viernes, 16 de julio de 2021

1623. Jesús se puso a enseñarles – La fe y la doctrina de la fe

 

Jesús se puso a enseñarles – La fe y la doctrina de la fe

Mc 6,30-34


Texto evangélico:

30 Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31 Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. 32 Se fueron en barca a solas a un lugar desierto. 33 Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 34 Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

 

Hermanos:

1. Seguimos leyendo los domingos el Evangelio según san Marcos. Este Evangelio, leído cada tres años, toca siempre en el tiempo veraniego. En vacaciones, y en este ambiente tiene una resonancia especial la invitación de Jesús. La acabamos de oír; grabémosla: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.

Hubo que cambiar el proyecto, porque la gente asediaba a Jesús, y no hubo más remedio que atenderles. Como tantas veces ocurre en la vida: que uno planea y una fuerza mayor le obliga a dar un giro total. Y al final uno tiene que reconocer: Allí estaba Dios. Es lo que dice en otro lugar la Biblia, aunque el sentido no sea exactamente el mismo: Porque mis planes no son vuestros planes, | vuestros caminos no son mis caminos | —oráculo del Señor— (Is 55,8). En el lugar de Isaías es una especie de reproche; aquí no la tomamos en este tono, sino que gozosamente aceptamos que, de repente, Dios cambie nuestros planes.

 

2. La gente busca a Jesús. ¿Por qué lo buscan? Porque lo necesita. San Marcos, de su cuenta, hace una reflexión, que hoy va a ser el tema de nuestra homilía: Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Jesús es pastor y se comporta como pastor. ¿Quién es un pastor? El que lleva a sus ovejas a pastar, a la hierba y a las fuentes, el que sabe qué es lo que necesita y dónde está.

Se ha hecho muy famosas una de esas frases expresivas y espontáneas que tiene este papa (que en años jóvenes fue profesor de literatura), cuando se le ocurrió decir: pastores con olor a ovejas.

El Evangelio de san Juan, que ha desarrollado la alegoría del Buen Pastor, que evidentemente es Jesús, nos llega a decir que el buen pastor conoce a cada oveja por su nombre, y que es capaz de dar su propia vida por las ovejas. Los pastores ponen nombre a los perros, pero no a las ovejas, salvo excepciones, pero dicen que cada oveja tiene cara distinta, cosa que el que no es pastor no se lo imagina.

Aquí lo que

 Dice san Marcos es que aquellas buenas gentes andaban a la deriva, como ovejas sin pastor, y que por esto Jesús se puso a enseñarles muchas cosas, o “se puso a enseñarles largamente”, como prefieren otros. Hablando entre personas: un guía, un pastor no es un buen pastor si no sabe instruir, orientar, corregir, si es preciso. Si no cumple este trabajo, no es un buen pastor. Lo contrario, un mal pastor es aquel que se aprovecha del rebaño para sus ventajas personales. Podemos hablar igual en el orden religioso que en el orden civil.

 

3. A eso viene la primera lectura de hoy, recordando los malos pastores que ha habido en Israel y prometiendo un buen pastor, como legítimo heredero de David. El cristiano va a identificar a ese buen pastor en Jesús. El texto de la profecía de Jeremías, profeta del destierro e Israel, dice entre otras cosas

Esto dice el Señor, Dios de Israel a los pastores que pastorean a mi pueblo: «Vosotros dispersasteis mis ovejas y las dejasteis ir sin preocuparos de ellas. Así que voy a pediros cuentas por la maldad de vuestras acciones —oráculo del Señor—. 3 Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multipliquen. 4 Les pondré pastores que las apacienten, y ya no temerán ni se espantarán. Ninguna se perderá —oráculo del Señor—»:

 

4. Jesús es buen pastor enseñando, y fijémonos, hermanos, su doctrina ha sido la causa de su condena. El buen pastor es, sin duda, el que socorre a los pobres, el que promueve obras de caridad, como comedores populares y cosas semejantes. La doctrina y la acción no se pueden separar. Pero caigamos en la cuenta de que Jesús no ha sido condenado a muerte por curar enfermos o expulsar demonios, sino por las palabras que él dijo, que para las autoridades eran blasfemia, y cuestionaba la enseñanza oficial que ellos sustentaban.

Estoy reflexionando sobre estas cosas y escribiéndolas hoy, viernes, y el Evangelio del día dice dos blasfemias de primera categoría. Jesús habla y dice que es mayor que el Templo, y que es Señor del Sábado. El Sábado lo estableció Dios al final de la creación, según la fe del Antiguo Testamento; ¿cómo puede decir un ser mortal que él es el Señor del Sábado? Esto es una blasfemia…, que merece lapidación o muerte de otra forma.

Y hoy podría ocurrir exactamente igual: a un obispo no lo van a destituir porque sea un ángel de caridad y construya tales y cuales obras de promoción social. La cosa sería muy distinta si saliera frontalmente en contra de decisiones del gobierno, o del rey o de la constitución sobre la que se basa la convivencia. Y la respuesta sería ésta: No es tu competencia; no es el momento; ya está dicho, no hay que repetirlo.

 

5. Hay dos puntos, hermanos, que quisiera clarificar desde este puesto de lo que posibilita una homilía, que es una iluminación de fe dentro de una celebración sagrada.

El primer es este: Que la fe requiere una doctrina. En las últimas homilías he hablado de la fe. La fe es el don de Dios por la cual accedemos al Dios revelado. Decía, por ejemplo, que María virgen conoce a su Hijo solo por la fe. Nos puede sorprender, pero es así.

Lo que hoy quiero añadir es que la fe hay que cultivarla; y esto es la doctrina de la fe. La gran mayoría de los cristianos bautizado cultivan la fe, con la homilía del domingo, que, si pasa de diez minutos, comienza a ser rechazada. Pero la homilía, hermanos, es una actualización de la Palabra de Dios en una celebración; no es, de ninguna manera, una explicación ordenada de las verdades de la fe…, que eso es una obra de catecismo, de catequesis, de teología…, que pide su lenguaje propio, sus aclaraciones, incluso sus discusiones… Y esto, hoy por hoy, es un gran vacío en la vida cristiana.

Y así encontramos a personas de alta formación profesional, en la ciencia que han estudiado, pero cuasi-analfabetos en la fe, porque se hal alimentado del catecismo de la escuelas y de las catequesis de confirmación, cosas necesarias, pero del todo insuficiente.

 

6. Otro punto diferente, que requeriría un contexto diferente del de una homilía dominical, se refiere a todo lo que sea el pensar humano en la política. La política es una función noble y del todo necesaria; pero la política no puede ser una rivalidad de partidos. La política tiene que ser la confluencia de las mentes esclarecidas, que saben, que opinan, que confrontan, siempre sobre un humanismo, que transciende todo partido, y sobre una concepción del Ser supremo que rige el mundo, que para un político cristiano es Dios, como Padre y Redentor.

 

Señor Jesús, tú eres el Buen Pastor, y como buen pastor enseñas el camino de la vida; condúcenos por ese camino y haz que todos tus pastores tengan esas palabras de vida que tú has tenido. Amén.

 

Madrid, viernes, 16 julio 2021.

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