Cuarta plática
Día Mundial de puertas
abiertas: Adoración, confesión.
La belleza del Sacramento
del Perdón
Imagen selccionada para esta Jordana
Texto
de ambientación espiritual. Setenta veces siete (Mt 18,21-35)
21 Acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta
siete veces?». 22 Jesús le contesta: «No te digo hasta siete
veces, sino hasta setenta veces siete. 23 Por esto, se parece
el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. 24 Al
empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25
….
32 Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. 33 ¿No
debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de
ti?”. 34 Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta
que pagara toda la deuda. 35 Lo mismo hará con vosotros mi
Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
I. LA INICIATIVA DE 24 HORAS PARA EL SEÑOR
EL VIERNES/SABADO ANTES DEL IV DOMINGO DE CUARESMA
Historia de una bella iniciativa: año 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018
Año 2018: Convocatoria para el
9/10 de marzo: Preparemos el fuego de Pascua
En
el mensaje de Cuaresma para este año 2018 («Al crecer la maldad, se enfriará el
amor en la mayoría» (Mt 24,12)) leemos: El
fuego de la Pascua
“Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a
emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el
ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la
caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una
nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.
Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año
nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un
contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el
sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti
procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta
durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión
sacramental.
En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de
encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco
disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo,
resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro
espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos
de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan
eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.
Año 2014, Primera vez
La iniciativa de “24 horas para el Señor” apareció,
por primera vez, en lo que tenemos entendido el año 2014
“24 horas para
el Señor” es una invitación del Papa Francisco a través del Pontificio Consejo
para la Nueva Evangelización, y que el mismo Pontífice también lo hará en Roma.
Se realizará desde las 17 del viernes 28 de marzo hasta las 17 del sábado 29 de
marzo.
Numerosas diócesis y parroquias celebrarán, entre las
17 horas de hoy a las 17 horas del día sábado (en hora locales),
jornadas penitenciales y actos de adoración al Santísimo y muchas iglesias en
todo el mundo permanecerán abiertas durante la noche del viernes 28 de marzo
para administrar el sacramento de la Reconciliación a todos los que deseen
recibirlo.
“24 horas para el Señor” es una iniciativa, correspondiente a la propuesta realizada por el Papa Francisco, lanzada por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. El objetivo es acercar y favorecer el encuentro con alejados de la fe o personas que buscan a Dios.
“24 horas para el Señor” es una iniciativa, correspondiente a la propuesta realizada por el Papa Francisco, lanzada por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. El objetivo es acercar y favorecer el encuentro con alejados de la fe o personas que buscan a Dios.
Segunda vez 2015: pasa a toda la Iglesia
Mensaje
del Papa para la Cuaresma de 2015, cuyo título es “Fortalezcan sus corazones (St 5,8)” se dice: “En primer lugar,
podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la
fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el
Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel
diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la
oración”.
El Papa Francisco presidirá una liturgia penitencial
en la Basílica de San Pedro, el viernes 13 de marzo, demostrando así que el
sacramento de la Reconciliación está en el centro del camino de la Nueva
Evangelización en toda la Iglesia.
En la bula “Misericodiae vultus” del Año
de la Misericordia (2016) de alguna manera se institucionaliza esta iniciativa
para toda la Iglesia
Leemos
en la bula estas palabras:
“17. […] La iniciativa “24 horas para el Señor”, a celebrarse durante el viernes y
sábado que anteceden el IV domingo de Cuaresma, se incremente en las Diócesis. Muchas personas están volviendo a
acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes,
quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver
al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de
la propia vida. De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la
Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de
la misericordia. Será para cada penitente fuente de verdadera paz interior.
Nunca me cansaré de insistir en que los confesores
sean un verdadero signo de la misericordia del Padre. Ser confesores no se
improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros penitentes
en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser confesores significa participar de
la misma misión de Jesús y ser signo concreto de la continuidad de un amor
divino que perdona y que salva. Cada uno de nosotros ha recibido el don del
Espíritu Santo para el perdón de los pecados, de esto somos responsables.
