miércoles, 28 de julio de 2021

1631. La perla preciosa – Rima de Evangelio (Mt 13,45-46)

 La perla…, la perla…

Jesús habla del Reino con la belleza y la poesía de las parábolas. Hoy el Evangelio nos evoca dos brevísimas parábolas, una de tono masculino: el tesoro escondido en el campo; otra de tono femenino: la perla preciosa. El tesoro, la perla son – lo dice Jesús – el Reino que él anuncia, el Reino que él entrega. Y el cristiano medita y contempla: el Reino es el mismo. Y los místicos se han deleitado en contemplar a Jesús, su realidad humano divina, como la totalidad de Dios para nosotros.

Por ejemplo, san Francisco. Y es que hasta el mero era deleite contemplativo.

“Bien lo saben cuantos hermanos convivieron con él: que a diario, que de continuo, traía en sus labios la conversación sobre Jesús: qué dulce y suave era su diálogo; qué coloquio más tierno y amoroso mantenía. De la abundancia del corazón hablaba su boca, y la fuente de amor iluminado que llenaba todas sus entrañas, bullendo, saltaba fuera. Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos, Jesús presente siempre en todos sus miembros”… (1 Celano IX 115).

Este párrafo nos puede sonar a san Bernardo: Iesu, dulcis memoria (atribuido a san Bernardo).

He aquí una rima sobre “la perla”.  La perla es el Reino y el Reino es Jesús. La belleza de la perla produce en el alma femenina resonancias e imágenes que no las lleva consigo el varón…; pero todo cuando sea bello – el color, la luz, la imagen, la flor, la perla, el movimiento… y el aire, si se puede ver… - produce una vibración humana intraducible, que se llama Amor, para el cual hemos nacido.

A esa vibración apunta el texto cuando: lleno de alegría (v. 44<<9

 

1. La perla…, la perla,

la perla brillante,

la perla del Reino

que tú predicaste.

La perla, Jesús,

que fue tu mensaje

La perla regalo,

herencia del Padre.

 

2. La perla encontrada,

sin arte ni parte;

que Dios es amor

siempre más grande.

La perla es mi vida,

secreto admirable;

allí encuentro todo,

y quiero que hable.

 

3. Yo quiero llevarla,

no quiero tatuajes,

venida del cielo,

será mi colgante.

La perla en mi pecho,

y no la ve nadie,

pero es mi secreto,

y de él todo nade.

 

4. La perla en mi frente,

como en mi semblante,

que brilla de luz

y bondad muy suave.

La perla en mis ojos,

que miran amantes,

la perla en mis labios

en casa y la calle.

 

5. Yo voy empedrado

de un solo diamante,

Jesús es la joya,

que vive y que late

y es el dulce sentirlo

si yo soy infante,

e invicto guerrero,

si voy en combate.

 

6. Jesús es mi vida,

Jesús sin disfraces;

yo soy su testigo,

no sea un cobarde.

La vida es más bella

con él por delante;

él es mi pasión

y humilde coraje.

 

7. ¡Oh Joya de Dios

y Sol del paisaje!,

de carne de Virgen

tomaste tu carne.

Te adoro y bendigo,

que siempre te alabe,

y tú me recibas,

caída la tarde. Amén.

 

Madrid, 28 julio 2021, miércoles sem. XVII tiempo ordinario.

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