miércoles, 7 de marzo de 2018

1055. Pláticas cauresmales 1018 III - Orar y discernir





Tercera plática
Orar y discernir
Para mi vida y para la Iglesia



Texto bíblico de ambientación espiritual
En la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses – la carta más afectuosa y entrañable – hay, al principio, un texto, con el que se abre el escrito, que es acción de gracias y petición. En la petición se habar del progreso espiritual de la comunidad pro medio del discernimiento. Acaso sea el pasaje más importante del Nuevo Testamento para iniciar un discurso sobre el discernimiento, que de esto queremos hablar. Dice así el texto paulino:
 
3 Doy gracias a mi Dios cada vez que os recuerdo; 4 siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría. 5 Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. 6 Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús. 7 Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia. 8 Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. 9 Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad 10 para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, 11 cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

I. MUNDANIDAD Y DISCERNIMIENTO

Contexto eclesial

En el mes de enero, como sabemos, del el Papa ha hecho un viaje apostólico a Chile y a Perú. En su programa ha reservado un tiempo especial para encontrarse con los jesuitas. El Papa en sus días había sido maestro de novicios y provincial de los Jesuitas en Argentina. Bien sabemos que el Papa, desde el momento que es Papa, se debe exactamente igual a todos y ya no puede ser ni jesuita, ni dominico, ni franciscano…; es hermano de todos, padre de todos. Ahora bien, uno ha sido educado en una determinada espiritualidad y un encuentro de familia en nada obsta a su misión universal.
El diálogo espontáneo que tuvo con los jesuitas de la región de Argentina, Chile, Uruguay en Santiago, y el diálogo que tugo igualmente en Lima con los jesuitas de Colombia y otros países, que fue un diálogo sin papeles, sin preguntas preparadas pasadas por la censura, pero diálogo de las cosas importantes de la Iglesia (recogido y publicado luego por La Civiltá Catolica),  es de lo más iluminador y revelador que podemos leer del Papa – a mi parecer – sobre puntos esenciales de la vida de la Iglesia en este momento de su historia. En estas Pláticas de Cuaresma en que queremos ver esa verdadera imagen de la Iglesia que Jesús ha querido y ser nosotros, por nuestra conversión y vida nueva, ser esa Iglesia iluminada y coherente, las reflexiones del papa Francisco, contestando a las preguntas que le hacen, nos situar exactamente en lo que vamos buscando.
Vamos a aclarar dos puntos: la mundanidad y el discernimiento.


Qué es la mundanidad en mí y en la Iglesia

De a mundanidad veamos dos cosas:
- el mayor mal que le puede ocurrir a la Iglesia y a mí dentro de la Iglesia,
- y qué es exactamente la mundanidad

Después de un saludo afectuoso el P. Díaz prosigue: «Francisco, en varias ocasiones y en Evangelii gaudium, nos ha puesto en guardia frente al peligro de la mundanidad. ¿En qué aspectos de nuestra vida como jesuitas debiéramos estar más atentos para no caer en esta tentación de la mundanidad?»

El mayor mal para la Iglesia
1. A mí la alarma sobre la mundanidad me la despertó el último capítulo de las Meditaciones sobre la Iglesia, de Henri de Lubac. Él cita ahí al benedictino dom Ascar Vonier, que habla de la mundanidad como del peor mal que le puede suceder a la Iglesia. Eso me despertó el deseo de comprender que es la mundanidad. Claro que san Ignacio habla de ella en los Ejercicios, en el tercer ejercicio de la primera semana, allí donde pide descubrir los engaños del mundo. El tema de la mundanidad está en nuestra espiritualidad jesuítica. Las tres gracias que pedimos en esa meditación son el arrepentimiento de los pecados, es decir el dolor de los pecados, la vergüenza y el conocimiento del mundo, del demonio y de sus cosas. Por tanto, en nuestra espiritualidad la mundanidad entra como algo a tener en cuenta y a considerar como una tentación.

