Tercera plática
Orar y discernir
Para mi vida y para la Iglesia
Texto bíblico de
ambientación espiritual
En la carta del apóstol san Pablo a los
Filipenses – la carta más afectuosa y entrañable – hay, al principio, un texto,
con el que se abre el escrito, que es acción de gracias y petición. En la
petición se habar del progreso espiritual de la comunidad pro medio del
discernimiento. Acaso sea el pasaje más importante del Nuevo Testamento para
iniciar un discurso sobre el discernimiento, que de esto queremos hablar. Dice
así el texto paulino:
3 Doy gracias a mi Dios cada
vez que os recuerdo; 4 siempre que rezo por vosotros, lo hago
con gran alegría. 5 Porque habéis sido colaboradores míos en la
obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. 6 Esta es
nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la
llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús. 7 Esto que
siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque
tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís
mi gracia. 8 Testigo me es Dios del amor entrañable con que os
quiero, en Cristo Jesús. 9 Y esta es mi oración: que vuestro
amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad 10 para
apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, 11 cargados
de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de
Dios.
I. MUNDANIDAD Y
DISCERNIMIENTO
Contexto
eclesial
En el mes de enero, como sabemos, del el Papa ha hecho un viaje apostólico a Chile y a Perú. En su programa ha reservado
un tiempo especial para encontrarse con los jesuitas. El Papa en sus días había
sido maestro de novicios y provincial de los Jesuitas en Argentina. Bien
sabemos que el Papa, desde el momento que es Papa, se debe exactamente igual a
todos y ya no puede ser ni jesuita, ni dominico, ni franciscano…; es hermano de
todos, padre de todos. Ahora bien, uno ha sido educado en una determinada
espiritualidad y un encuentro de familia en nada obsta a su misión universal.
El diálogo espontáneo que tuvo con los
jesuitas de la región de Argentina, Chile, Uruguay en Santiago, y el diálogo
que tugo igualmente en Lima con los jesuitas de Colombia y otros países, que
fue un diálogo sin papeles, sin preguntas preparadas pasadas por la censura,
pero diálogo de las cosas importantes de la Iglesia (recogido y publicado luego
por La Civiltá Catolica), es de lo más iluminador y revelador que
podemos leer del Papa – a mi parecer – sobre puntos esenciales de la vida de la
Iglesia en este momento de su historia. En estas Pláticas de Cuaresma en que queremos
ver esa verdadera imagen de la Iglesia que Jesús ha querido y ser nosotros, por
nuestra conversión y vida nueva, ser esa Iglesia iluminada y coherente, las
reflexiones del papa Francisco, contestando a las preguntas que le hacen, nos
situar exactamente en lo que vamos buscando.
Vamos a aclarar dos puntos: la
mundanidad y el discernimiento.
Qué
es la mundanidad en mí y en la Iglesia
De a mundanidad
veamos dos cosas:
- el mayor mal
que le puede ocurrir a la Iglesia y a mí dentro de la Iglesia,
- y qué es
exactamente la mundanidad
Después de un saludo
afectuoso el P. Díaz prosigue: «Francisco, en varias ocasiones y en Evangelii gaudium, nos ha puesto en guardia
frente al peligro de la mundanidad. ¿En qué aspectos de nuestra vida como
jesuitas debiéramos estar más atentos para no caer en esta tentación de la
mundanidad?»
El mayor mal para la Iglesia
1. A mí la alarma sobre la mundanidad me la despertó
el último capítulo de las Meditaciones sobre la Iglesia, de Henri de
Lubac. Él cita ahí al benedictino dom Ascar Vonier, que habla de la mundanidad
como del peor mal que le puede suceder a la Iglesia. Eso me despertó el deseo
de comprender que es la mundanidad. Claro que san Ignacio habla de ella en los Ejercicios,
en el tercer ejercicio de la primera semana, allí donde pide descubrir los
engaños del mundo. El tema de la mundanidad está en nuestra espiritualidad
jesuítica. Las tres gracias que pedimos en esa meditación son el
arrepentimiento de los pecados, es decir el dolor de los pecados, la vergüenza
y el conocimiento del mundo, del demonio y de sus cosas. Por tanto, en nuestra
espiritualidad la mundanidad entra como algo a tener en cuenta y a considerar
como una tentación.
