sábado, 10 de marzo de 2018

1058. Jesús y Nicodemo: tanto amó Dios al mundo (homilía y poema)



Jesús y Nicodemo: tanto amó Dios al mundo
Jn 3,14-21

Texto evangélico
14 Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. 19 Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. 21 En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Hermanos:
1.  Estamos en el cuarto Domingo de Cuaresma. Esta semana, el jueves, ya pasamos la raya de la mitad de Cuaresma. Que nuestros corazones se mantengan en vilo, atentos, para recibir en todo momento la gracia que nuestro Padre Dios está derramando sobre nosotros. Los domingos III, IV y V, como decíamos la vez pasada están dirigidos por el Evangelio de san Juan, hoy la conversación de Jesús con Nicodemo, en la que recordamos el amor de Dios a su pueblo en aquella historia preciosa que llamamos Historia de salvación: el camino de Israel rumbo a la tierra prometida. Eso es justamente la cuaresma, un camino a tierra de promisión, que es la Pascua de Jesús.
Uno de los prefacios de Cuaresma, con que abrimos al Plegaria eucarística, evoca este camino espiritual que estamos recorriendo:
“Tú abres a la Iglesia el camino del nuevo éxodo
a través del desierto cuaresmal,
para que, llegados a la montaña santa
con el corazón contrito y humillado,
reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza
convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra
y experimentar con gozo tus maravillas” (Prefacio V de Cuaresma).
Los Santos Padres han dicho que nuestro verdadero Moisés es Cristo. Él es el que nos lleva a la montaña santa. Él es el que nos da la Ley de la Alianza, que es el Evangelio. Y con la Alianza el Sacramento de la nueva y eterna Alianza, que es la Eucaristía que vaso a recibir. Él es el que está hablando ahora a nuestros corazones, como un día habló a Nicodemo, un judío miembro del Sanedrín. Él es el que nos va a dar la fidelidad al amor, para que en medio de nuestras debilidades seamos fieles hasta el final.

2. Jesús habló con Nicodemo al amparo de la noche confidencialmente en Jerusalén. Más fuerte nos habla hoy a nosotros, a mí. Y ¿qué nos dice el Señor? Desde la cátedra de su nueva existencia junto al Padre nos dice: tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Este es el resumen de nuestra fe y no hace falta otro. Este es el misterio de la Encarnación, de la vida, pasión y muerte de Jesús, y de su presencia hoy en la historia del mundo. Yo y cada uno de nosotros somos testigos y agentes de esta presencia.

3. Hermanos, este mensaje es el que llena de gozo a la Iglesia, el que nos comunica hoy Pablo en la segunda lectura de este domingo y que hay que ir grabándolo línea a línea, palabra a palabra, gustándolo y deletreándolo. Escuchemos:

“En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos” (Efesios 2, 8-10).
Este es un panorama maravilloso. En nuestra meditación personal hemos de ver nuestra vida unida a la de Jesús, los dos juntos en unidad, y leer estas palabars del mismo texto de san Pablo:
“Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (vv. 4-7).
4. Si yo quiero anunciar este mensaje al mundo, para que mi palabra sea creíble debo haber experimentado primero en mi propia carne.
Grabemos estas verdades en nosotros como sustancia de vida:
- Dios Padre es mi Salvador
- que me ha arrancado de las tinieblas del pecado
- que me ha unido absolutamente con Cristo, mi Señor, en el misterio de su muerte y de su santa resurrección,
- y que está colmando mi vida de buenas obras.
Así sencillamente caminamos por la vida. No olvidemos nunca esta consigna: el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios, que es la terminación del Evangelio de hoy.

5. En referencia a estas palabras, permitidme, hermanos, un comentario a los acontecimientos del viernes pasado: es movimiento del 8-M, Día de la Mujer, de la Mujer trabajadora, que reivindica sus derechos. Hemos leído atentamente el documento de este día, el amplio Manifiesto. A ese escrito de las Mujeres, promotor de una huelga general, le faltaba una palabra: Dios.
Somos iguales todos y todas, todas y todos, de todas las razas y culturas. Si yo pongo la palabra Dios, y digo: Dios nuestro Creador y Padre nos ha creado iguales, en dignidad y derechos, a lo mejor estoy diciendo una cosa distinta de la que se gritaba en las calles.
Y si, escuchando a san Juan, digo: que todo fue por amor y para crear una comunidad de amor en el mundo, entonces, hermanos, hemos hablado de Jesús, a quien servimos, a quien predicamos. El Magníficat de la Virgen María, de quien se hablado estos días hablando de la Mujer es eso: desde la primera línea un Canto al amor de Dios. El feminismo cristiano es ese.

Señor Jesús, graba de mi corazón tus divinas palabras y haz que yo no las borre jamás: “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito”, que eres tú. Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 10 de marzo de 2018.




Y no tentemos a Cristo
(Comunión)

4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo.
9 Y para que no tentemos a Cristo, como lo tentaron algunos de ellos, y murieron mordidos por las serpientes (1 Cor 10,4. 9.))

14 Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,14-15).

Himno interior para la santa Comunión

Y no tentemos a Cristo,
como algunos le tentaron
y mordidos de serpientes
rebeldes fueron dañados

Cristo Jesús conducía,
Hijo de Dios anunciado,
él era la roca viva,
sangre y agua en el Calvario.

Dulce me sabe el pensar
que entre aquellos mis hermanos,
Cristo estaba y caminaba
Alfa y Omega humanado.

Presencia que el mundo envuelve,
que late amor emanando,
y en el desierto de fe,
de Moisés el cayado.

Veo y siento el mundo ardiente
en Cristo cristificado,
con el aliento del Padre
bajo el Espíritu Santo.

Tender a él la mirada
con amor apasionado,
confesarle Salvador
y quedar apaciguado.

Jesús, amado del Padre,
también en mi pecho amado,
te confieso y me abandono,
oh Dios en quien todo hallo.

Guadalajara, domingo 11 de marzo de 2018
 

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