Tú eres nuestro júbilo pascual
La lectura del Oficio de hoy, V Domingo
de Cuaresma, a dos semanas de Pascua, está tomada de las Cartas pascuales de
san Atanasio, obispo
(Carta 14, 1-2). La sección escogida
comienza así:
“El Verbo, que por nosotros quiso serlo
todo, nuestro Señor Jesucristo, está cerca de nosotros, ya que él prometió que
estaría continuamente a nuestro lado. Dijo en efecto: Mirad, yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Y,
del mismo modo que es a la vez pastor,
sumo sacerdote, camino y puerta, ya que
por nosotros quiso serlo todo, así también se nos ha revelado como nuestra fiesta y solemnidad, según
aquellas palabras del Apóstol: Nuestro
cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado, puesto que su persona era la
Pascua esperada. Desde esta perspectiva, cobran un nuevo sentido aquellas
palabras del salmista: Tú eres mi júbilo:
me libras de los males que me rodean. En esto consiste el verdadero júbilo
pascual, la genuina celebración de la gran solemnidad, en vernos libres de
nuestros males; para llegar a ello, tenemos que esforzarnos en reformar nuestra
conducta y en meditar asiduamente, en la quietud del temor de Dios”.
Y termina de esta manera: “También
nosotros nos esforzamos por seguir al Señor y, así, vamos preparando la magna
festividad no sólo con palabras, sino también con obras”.
Que estas palabras, preparación de la santa
Pascua, sean estímulo para las santas obras.
Tú eres nuestro júbilo
pascual,
tú eres nuestra fiesta,
toda bella,
Jesús, tú eres todos
mis deseos,
la intimidad cordial
que me recrea.
Y cuando al mundo
tiendo mi mirada,
fraternamente miembro
de sus penas,
tú eres y serás, Jesús amado,
el triunfo del amor, la
dicha plena.
Constelación del único universo,
tú eres lo que no
alcanza la ciencia,
tú eres, Encarnado, el
Verbo eterno
de Dios en Trinidad la
eterna Fiesta.
Y yo me siento un rayo
de tu ser
y sé que soy tu amado
en esta tierra,
que soy destello puro
de tu Pascua
que, siendo en ti,
irradio tu excelencia.
Jesús ensangrentado en
el Calvario,
Jesús glorificado en
carne nuestra,
Misterio de misterios
que adoramos,
¡oh Hijo de María,
humilde sierva!
¡A ti, Resucitado, la
alabanza,
de nuestros labios
puros, toda ofrenda,
y de tu corazón, divino
altar,
tu gozo hasta nosotros
se desprenda! Amén.
Nota:
Desde hace 40 años el autor felicita la Pascua a sus amigos con un Himno
pascual para el Señor.
Guadalajara,
Jalisco, Domingo V de Cuaresma, 18 marzo 2018
Pascua de 2018 – 2
En fe y en contemplación
El santo rosario, en sus misterios
gloriosos, es el itinerario completo de la Resurrección de Jesús, que pasa a
ser nuestra resurrección en la Virgen María. Estos son los cinco pasos,
despliegue de un solo misterio:
Resurrección – Ascensión – Espíritu –
Asunción – Coronación.
Es el misterio de la Resurrección en Jesús
y en mí, miembro de su Cuerpo, que es la Iglesia. Cuando rezamos los misterios
glorioso estamos viviendo místicamente, realmente, el misterio total de la
Resurrección de Jesús hasta su Parusía.
En
fe y en contemplación,
con
el rosario en la mano,
vemos,
gozosos hermanos,
que
es él el Resucitado.
El
sepulcro está vacío:
el
Padre se lo ha llevado,
y
después de aparecido
asciende
glorificado.
Y
enviado por el Hijo
viene
el Espíritu Santo,
misterio
de Trinidad
que
cierra su itinerario.
Y
María asunta en cuerpo
asciende
hasta el Hijo amado;
Madre
y Reina de Israel,
porque
el Rey le ha coronado.
Las
primicias se han cumplido
y
el pacto quedó sellado,
con
Jesús, mi Dios hermano,
yo
fui conresucitado.
¡Gloria
al Esposo divino,
que
me abraza engalanado;
mi
alma, ahíta de amor,
a
su cuerpo se ha abrazado! Amén
Guadalajara,
Jalisco, Domingo V de Cuaresma, 18 de marzo de 2018.
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