Qué es la mundanidad
2. Sería superficial afirmar que la mundanidad es
llevar una vida demasiado relajada y frívola. Estas son solamente
consecuencias. Mundanidad es usar los criterios del mundo y seguir los criterios del
mundo y elegir según los criterios del mundo. Significa hacer
discernimiento y preferir los criterios del mundo. Por tanto, lo que nos
tenemos que preguntar es cuáles son estos criterios del mundo… Y eso es lo que
san Ignacio hace pedir en ese tercer ejercicio. Y nos hace hacer las tres
peticiones: al Padre, al Señor y a la Virgen. ¡Que nos ayuden a descubrir esos
criterios! Cada uno, por tanto, tiene que ir buscando qué cosa es mundana en su
propia vida. No basta una respuesta simple y en general. ¿En qué soy mundano
yo? Esta es la verdadera pregunta.
Por ejemplo, no sé, un profesor de teología se puede
hacer mundano si anda a la pesca de la última cosa que se dice para estar
siempre en la moda: esto es mundano. Pero los ejemplos pueden ser miles. Y hay
que pedir al Señor no ser engañados tratando de discernir cuál es nuestra
propia mundanidad.
* * *
Etas reflexiones
del Papa nos invitan a reflexionar. Podemos estar envueltos en mil
mundanidades, al grado de que llegue un momento en que ni nos damos cuenta de
que estamos respirando un aire malsano.
Podemos ser muy
perspicaces para detectar muchas mundanidades de la Iglesia. La iglesia en el
pasado, pero también en el presente, se ha querido configurar con los poderes
de los jefes de la tierra. Y, aunque está clarísimo en el Evangelio que eso no
puede ser así, está tan metido en el fondo del corazón humano el orgullo y en
ansia de poder, de ser reconocido…, que, por menso de nada, sucumbimos.
“Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les
preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». 34 Ellos
callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. 35 Se
sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el
último de todos y el servidor de todos»” (Mc 8,33-35).
Esta escena es muy significativa
y nos muestra cómo esa ansia mundana es un pecado original, ya presente en la
comunidad apostólica.
Es muy fácil declamar contra esa
Iglesia, y con más o menos de talento podemos criticar. Hoy vemos con paz y
claridad que en siglos pasados la Iglesia se ha contagiado de espíritu mundano
cuando ha querido equipararse a los imperios del mundo en sus formas, en sus
títulos, en sus propiedades, en sus blasones, en su arquitectura…
Cuanto más grande más importante,
más influyente… Así nos parece…, pero en el fondo es falso. Eso es mundanidad.
Cuando vemos que la Iglesia, por
circunstancias de los siglos, se ha proyectado como un “estado vaticano”,
podemos observar que eso no tiene nada que ver con el Evangelio de Jesús…, pero
no sabemos cómo proceder de otra forma. Y el no ver una mejor solución, nos
resulta humillante… Nos autojustificamos diciendo que eso es precisamente un
medio adecuado para ser independiente y libre, y no depender de los gobiernos
de turno. Pero es un razonamiento muy discutible… Con humildad hemos de
confesar: No ahora no veo mejor solución, pero no diré que esa es la solución
que se desprende del Evangelio de Jesús…
La Iglesia ha ido superando
muchas situaciones y se le presentarán otras nuevas… Y, con sabiduría, con
sencillez, con humildad… hemos de confesar: Queremos acertar, y no sabemos
cómo.
Piensen, por ejemplo, en los
viajes internacionales del Papa, que por su propia naturaleza son eventos de crónica
internacional. Uno puede imaginar cuánto espíritu de sacrificio y de entregan
suponen… Los inició un Papa santo, Pablo VI, y los han continuado todos los
Papas. Viajes que ciertamente son “visitas apostólicas”, pero, que se quiera o
no, tienen que adaptarse a la cortesía “mundana”. Las crónicas oficiales
constatan: “El martes, el Papa se reunirá con autoridades, la sociedad civil y
el cuerpo diplomático en el presidencial Palacio de La Moneda, lugar donde
también realizará una visita de cortesía a la mandataria chilena”. Toda esa
potencia, con el despliegue económico que suponen… y esas recepciones
oficiales, de estado a estado … ¿no tendrá que ver con la “mundanidad”…, aunque
ninguno de los Papas los quiera así, como es evidente…? Esas visitas oficiales
de jefe de gobierno a jefe de gobierno… ¿eso pertenece a la misión del
Evangelio de Jesús, “y este Crucificado”?
