Rom15 1 Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los endebles y no buscar la satisfacción propia. 2 Que cada uno de nosotros busque agradar al prójimo en lo bueno y para edificación suya. 3 Tampoco Cristo buscó su propio agrado, sino que, como está escrito: Los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí. 4 Pues, todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. 5 Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; 6 de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. 7 Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. 8 Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas 9 y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre. 10 Y en otro lugar: Regocijaos, gentiles, junto con su pueblo. 11 Y además: Alabad al Señor todos los gentiles, proclamadlo todos los pueblos. 12 E Isaías vuelve a decir: Aparecerá el retoño de Jesé y el que se levanta para dominar a los gentiles; en él esperarán los gentiles. 13 Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo”.
(Lectura para el Oficio de Lectura del miércoles de la semana XV, año impar, 14-VII-2021).
Hoy he tenido visita,
muy agradable, por cierto,
el mismísimo Jesús
hoy ha venido a mi encuentro.
Era leyendo la Biblia,
recogido y en silencio,
el pasaje que debía
según el “propio del tiempo”.
Iba leyendo a Romanos
en los últimos consejos,
en el capítulo quince
el versículo primero.
El bravo apóstol decía
que debemos acogernos
los fuertes a los endebles
como Cristo…, nada menos.
Jesús el acogedor,
que ha acogido al mundo entero,
para hacer una familia
juntos gentiles y hebreos.
Los hebreos, sus hermanos,
de raza y sangre, primeros,
que él es hijo de Abraham
e Israel será su pueblo.
Y de Abraham a David,
como lo dice Mateo,
catorce generaciones
que se han ido sucediendo…
Cuando él leía la Biblia…,
¡qué familia, qué recuerdos!
“Y todos son mis hermanos,
que circunciso me siento”.
En su puro corazón
todos tenían su puesto…;
a todos los acogía,
mas no todos lo quisieron.
Y acogió a los gentiles,
iniciando un mundo nuevo,
que por él del Padre somos
legítimos herederos.
Y así lo vio Isaías,
como Pablo iba leyendo,
gustando en la Escrituras
revelación y consuelo.
Y de esta altura divina
él bajaba a lo concreto:
un mismo sentir en todos,
y un mismo será el afecto.
Como Cristo os acogió,
así debéis acogeros;
los fuertes a los endebles,
que el Señor solo es perfecto.
Él nunca buscó su agrado,
pues cargó los sufrimientos
que a otros pertenecían,
no a él, de pecado exento.
Sed unidad de sentir,
que moldea el pensamiento,
y un mismo pensar de amor
no será empobrecimiento.
Una visita he tenido,
pues Jesús iba viniendo,
para decirme al oído
que soy de los imperfectos.
No importa mi imperfección,
pues para todo hay arreglo,
si el Todo Santo y el Único
nos da sus merecimientos.
Y que en mi grupo en que estoy
él estará siempre en medio:
en la cocina, en la sala,
en la mesa y en el huerto.
Acogida es alabanza
y consuelo verdadero;
es obrar a lo divino,
como Jesús supo hacerlo.
Y verás que nunca falta
el don del amigo bueno,
porque el amor saca amor,
lo más dulce y lo más bello.
Madrid, San Buenaventura 2021.
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