jueves, 22 de julio de 2021

1626. A la Iglesia santa de Aguarico (21 julio 1987)

 A la iglesia santa de Aguarico (21 julio 2021)


La cosa ocurrió hace 34 años, el 21 de julio de 1987, cuando Alejandro Labaka Ugarte (nacido en 1920 en Beizama, Guipúzcoa), obispo prefecto apostólico de Aguarico, Oriente Ecuatoria, y la misionera Inés Arango Velásquez, terciaria capuchina, nacida en Colombia en 1937, partieron de Coca, para internarse en la selva, y desde un reducidísimo helipuerto tomar un helicóptero, que los bajaría en la pura en los Tagaeri, pueblo minúsculo no contactada, amenaza por la expansión de las petroleras. Llevaban el Evangelio, la paz, el abrazo de amistad, y había arrojado en vuelos precedentes utensilios, que les pudiera servir en sus quehaceres. Ya anteriormente con tribus hermanas había tenido contacto y convivencias. Por creerlos invasores…, o por lo que fueran los recibieron con lanzas, largas lanzas de caza y de combate; y sus cuerpos quedaron derramando sangre en la madre selva.

Pero la cosa venía de antes, en Alejandro, que entonces se llamaba Fr. Manuel de Beizama, capuchino, y lo mismo en la entusiasta e inquieta Hna. Inés, que quería ser misionero.

El P. Manuel había sido misionero en China (1947-1953), y en 1953, con tantísimos otros, fue expulsado por el gobierno. Volvió a su tierra de origen y fue pasando, con sus compañeros, por los semanarios capuchinos. El 31 de mayo de 1953, un joven seminarista capuchino, en el convento de San Antonio de Zaragoza, escribía en su cuaderno espiritual: “Día de los Colegios misioneros capuchinos. ¡Oh María, me da envidia el P. Manuel de Beizama; yo quiero ser como él! ¡¡¡Hazme misionero!!!”. Nada podía sospechar de todo lo que iba a venir después. Y al año siguiente, el 17 de marzo de 1954, anotaba el mismo joven seminarista, que entonces tenía 17 años: “Hoy se han despedido de nosotros el P. Felix, P. Manuel y fr. Alejo que marchan al Ecuador. Nos han hablado de China. Madre mía … ¡Que nunca se me vaya este espíritu misional y que por él se me abrase el corazón en un acto más intenso y más apostólico! ¡Madre, concede a tu hijo la gracia de ser misionero en China!”.

La cosa venía de lejos, porque la entrega a Jesús de Alejandro e Inés, la entrega total, venía desde la juventud.

Cuando ocurrieron esos hechos trágicos y gloriosos aquel seminarista, de propia iniciativa escribió un libro: Arriesgar la vida por el Evangelio (diversas ediciones), y más tarde, pro encargo de la Iglesia de Aguarico, aportando la documentación completa, escribió una libreo extensísimo: Vida y martirio de Mons. Alejandro Labaka y de la Hermana Inés Arango,

Hoy, aquel seminarista (que ya tiene 84 años), unido a la Asamblea Espiritual que se está celebrando esta semana en Aguarico, se une con emoción a la reflexión que están teniendo todos los misioneros y misioneras y les dedica este poema como Juglar del Evangelio. Ojalá pudiera recitarse a dos coros, ante Jesús Sacramentado y ante la tumba de Alejandro e Inés, en la Capilla-Catedral de la Ciudad de Coca, en el Oriente Ecuatoriano.

 

1. Discípulos misioneros,

y siervos de Jesucristo,

sois la flor y la esperanza

de la Iglesia de Aguarico.

 

2. Inés, hermana querida,

y Alejandro nuestro obispo,

Jesús os ha coronado

con la palma del martirio.

 

3. Fue el amor, solo el amor,

como Jesús nos lo dijo,

amor divino y humano,

consumado en sacrificio.

 

4. Llevasteis vida de Dios

a los pueblos escondidos,

que el Evangelio es pasión

para ser comprometidos.

 

5. Y hoy a los pies del altar,

en vida y en muerte unidos,

estáis diciendo los dos:

Seguid por este camino.

 

6. Somos Iglesia en salida,

consagrada en el bautismo,

la Paz y el Bien ofrecemos

y el don de nosotros mismos.

 

7. Con un solo corazón,

cual cristianos convencidos,

con proyectos y con obras

seamos anuncio vivo.

 

8. Jesús, venido a la tierra

para hacer de todos hijos,

con Alejandro e Inés

queremos ser tus testigos. Amén.

Desde Madrid, en la conmemoración de la muerte martirial de Alejandro y de Inés 2021.

 

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