Jesús ¿fue así…? No fue así, ni
pudo ser así.
Pablo ¿intentó algo semejante? La
pregunta está fuera de lugar…
El problema está ahí y no vemos
la solución.
Muchas veces se ha hablado de la
“papolatría”… No tenemos que defendernos, si queremos ser humildes discípulos
de Jesús. Simplemente examinar y ver lo que hay que corregir…
Hoy se habla de “la primavera del
Papa Francisco”. También esta expresión aparentemente bella y humilde puede ser
pura mundanidad. Crear una fama al Papa para defender las propias posturas, una
fama en contraposición y detrimento de los Papas que le han precedido puede ser
una sutil y taimada mundanidad…
Pero vengamos a lo más importante, a mi propia mundanidad. El examen de la mundanidad de
la Iglesia puede ser la tapadera para cubrir nuestra propia mundanidad, que
acaso no queramos examinar.
Pero mi propia mundanidad para mí
es más grave e importante que la mundanidad de la Iglesia. Veamos algunos
rasgos de mundanidad que lealmente tenemos que examinar:
o
Es mundanidad querer aparentar algo que yo no soy. Esto suele ir unido a
muchas mentiras. Y a muchas fantasías, imaginándote cosas que nunca han
existido.
o
Es mundanidad querer dártelas de rico, cuando no eres rico, y estás pasando
por muchas apreturas financieras.
o
Es mundanidad querer dártelas de importante, cuando en realidad eres una
persona sencilla, de origen humilde.
o
Es mundanidad querer hablar como un entendido en el asunto, cuando en
realidad es algo que te sobrepasa; por ejemplo, en política.
o
Es mundanidad en un profesionista que tiene un título y una profesión
querer lucirse y ello y humillar al interlocutor.
o
Hay también una “mundanidad espiritual” y es mundanidad querer utilizar mi
condición de religioso, de sacerdote… para ser importante. El bien tiene que
defenderse por sí mismo, y no por etiquetas, por nombres famosos…
o
En suma, la mundanidad se nos puede colar de innumerables maneras y
estropear toda la obra de Dios. Lo que Jesús llamaba “hipocresía” y todas
aquellas acusaciones tremendas contar escribas y fariseos – como el capítulo de
diatribas contra escribas y fariseos en Mt 23 – a eso le llamamos en nuestro
lenguaje “mundanidad”
Concluyamos
lisa y llanamente: Toda mundanidad es pecado. Y si es pecado debemos llevarlo a
la confesión.
El discernimiento, necesidad suma
en la Iglesia, y en consecuencia necesidad suma para mi propia vida
Voy a citar largamente un párrafo del Papa sobre el discernimiento,
en la conversación familiar que tenía con los jesuitas en Lima:
“Si ustedes dan una ojeada al panorama de las
reacciones que suscitó Amoris Laetitia, van a ver que las críticas más
fuertes contra la Exhortación son sobre el capítulo octavo: un divorciado
¿«puede o no puede tomar la comunión?». Y Amoris Laetitia, en cambio,
va por otro lado totalmente distinto, no entra en estas distinciones y pone el
problema del discernimiento. Que ya
estaba en base en la moral tomista clásica, grande, verdadera. Entonces el
aporte que querría de la Compañía es el de ayudar a la Iglesia a crecer en el discernimiento. Hoy la iglesia necesita
crecer en discernimiento. Y a
nosotros el Señor nos ha dado esta gracia de familia de discernir. No sé si
ustedes sabrán, pero hay una cosa que ya dije en otras reuniones como esta con
jesuitas: al fin del generalato de Ledóchowski, la obra culmen de la
espiritualidad de la Compañía fue el Epítome. Allí estaba regulado
todo lo que tenías que hacer, en una mescolanza enorme entre Fórmula del
Instituto, Constituciones y reglas. Estaban incluso las reglas
del cocinero. Y estaba todo mezclado, sin jerarquización. Ledóchowski era muy
amigo del abad general de los benedictinos y, una vez que fue a visitarlo, le
llevó aquel escrito. Poco tiempo después, el abad se comunicó con él y le dijo:
«Padre General, con esto usted mató la Compañía de Jesús». Y tenía razón,
porque el Epítome quitaba cualquier capacidad de discernimiento.
