sábado, 31 de marzo de 2018

1074. Pascua 2018,10 - Virgen Madre de la Iglesia (Sábado Santo)


Virgen Madre de la Iglesia
(Sábado Santo)

Virgen Madre de la Iglesia,
Dolorosa Madre mía,
que en la paz del Hijo eres
la Madre de la alegría.

La espada de Simeón
es cumplida profecía,
y por ser la Nueva Eva
llena de gracia, María.

Memorial de nuestra fe,
Pascua viva, Eucaristía,
tu misión es el silencio
y ser presencia escondida.

Eres en el Grande Sábado
Roca que Cristo quería,
cimiento de fe y espera,
amor que Dios infundía.

Fecunda Madre del mundo,
que en tu seno halló acogida,
ayer y en todos los siglos
calor, ternura y caricia.

¡Al Hijo Crucificado
y a su Madre bendecida,
sea la Pascua sagrada
la Pascua de eterna dicha! Amén.

Guadalajara, Sábado Santo, 31 marzo 2018.

viernes, 30 de marzo de 2018

1073. María, misterio del Sábado Santo – Meditación


María, misterio del Sábado Santo
Meditación


1. El Sábado Santo es un día vacío de Jesús, y lleno de María. Es, por excelencia, el día de la Fe. No hay nada, y justamente esa nada es la plenitud de todo lo alcanzado. La última palabra que Jesús dijo: “«Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19,30).
Sábado Santo es el Día de lo Perfecto, una especie de pausa infinita entre la antigua creación y la nueva creación.

2. ¿Será exactamente el Día del Dolor? ¿El día del Silencio? ¿El Día de la espera? Es el Día de la Madre, el día en que se va a iniciar plenamente la revelación de su divina maternidad. Durante la vida de Jesús María tiene palabras; muerto el Señor, ella, la Madre de la nueva creación, no tiene ninguna palabra.

3. El sepulcro es el útero de María. Solo de la resurrección de Jesús hemos conocido la revelación de la maternidad, y como es maternidad del Espíritu, es maternidad virginal. El Espíritu Creador es el que trasladó a Jesús del sepulcro al seno del Padre. El Espíritu es el que reveló el secreto escondido en el útero de María. El útero de María era la morada de Dios para su Hijo. Concepción que solo pudo acontecer siendo María la esposa del Espíritu Santo (S. Francisco).

4. María, que ha gestado al Verbo de la Vida, continúa esta misión en la Iglesia hasta la vuelta del Señor. María es confiada al “discípulo amado” en cuanto discípulo amado. Cuando María deja la escena de este mundo, su recóndito misterio lo guarda el discípulo amado, es decir, al Iglesia.
A su vez, el discípulo amado es confiado a María, la Mujer.
María es Madre de la Iglesia, de esa Iglesia que Jesús funda por la sangre derramada en la Cruz, que va a explosionar como Iglesia del Espíritu bien en la tarde del día de la Resurrección (Jn 20), bien el día de Pentecostés (Hech 2).



5. Para entender el misterio de la María de acuerdo a los Evangelios, hay que partir de una reciprocidad que Dios ha establecido entre el Hijo y la Madre. Obviamente la Madre engendra al Hijo; en el caso, no habría podido darse este engendro del orden divino en la naturaleza, sin que previamente el Hijo no hubiera engendrado a la Madre. Es decir, la resurrección de Jesucristo, fontanal de donde derivan todos los misterios de la fe cristiana, es el origen de cuanto sabemos y creemos de María:
- que es la Madre del verbo encarnado (Madre necesariamente virginal)
- y en consecuencia Madre de la Iglesia.

6. La Virgen queda constituida en esta maternidad visible y secreta, que acepta nuestra fe, al aceptar a Jesús Resucitado. Resurrección y Maternidad de María son misterios de vasos comunicantes. El que sepa cómo fue la realidad del misterio de la resurrección podrá explica como fue el misterio de la virginidad de María, que, por ser misterio de fe, no es analizable con fórmulas científicas.

7. María pasa a la nueva era que acaba de inaugurarse:
- como el memorial total de Jesús, sin que por eso la Eucaristía deje de ser memorial completo de todo el misterio de esta nueva y eterna alianza.
- María es el silencio de la Iglesia, silencio que lleva la garantía de esta llena del Espíritu Santo,

8. Pero volvamos al Misterio de Sábado Santo, a ese momento último en que en los templos, cumplida la celebración del Viernes Santo, se han cerrado las puertas y los fieles retornar a su casa. Nuestra imaginación la ve, la ensueña como la Madre desgarrada, la Madre llena de dolor, como no aconteció en ninguna otra Madre. Pensamiento cargado de sentimientos, de vivencias humanas, que debe ser asumido por otro superior correspondiente a una visión teológica de la misión de María, como lo vamos exponiendo.

