El Evangelio en la fiesta de
Santiago
Mt 20,20-28
Texto evangélico:
20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. 21 Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». 22 Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». 23 Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». 24 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. 25 Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. 26 No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, 27 y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. 28 Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
Hermanos:
1. Este año ha coincido que el Domingo ha caído el 25 de julio, fiesta de Santiago en la Iglesia, en el ámbito de nuestra patria solemnidad del apóstol Santiago, Patrón de España, con la peculiaridad de que es Año Santo Jacobeo. El Arzobispo de Santiago (Mons. Julián Barrio Barrio) al final del año pasado escribió una amplia carta para abrir este Año Jacobeo: Sal de tu tierra – Ponte en camino – Santiago te espera. Meses después la Santa Sede ha concedido que el Año Santo se prolongue, por causa de la pandemia, por el año 2022.
Es el número 120 de los Años Santos compostelanos y el tercero en este milenio.
Como en el tiempo pascual, la primera lectura de hoy no ha sido del Antiguo Testamento, sino del Nuevo, y concretamente de los Hechos de los Apóstoles. Hemos escuchado cómo en sus primeros días la Iglesia era perseguida en Jerusalén, y hemos oído el testimonio explícito del martirio de Santiago en Jerusalén: “Por aquel tiempo, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro”. Un cristiano informado, al punto se pregunta; Si Santiago fue muerto en Jerusalén ¿cómo puede estar su sepulcro en Santiago de Compostela? La pregunta es del todo legítima y la respuesta no es del todo fácil, pero es asunto de una clase de Historia de la Iglesia.
Lo que sí es cierto es que Santiago ha sido y es un centro espiritual de vida de fe, al tiempo que lo es de otros valores. El arzobispo de Santiago cita al principio de su carta unas palabras del Papa Benedicto XVI, pronunciadas en Santiago, cómo los caminos que llevan a Santiago: “Crearon una vía de cultura, de oración, de misericordia y conversión, que se ha plasmado en iglesias y hospitales, en albergues, puentes y monasterios. De esta manera, España y Europa fueron desarrollando una fisonomía espiritual marcada de modo indeleble por el Evangelio” [Discurso en Santiago de Compostela, noviembre de 2010].
2. Centremos nuestra reflexión en el Evangelio. La madre de los hijos del Zebedeo tiene una petición (san Marcos pone la petición en labios de los hijos). La madre, olvidada de sí misma, pide lo que piensa que es lo mejor para sus hijos: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
La petición de la madre vuelve sobre nosotros mismos para reflexionar. Cuando yo oro, ¿qué es lo que anhelo…?, ¿qué es lo que pido?
¿Acaso “salud, dinero y amor”, como dice el refrán? Yo busco lo mejor y pido a Dios lo que me parece que es lo mejor para mí. La salud es un bien, y viene a ser el soporte necesario para todo lo demás.
3. Pero observemos a Jesús, que nos va a dar el verdadero sentir de Dios. Jesús escucha, cambia la petición en una pregunta, y al obtener la respuesta generosa, otorga lo que va incluido en la respuesta, que es mucho más que lo que habían pedido.
¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?
Participar en el cáliz de Jesús, en los sufrimientos de Jesús, ser bautizado en la sangre en la que él va a ser bautizado, es algo más sublime que el sentarse a su derecha y a su izquierda.
Y viene una respuesta decidida.
- Podemos.
Y esa inmensa gracia, que no habían soñado, es la que Jesús concede: Mi cáliz lo beberéis.
Jesús les ha concedido a los dos hermanos la gracia del martirio, la gracia de participar en su cruz, en su sangre, en su muerte. Y este es el mayor don que puede recibir una criatura: ser partícipe de los sufrimientos del Redentor.
4. Cuando el cristiano come el Cuerpo del Señor y bebe la Sangre de Cristo, que esto es la sagrada Comunión, no recibe a un Ser divino estático que estuviese ahí fuera y entrara como un tesoro. Comulgar es participar en el misterio integral de Cristo, muerte y resurrección. Comulgar es morir; es entregarse sin condiciones, y al mismo tiempo es participar en su santa resurrección.
La escena de los dos hermanos y la madre con Jesús, tiene una secuencia necesaria, que si la dejamos a un lado cortamos el sentido. Los otros diez discípulos, como dice el texto sagrado, se indignaron al ver esa pretendida superioridad y privilegio.
Jesús los llamó para marcar la verdadera pauta que debe regir la comunidad cristiana: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
La lucha por el poder, como ocurre en el mundo de la política, sería algo absurdo en la Iglesia, totalmente fuera de sentido en una comunidad, que es comunidad de amor, de entrega y de servicio. Si alguien tiene la ambición de ser el primero, está cegado, y realmente no sabe lo que es la comunidad de Jesús, sencilla, humilde y transparente.
5. Pero ahí no termina todo. Jesús nada enseña, nada revela, que no lo haya vivido. Su doctrina es su propia vida. De manera que este Evangelio culmina con una frase soberana: Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.
Este es el sentido de la vida de Jesús, palabras que se repiten en la Cena: Este es el cáliz de la nueva y eterna alianza, derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Ese es el sentido de la vida de Jesús, y él nos invita a que igualmente, unidos a Él, ese sea el sentido de nuestra vida.
Señor Jesús, gracias por haber vivido para amarnos. Que vivamos igualmente para amarte y por ti y desde ti a nuestros hermanos, y entregar nuestra vida por ti y por los hermanos. Amén.
Madrid, sábado 24 julio 2021
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