Después viene la guerra. El padre Jansens, tuvo que
guiar la Compañía en la posguerra, y lo hizo bien, como podía, porque no era
fácil. Y después vino la gracia del generalato de Arrupe. Pedro Arrupe con el Centro
Ignaciano de Espiritualidad, la revista Christus y el impulso
dado a los Ejercicios Espirituales, renovó esta gracia de familia que
es el discernimiento. Superó el Epítome
y volvió a las lecciones de los padres, a Fabro, a Ignacio. En esto hay que
reconocer el rol de la vida de la revista Christus en aquel tiempo. Y
después, también el rol del padre Luis González con su centro de
espiritualidad: recorrió toda la Compañía dando ejercicios espirituales. Iban
abriendo puertas, refrescando este aspecto que hoy día vemos que ha crecido
mucho en la Compañía. Lo que yo te diría, recordando esta historia de familia,
es que hubo un momento en que habíamos perdido —o no sé si lo habíamos perdido,
pero digamos que no se usaba mucho— el
sentido del discernimiento. Hoy día, dénselo —¡démoslo!— a la Iglesia, que
lo necesita tanto”.
* * *
El Papa, con una historia de familia, que se refiere a la Compañía de
Jesús, plantea un problema central en la Iglesia: Saber discernir con
sabiduría, mediante la luz del Espíritu Santo.
El discernimiento espiritual es la pieza clave de los Ejercicios de san
Ignacio e Loyola. Y quizás sea lo más característico que quiere impulsar este
Papa. Pero no pensemos, de ninguna manera, que esto es nuevo en la Iglesia. En
su homilía de inicio del pontificado lo decía igualmente el Papa Benedicto XVI,
que se expresaba así:
“¡Queridos
amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún
rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del
miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero
programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino
de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la
voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo
quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia. En lugar de
exponer un programa, desearía más bien intentar comentar simplemente los dos
signos con los que se representa litúrgicamente el inicio del Ministerio
petrino; por lo demás, ambos signos reflejan también exactamente lo que se ha
proclamado en las lecturas de hoy” (Homilía del 24 de abril de 2005).
El pasaje
inicial de esta plática apunta a ese discernimiento que san Pablo lo pone como
ideal de la Iglesia de Filipos en estos dos versículos:
Y esta es mi oración: que vuestro
amor siga creciendo más y más
en penetración y en sensibilidad
para apreciar los valores
No es fácil dar con los términos
exactos para percibir los matices que existen en esta operación.
Qué es discernir
1. No es propiamente distinguir
entre lo bueno y lo malo (que eso sería un discernimiento previo o primario),
1)
Sino saber distinguir entre lo bueno y lo mejor,
2)
Guiados por el
Espíritu Santo,
3)
Que se proyecta en
signos perceptibles,
4)
A través de los
cuales yo acierto con lo que es la voluntad de Dios para mí.
Hay, pues, una
tarea constante de discernimiento, porque de continuo hay que ir eligiendo y
eligiendo lo mejor, lo que Dios quiere para nosotros. En la persona
- hay un
discernimiento inicial, vocacional, para marcar la ruta total de la vida
- y luego un
discernimiento continuo ante el nuevo panorama y los nuevos pasos que se
presentan.
2. Discernir
no es “sentarse, discutir y votar” (forma normal de resolver las cuestiones, a
veces cuestiones graves y transcendentes).
La
“democracia” no se base en el discernimiento, sino en la confluencia de fuerzas
y dominio de la opinión de la mayoría. Pero la mayoría, por el número contante
de votos, no tiene, sin más razón… Muchas cosas aberrantes, en fuerza de la
mayoría, pueden pasar a ser ley; y una cosa, solo por ser “legal” (de acuerdo a
la ley) no por eso es “moral”…
3. El
discernimiento, que puede ser personal y comunitario, si es comunitario pide
diálogo. Pero solo el diálogo no es discernimiento, porque en el diálogo vence
el más brillante, el más dotado. Y como han dicho desde siempre los espirituales
(S. Benito, S. Francisco, Sta. Clara…) Dios revela al más joven, al “menor”, lo
que no descubre al mayor…
Discernir
es:
1.
Ponerse ante Dios
con la sinceridad y verdad que yo alcance:
- con un corazón
purificado de pecado (no se puede discernir si uno es esclavo de un pecado)
- y una actitud
imparcial (No se puede discernir si uno ya va con la solución premeditada. El
que discierne debe estar como el fiel de la balanza sin inclinarse previamente
ni a la derecha ni a la izquierda).
2.
