sábado, 31 de julio de 2021

1634 DOM XVIII B – Yo soy el pan de vida

 

Yo soy el pan de vida

Jn 6,24-35


Texto evangélico:

24 Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

25 Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». 26 Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. 27 Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». 28 Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». 29 Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado». 30 Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». 32 Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». 34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».

35 Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás

Hermanos: 

1. El domingo pasado, por ser día 25 de julio, solemnidad Santiago Patrón de España, leímos el Evangelio propio de este apóstol – la madre que con sus hijos Santiago y juan se postra ante Jesús para pedirle que sus hijos se sienten en el Reino el uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús – y no leímos el Evangelio que habría correspondido al domingo, la multiplicación de los panes narrada por el apóstol san Juan. Hoy tomamos el hilo que sigue a aquel Evangelio y durante cuatro domingos más, es decir, todo el mes de agosto, vamos a ir escuchando lo que sigue al episodio de la multiplicación de los panes en Cafarnaún y las reacciones que esto produjo.

Nunca acabaremos de meditar estas cosas. Jesús se nos va a revelar como el pan de vida.  Son los misterios de Dios, que, para nosotros, si creemos de verdad, nos dan luz y pan en medio de la turbación en que vivimos.

2. Justamente esta semana acaba de aparecer el mensaje que nos obispos han escrito aquí, en España, como fruto de la última asamblea plenaria que celebraron hace un tiempo, allá en Pascua. Es el análisis de lo que nos pasa, en a la sociedad y en la Iglesia, y el plan que trazan para los próximos años, plan que reflexionado en cada diócesis dará origen al plan pastoral que el obispo con sus diocesanos habrá de trazar en los próximos años.

Jesús, antes de anunciarse como “el pan de vida”, replica a sus oyentes que le buscan porque han visto en él al líder y liberador que puede resolverles la vida. Los judíos en aquel tiempo estaban bajo el dominio de los Romanos. En este hombre extraordinario, que ha venido de Nazaret, nosotros tenemos lo que buscamos: este puede ser nuestra labor; este puede ser como un nuevo Judas Macabeo y mucho más. No queremos ser esclavos y dependientes de nadie. Queremos nuestra propia autonomía, queremos nuestra plena libertad; queremos nuestro bienestar.

Lo hemos oído: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». 26 Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

3. Jesús se había retirado al monte, se había escapado, cuando vio que intentaba apresarle para hacerle jefe. No es eso lo que él podía ofrecer; habría sido un jefe más de los muchos que han cruzado el camino de la historia, un nuevo César, pero su recuerdo habría desaparecido. Jesús vino para otra cosa, honda y radical. Jesús vino para darnos el verdadero sentido de Dios, y con ello la clave de nuestra vida. La evolución que vamos teniendo estos últimos decenios, en los que todo ha cambiado, entre nosotros, en Europa, en el mundo, nos invita a pararnos y preguntarnos: ¿Qué nos pasa? ¿Es este el verdadero camino? ¿No estamos equivocados, gustando una falsa felicidad que, al fin, resulta ser un engaño? Los obispos, como pastores, nos invitan a ello en este documento que se titula “Fieles al envío misionero”. Desde un ordenador en nuestras casas podemos leerlo; bien es cierto que resulta todo un libro, pero, como ellos advierten, son los primeros capítulos de análisis de la situación los que debemos meditar.

La pandemia que sigue y sigue, y no sabemos cuándo puede terminar, nos da tanto que pensar; pero no es solo la pandemia: es el advenimiento de esta nueva Era de la Humanidad en la que hemos entrado.

“En este tiempo se ha puesto de manifiesto la generosidad de muchos miembros de la Iglesia, la cercanía y creatividad pastoral de los presbíteros, la entrega de consagrados y laicos, tanto en la vida laboral y profesional como en las relaciones de vecinos, la solicitud por la situación económica de las parroquias y especialmente de Cáritas.

Sin  embargo,  no  nos  engañemos:  el  problema  más  grave  no  es  ni  económico ni político, sino la salud espiritual y el sentido de la vida que ilumina la mirada para reconocer a quien está al lado como hermano. La dimensión transcendente que abre a la esperanza en la fragilidad y a la fraterna solidaridad. Por ello, qué importante es que los creyentes demos testimonio de una confianza que vence a los miedos, de esperanza y de caridad fraterna. Aparecen vacunas y tratamientos para la enfermedad, pero urge una gran renovación espiritual, cultural y política. Afortunadamente, observamos, en medio de la incertidumbre, la búsqueda de sentido y afecto, gestos de solidaridad y un deseo de cambio”.

4. Este lado generoso y positivo no lo podemos olvidar, porque es verdadero y fuente de sólida esperanza; pero seríamos necios si nos saltamos esas páginas estremecedoras que exponen la realidad de descomposición espiritual – eclesial, social y política – que estamos viviendo. No es nada halagüeño el análisis de la situación política que vivimos, como tampoco el de la situación eclesial. He aquí un ejemplo:

“Especialmente llamativo es el descenso de matrimonios, y como lógica consecuencia disminuyen los bautismos y comienza a descender de manera apreciable la participación en las primeras comuniones. El descenso de presbíteros  y  miembros  de  la  vida  consagrada  es  evidente.  Todo  ello  en el contexto de un dramático descenso en el número de nacimientos. También los informes sobre la acción de la Iglesia muestran la importancia de las situaciones familiares tanto en la problemática como en los cauces de las posibles soluciones”.

