sábado, 24 de marzo de 2018

1067. Dentro de tus llagas escóndeme


Dentro de tus llagas escóndeme
Meditación de Semana Santa

Un video sobre las llagas de Jesús
en la espirtualidad del Padre Bernabé


San Buenaventura: Invitación a entrar en la llaga del costado de Cristo

En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús la liturgia, en el Oficio de lectura, reporta una página muy bella de los escritos de San Buenaventura, de cómo el corazón de Cristo, herido por la lanza del costado, se nos brinda a ser nuestra morada ante el Padre.

* * *
Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: Mirarán a quien traspasaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para comunicar vida eterna.
Levántate, pues, alma amiga de Cristo, y sé la paloma que labra su nido en los agujeros de la peña; sé el pájaro que encuentra su casa y no deja de guardarla; sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del Salvador. Porque esta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la tierra.
Corre con vivo deseo a esta fuente de vida y de luz quienquiera que seas, ¡oh alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:
«¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida, luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad!
¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial dela fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!
De ti procede el río que alegra a la ciudad de Dios. Recrea con el agua de este deseable torrente los resecos labios de los sedientos de amor, para que con voz de regocijo y gratitud te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz.»


De la espiritualidad de un humilde capuchino, P. Bernabé de Larraul (1997-1988)

He aquí unos párrafos de la espiritualidad del P. Bernabé de Larraul, misionero capuchino en Ecuador, escritos a una dirigida espiritual, la ecuatoriana Paulina Durand Pérez (1936-1994).
El sitio de los “Capuchinos en Ecuador” véase en:
http://www.capuchinosdelecuador.org/

Llagas de Jesús: libro que te enseñará el secreto para permanecer con María al pie de la Cruz
(En las Llagas de San Francisco, 1965)

Veo que diriges la mirada de tu alma hacia las Llagas de Jesús como un remedio para soportar con amor y paciencia las aflicciones de cada día. No dudo que en las Llagas de Jesús has de encontrar el libro que te enseñará el secreto de perseverar en espíritu al pie de la cruz con María, Madre de Jesús.
He aquí la gran palabra: perseverar con María al pie de la Cruz de Jesús, uniendo tus dolores, penas y sufrimientos a los dolores de Jesús a través del Corazón dolorido de María, y con María escuchar las últimas palabras del Testamento de Jesús...
Y, estando al pie de la cruz, pedir con Jesús en favor de los pecadores: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y, perseverando en los sufrimientos de cada día, oír la palabra de Jesús: Hoy estarás conmigo en el Paraíso.
Sí, después de este día de dolor de la presente vida, se encontrará con Jesús en el Paraíso en el día de la eternidad y entonces conocerá qué bueno fue perseverar con Jesús en la cruz y que la recompensa fue superior al peso de la cruz...
Y aún todavía, perseverando al pie de la cruz en espíritu, merecerá escuchar la palabra de Jesús a Juan, el discípulo amado: He ahí a tu madre. ¿Y qué no podrá con una tal madre? Dichosa será, si María se hace cargo de su alma, de su vida, de sus sufrimientos. En verdad esta Madre del Amor y del dolor le enseñará el valor del sufrimiento, y entonces el sufrir se convertirá en un tesoro precioso para ofrendar en favor de las almas precisamente en unión con María, así como Ella ofreció su martirio al pie de la cruz en unión con Jesús agonizante para ser Madre de numerosas generaciones... Y, cuando llegue la hora de la verdadera desolación y desamparo, cuando crea que no puede más, porque el dolor, la angustia pesan demasiado, en esa hora le será lícito exclamar con Jesús: Padre, Padre ¿por qué te has olvidado de mí y me has desamparado?... Mas también entonces sentirá sed, la necesidad de padecer más, para ganar almas a Jesús, y de esa suerte aliviar en algo la sed divina de Jesús, sed divina de las almas, que son suyas, destinadas para la gloria del Padre, y felicidad de las mismas...
Y qué dicha tan grande poder exclamar con Jesús, cuando llegue la hora de la partida: Consumatum est. Se ha acabado el sacrificio de la vida, que fue unido al Sacrificio divino de Jesús. Se ha cumplido la voluntad del Padre respecto de mi vida, ahora pues, no me resta, sino decir con Jesús: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Este será el fruto que reportará con perseverar al pie de la cruz con María, Madre de Jesús. Pero, para conseguir este gran don de la perseverancia, preciso y necesario sacar fortaleza de las Llagas benditas de Jesús, preciso poner una confianza ilimitada en las Llagas de Jesús, y todo lo conseguirá...
No dudo, que en estos días, mientras dure el Concilio, se ofrecerá como una pequeña Hostia del Calvario, para su pleno éxito...