Qué es la mundanidad
2. Sería superficial afirmar que la mundanidad es llevar una vida demasiado relajada y frívola. Estas son solamente consecuencias. Mundanidad es usar los criterios del mundo y seguir los criterios del mundo y elegir según los criterios del mundo. Significa hacer discernimiento y preferir los criterios del mundo. Por tanto, lo que nos tenemos que preguntar es cuáles son estos criterios del mundo… Y eso es lo que san Ignacio hace pedir en ese tercer ejercicio. Y nos hace hacer las tres peticiones: al Padre, al Señor y a la Virgen. ¡Que nos ayuden a descubrir esos criterios! Cada uno, por tanto, tiene que ir buscando qué cosa es mundana en su propia vida. No basta una respuesta simple y en general. ¿En qué soy mundano yo? Esta es la verdadera pregunta.
Por ejemplo, no sé, un profesor de teología se puede hacer mundano si anda a la pesca de la última cosa que se dice para estar siempre en la moda: esto es mundano. Pero los ejemplos pueden ser miles. Y hay que pedir al Señor no ser engañados tratando de discernir cuál es nuestra propia mundanidad.

* * *
Etas reflexiones del Papa nos invitan a reflexionar. Podemos estar envueltos en mil mundanidades, al grado de que llegue un momento en que ni nos damos cuenta de que estamos respirando un aire malsano.

Podemos ser muy perspicaces para detectar muchas mundanidades de la Iglesia. La iglesia en el pasado, pero también en el presente, se ha querido configurar con los poderes de los jefes de la tierra. Y, aunque está clarísimo en el Evangelio que eso no puede ser así, está tan metido en el fondo del corazón humano el orgullo y en ansia de poder, de ser reconocido…, que, por menso de nada, sucumbimos.

“Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». 34 Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. 35 Se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»” (Mc 8,33-35).

Esta escena es muy significativa y nos muestra cómo esa ansia mundana es un pecado original, ya presente en la comunidad apostólica.
Es muy fácil declamar contra esa Iglesia, y con más o menos de talento podemos criticar. Hoy vemos con paz y claridad que en siglos pasados la Iglesia se ha contagiado de espíritu mundano cuando ha querido equipararse a los imperios del mundo en sus formas, en sus títulos, en sus propiedades, en sus blasones, en su arquitectura…
Cuanto más grande más importante, más influyente… Así nos parece…, pero en el fondo es falso. Eso es mundanidad.
Cuando vemos que la Iglesia, por circunstancias de los siglos, se ha proyectado como un “estado vaticano”, podemos observar que eso no tiene nada que ver con el Evangelio de Jesús…, pero no sabemos cómo proceder de otra forma. Y el no ver una mejor solución, nos resulta humillante… Nos autojustificamos diciendo que eso es precisamente un medio adecuado para ser independiente y libre, y no depender de los gobiernos de turno. Pero es un razonamiento muy discutible… Con humildad hemos de confesar: No ahora no veo mejor solución, pero no diré que esa es la solución que se desprende del Evangelio de Jesús…
La Iglesia ha ido superando muchas situaciones y se le presentarán otras nuevas… Y, con sabiduría, con sencillez, con humildad… hemos de confesar: Queremos acertar, y no sabemos cómo.
Piensen, por ejemplo, en los viajes internacionales del Papa, que por su propia naturaleza son eventos de crónica internacional. Uno puede imaginar cuánto espíritu de sacrificio y de entregan suponen… Los inició un Papa santo, Pablo VI, y los han continuado todos los Papas. Viajes que ciertamente son “visitas apostólicas”, pero, que se quiera o no, tienen que adaptarse a la cortesía “mundana”. Las crónicas oficiales constatan: “El martes, el Papa se reunirá con autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el presidencial Palacio de La Moneda, lugar donde también realizará una visita de cortesía a la mandataria chilena”. Toda esa potencia, con el despliegue económico que suponen… y esas recepciones oficiales, de estado a estado … ¿no tendrá que ver con la “mundanidad”…, aunque ninguno de los Papas los quiera así, como es evidente…? Esas visitas oficiales de jefe de gobierno a jefe de gobierno… ¿eso pertenece a la misión del Evangelio de Jesús, “y este Crucificado”?  

Jesús ¿fue así…? No fue así, ni pudo ser así.
Pablo ¿intentó algo semejante? La pregunta está fuera de lugar…
El problema está ahí y no vemos la solución.