Instando en la
oración de súplica para que Dios se digne manifestar su voluntad.
3.
Percibiendo los
signos múltiples que van apareciendo, que se examinar a la luz del espíritu.
4.
Tomando la decisión
de acuerdo a la valoración de los signos observados.
5.
Si se trata de un
discernimiento comunitario, es necesario que hablen todos y que todos sean
escuchados (No vale decir: Yo, igual que lo ha dicho tal. No: dilo tú como cosa
tuya y desde ti, no apoyado en otro). El buen discernimiento comunitario
termina en unidad y paz.
A nada que nos pongamos a la
escucha del Espíritu, al putno observamos qué sorprende y rica e inexhausta es
la “divina inspiración”, que es la que debe gobernar nuestra vida.
Discernimiento en la Iglesia – discernimiento en familia
La Iglesia avanza por el camino del discernimiento. Y es objetivo de primera línea en el pensamiento
del Papa Francisco.
Ahora bien, la Iglesia nunca podrá adoptar los modos
parlamentarios para discernir en el Espíritu. Si en la Iglesia hay “gobierno” y
“oposición”; si hay bandos; si hay “tradicionalistas” y “progresivas”; si hay
“línea del Papa Francisco” y “nostálgicos del Papa Juan Pablo II”,
automáticamente nos incapacitamos para el discernimiento, pues ya de antemano
optamos por nuestra propia victoria…
Hoy en la Iglesia hay un punto muy delicado de
discernimiento, que al momento está sin concluir: acceso a la comunión en
cónyuges vuelto a casar sin previa anulación del matrimonio. Se percibe
demasiada “animosidad”.
En la Iglesia debemos tener en cuenta estos principios:
1) La verdad del Evangelio solo se percibe si se la
practica.
2) Hay que partir del testimonio lela de cada hermano, de
cada hermana.
3) En cosas de Dios dos personas fieles al Señor pueden
pensar de manera diferente, dada la limitación del conocimiento humano, no
obstante ser cada una coherente consigo misma.
4) El discernimiento es un acto de caridad con el hermano,
pues mutuamente nos entregamos nuestra verdad, sabiendo que la suma total de
nuestras verdades no da como resultado la verdad, sino que sencillamente
queremos adherirnos a la única verdad, que es Cristo.
5) Siendo la Iglesia sacramento de unidad, la decisión
última de la jerarquía – cuyo carisma es el discernimiento – es decisión
válida, que asume el obsequio de amor de todos los hermanos.
Qué decir del discernimiento cristiano en la familia
cristiana
“Correlativamente” lo que decimos de la Iglesia. Tengamos
en cuenta estos principios:
- Los padres no son “jefes”, sino “padres”, cuya
autoridad queda confinada y regulada por Dios.
- La autoridad suprema de los padres es el amor a los
hijos.
- Los hijos no son “siervos”, sino realmente hijos; por
ello, fruto del amor.
- Los hijos no son propiedad de los padres, son “don de
Dios” confiado a los padres.
- Los padres pueden manipular a los hijos, y los hijos
pueden manipular a los padres.
- Los padres no puede dictar la vocación de los hijos,
sino iluminar, apoyar…, ayudar a discernir sobre lo que Dios quiere para cada
hijo.
- Los hijos no son dueños de su propia vida sino autores
responsables de un proyecto, que esté escogido con sabiduría y generosidad.
- Todo esto no se puede llevar a cabo sino en oración, y
en una oración compartida en familia.
El discernimiento es una actividad constante de la
Iglesia. Un ejemplo concreto: Mañana, día 8 de marzo, es el Día Internacional
de la Mujer. Para ello se ha publicado el Documento “Manifiesto 8M”. Son tres
largas páginas. ¿Qué pensar de ello? Se escuchan voces contrapuestas, que viene
incluso de autoridades religiosas. Pero yo también, como cristiano, como
cristiana…, tengo mi opinión, y no menso respetable que al de este o de aquel
obispo…
Podemos apreciar que el discernimiento espiritual nos
abre a un mundo amplísimo. En los Ejercicios espirituales de san Ignacio
tenemos las Reglas para el discernimiento de espíritus.
- Para sentir y conocer de alguna manera las diversas
mociones que se excitan en el alma, a fin de admitir las buenas y la al primera
semana. Ejercicios espirituales, nn. 314-327.
- Otras reglas (más propias de la segunda semana) Para
discernimiento de espíritus más sutiles. Ejercicios espirituales, nn. 328-336.