Penetrar en el poder y virtud
de las llagas
de Jesús Crucificado
(17 noviembre 1965)

Es una alegría para mí el ver que vas penetrando en el poder y la virtud de las Llagas de Jesús Crucificado. No dudes: perseverando en la contemplación de esas santas Llagas, llegarás a conformarte con Jesús Crucificado, así como llegaron los santos, de modo particular el Sco. P. San Francisco, con otros que más se han asemejado a nuestro Señor Crucificado.
Llegarás a conformarte o a asemejarte porque hallarás en las Llagas de Jesús todo cuanto necesitas para hacer de tu vida de sufrimiento un holocausto de inmolación, unido al holocausto perfectísimo de Jesús.
¡Y cuán grande es la necesidad que tiene Jesús de encontrar de esta suerte de almas víctimas para salvar a la humanidad de hoy que amenaza perecer. Contempla, pues, de continuo las Llagas benditas de Jesús en unión con María y clama a ellas para que te sostengan en la lucha cotidiana.
Te debo decir que la oveja extraviada a quien te encomendé, según informes que he recibido, ya arregló su situación... Agradécele al buen Jesús y a su santísima Madre, esa gran misericordia.

Misterio de Adviento y de Belén
y las llagas de Jesús
(6 diciembre 1965)

Nos encontramos en el tiempo sagrado del Adviento, por tanto en espera del Niño, que apareció en Belén para remedio de la humanidad doliente. Para ti las fiestas del Niño han de ser algo parecido de lo que fue para María y José, el nacimiento del Niño Dios... Es decir, un deseo sincero de conocer más de cerca a ese Dios de inmensa Majestad, que en el tiempo se hizo Niño de divinos encantos para atraer y arrastrar hacia Sí los corazones de los hombres. ¡Qué misterio tan inefable! Dios eterno, velando los rayos de su inmensa Majestad, encerrado en la forma de un infante, y sometido a las condiciones de un infante. Pero es de tener en cuenta que ese Niño Dios empieza su carrera sobre la tierra, empieza sufriendo... Bien sabía que la Obra que el Padre le había encomendado, al bajar a la tierra, era una Obra que había de llevar a su fin con el dolor, con el sacrificio más completo de Sí mismo. De esa forma había determinado la Sabiduría Eterna, la libertad del hombre, de la cautividad en la que yacía y gemía sin que pudiera dar con el remedio...
Así pues, el Verbo de Dios, al bajar a las purísimas entrañas de la Virgen María, como Redentor del género humano, se ofreció al Padre con aquellas palabras del Salmo 39: Rechazaste el sacrificio y la oblación de animales, ni has querido ningún holocausto o víctima, que no fuera la persona misma de tu Hijo, por eso he dicho: "Heme aquí, pronto a cumplir tu voluntad".
También a ti el Señor te ha escogido, por una inefable bondad, para asociarte a Jesús en el dolor, el sufrimiento y la humillación... esa será tu misión sobre la tierra. Y tú sabes que el dolor, en todas sus formas, unido al dolor de Jesús no es estéril, sino que a su tiempo producirá su fruto abundante.
Y, para confortarte y perseverar en la actividad de tu ofrenda, sin cansarte, te es necesario refugiarte en las Llagas benditas de Jesús. ¡Qué dicha tan grande para ti si sabes permanecer oculta espiritualmente dentro de las Llagas de Jesús, por la fe y confianza!
De esta suerte quiero que pases las fiestas del Niño, contemplando sobre todo, su aspecto doloroso, su pobreza y privaciones en la cueva de Belén, su derramamiento de sangre en la Circuncisión etc. Medita también la infancia espiritual al pie de la cuna de Belén, el Niño Dios, se abandona enteramente a los cuidados maternales de la Virgen.

Contemplar las llagas de Jesús
en unión con san Francisco
(1 febrero 1966)

Ahora que has ingresado en la Orden Tercera Franciscana, tienes un nuevo motivo para afianzarte más y más en las Llagas benditas de Jesús, a imitación del Sco. P. San Francisco, y con su intercesión poderosa.
El Sco. Padre debe de ser tu modelo en dirigir constantemente tu mirada a Jesús Crucificado a través de una fe viva, y descubrir los tesoros escondidos en sus Santas Llagas. Tesoros inmensos para enriquecer a todas las criaturas. Por tanto, también para ti, criaturita del Señor, a quien El con tanto amor ha fijado su mirada, encontrarás toda suerte de bienes para enriquecer tu alma. En esas santas Llagas hallarás tesoros de inmenso amor hacia ti, tesoros de fortaleza para perseverar en la vida del amor, tesoros de paciencia para soportar en amor tu cruz diaria, tesoros de méritos infinitos para ofrecer al Padre en favor de las almas. Todo esto y más hallarás en las Llagas de Jesús contemplándolas en unión con el Sco. P. San Francisco.
De continuo están clamando las Llagas de Jesús al Padre, y su clamor penetra en lo íntimo del Corazón del Padre. ¿Y qué es lo que claman y gritan las Llagas de Jesús, si no es: perdón y misericordia para los pobres pecadores?...
Así, pues, uniendo tu ruego y clamor al clamor de las Llagas de Jesús ofrécelas al Padre en nombre de Jesús y en unión del Sco. P. San Francisco en favor de todas las almas. Luego ofrécelas, más en particular, por las necesidades más urgentes de la Santa Madre Iglesia, por las intenciones del Vicario de Cristo, y para que produzcan frutos de salvación los decretos del Concilio.

