sábado, 16 de marzo de 2024

1949. Dom III Cuaresma B. Jesús purifica el templo de Dios


Jesús purifica el templo de Dios
Mc 9,2-10

Texto

13Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 14Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, 15haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; 16y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». 17Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». 

18Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». 19Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». 20Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». 21Pero él hablaba del templo de su cuerpo. 22Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. 

23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; 24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos 25y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Hermanos:

1. Vamos avanzando en este sagrado tiempo de Cuaresma, y estamos ya en el tercer domingo. El día final de este mes de marzo, después de haber recorrido un itinerario de seis semanas (la última la llamamos al Semana Santa) será la Pascua del Señor, centro de nuestra fe y eje de todas las fiestas.

Recordemos una vez más: Primer domingo de Cuaresma: el desierto y las tentaciones; segundo domingo, la transfiguración del Señor, en una alta montaña adonde había acudido a orar con sus tres predilectos, el monte tabor, los tres predilectos que iban a estar junto a él en el Monte de los Olivos Y ahora vienen los tres domingos siguientes, con el Evangelio variable según sea el año A, B, o C, porque las lecturas se distribuyen en tres años.

Este año es el año segundo de los tres, el año B, y las lecturas que vamos a hacer son del Evangelio de San Juan, lecturas que nos adentran en el misterio divino y humano de la persona de Jesús. Hoy la purificación del Templo de Dios, que Jesús la llama “la Casa de mi Padre”. Es un hecho que nos cuentan con detalle cada uno de los cuatro evangelistas.

Pero sucede algo sorprendente: Los tres primeros Evangelios, es decir, Mateo, Marcos, Lucas, ponen este episodio al final de la vida de Jesús, en la Semana Santa, Y justamente una palabra que Jesús pronuncia sobre el templo, la llevan ante el juicio de Caifás (cinco días después) para hallar una causa para condenar a Jesús, aunque los mismo Evangelios dicen que los testigos falsos no acaban de concordar exactamente sobre lo que Jesús había dicho sobre el templo. San Juan, sin embargo, coloca esta escena al principio de la vida de Jesús. ¿Es que Jesús purificó dos veces el templo de Dios con este gesto de soberanía que le otorgaba la misión que él había traído a la tierra? Seguramente que no, sino más bien podemos pensar que san Juan se ha tomado la libertad de colocar este episodio al principio para dejar bien claro quién es este enviado de Dios, a quien él llama al principio, el Verbo de Dios, la Palabra creadora de Dios por quien se hizo el cielo y al tierra; y para darnos a entender con esta escena de majestad divina qué es lo que pretende Jesús en la tierra: hacer que su Comunidad, que es el verdadero templo de Dios, inaugurado en la Resurrección de Jesús, sea un templo limpio, resplandeciente con la santidad misma de Dios. Y el templo de Dios somos nosotros, nos dirá san Pablo.

Veamos, pues, los detalles de esta escena que, de repente, nos deja desconcertados.

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.  San Juan nos habla de tres Pascuas en la vida pública de Jesús, Jesús fue, pues, a la Pascua, como había ido de niño, entonces llevado por sus padres. Fue a la Pascua y donde encuentra una escena en la plaza del templo, es decir, en lo que se llama el “atrio de los gentiles”, podían transitar judíos y no judíos, una algarabía como suele ocurrir en los lugares cercanos a los templos. El Evangelio nos habla de dos cosas: Han colocado puesto de cambio de moneda. El tributo al templo hay que pagarlo no con moneda romana, que es moneda pagana (seguramente impura), sino con moneda judía. Las autoridades no ven mal este proceder, porque, al fin, se trata de beneficio al Templo de Dios.

