El
Evangelio, si humildemente lo recibimos como gracia de Dios, como revelación
preciosa que Jesús nos comunica, nos ofrece la posibilidad de vernos retratados
en el siervo bueno y fiel, a quien Jesús felicita: el siervo de los cinco
talentos, el siervo de los dos talentos. Jesús, el Señor, le felicita a cada
uno, porque el amor de cada uno de los dos ha producido el ciento por cien.
Como
Juglar del Evangelio podemos cantar esta dicha que nos espera. Todo será por la
pura gracia y misericordia de Dios, pero será así.
Es
el panorama que va a seguir a la partida de este mundo, a la muerte, cuando el
Señor quiera enviarla.
Jesús
nos da la bienvenida, nos felicita, y nos da como premio su propio gozo: el
banquete del cielo.
Este
Juglar, a su modo y estilo, con sencilla rima quiere cantar esta dicha que nos
espera, y que nos anima mucho a trabajar ene esta vida, por él, al cien por
cien.
Esta
imagen de la muerte, de nuestro tránsito o Pascua podríamso decir, es la que
nos dio Jesús mismo en el discurso de despediada de la cena: “…me voy a
prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré
conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros” (Jn 14,2-3).
(Personal.
Escribo estos versos a la memoria de mi padre, Rufino Grández García, +
1/XII/1947 que habiendo recibido los Santos Sacramentos, le decía al Párroco:
Don José, ¡cuándo se va a separar el alma del cuerpo para ver a Dios!).
1. Estamos
terminando el ciclo del año litúrgico; el próximo domingo será el último,
Domingo de Jesucristo Rey del universos. Estamos leyendo los capítulos
culminantes del Evangelio de San Mateo, antes de entrar en la Pasión del Señor,
y los mensajes que nos van llegando domingo tras domingos son mensajes serios.
Y también esta línea av el mensaje que acabamos de escuchar.
Para entender
correctamente lo que acabamos de escuchar, hemos de saber que la Fe, que es el
gran regalo que Dios nuestro Padre nos ha dado con la revelación de su Hijo
amado, tiene múltiples perfiles, que, de repente, parecen contrarios.
Si yo digo: la
Fe es gratis, nadie se la merece; Dios nos la regala, y el cielo, después de
esta vida, será el don de Dios, por los méritos de su Hijo, estoy diciendo una
gran verdad.
Pero si yo
digo que el cielo hay que ganárselo a pulso, trabajando y haciendo rendir lo
que Dios nos ha dado, estoy diciendo otra gran verdad. Entonces, hermanos, ¿con
cuál nos quedamos? Con las dos, no nos confundamos.
Vamos, pues, a
explicar la parábola que Jesús nos dice y luego sacer las consecuencias para
nuestra vida.
2. Jesús nos
dice que el Reino de los cielso se semnjante a lo que pasa con un gran señor
que se va de viaje, y deja a sus encargados con sus responsabilidades, y les
dice además que ya volverá. Por lo tanrto: Trabajad hasta mi vuelta.
Jesús se va,
sí, se va definitivamente por el camino doloroso de su Pasión y muerte; pero ha
de volver. Trabajad hasta mi vuelta; sed responsables. Podríamos titular esta
parábola que en la Biblia figura como “la parábola de los talentos”, como la
Parábola de la responsabilidad.
Cada uno de
nosotros está en el mundo con una responsabilidad; y yono puedo decir a mi compañero: Haz tú por mí
lo que yo tengo que hacer. Esto es indigno, es destructor, y va contra la
dignidad de cada uno. Cada quien tiene sus cualidades, tiene su tarea, tiene su
misión, y por lo tanto tiene su responsabilidad. Aquí no se habal de quién es
mas y quién es menos. Todos hemos sido creados por Dios uno a uno, amados por
Dios uno a uno, y Dios nos ha dado nuestra misión uno a uno.
Este señor que
Jesús imagina le dio a uno 5 talentos; no podemos imaginarnos el equivalente en
dinero actual. Pongamos, por poner, 5 millones; a otro le dio 2 millones, a
otro le dio un millón. Pero hay un dato que debemos subrayar: a cada cual
según su capacidad. Nuestras
capacidades son distintas.
Igualmente hay
otro datos, que no podemos despreciar, cuando el texto nos indica: los dejó
al cargo de sus bienes. Cuidado, no somos dueños, somos administradores.
Qué bonito es
ver la vida así: somos los administradores de Dios. El mundo entero sigue
siendo de Dios, y nosotros sosmos sus administradores. Debemos trabajar y
rendir al ciento por cien; no al ochenta por cien, o al cincuenta por cien.
Trabajar con alma, vida y corazón y rendir al cien por cien. Esa es nuestra
vocación, ese es nuestro destino.
3. Y llegó la
hora en que volvió el Señor. El que había recibido cinco millones, le dijo: me
diste cinco, ahora tengo diez; tu capital ha producido otro tanto. Rotunda
felicitación. Fijémonos lo que se inventa Jesús, que parece que la parábola se
convierte en una alegoría: Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en
lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor. ¿Cuál
será el gozo de tu Señor? Si pensamos en el premio definitivo del cielo no
andaremos equivocados. Al final de mi trabajo, yo voy a entrar en el gozo de mi
Señor.
Segunda
escena. Es la repetición exacta de la anterior: “Señor, dos talentos me
dejaste; mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y
fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el
gozo de tu señor”.
4. La tercera
escena es lo contrario; es la hecatombe. Vamos a ver lo que hizo el que no
tenía más que un millón. El de un millón no ha hecho nada.