Ninguno de nosotros es dueño del Sacramento, sino fiel servidor del perdón de
Dios. Cada confesor deberá acoger a los fieles como el padre en la parábola del
hijo pródigo: un padre que corre al encuentro del hijo no obstante hubiese
dilapidado sus bienes. Los confesores están llamados a abrazar ese hijo
arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría por haberlo encontrado.
No se cansarán de salir al encuentro también del otro hijo que se quedó afuera,
incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no
tiene ningún sentido ante la misericordia del Padre que no conoce confines. No
harán preguntas impertinentes, sino como el padre de la parábola interrumpirán
el discurso preparado por el hijo pródigo, porque serán capaces de percibir en
el corazón de cada penitente la invocación de ayuda y la súplica de perdón. En
fin, los confesores están llamados a ser siempre, en todas partes, en cada
situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia.
18. Durante la Cuaresma de este
Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia.
Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios,
para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental
para la fe”.
Qué se pretende con esta iniciativa
1) Se pretende, ante todo,
prestigiar más este Sacramento, cuya frecuencia se ha visto muy disminuida
estos años.
2) Interiorizar más la celebración
de este sacramento con la oración personal, mediante la adoración.
3) Mostrar cómo la Iglesia, por su
propia naturaleza, es casa abierta a todo el mundo, a todos los pecadores
4) Unir penitencia y Eucaristía, en
una misma dinámica. Los sacramentos de la Iglesia giran en torno a un centro
que es Jesús en su misterio pascual, la Eucaristía.
Nota. Las dificultades
de realización pueden ser patentes. En
nuestra arquidiócesis de Guadalajara, dada la inseguridad ciudadana existente,
no se ha querido fijar preceptivamente, sino que se ha dejado a la iniciativa y
discreción de los Párrocos.
II. LA BELLEZA DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN
Como Misionero de la Misericordia, puedo
dar testimonio directo y personal de esta experiencia de gracia de los años
2016 y 2017 resumido en los puntos que a continuación quedan consignados.
Los Misioneros de la Misericordia fuimos
nombrados por el Papa para el Año de la Misericordia (2016). Concluido este
año, vistos los buenos resultados, se ha prorrogado el mismo servicio a todos
los misioneros que lo hayan solicitado, prórroga hasta nueva disposición.
Los Misioneros de la Misericordia hemos
sido convocados a Roma para los día 8 al 11 de abril de 2018, para un Encuentro
de reflexión, de evaluación, de oración y de comunicación con el Papa, según un
programa detallado.
He aquí algunos puntos de reflexión que
puedo aportar sobre “la belleza del Sacramento de la Reconciliación”.
1.
Nos
encontremos en la situación personal que sea (arrepentidos, medio arrepentidos,
desorientados, turbados, raros para nosotros mismos, desabridos y como sin
sentido…) el Sacramento de la Reconciliación siempre es paz…, paz y paz. Quede
todo quieto. Dios lo sabe, Dios lo comprende, Dios me acoge.
2.
(El
confesor al penitente) Mire: en la confesión decimos los pecados… Pero…
observe: “mis” pecados no es lo más importante de la confesión. Porque en la
confesión no se trata de los mío…, mío…, mío…; sino que se trata de Dios, que
viene a mí. (Con ello, evidentemente, nada queremos quitar a la seriedad de un
examen personal, cuyo modelos e puede encontrar en un Apéndice del mismo Ritual
de la Penitencia).
3.
Quede,
pues, claro:
- el protagonista de la confesión no soy
Yo Pecador,
- sino Dios PERDONADOR.
4.
La
confesión es un acontecimiento sobrenatural en el cual
- Dios en persona viene hasta mí
- y me da su abrazo de paz.
5.
¿Quién
es ese Dios protagonista del Sacramento…?
- Se dice que es Juez (representado por
el scerdote): el juez escudriña… (cuántas veces, cómo, con qué detalles y
circunstancias…). En un juicio, aparte del Juez, hay tres personas:
ü El Fiscal, que
me acusa.
ü El Defensor, que
me defiende.
ü El Reo en el
banquillo, que soy Yo pecador, que ciertamente soy culpable.
¿Será buena esta Teología?
- El Sacerdote es también Médico
ü El Médico no
regaña; pregunta sencillamente: ¿Qué le duele?