Por otra parte, en aquella plaza se venden animales para las ofrendas del templo; hay jaulas de palomas y muchas cosas más. San Juan apunta que había “bueyes, ovejas y palomas”. Aquello resulta un mercado popular.  Podemos imaginar todo el folklore que allí se organiza. San Marcos nos da también otro detalle: no permitía que transportaran bultos de un lado a otro por la plaza. Sin conocer las costumbres judías, podemos imaginar que allí también se vendían comidas para los peregrinos. Estamos, como he indicado antes en la plaza del público en general, en el atrio de los gentiles, no en el atrio de las mujeres, no en el atrio de los varones.

Y ahora viene la sorpresa y la revelación. Para Jesús todo aquello es una profanación de la santidad de Dios, que mora en el Templo. Y en un arrebato sagrado toma unos cordeles para deshacer aquel mercado. La frase exacta de est Evangelio es esta: “haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes” ¡Fuera de aquí, fuera! Los cordeles bien podemos suponer que eran para arrear a los animales.

San Marcos también ha sido muy duro al describir la escena, aunque solo san Juan habla de cordeles. San Marcos dice: “se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas” (Mc 11,15). San precisa el detalle de las palomas: “16y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre»”.

Ciertamente que es difícil de interpretar esta escena, porque a Jesús lo veremos siempre como defensor de Dios, pero de otro modo, con otras actitudes y modales. Mi Casa se llamará Casa de Oración para todos los pueblos, habían dicho los profetas. Y aquí Jesús, a esta Casa de Oración, la llama Casa de mi Padre.

Lo que le reprochan los judíos no es que haya tomado un látigo para hacer lo que acaba de hacer, sino “¿Quién te ha mandado a ti hacer lo que has hecho?” “¿Qué autoridad tienes tú para hacer esto? ¿Es que te crees que el Templo es tuyo? ¿Qué signos nos muestras para obrar así?

Y ahora cae la palabra misteriosa de Jesús: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

El Evangelio se ha escrito para los creyentes, para los discípulos, y a nosotros, que hemos aceptado la divinidad de Jesús, no nos escandalizan estas palabras que a otros pueden escandalizar. Estas palabras snso están diciendo: que el Dios único y verdadero, el Dios de la santidad, que ha hecho una alianza de amor con su pueblo, va a hacer una comunidad santa y el templo de esa comunidad va a ser el cuerpo de Jesús resucitado.

Cando la mujer samaritana le pregunte a Jesús dónde hay que adorar a Dios, si en Garizim, como hacen los samaritanos, o en Jerusalén, como hacen los judíos, Jesús le responderá:

Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así*. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad» (Jn 4,21-24).

Hermanos, estas cosas que estamos escuchando, este Evangelio que llega a nuestro corazón, nos llevan a unas preguntas esenciales, frente a las cuales debemso tomar un a clara postura de un modo personal y también de un modo colectivo.

-         La fe no es una cultura hermosa que hemos heredado y en la cual nos sentimos cómodos, y mucho menos un folklore religioso que se renueva año tras año.

-         La fe nos son las procesiones de Semana Santa, que están bien, sin duda, aunque sean una oferta de turismo.

-         La fe tampoco es un templo, por muy bello y venerable que sea (se acaba de comenzara la restauración del baldaquino de Bernini, después de más de trescientos años, por un presupuesto de 700.000 euros; muy bien que se haga…, como proyectan para comenzar el Año Santo de la Redención, en el cuarto de siglo de 2025).

-         La fe es entrar en la santidad de Dios y transformar toda la vida por la fuerza de esa santidad, que se nos da por la gracia de Jesucristo.

Creer es creer en la santidad de Dios y vivir según según esa santidad. Y decir a Jesús, como le decimos en el Gloria de la Misa: que estas sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque solo tu eres Santo, solo tu Señor, solo tu Altísimo Jesucristo.

La fe no son sentimientos y menos apariencia; la fe te agarra en al profundidad del ser.  Termina el Evangelio de hoy y con ello terminamos

23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; 24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos 25y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Señor Jesús, danos la fe verdadera que tú nos has predicado, y haznos santos con la santidad de Dios que tú tienes en tu ser. Amén.

Cuautilán Izcalli, sábado 2 marzo 2024.

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