“Señor, sabía
que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no es-parces,
tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
No ha pasado
nada, no ha robado, no le ha hecho producir; las cosas están como al principio,
no pasa nada. No es esta la conclusión e la parábola. Jesús inventa otro final,
que no es el final del “Buen Fin” en el que estamos este fin de semana.
Eres un siervo
negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo
donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al
volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses.
Cosa curiosa
que Jesús en este ejemplo nos ponga un caso de economía, en al que él nunca
tuvo parte.
Jesús califica
a este siervo de “negligente y holgazán”. El castigo va a ser terrible, una
prefiguración del infierno: Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las
tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes. A una vida
infecunda no se le puede dar el cielo gratis. ¿No podemos decir, por tanto,
hermanos, que el cielo tenemos que ganarlo a pulso, con nuestro trabajo, con
nuestra responsabilidad, poniendo alma, vida y corazón para rendir al cien por
cien?Así es, hermanos, así es.
5. Ahora en el
examen de este caso trágico, hay un secreto, que nos da la clave: Tuve miedo,
porque tú eres un señor severo, y pides más de lo que das.
Aquí está la
trampa. Este mal trabajas tiene una imagen de su amo, que no es la foto, sino
la caricatura. Si el Dios en quien yo creo es un Dios tremebundo, yo me voy a
quedar paralizado, y voy a justificarme a mí mismo, para decirme que soy
holgazán con razón, porque no vale la pena servir a un señor de esta catadura.
Pero, al
contrario, si el Dios en quien yo creo es un Dios de amor, entonces todo va a
cambiar, y entonces claro que mi producción va a ser al cien por cien, o más,
soltando la imaginación, al ciento por uno. Que también Jesús habló de esto en
otra parábola: al que deje todo por él se le dará el ciento por uno, y lo comprobará,
llega a decir Jesús, incluso en esta vida.
5. De manera
que la parábola nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad y todavía
más a pensar sobre quién ese ese Dios que mueve nuestra vida y es el motor de
nuestra producción. Yo hago por Dios lo que no haría por nadie de este mundo,
porque Dios es todo el bien de mi vida.
A otars
reflexiones colaterales nos invita esta parábola, pero tenemos que cerrar aquí.
Hermanos, la
vida es don de Dios, y las ganas de trabajar por él también son don y regalo
suyo. Todo es el don, y el don retornar a él, en acción de gracias, como
oblación de amor.
Señor Jesús,
tú me has dado todo, y todo te lo devuelvo a ti adornado con el trabajo que he
podido hacer con tus bienes. Espero que un día me digas: Bien, siervo bueno y
fiel, entra en el gozo de tu Señor.
Esta Oración en Poesía no es un himno
radiante, sino una aspiración de amor que sale del corazón para exhalarla ante
Jesús en el Cerrito, en la Casa de San Juan Diego. Una música suave (confiada
al Mtro. Carlos Jerel Urbán) puede darle nueva sonoridad interior; porque la
música es vehículo de paz, de contemplación, de sabiduría. Se nos ha dicho en
el Congreso que los años culminantes de la vida de san Juan Diego, en la ermita
de la Virgen, Dul Señora, fueron el modelo del camino eucarístico que debemos
seguir. Quien por gracia ha descubierto la Eucaristía ha descubierto la vida,
porque en la Eucaristía está toda la revelación de Dios.
(Estribillo entre varias
estrofas)
Juan
Diego de Cuautitlán,
por
una Madre elegido,
tu
sencillez y tu fe
avivan
nuestro Bautismo.
Hoy
venimos a tu casa,
porque
tú nos has traído,
y
a Jesús Eucaristía
le
damos gracias contigo.
(Estrofas)
Chichimeca san
Juan Diego,
en Cuautitlán
bien nacido.
tu recuerdo es
hoy presencia
con María en el
Cerrito.
Fuiste digno de
tu raza,
Cuauhtlatoatzin
tu apellido,
con tu esposa y
tu trabajo
fuiste el indio
bendecido.
*
* *
Pero el Dios por
quien se vive
iba haciendo su
camino,
te aguardaba en
la Doctrina
para darte el Pan
divino.
Y una visita del
cielo
aquel diciembre bendito,
por una dulce Señora
abrió tu nuevo
destino. (Estribillo)
*
* *
A ti y a nosotros
juntos
vino entre rosas
y trinos
a decirnos que
era Madre
y nos amaba cual
hijos.
Y llegó hasta
Cuauhtitlán
por tu tío Bernardino,
que la Virgen lo
curó
porque es la
Madre de Cristo.
*
* *
Eres, Juan Diego,
Evangelio
que nosotros
recibimos,
el don que el
Padre regala
por el Hijo a los
sencillos.
Tu vida fue vida
nueva
de adoración y
servicio,
la capilla y el
sagrario,
abierto a los peregrinos.
(Estribillo)
*
* *
Hoy te decimos
con gozo:
Eres, Juan Diego
querido,
el hermano en
raza y sangre,
nuestro camino
eucarístico.
Emigramos por la
vida,
por la Fe bien
conducidos,
la Madre del
Tepeyac
nos guarda junto
a su Hijo.
*
* *
Sea tierra de María
el país donde ella vino;
y sea el santo Evangelio
nuestro secreto y prodigio
¡Gloria a Él ahora
y siempre.
Gloria a ti
Jesús, Dios mío,
todo bien,
Eucaristía,
compañía por los
siglos! Amén. (Estribillo)
Cuautitlán,
12 noviembre 2023, día final del Congreso.