Criterios conclusivos
Se diría que es un mundo sin límites…
Desde mi experiencia de sacerdote, desde mi ministerio de Misionero de la
Misericordia, les puedo decir con sencillez dos cosas:
1) En la vida podemos tener mil maestros, dignos de todo
respeto; sobre todo, si el maestro o la maestra es alguien que de verdad me
quiere. Pero ninguno de ellos puede suplir al Único Maestro: Dios mismo que
actúa en mi corazón.
2) Dios viene a cada uno según quiere él, en conformidad con
quien soy yo y teniendo presente toda mi historia. Si yo no soy psíquicamente
normal, no importa: nada puede impedir que Dios actúe en mí.
3) Dios ni se engaña ni me va a engañar. Por tanto, todo
aquello que yo veo en mí
- con claridad (no oscuramente)
- con paz (no con turbación)
- y con continuidad (que no es relámpago de un día, sino
que persiste),
eso lo puedo considerar como voz de Dios para mí, como
voluntad de Dios para mi vida.
II. EN ORACIÓN
1. No queremos terminar estas reflexiones sin tocar este
punto. Ayer hablamos, admirados, de la oración como lectio divina. La oración nos lleva – veíamos – a una situación de
plenitud personal en la que se enlaza la tierra de acá abajo con el cielo que
nos espera…, como si el ejercicio de la oración nos transportada hacia el
éxtasis.
La oración es la respiración del amor, es la vivencia y
expansión de la fe. En este sentido la oración es constitutiva del ser
cristiano; de tal manera que, si san Pablo define al cristiano como el que “es
en Cristo Jesús”, el que vive en Cristo Jesús, orar no es otra cosa que vivir
lo que se es. La oración invade toda la vida, y es el misterio de la comunión
del hombre con Dios, misterio asequible a todo ser humano, porque va inherente
al don mismo de la creación.
Esto debemos enseñarlo a los niños así: Vivir es vivir
con Dios, que nos ha creado, que nos ve y nos acompaña, y que un día nos va a
recibir en su gloria eterna. Y este Dios es nuestro Padre.
2. La oración como ámbito vital tiene dos espacios:
a) uno es el espacio personal
b) otro es el espacio comunitario
En el ámbito personal es el supremo ejercicio de la
libertad: Yo y Dios – Dios y yo. Nadie me puede imponer reglas. Nadie me puede
coartar la vida que Dios mismo me regala.
Tengámoslo muy presente. Porque se escribirán miles de
libros de oración, y habrá innumerables ejercicios y formas de orar. Pero, al
final, sucede que la oración era mi vida con Dios.
A Dios nadie le puede poner regla; y, en consecuencias,
tampoco nadie me puede dictar a mí el comportamiento que yo de tener con Dios,
mi Creador, mi señor, mi Padre, mi todo.
Por otra parte, sucede que yo soy discípulo de Jesús,
miembro de la comunidad de Jesús. Y es inherente a esta comunidad vivir junto
en la fe que nos cohesiona. Y vivir en esta fe es vivir en oración. Por tanto,
juntarnos en oración es del todo esencial para ser cristianos. Y si alguien
dijera “Dios y yo – Yo y Dios” y con ello quisiera desvincularse de celebrar en
común, se alejaría voluntariamente del cuerpo de Cristo que nos identifica en
el ser de discípulos de Jesús. Orar como discípulos es orar juntos, celebrar
juntos.
Y este comportamiento es esencial a la vida del
cristiano.
3. Pero en esta ocasión queríamos insistir en un solo
punto. Puesto que toda nuestra explicación ha girado en torno al discernimiento
como camino de vida y progreso, vamos a remarcar este aspecto sobre “orar y
discernir”. Entrando en discernimiento, la misma oración ya es discernir. La
oración no es un recurso, un medio, un instrumento para mejor discernir: orar
es entrar bajo la acción del Espíritu, al orar, ya sea personal ya sea
comunitariamente, el Espíritu del Señor con su santa operación vamos poniendo
orden y claridad en nuestros pensamientos. El va operando el discernimiento en
nosotros.
* * *
Al final de este escrito, de estos anhelos, una sencilla
súplica.
La Virgen, Madre del Señor, Madre de la Iglesia, Madre
nuestra, nos guíe en el caminod e su amado Hijo. Amén.
Guadalajara, miércoles 7 de marzo de 2018.
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