5. Jesús entra en acción y se revela: “Yo soy el pan de vida”. Y nos  revela que su vida y su persona son la vida. Ese es “el pan de vida”, que se concentra en al Eucaristía. A él acudimos como vida del ser, como respuesta de Dios a las necesidades vitales que experimentamos en lo hondo de nosotros mismos. Grabemos las últimas palabras del Evangelio proclamado: el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». 34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». 35 Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás

Concluyamos, hermanos:

Señor Jesús, te hemos escuchado. Te necesitamos para vivir; sin ti nuestra vida se pierde en el sinsentido. Tú eres el pan vivo bajado del cielo. Danos ese pan, que eres tú mismo, el santo Evangelio. Amén.

Madrid, sábado 31 julio 2021.

jueves, 29 de julio de 2021

1633. Cuando tú resucitaste – Soliloquio de comunión. Continúa

 Cuando tú resucitaste

¿Qué nos pasa, Dios mío…?, ¿qué nos pasa?

Un extraño desosiego agita el corazón. ¿Esto se llama crisis? ¿De la buena o de la mala…?

Montones de documentos, bellos y lúcidos, bien pensados (yo mismo, pecador, escribo…)

¿Qué nos pasa, Dios mío…?, ¿qué nos pasa?

“Raíz de este proceso transformador: el empobrecimiento espiritual y la pérdida de sentido que lleva a vivir en un nihilismo sin drama. El olvido de Dios, la indiferencia religiosa, la despreocupación por las cuestiones fundamentales sobre el origen y destino trascendente del ser humano, influyen en el comportamiento moral y social de los individuos. Muchos autodenominados creyentes viven y organizan su existencia «como si Dios no existiera».

La vivencia religiosa, la fe en Dios, aporta claridad y firmeza a nuestras valoraciones éticas. La vida humana se enriquece con el conocimiento y aceptación de Dios, que es Amor y nos mueve a amar a todas las personas. La experiencia de ser amados por un Dios que es Padre nos conduce a la caridad fraterna y, a la vez, el amor fraterno nos acerca a Dios. Con el empobrecimiento espiritual va aparejada la pérdida de sentido, que desemboca en el vacío existencial y en el aburrimiento, el no ser capaces de saciar la sed de felicidad a pesar de disponer de más medios y posibilidades que nunca”.

(Obispos españoles, Fieles al envío misionero, Cap. 2. Una mirada al contexto actual de aceleración de las transformaciones en la sociedad española y en la Iglesia.  Una sociedad desvinculada).

Oh Jesús, te hablo desde el silencio dolorido. Escucha, en tu misericordia, palabras, que quieren ser anhelo y amor. Tú lo sabes. Ante nadie me defiendo; ante nadie porfío. Pero, en la suma indigencia – y también en abandono y confianza – quisiera compartir. Por eso - ¡ten piedad, Dios mío! – por eso, escribo.

Espíritu de consuelo, ven e inspira mi confessio fidei.

 

Cuando tú resucitaste

no te fuiste a hacerte Nada,

a lo lejos infinito

para ser Fuera olvidada.

 

Al contrario, tú viniste

a lo íntimo del alma

para ser uno conmigo,

sin espacio, sin distancia.

 

Y eres el Tú de mi vida

más que el Yo que me traspasa;

eres Yo sin deshacerme

más presente que mi cara.

 

Quiero volver a mí mismo

para encontrarte en tu casa,

y vivir donde tú estás

en tu divina morada.

 

Dios y el hombre, tan unidos

morando en la propia estancia,

Dios transcendiendo y viviendo

en el cielo y en mi barca.

 

Ante tus ojos confieso,

Jesús, la fe que me salva:

Que eres presencia inmanente

con tu Pasión y tu Pascua.

 

Que viviendo en ti y el Padre,

hoy hasta mí te dilatas,

que en el Espíritu eres

Dios conmigo, Dios de gracia.

 

Eres Tú, sin ser el mundo,

que el mundo un día no estaba,

eres Tú, estando en mí,

Dios plenitud que me ama.

 

Soy tu amor existenciado,

nacido de tu Palabra,

amor para eterno Amor,

abandonado en confianza.

 

Nada tengo y tengo a Dios,

mi entraña divinizada,

no soy líquido que fluye,

soy palabra enamorada.

 

Soy historia humildemente

por él vivida y pensada,

acaso en próximo tránsito

por ser ya octogenaria.

 

Tu santa Divinidad

en carne experimentada,

sea mi fe credencial,

mi identidad consagrada.

 

Dame paz suave y tranquila

bajo tus divinas alas,

un vientecillo de cielo

en mi alma acurrucada.

 

Jesús, que sepa escribirte,

en prosa muy limpia y clara,

y que viva cuanto digo

sin darme nunca importancia.

 

O, más sencillo, Jesús,

que sepa amarte sin tasa,

sin pleitos de pensamientos,

sin pretender la batalla.

 

Jesús, me quedo en silencio,

que he comulgado, ¡oh, gracias!;

habla tú, que yo te escucho,

yo adoro: tú, Dios, ¡habla! Amén.

 

Madrid, viernes en Jesús de Medinaceli, 30 julio 2021.