Queremos ver a Jesús
La vida pública de Jesús, en el Evangelio de Juan,
comienza con una escena encantadora: “«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde
vives?». 39 Él les dijo: «Venid y veréis»” (Jn 1,38-39). Fueron
aquellos dos discípulos (Andrés y otro) y se quedaron con él aquella tarde y
aquella noche; y se hicieron discípulos suyos. Habían encontrado lo que
buscaban.: “Hemos encontrado al Mesías” (v. 41). Y la vida pública de Jesús,
contada por el mismo evangelista, se cierra con una escena similar. Unos
griegos, que habían venido a la Pascua, le dijeron a Felipe: “«Señor, queremos
ver a Jesús». 22 Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe
fueron a decírselo a Jesús” (Jn 12,21-22). Felipe (Filipos) y Andrés son los
dos únicos nombres griegos de los Doce.
Las palabras de Jesús son el balance de su vida y
el balance de toda su historia posterior. Y a continuación viene la cena.
Queremos ver a Jesús.
La voz que sueva y
resuena,
y tras reguero de siglos
sigue sonando con fuerza.
¿A quién buscáis?, les
decía
a la turba que se acerca
aquella noche agonía,
noche de la luna llena.
Con armas ellos buscaban
y con palos de pelea.
“A Jesús el Nazareno”.
Yo soy, dijo sin defensa.
¿A quién buscas y
persigues,
Saulo con tanta fiereza?
Soy Jesús a quien persigues,
puedes hacer lo que
quieras.
¿A quién buscas, buscador,
turbado entre tanta
niebla?
Voy buscando, por instinto,
sin saberlo a ciencia
cierta?
Queremos ver a Jesús,
la voz venía de Grecia.
En Grecia estaban los
Sabios,
allí estaba la Academia.
Queremos ver a ese Hombre
que enseña desde otra
escuela,
y su palabra es distinta
que no conoce la ciencia.
¿A quién buscas, Nicodemo,
en tu visita secreta,
si no tienes que buscar,
Sanhedrita de altas
letras?
Voy buscando a quien no
encuentro
en mi piedad farisea,
voy buscando a quien
buscaron
inspirados los profetas.
¿A quién buscas, tu, mi
hermano,
a quién buscas tú, poeta?
¿A quién buscas, soñador,
si sueñas metas eternas?
Voy buscando, que buscar
es mi vida verdadera,
porque buscar es abrirse
más allá de las estrellas.
En esta divina búsqueda
solo busca aquel que
encuentra;
por haber sido encontrado,
buscarle a él es tarea.
Buscarle a él más y más
es amor que vuelva y vuela,
que el amor que se nos da
es promesa y es sorpresa.
Quisieron verle y le
vieron,
y Jesús les dio respuesta,
Voy a ser trigo que muere,
para ser la gran cosecha.
Cosecha, Jesús, lo fuiste,
si es que vuelves la
cabeza,
y nos ves a los que
estamos
buscando más norabuena.
El que me busca hallará,
conmigo estará a mi vera,
y mi Padre le honrará,
y yo serviré a la mesa.
Yo buscador de Jesús
me declaro sin reserva,
buscador de su Verdad
para encontrarle de veras.
No es desprecio o
altanería,
profesar esta firmeza,
que soy de la raza humana,
vecino de otras creencias.
Búscame en la Cruz alzada,
me decía en mi conciencia,
que desde allí te busqué
sintiendo tu sed sedienta.
A todos atraeré,
cuando ya alzado me vean,
que amándote hasta morir,
no buscarás otra prueba.
Es la verdad y la paz
la Cruz que mis ojos
ciegan,
y abrazado al todo Amor
haz que mi vida muera.
Venciste, sí. Galileo,
vencido entre tanta
afrenta;
y por decirlo a los
vientos,
estos versos no se
cierran. Amén.
Cuautitlán
Izcalli, Domingo V de Cuaresma, 17 marzo 2024
No hay comentarios:
Publicar un comentario