Muchas veces se ha hablado de la “papolatría”… No tenemos que defendernos, si queremos ser humildes discípulos de Jesús. Simplemente examinar y ver lo que hay que corregir…

Hoy se habla de “la primavera del Papa Francisco”. También esta expresión aparentemente bella y humilde puede ser pura mundanidad. Crear una fama al Papa para defender las propias posturas, una fama en contraposición y detrimento de los Papas que le han precedido puede ser una sutil y taimada mundanidad…

Pero vengamos a lo más importante, a mi propia mundanidad. El examen de la mundanidad de la Iglesia puede ser la tapadera para cubrir nuestra propia mundanidad, que acaso no queramos examinar.
Pero mi propia mundanidad para mí es más grave e importante que la mundanidad de la Iglesia. Veamos algunos rasgos de mundanidad que lealmente tenemos que examinar:
o   Es mundanidad querer aparentar algo que yo no soy. Esto suele ir unido a muchas mentiras. Y a muchas fantasías, imaginándote cosas que nunca han existido.
o   Es mundanidad querer dártelas de rico, cuando no eres rico, y estás pasando por muchas apreturas financieras.
o   Es mundanidad querer dártelas de importante, cuando en realidad eres una persona sencilla, de origen humilde.
o   Es mundanidad querer hablar como un entendido en el asunto, cuando en realidad es algo que te sobrepasa; por ejemplo, en política.
o   Es mundanidad en un profesionista que tiene un título y una profesión querer lucirse y ello y humillar al interlocutor.
o   Hay también una “mundanidad espiritual” y es mundanidad querer utilizar mi condición de religioso, de sacerdote… para ser importante. El bien tiene que defenderse por sí mismo, y no por etiquetas, por nombres famosos…
o   En suma, la mundanidad se nos puede colar de innumerables maneras y estropear toda la obra de Dios. Lo que Jesús llamaba “hipocresía” y todas aquellas acusaciones tremendas contar escribas y fariseos – como el capítulo de diatribas contra escribas y fariseos en Mt 23 – a eso le llamamos en nuestro lenguaje “mundanidad”

Concluyamos lisa y llanamente: Toda mundanidad es pecado. Y si es pecado debemos llevarlo a la confesión.


El discernimiento, necesidad suma en la Iglesia, y en consecuencia necesidad suma para mi propia vida

Voy a citar largamente un párrafo del Papa sobre el discernimiento, en la conversación familiar que tenía con los jesuitas en Lima:

“Si ustedes dan una ojeada al panorama de las reacciones que suscitó Amoris Laetitia, van a ver que las críticas más fuertes contra la Exhortación son sobre el capítulo octavo: un divorciado ¿«puede o no puede tomar la comunión?». Y Amoris Laetitia, en cambio, va por otro lado totalmente distinto, no entra en estas distinciones y pone el problema del discernimiento. Que ya estaba en base en la moral tomista clásica, grande, verdadera. Entonces el aporte que querría de la Compañía es el de ayudar a la Iglesia a crecer en el discernimiento. Hoy la iglesia necesita crecer en discernimiento. Y a nosotros el Señor nos ha dado esta gracia de familia de discernir. No sé si ustedes sabrán, pero hay una cosa que ya dije en otras reuniones como esta con jesuitas: al fin del generalato de Ledóchowski, la obra culmen de la espiritualidad de la Compañía fue el Epítome. Allí estaba regulado todo lo que tenías que hacer, en una mescolanza enorme entre Fórmula del Instituto, Constituciones y reglas. Estaban incluso las reglas del cocinero. Y estaba todo mezclado, sin jerarquización. Ledóchowski era muy amigo del abad general de los benedictinos y, una vez que fue a visitarlo, le llevó aquel escrito. Poco tiempo después, el abad se comunicó con él y le dijo: «Padre General, con esto usted mató la Compañía de Jesús». Y tenía razón, porque el Epítome quitaba cualquier capacidad de discernimiento.
Después viene la guerra. El padre Jansens, tuvo que guiar la Compañía en la posguerra, y lo hizo bien, como podía, porque no era fácil. Y después vino la gracia del generalato de Arrupe. Pedro Arrupe con el Centro Ignaciano de Espiritualidad, la revista Christus y el impulso dado a los Ejercicios Espirituales, renovó esta gracia de familia que es el discernimiento. Superó el Epítome y volvió a las lecciones de los padres, a Fabro, a Ignacio. En esto hay que reconocer el rol de la vida de la revista Christus en aquel tiempo. Y después, también el rol del padre Luis González con su centro de espiritualidad: recorrió toda la Compañía dando ejercicios espirituales. Iban abriendo puertas, refrescando este aspecto que hoy día vemos que ha crecido mucho en la Compañía. Lo que yo te diría, recordando esta historia de familia, es que hubo un momento en que habíamos perdido —o no sé si lo habíamos perdido, pero digamos que no se usaba mucho— el sentido del discernimiento. Hoy día, dénselo —¡démoslo!— a la Iglesia, que lo necesita tanto”.