ü El Médico
comprende y consuela: Ya veo, claro que le tiene que doler, no se apure, que
hay unos remedios muy buenos.
ü El Médico anima
y da esperanza: Le va a ir muy bien con esto.
6.
El
paradigma de la Confesión es el Encuentro del padre con el hijo pródigo (véase
Lc 15) y en el Encuentro
a) Lo principal es el abrazo y la
alegría.
b)
Lo secundario son los pecados: ¡Basta!, ¡basta…!, olvídate…
7.
La
culminación de la confesión es la fiesta:
- Banquete, música, y danza.
- La Eucaristía
8.
La
confesión hay que entenderla desde una doble perspectiva:
a) Desde
el Bautismo, desde donde nace. La Confesión quiere reavivar con nuevo
esplendor la Alianza de amor que se estableció en el Bautismo.
b) y desde
la Eucaristía, hacia donde va: vida celestial que nos introduce en la
plenitud del Reino.
III. CELEBRACIÓN
DE ESTE SACRAMENTO DEL PERDÓN
YO – LA
COMUNIDAD – DIOS
En la celebración de este gran
Sacramento de la Reconciliación, Sacramento del amor perdonador de Dios, están
presentes tres personas, cuya relación tenemos que percibir claramente:
1)
Yo
que me confieso
2)
La
Comunidad, la Iglesia, con la que me siento unido y que está conmigo en este
momento, como cuando celebro la Eucaristía.
3)
Dios,
que me envuelve totalmente con su amor y gracia.
¿Cuál es la
acción de cada uno de estos tres actores?
1)
YO: SOY PECADOR, ME ARREPIENTO, CONFIESO
El Ritual habla de “El sacramento de la penitencia y sus partes” y dice en sus observaciones preliminares:
6. El discípulo de Cristo que, después del pecado,
movido por el Espíritu Santo acude al sacramento de la penitencia, ante todo
debe convertirse de todo corazón a Dios. Esta íntima conversión del corazón,
que incluye la contrición del pecado y el propósito de una vida nueva, se
expresa por la confesión hecha a la iglesia, por la adecuada satisfacción y por
el cambio de vida Dios concede la remisión de los pecados por medio de la
Iglesia, a través del ministerio de los sacerdotes.
a) Contrición
Entre los actos del penitente ocupa el primer lugar la
contrición, "que es un dolor del alma y un detestar el pecado cometido,
con propósito de no pecar en adelante".
En efecto, "al reino de Cristo se puede llegar solamente por la metánoia, es decir, por esta íntima y
total transformación y renovación de todo el hombre -de todo su sentir, juzgar
y disponer que se lleva a cabo en él a la luz de la santidad y caridad de Dios,
santidad y caridad que, en el Hijo, se nos han manifestado y comunicado con
plenitud". De esta contrición del
corazón depende la verdad de la penitencia. Así, pues, la conversión debe
penetrar en lo más íntimo del hombre para que le ilumine cada día más
plenamente y lo vaya conformando cada vez más a Cristo.
b) Confesión
La confesión de las culpas, que nace del verdadero
conocimiento de si mismo ante Dios y de la contrición de los propios pecados,
es parte del sacramento de la penitencia. Este examen interior del propio
corazón y la acusación externa deben hacerse a la luz de la misericordia
divina. La confesión, por parte del penitente, exige la voluntad de abrir su
corazón al ministro de Dios; y por parte del ministro, un juicio espiritual
mediante el cual, como representante de Cristo y en virtud del poder de las
llaves, pronuncia la sentencia de absolución o retención de los pecados.
c) Satisfacción
La verdadera conversión se realiza con la satisfacción
por los pecados, el cambio de vida y la reparación de los daños. EI objeto y
cuantía de la satisfacción debe acomodarse a cada penitente, para que así cada
uno repare el orden que destruyó y sea curado con una medicina opuesta a la
enfermedad que le afligió. Conviene, pues, que la pena impuesta sea realmente
remedio del pecado cometido y, de algún modo, renueve la vida. Así el
penitente, "olvidándose de lo que queda atrás", se injerta de nuevo
en el misterio de la salvación y se encamina de nuevo hacia los bienes futuros.