9. Al llegar Sábado Santo, veneramos la Soledad de María y lo Dolores de María. Los dos misterios – soledad y dolor – vistos desde otro prisma, presentan el lado contrario:
- la aparente soledad de la Mujer se ha llenado de hijos a lo infinito, hasta la vuelta de su Hijo.
- el Dolor de María, inserto en su propia soledad, será el Gozo de María, ahora precisamente Madre en plenitud.

10. María, heredera completa de su Hijo, ha de imprimir en la Iglesia un “carácter mariano”, que le marca en su identidad última y que le ha de acompañar hasta el final de los siglos. Constitutivamente la Iglesia lleva en sí una referencia a María, que nace de la voluntad de Cristo. “Et ex illa hora accepit eam discipulus in sua” (Jn 19,27). “In sua” (eis ta ídia) no se refiere a una provisión anecdótica, biográfica del discípulo. La llevó a vivir a su casa…; se encargó de ella…; se responsabilizó de ella…; la recogió como todos sus bienes… Se trata de ser constituido de la Iglesia, al grado de que la Iglesia queda configurada con esta pertenencia: María y la Iglesia se “interpertenecen”.

11. Sábado Santo, Día Silencioso para gustar la plenitud de Jesús muerto, la intercomunicación de María y la Iglesia.

María, Madre del Señor,
humildemente llego a tu presencia,
inunda mi alma de luz y de par,
de ternura y sabiduría,
para que pueda comprender
desde tu propio misterio
el misterio pascual de tu Hijo. Amén.

Guadalajara; Jalisco, noche de Viernes Santo, 30 marzo 2018.

1072. Pascua 2018,9 – Todo el dolor de los hombres / Viernes Santo


Todo el dolor de los hombres
(Viernes Santo)

Para santa Ángela de Foligno (santa franciscana +1309) la meditación en la pasión y muerte de Jesús era el sumo dolor, y también la suma delicia. Eso es el misterio pascual.
“Una vez asistía a vísperas y miraba hacia la cruz. Mientras con-templaba el crucifijo con los ojos del cuerpo, al instante mi alma fue abrasada por el amor, y todos los miembros del cuerpo lo sentían con desmesurada alegría. Y veía y sentía que Cristo dentro de mí abrazaba mi alma con ese brazo con el cual fue clavado en la cruz. Y me gozaba en El con una alegría y una seguridad tan grandes que antes no solía experimentar.
Desde entonces quedó en mi alma una gran felicidad que me hizo entender cómo este hombre, Cristo, está en el cielo; es decir, cómo vemos que esta nuestra carne forma una sola sociedad con Dios. Para el alma esa comprensión es una delicia que ninguna palabra, hablada o escrita, puede describir. Es una delicia sin fin. Y en mí quedó una tal certeza que, aunque todo lo que hemos escrito no fuese verdadero, con todo, no quedaría en mí ni una sombra de duda acerca de Dios y estaría segurísima que este estado viene de Dios” (Libro de la Vida. Texto de “el paso cuarto” suplementario).

Todo el dolor de los hombres
estaba en la Cruz latiendo,
y todos nuestros pecados
Jesús los llevaba adentro.

Todo el amor de Dios Padre
y del Espíritu  el fuego,
eran perdón y eran vida
en el cuerpo de Dios Verbo.

Jesús moría por mí,
me miraba y yo lo siento,
y me abrazaba al morir
hecho uno con su cuerpo.

Yo de la nada hasta el ser
fui llamado a ser eterno,
al Hijo de Dios me abrazo
y me abismo en su misterio.

La ofrenda de mis pecados
en la cruz subió hasta el cielo,
y en la obediencia del Hijo
por el Padre yo fui absuelto.

Oh Cruz de toda delicia,
de amor perpetuo recuerdo,
yo te beso, yo te adoro
y a tus brazos yo me entrego.

¡Gloria y gracias, Cristo amado,
dulce Jesús Nazareno,
tú eres el Hijo de Dios,
nuestro Hermano verdadero! Amén.

Guadalajara, Jalisco, Viernes Santo, 30 marzo 2018