sábado, 16 de marzo de 2024

1951. Dom IV Cuaresma B. Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él

Dios envió a su Hijo al mundo para
que el mundo se salve por él
Jn 3,14-21


Texto

14 Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. 19 Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. 21 En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Hermanos:

1. Hemos llegado ya a la mitad de la Cuaresma. Dentro de tres domingos será la Pascua del Señor, precedida por esos días tan especiales que llamamos la Semana Santa.

Seguimos escuchando a San Juan, como el domingo anterior, cuando Jesús expulsó a los vendedores del templo., al que llamó la Casa de mi Padre. Jesús defendió de esta manera tan singular la santidad de Dios. La santidad de Dios está en el Templo, ciertamente, pero, sobre todo, la santidad de Dios está en el pueblo santo de Dios, que somos los cristianos, santificados en al bautismo para que nuestra vida sea de acuerdo al Evangelio que Jesús nos ha predicado.

Allí en Jerusalén tuvo una entrevista nocturna con Nicodemo, un doctor de la Ley, que pertenecía al Sanedrín y que fue a ver a Jesús en busca de la verdad. Nicodemo defendió a Jesús en el Sanedrín y aparecerá, sobre todo, a la hora de la muerte de Jesús. Allí estaba con José de Arimatea, que pidió el cuerpo de Jesús apara enterrarlo en su sepultura.

 

2. El texto que hemos escuchado es la terminación del diálogo con Nicodemo. Comienza el texto con esta frase: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Los judíos entendían esta frase, por pertenecer a sus libros sagrados. El pueblo había murmurado y pecado en el desierto, y aparecieron serpientes abrasadoras, serpientes de veneno mortífero. El pueblo se arrepintió, pidió perdón, y Dios les perdonó. “Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla»” (Núm. 21,7-8).

Una serpiente de bronce no era un rito mágico, sino que Moisés, de parte de Dios, la puso como un signo de fe. La serpiente fue alzada y quien la miraba con fe, era curado, era salvado.

Jesús toma este signo sagrado y se lo aplica: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Jesús es elevado, es alzado. Es la Cruz y lo que sigue a la Cruz. En otra ocasión Jesús dirá: “Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,31-32).

La fe, que es el abandono en el amor que Dios nos ha mostrado, eso es nuestra salvación. Una mirada a la Cruz con fe redime todos nuestros pecados. Hermanos, que no falte la Cruz, el Crucifijo, la imagen de Jesús crucificado, en nuestros hogares; un crucifijo devoto ante el que podamos orar. Desde la Cruz Jesús atrae a todos hacia él.

 

3. Pero ahora viene la frase principal que queremos recoger en nuestros corazones, para que marque toda la dirección de nuestra vida: Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Vamos a hacer algunas reflexiones, que nos convenzan y penetren. ¿Quién es Dios y dónde está Dios? Dios es el Infinito y está más allá de todo. Dios es transcendente, que nunca podrá ser abarracado por nadie. Esto es verdad, pero hay otro modo de responder, que en esta ocasión nos puede ser más oportuno. Dios está dentro el mundo, aun estando fuera; y es el que lo penetra todo, lo dirige todo, lo gobierna todo.

Y el texto sagrado dice que el Hijo de Dios ha sido enviado al medio del mundo para salvar a todos. Estas palabras de fe nos están afirmando dos cosas:

1) La primera, que Dios está en medio del mundo, y que Él debe ser la referencia suprema de todo. Hablar de Dios no es salirse del mundo, sino ir al centro del mundo, a todas las cosas. Dios está aquí.

2) Y la segunda verdad es no menos llamativa. Dios está aquí no para condenar, sino, todo lo contrario, para salvar.

Si aceptamos estas dos cosas nuestra vida queda iluminada de otra manera.

 

4. Hermanos, Dios no es inútil, algo que puede valer para los que creen, pero que no lo necesitamos para dar sentido a la sociedad y a nuestros trabajos. No es así. Dios es lo esencial, y sin Él no pdoemso concebir nuestra felicidad.

Ayer, 8 de marzo (estoy grabando estos pensamientos el sábado, día 9, víspera del IV domingo de Cuaresma) era mundialmente el Día no solo de la Mujer trabajadora, sino el Día de la Mujer sin más. Pudimos ver, a través de la pantalla, caravanas y caravanas de mujeres que habían salido a la calle, reclamando sus derechos, protestando, con toda razón, por tantos feminicidios que nos ofenden a todos.  Desde el lugar en donde vivo, me digo: Vamos a ver qué dicen los periódicos de mi tierra. Y de repente, sin pensar en malas intenciones, me encuentro con la fotografía de esta pancarta: “Yo elijo cómo me visto y con quién me desvisto”.

Y, como tenemos cabeza para pensar, pienso: No, hermana, esos no son los derechos de la dignidad de la mujer; estás organizando tu vida a tu aire y voluntad lo que piensas que son los valores de tu vida, y estás prescindiendo de un Dios de amor. Dios quiere nuestra felicidad, segura y fuerte, pero no es ese el camino.

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10), nos dijo también Jesús.

Justamente también la prensa de mi país me dice que el domingo día 10 va a haber una gran concentración en Madrid en favor de la vida. El ds de amor que Jesús ha predicado es el Dios de la vida.

 

5. En fin, hermanos, esta imagen de Dios que nos presenta Jesús llena todo el ser de seguridad interior, de gozo y esperanza. Él nos pide una cosa: que tengamos fe, porque el hombre es capaz de aceptar y de rechazar. El que pone a Dios en el centro de su vida, ha encontrado la clave, y, pase lo que pase, nunca se arrepentirá.

Quisiera termina con la última frase del texto evangélico: el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Miremos a Jesús alzado en la Cruz y alzado a la derecha del Padre:

Señor Jesús, tú eres el Dios con nosotros, el Dios vivo y verdadero que diriges nuestra vida, que nos das el sentido de nuestra existencia. Tú eres la felicidad que esperamos y que ya hemos empezado a disfrutar. Tú eres nuestra salvación; tú eres la vida eterna. Amén.

Cuautilán Izcalli, sábado, 9 marzo 2024.


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