d) Absolución
Al pecador que manifiesta su conversión al ministro de
la Iglesia en la confesión sacramental, Dios le concede su perdón por medio del
signo de la absolución y así el sacramento de la penitencia alcanza su
plenitud. En efecto, de acuerdo con el plan de Dios, según el cual la humanidad
y la bondad del Salvador se han hecho visibles al hombre, Dios quiere salvarnos
y restaurar su alianza con nosotros por medio de signos visibles. [Sigue]
2) LA COMUNIDAD, LA IGLESIA
Es muy importante ser consciente de que cuando “yo” me confieso, conmigo está toda la Iglesia, aunque la celebración fuera de forma “privada” en un confesionario de la Iglesia, en un despacho parroquial, en un recibidor de una casa religiosa, en una sala del hospital…, o, incluso, en un taxi…, que de todo ocurre.
La Iglesia de Jesús es santa y necesitada de conversión, y cuando yo me confieso la Iglesia está conmigo.
“La celebración de este sacramento es siempre una acción en la que la Iglesia
1) proclama su fe,
2) da gracias a Dios por la libertad con que Cristo nos liberó [Cf. Gal 4, 31.]
3) y ofrece su vida como sacrificio espiritual en alabanza de la gloria de Dios
4) y sale al encuentro de Cristo que se acerca” (Ritual de la penitencia, 7)
La “espiritualidad” de la confesión la podemos ir sacando de aquí, donde tenemos una riqueza que no se acaba. Celebrar, pues, el Sacramento
ü Como un gran acto de fe evangélica, como cuando los enfermos tocaban a Jesús para ser sanado.
ü Con inmensa acción de gracias porque nuestro Dios es Dios de perdón y misericordia y nunca nos va a abandonar.
ü Con el gozo de que mi vida, consagrada en el Bautismo, es una ofrenda de amor, que, unida a Jesús, expía mis pecados y los pecados del mundo.
ü Y, sobre todo, saliendo a recibir a Jesús, que hoy se adelanta, glorioso, como vendrá en su Parusía.
3) LA PRESENCIA DE DIOS EN EL SACRAMENTO
La
confesión se abre a una profunda experiencia de gracia, y en oración agradecida
y contemplativa, antes de pasar al confesionario, yo puedo detenerme en el
saboreo espiritual de lo que va suceder, que es un acontecimiento de gracia, un
milagro espiritual que, por la misericordia de Dios, está aconteciendo en mí,
en el cual intervienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
“Así,
por medio del sacramento de la penitencia,
1) EL PADRE acoge al hijo que retorna a él,
2) CRISTO toma sobre sus hombros a la oveja perdida y la
conduce nuevamente al redil
3) y EL ESPÍRITU SANTO ;vuelve a santificar su templo o
habita en él con mayor plenitud;
todo
ello se manifiesta al participar de nuevo, o con más fervor que antes, en la
mesa del Señor, con lo cual estalla un gran gozo en el convite de la Iglesia de
Dios por la vuelta del hijo desde lejanas tierras” (Véase arriba, en el
apartado “Absolución”).
Lo
que va a suceder va a tener su última realidad en la celebración de la
Eucaristía
IV. EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN
EN MI VIDA CONCRETA Y PERSONAL
El sacramento de la reconciliación es el
sacramento que más modificaciones ha sufrido a lo largo de la historia. Se
puede observar: la gente nos e confiesa. Acaso, en algunas iglesias no hay
confesionarios. Los mismo sacerdotes, religiosos, religiosas tardan mucho
tiempo en confesarse. Y hasta puede surgir, en algunos casos, la sospechas:
Este sacerdote.. ¿ya se confesará…?
Son preocupaciones que no las podemos
expresar con ironía, sino con respeto, como simples constataciones de cosas que
pueden esconder serio problemas sin resolver. He aquí preguntas no vanas:
¿Por qué confesarse?
¿Cada cuánto tiempo confesarse?
La confesión ¿no está llena de rutina?
¿Bo estará falseada la confesión…,
demasiado psicologizada…, cuando para eso ya tengo yo consultorio
psicológicos…?
Además… ¿con quién me voy a confesar?
(¿Está disponible el sacerdote? Y si está disponible ¿no es acaso demasiado
cercano y esto puede complicar mi relación normal en mi iglesia, en mi
parroquia?
