en Cristo Jesús”.
Hablamos,
pues, hermanos no de simples verdades históricas que sucedieron en el tiempo, y
se fueron con el tiempo, cosas que ya pasaron, y las recordamos, para sacar
bueno ejemplos y animarnos. No son cosas de antes, sino que son cosas de hoy.
En definitiva, con misterio que giran en torno al único misterio, que es Cristo
Jesús, el Señor. Por eso no nos sorprenda
que, en las oraciones de este domingo primero de Cuaresma, por dos veces, se
habla con una expresión que, de repente suena extraña: “el sacramento
cuaresmal”, “el venerable sacramento cuaresmal”.
Los
sacramentos son siete, ya los sabemos: Bautismo, Confirmación, Eucaristía,
estos son los centrales, los tres sacramentos de la iniciación cristiana; luego
viene el sacramento de la Penitencia, si hemos perdido la gracia bautismo, el
Matrimonio y Orden Sacra dotal, según la vocación de cada uno, y el Sacramento
de la Unión de los Enfermos.
No hay más
que siete sacramentos, y, sin embargo, se habla de la Iglesia como sacramento
universal de salvación. Pues en el mismo sentido espiritual se habla, se puede
hablar, más bien, del sacramento cuaresmal: conjunto de signo espirituales que
la Iglesia ha establecido para que a través de ellos se nos comunique la gracia
de la penitencia y de la comunión de Dios. El ayuno, la oración y la limosna
son los tres signos que configuran el sacramento cuaresmal.
Y, al decir
oración, decimos, sobre todo, la oración de las celebraciones litúrgicas. La
Iglesia, a través de un orden de lecturas sagradas, que ha experimentado
durante siglos nos va introduciendo más y más adentro en el misterio de Cristo,
centro de toda la vida cristiana.
Jesús,
conducid por el Espíritu fue al desierto, ante todo, para estar con el Padre.
La intimidad con Dios es la vivencia más hermosa a la que nos invita la santa
Cuaresma; ene ste sentido, lo mismo que la Pascua.
Pero la
Cuaresma tiene un rasgos muy específico: tiempo de conversión, tiempo de
prueba, tiempo de tentación. ¿Cuál fue la tentación del diablo a Jesús? Y ¿cuál
es la tentación del Tentador a nosotros?
Los otros
dos Evangelios – Mateo y Lucas – nos hablan de tres tentaciones: Si eres Hijo
de Dios, haz esto y esto. La tentación a Jesús y la tentación a Adán, en el
fondo, es al misma: Dejar a Dios a un lado y suplantar a Dios por criterios del
diablo, por criterios nuestros.
Podemos
comer de todos los árboles del jardín, pero de este no, porque si comemos de
este moriremos.
Y el diablo
sugiere: No es verdad; lo que ocurre es que si coméis de este árbol seréis inmortales
como Dios; por eso Dios os ha dicho que no podéis comer.
Si eres
Hijo de Dios, que esta piedra se convierta en un bollo de pan; hazme caso a mí.
Si eres
Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, que te vena, que te aplaudan. Y Jesús
responde, aunque las palabras sean distintas: Como soy Hijo de Dios escojo el
último lugar, prque la redención del mundo no se va a hacer por triunfos y
conquistas, sino por el sufrimiento y el dolor.
Si eres
Hijos de Dios, póstrate ante mí y te daré todo el reinado del mundo entero.
Como soy Hijo de Dios, nub ca me postraré ante ti, ni quiero ningún reinado
humano, pero seré el rey de los corazones.
Y el
demonio se retiró hasta otro momento. Será Getsemaní y la Pasión.
Jesús
consideró tan importante la tentación, que la puso en el Padrenuestro. “No nos
dejes caer en la tentación”.
Caer en la
tentación es poner a Dios a un lado y no hacer de él el centro de la vida. Por
eso, el mundo ha caído en la tentación. Dios no importa; si existe, que se
quede en su sitio. Pero nosotros somos los que debemos organizar estar vida y
nuestra historia, y haremos lo que nos parezca. Esto es caer en la tentación:
no contar con Dios y organizarse según los propios gustos.
Hermanos,
la sociedad ha caído en la tentación: vamos a ser buenas personas, pero sin
contar con Dios.
Hemos caído
en la tentación: las dos guerras horrorosas que estamos viviendo son una demostración
evidente. La guerra se puede terminar mañana. Nos sentamos, hablamos, y nos
damos un abrazo como hermanos; pero no queremos, porque nos odiamos. Y el odio
viene de Satanás.
Y lo que
decimos de la guerra a lo que pasa en nuestras familias, y más, en concreto, a
lo que pasa en el corazón. El que da la espalada a Dios cae en la tentación, y
el que cae en la tentación es un esclavo. No hay peor esclavitud que el pecado:
te mete en el barro y te cierra los ojos.
Señor Jesús, basta de palabras. Quiero ir al desierto y escucharte en mi corazón, porque solo tú me puedes decir la verdad. Señor Jesús, que por tu gracia no caiga en la tentación. Quiero ser un hijo de Dios que viva en la libertad y el amor. Amén.
Cuautitlán
Izcalli, domingo 18 febrero 2024
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