* * *

El Papa, con una historia de familia, que se refiere a la Compañía de Jesús, plantea un problema central en la Iglesia: Saber discernir con sabiduría, mediante la luz del Espíritu Santo.
El discernimiento espiritual es la pieza clave de los Ejercicios de san Ignacio e Loyola. Y quizás sea lo más característico que quiere impulsar este Papa. Pero no pensemos, de ninguna manera, que esto es nuevo en la Iglesia. En su homilía de inicio del pontificado lo decía igualmente el Papa Benedicto XVI, que se expresaba así:

“¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia. En lugar de exponer un programa, desearía más bien intentar comentar simplemente los dos signos con los que se representa litúrgicamente el inicio del Ministerio petrino; por lo demás, ambos signos reflejan también exactamente lo que se ha proclamado en las lecturas de hoy” (Homilía del 24 de abril de 2005).

El pasaje inicial de esta plática apunta a ese discernimiento que san Pablo lo pone como ideal de la Iglesia de Filipos en estos dos versículos:
Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más
en penetración y en sensibilidad
para apreciar los valores

No es fácil dar con los términos exactos para percibir los matices que existen en esta operación.

Qué es discernir

1. No es propiamente distinguir entre lo bueno y lo malo (que eso sería un discernimiento previo o primario),
1)     Sino saber distinguir entre lo bueno y lo mejor,
2)     Guiados por el Espíritu Santo,
3)     Que se proyecta en signos perceptibles,
4)     A través de los cuales yo acierto con lo que es la voluntad de Dios para mí.

Hay, pues, una tarea constante de discernimiento, porque de continuo hay que ir eligiendo y eligiendo lo mejor, lo que Dios quiere para nosotros. En la persona
- hay un discernimiento inicial, vocacional, para marcar la ruta total de la vida
- y luego un discernimiento continuo ante el nuevo panorama y los nuevos pasos que se presentan.

2. Discernir no es “sentarse, discutir y votar” (forma normal de resolver las cuestiones, a veces cuestiones graves y transcendentes).
La “democracia” no se base en el discernimiento, sino en la confluencia de fuerzas y dominio de la opinión de la mayoría. Pero la mayoría, por el número contante de votos, no tiene, sin más razón… Muchas cosas aberrantes, en fuerza de la mayoría, pueden pasar a ser ley; y una cosa, solo por ser “legal” (de acuerdo a la ley) no por eso es “moral”…

3. El discernimiento, que puede ser personal y comunitario, si es comunitario pide diálogo. Pero solo el diálogo no es discernimiento, porque en el diálogo vence el más brillante, el más dotado. Y como han dicho desde siempre los espirituales (S. Benito, S. Francisco, Sta. Clara…) Dios revela al más joven, al “menor”, lo que no descubre al mayor…

Discernir es:
1.      Ponerse ante Dios con la sinceridad y verdad que yo alcance:
- con un corazón purificado de pecado (no se puede discernir si uno es esclavo de un pecado)
- y una actitud imparcial (No se puede discernir si uno ya va con la solución premeditada. El que discierne debe estar como el fiel de la balanza sin inclinarse previamente ni a la derecha ni a la izquierda).
2.      Instando en la oración de súplica para que Dios se digne manifestar su voluntad.
3.      Percibiendo los signos múltiples que van apareciendo, que se examinar a la luz del espíritu.
4.      Tomando la decisión de acuerdo a la valoración de los signos observados.
5.      Si se trata de un discernimiento comunitario, es necesario que hablen todos y que todos sean escuchados (No vale decir: Yo, igual que lo ha dicho tal. No: dilo tú como cosa tuya y desde ti, no apoyado en otro). El buen discernimiento comunitario termina en unidad y paz.