La cruz, el mayor don después de la gracia
(9 octubre 1972)

Deseas unas palabritas para el consuelo y sostén de tu alma, que debe recorrer cada día el camino doloroso de la cruz en unión de Jesús y María.
Considera el amor del Padre para con tu pequeñita alma, pues te hace participar de la cruz de su Hijo muy amado Jesús. El Dios Padre de bondad y de misericordia, el mayor don que puede conceder a un alma después de la gracia, es el don de la cruz. Y a ti te ha hecho ese don desde tu temprana edad. Desde esa primera edad te salió al paso la cruz de Jesús, con cierto divino encanto, y tú la abrazaste y no la rechazaste. Ahora, pues, hay que llevarla en unión con Jesús hasta el monte Calvario para tener la dicha de morir en ella. Quien tenga la dicha de morir en la Cruz de Jesús, tendrá la dicha inefable de resucitar con Cristo a la vida inmortal.
Verdad es que hay momentos en los que la cruz parece que pesa mucho para la humana flaqueza, y hasta parece que hace sucumbir. Lo propio le sucedió al buen Jesús. También él sucumbió bajo la cruz; también él tuvo necesidad de ser ayudado por Simón, el Cireneo. Así también tú tienes necesidad de ser confortada exteriormente por tus Padres espirituales e interiormente por la gracia oculta del Señor, a fin de no sucumbir y poder continuar tu camino hasta el fin. Que el Espíritu Santo te infunda con mayor abundancia el don de fortaleza para llevar animosa tu cruz. Y si el camino está sembrado de espinas, pero de vez en cuando aparecen florecillas, que recrean el camino.
Que el Señor Jesús te conceda la gracia grande de olvidarte de ti misma enteramente, para que tu recuerdo, tu anhelo y deseo constante sea en Jesús Crucificado, encomendándole asiduamente las almas por las que Jesús murió sediento, sobre todo a las almas encomendadas a ti, a tu cuidado.

El Niño de Belén empezó
su carrera mortal sufriendo
(14 diciembre 1972)

Al acercarse las dulces fiestas del Niño de Belén, quiero dirigirte unas breves palabras de aliento para que puedas celebrarlas en el silencio de tu alma con paz y santo regocijo.
Bien es verdad que tu destino sobre la tierra es sufrir, pero sufrir dentro de las Llagas benditas de Jesús y en unión de Jesús y por amor suyo y por amor a las almas, especialmente las almas sacerdotales.
Pues bien, que el Niño de Belén te conforte y fortalezca para que puedas continuar sufriendo con paz y alegría de tu espíritu, aunque esa aflicción interior no asome a los sentidos. Y el motivo de tu alegría ha de ser el pensar que también el Niño de Belén empezó su carrera mortal sufriendo. Al nacer en una cueva de animales, soportó las inclemencias del tiempo frío del duro invierno; sufrió las incomodidades de la pobreza más absoluta, el olvido y desprecio de los mortales, etc.
Alegría, pues, hija mía, porque el Niño de Belén se digna asociarte a sus dolores. Alegría espiritual en tu alma, porque te espera una gran recompensa en el Reino de los cielos. Alegría, finalmente, porque eres de alivio en unión con todas las almas buenas que sufren, a la Santa Madre Iglesia, que está atravesando pruebas tan duras en los momentos presentes.
Tu pobre padre espiritual te encomienda a la misericordia de Jesús dulcísimo y de su dulce Madre María.