En definitiva ¿qué cambia en mi vida
cristiana? ¿Qué aporta a ella?
1.
La hermosura de la confesión está en que es “Sacramento” de Reconciliación
Si de su categoría “mística” la pasamos
a un “medio ascético de perfección”, comenzamos con un proceso degenerativo que
no sabemos dónde puede terminar.
La confesión, por su propia naturaleza,
es siempre “celebración del sacramento” del Perdón.
¡Qué fácilmente desfiguramos la Misa
cuando la pasamos de ser lo que es – la celebración del misterio pascual de
Cristo – a un “acto devocional”, el más excelso…! Ni la Misa ni la Confesión son el rosario… Ni
la Misa ni la Confesión son una visita al Santísimo Sacramento… Hace unos días
decía el Papa en su catequesis del Miércoles: la Misa no se paga… El sistema de
“intenciones de misas”, como se suele llevar, ¡qué peligroso es! ¿Cuánto vale
una Misa? ¿Un triduo? ¿Un Novenario…? ¿Unas Misas Gregorianas…? Porque se
supone que un Novenario ante Dios tendrá más valor que una sola misa. ¿Y si yo
encargos misas para todos los domingos, y que nombren a mis difuntos…? Pero ¿en
qué teología estamos…?
Yo puedo tomar mi confesión semanal,
quincenal, mensual… como un acto ascético, para obligarme a mí mismo. Si no
paso de aquí he caído en la trampa. Por supuesto, que yo puedo celebrar el
Sacramento quincenalmente, semanalmente…, a condición de que sea celebración
sacramental, no acto devocional.
2.
Yo debo situar la celebración sacramental de la Penitencia en el conjunto de mi
vida sacramental
En mi propia armonía espiritual, con
sabiduría de espíritu yo tengo que evaluar:
- qué es para mí la celebración diaria
de la Eucaristía
- qué es para mí la Liturgia de las
Horas
- qué es para mí el alimento diario de
la Escritura
- qué es para mí el “Sacramento de
Cuaresma” (así lo llaman los libros litúrgicos)
- qué es para mí el Domingo, la fiesta primordial
de la Iglesia, a la que no hay que anteponer otras fiesta…
Y en esta armonía espiritual, ¿cómo
encuadro la celebración de la Penitencia?
ü Como celebración
personal
ü Y como
celebración comunitaria
Yo
puedo adoptar un ritmo periódico de calendario – por ejemplo, una vez al mes –
pero sin que salga del ritmo litúrgico de la Iglesia.
3.
Le celebración ideal del sacramento
La celebración ideal del sacramento es
aquella en la que se pueden conjuntar los elementos personales y comunitarios,
dando a cada uno de ellos la forma y la densidad que les corresponde.
No simplemente por razones estéticas, sino porque lo exige
la misma vivencia interna del sacramento, la “confesión” requiere su espacio,
su tiempo y su modo. Es verdad que está permitido confesar durante la misa -
¡para que la gente tenga más facilidad de confesarse . ahora bien: ¿es humano
que mientras el sacerdote está pronunciando su homilía con sonoro micrófono que
resuena en mis tímpanos yo esté tratando de escuchar una confidencia tan
delicada como la que puede darse en la confesión?
Sin duda que la celebración “prínceps” de la Penitencia
es la fórmula segunda del ritual
- celebración de toda la comunidad
- con la escucha de la palabra de toda la comunidad
- con la confesión pública de toda la comunidad, que, aun
siendo confesión general tiene un valor sacramental en el conjunto del rito
- con mi confesión, que, por necesidad, tiene que ser
sumamente breve
- con la absolución individual
- y con la solemne acción de gracias de toda la
comunidad.
Es una forma de celebración que no ha de faltar en
nuestras parroquias en el tiempo penitencial de la Iglesia, que es la santa
Cuaresma, con su riqueza y con sus limitaciones, porque, siendo la acusación
personalizada, como debe ser, está como pidiendo una palabra personalizada,
que, por la multitud de participantes, no siempre puede otorgarse.
Y desde ahí el Espíritu guía a cada uno. Es el Espíritu
el que vivifica y santifica a la Iglesia. Amén.
Guadalajara, Jalisco, Jueves, 8 de marzo de 2018.

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