A nada que nos pongamos a la escucha del Espíritu, al putno observamos qué sorprende y rica e inexhausta es la “divina inspiración”, que es la que debe gobernar nuestra vida.

Discernimiento en la Iglesia – discernimiento en familia

La Iglesia avanza por el camino del discernimiento.  Y es objetivo de primera línea en el pensamiento del Papa Francisco.
Ahora bien, la Iglesia nunca podrá adoptar los modos parlamentarios para discernir en el Espíritu. Si en la Iglesia hay “gobierno” y “oposición”; si hay bandos; si hay “tradicionalistas” y “progresivas”; si hay “línea del Papa Francisco” y “nostálgicos del Papa Juan Pablo II”, automáticamente nos incapacitamos para el discernimiento, pues ya de antemano optamos por nuestra propia victoria…
Hoy en la Iglesia hay un punto muy delicado de discernimiento, que al momento está sin concluir: acceso a la comunión en cónyuges vuelto a casar sin previa anulación del matrimonio. Se percibe demasiada “animosidad”.

En la Iglesia debemos tener en cuenta estos principios:
1)     La verdad del Evangelio solo se percibe si se la practica.
2)     Hay que partir del testimonio lela de cada hermano, de cada hermana.
3)     En cosas de Dios dos personas fieles al Señor pueden pensar de manera diferente, dada la limitación del conocimiento humano, no obstante ser cada una coherente consigo misma.
4)     El discernimiento es un acto de caridad con el hermano, pues mutuamente nos entregamos nuestra verdad, sabiendo que la suma total de nuestras verdades no da como resultado la verdad, sino que sencillamente queremos adherirnos a la única verdad, que es Cristo.
5)     Siendo la Iglesia sacramento de unidad, la decisión última de la jerarquía – cuyo carisma es el discernimiento – es decisión válida, que asume el obsequio de amor de todos los hermanos.

Qué decir del discernimiento cristiano en la familia cristiana

“Correlativamente” lo que decimos de la Iglesia. Tengamos en cuenta estos principios:
- Los padres no son “jefes”, sino “padres”, cuya autoridad queda confinada y regulada por Dios.
- La autoridad suprema de los padres es el amor a los hijos.
- Los hijos no son “siervos”, sino realmente hijos; por ello, fruto del amor.
- Los hijos no son propiedad de los padres, son “don de Dios” confiado a los padres.
- Los padres pueden manipular a los hijos, y los hijos pueden manipular a los padres.
- Los padres no puede dictar la vocación de los hijos, sino iluminar, apoyar…, ayudar a discernir sobre lo que Dios quiere para cada hijo.
- Los hijos no son dueños de su propia vida sino autores responsables de un proyecto, que esté escogido con sabiduría y generosidad.
- Todo esto no se puede llevar a cabo sino en oración, y en una oración compartida en familia.



El discernimiento es una actividad constante de la Iglesia. Un ejemplo concreto: Mañana, día 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer. Para ello se ha publicado el Documento “Manifiesto 8M”. Son tres largas páginas. ¿Qué pensar de ello? Se escuchan voces contrapuestas, que viene incluso de autoridades religiosas. Pero yo también, como cristiano, como cristiana…, tengo mi opinión, y no menso respetable que al de este o de aquel obispo…

Podemos apreciar que el discernimiento espiritual nos abre a un mundo amplísimo. En los Ejercicios espirituales de san Ignacio tenemos las Reglas para el discernimiento de espíritus.
- Para sentir y conocer de alguna manera las diversas mociones que se excitan en el alma, a fin de admitir las buenas y la al primera semana. Ejercicios espirituales, nn. 314-327.
- Otras reglas (más propias de la segunda semana) Para discernimiento de espíritus más sutiles. Ejercicios espirituales, nn. 328-336.