No por el sufrimiento, sino por el amor
se transforma el alma
(6 marzo 1974)

Que me conceda el mismo Señor Jesús lo que sea conveniente decir. Tú sabes que Jesús necesita de los sufrimientos de tu cuerpo y de tu alma para sus fines altísimos. Agradece humildemente esta fineza del Esposo Divino de asociarte a sus dolores. Júrale que, asistida de su divina gracia, no quieres rehusarle ninguno de los sufrimientos que te tiene preparados su amorosa Providencia, mientras dure este destierro.
Suplícale humildemente que te asista con su gracia, fortificando tu alma con el don divino de la Fortaleza, para soportar todos los dolores por el Amado. Suplícale también que quiera encerrar dentro de esas Llagas todos tus dolores y sufrimientos, ya que dentro de esas Llagas benditas y en unión de ellas reciben valor aceptable nuestros humildes y pobres sufrimientos. Con todo, como el mismo Jesús le dijera a Nuestro Seráfico Padre San Francisco "no por el sufrimiento, sino por el amor se ha de transformar el alma en la imagen de su Amado". El sufrimiento será una manifestación del amor.
¿Tú sabes los tiempos que corremos de entusiasmo y de locura por todo lo que es sensacional, v. gr. un partido de fútbol, boxeo, etc.? ¡Vacío de Dios en los corazones! ¡Y de indiferencia y frialdad, cuando no de adversidad, cuando se trata de la causa de Dios, v.gr., el Centenario -para nosotros- de la Consagración! ¡Ay, qué tiempos los nuestros!
Así, pues, el pequeño grupo de los amantes del Divino Corazón debe suplir en la medida posible la indiferencia [ ] en unión con todas las pequeñas víctimas para que triunfe la causa [de] Jesús. Que la Virgen bendita te conceda tener presente -ahora, sobre todo, en la Santa Cuaresma-la Imagen de Jesús Crucificado, es reposo divino de las almas. Clavado, sí, en la cruz, olvidado de los suyos, perseguido de los enemigos, desamparado y cubierto de llagas. Que esa consideración sea el alimento de tu alma.

La Ascensión del Señor
(en la festividad de la Ascensión del Señor, 1974)

Tú conoces el designio amoroso del Padre sobre nosotros, al crearnos expresamente para su gloria, haciéndonos participar de su felicidad eterna en su festín divino. Este designio amoroso quedó frustrado con la desobediencia de nuestros primeros Padres Adán y Eva. Para restaurar tan grande ruina fue necesario, según los decretos de la sabiduría y bondad inextinguible del mismo Padre, que su Unigénito bajara en carne mortal a la tierra, "haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz" y de esa suerte reparar la ruina de la desobediencia.
Cuando a la luz divina penetramos un tanto en este Misterio insondable de la muerte ignominiosa y dolorosísima de Jesús bendito, comprendemos algo de lo mucho que le costó nuestra Redención y restituirnos a la primera dignidad.
Pero El que se sometió a la muerte ignominiosa de la cruz, le resucitó glorioso y triunfador de todos sus enemigos, para nunca más morir, y con plena potestad de hacer participar de su gloriosa inmortalidad a los miembros que quisieran permanecer unidos a Él, Cabeza divina de los Elegidos.
En este día de su admirable Ascensión a la diestra del Padre recibió el premio eterno de todos sus trabajos, penas, angustias, agonía y muerte de cruz, que le costó la Redención humana. En ese día feliz mil veces abrió para siempre las puertas de la Bienaventuranza a los desterrados hijos de Eva.
Nosotros, que nos encontramos en el destierro, caminamos hacia la patria con esa dulce esperanza. Esperamos que algún día entraremos con nuestro Jesús bendito en la gloria del Padre.
Cuando Jesús se despidió de los suyos para subir al padre, estos hubieran quedado huérfanos y desamparados en la ausencia de tan amoroso Padre, si no hubieran recibido la "Promesa del Consolador", del Espíritu de verdad que había de permanecer con ellos de continuo. También fue hecha para nosotros esa Promesa. También se nos comunicó o se nos infundió este Divino Espíritu en el santo Bautismo, haciéndonos hijos de adopción para que podamos llamar "Abbá", Padre, a nuestro Dios, que habita en una "Luz inaccesible". Luego fuimos corroborados por este mismo Espíritu en el Sacramento de la Confirmación, con el don de fortaleza, para dar testimonio de Cristo.
Siempre que somos alimentados con el Cuerpo y Sangre de Cristo Bendito recibimos el Espíritu de su caridad, para amarnos [con el Amor con] que Él nos ha amado.
Procura, pues, hija, en estos días que preceden a la Venida del Divino Espíritu sobre los Apóstoles y la Iglesia de Cristo, recogerte en el "cenáculo" de tu corazón, en unión con la Bienaventurada Virgen María y los Apóstoles, para que puedas recibir nueva infusión de este divino Espíritu, y así dar testimonio de Jesús. Clama, como siempre, por los Ungidos del Señor, que en verdad necesitan ser animados e iluminados del Espíritu de Cristo. Pide por el Congreso Eucarístico que se acerca. Espero poder visitarte después de Pentecostés.

Guadalajara, Jalisco, Viernes de Dolores, 23 de marzo de 2018

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