Criterios conclusivos

Se diría que es un mundo sin límites…
Desde mi experiencia de sacerdote, desde mi ministerio de Misionero de la Misericordia, les puedo decir con sencillez dos cosas:

1)     En la vida podemos tener mil maestros, dignos de todo respeto; sobre todo, si el maestro o la maestra es alguien que de verdad me quiere. Pero ninguno de ellos puede suplir al Único Maestro: Dios mismo que actúa en mi corazón.
2)     Dios viene a cada uno según quiere él, en conformidad con quien soy yo y teniendo presente toda mi historia. Si yo no soy psíquicamente normal, no importa: nada puede impedir que Dios actúe en mí.
3)     Dios ni se engaña ni me va a engañar. Por tanto, todo aquello que yo veo en mí
- con claridad (no oscuramente)
- con paz (no con turbación)
- y con continuidad (que no es relámpago de un día, sino que persiste),
eso lo puedo considerar como voz de Dios para mí, como voluntad de Dios para mi vida.


II. EN ORACIÓN

1. No queremos terminar estas reflexiones sin tocar este punto. Ayer hablamos, admirados, de la oración como lectio divina. La oración nos lleva – veíamos – a una situación de plenitud personal en la que se enlaza la tierra de acá abajo con el cielo que nos espera…, como si el ejercicio de la oración nos transportada hacia el éxtasis.
La oración es la respiración del amor, es la vivencia y expansión de la fe. En este sentido la oración es constitutiva del ser cristiano; de tal manera que, si san Pablo define al cristiano como el que “es en Cristo Jesús”, el que vive en Cristo Jesús, orar no es otra cosa que vivir lo que se es. La oración invade toda la vida, y es el misterio de la comunión del hombre con Dios, misterio asequible a todo ser humano, porque va inherente al don mismo de la creación.
Esto debemos enseñarlo a los niños así: Vivir es vivir con Dios, que nos ha creado, que nos ve y nos acompaña, y que un día nos va a recibir en su gloria eterna. Y este Dios es nuestro Padre.

2. La oración como ámbito vital tiene dos espacios:
a) uno es el espacio personal
b) otro es el espacio comunitario

En el ámbito personal es el supremo ejercicio de la libertad: Yo y Dios – Dios y yo. Nadie me puede imponer reglas. Nadie me puede coartar la vida que Dios mismo me regala.
Tengámoslo muy presente. Porque se escribirán miles de libros de oración, y habrá innumerables ejercicios y formas de orar. Pero, al final, sucede que la oración era mi vida con Dios.
A Dios nadie le puede poner regla; y, en consecuencias, tampoco nadie me puede dictar a mí el comportamiento que yo de tener con Dios, mi Creador, mi señor, mi Padre, mi todo.
Por otra parte, sucede que yo soy discípulo de Jesús, miembro de la comunidad de Jesús. Y es inherente a esta comunidad vivir junto en la fe que nos cohesiona. Y vivir en esta fe es vivir en oración. Por tanto, juntarnos en oración es del todo esencial para ser cristianos. Y si alguien dijera “Dios y yo – Yo y Dios” y con ello quisiera desvincularse de celebrar en común, se alejaría voluntariamente del cuerpo de Cristo que nos identifica en el ser de discípulos de Jesús. Orar como discípulos es orar juntos, celebrar juntos.
Y este comportamiento es esencial a la vida del cristiano.

3. Pero en esta ocasión queríamos insistir en un solo punto. Puesto que toda nuestra explicación ha girado en torno al discernimiento como camino de vida y progreso, vamos a remarcar este aspecto sobre “orar y discernir”. Entrando en discernimiento, la misma oración ya es discernir. La oración no es un recurso, un medio, un instrumento para mejor discernir: orar es entrar bajo la acción del Espíritu, al orar, ya sea personal ya sea comunitariamente, el Espíritu del Señor con su santa operación vamos poniendo orden y claridad en nuestros pensamientos. El va operando el discernimiento en nosotros.

* * *

Al final de este escrito, de estos anhelos, una sencilla súplica.
La Virgen, Madre del Señor, Madre de la Iglesia, Madre nuestra, nos guíe en el caminod e su amado Hijo. Amén.

Guadalajara, miércoles 7 de marzo de 2018.

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