1909. Dom XXI A – Jesús nos revela su identidad de Mesías, Hijo de Dios vivo
Mt 16, 13-20
Texto
13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 14 Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». 17 Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Ahora yo te digo: tú eres Pedro*, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 19 Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 20 Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Hermanos:
1. En la lectura que vamos haciendo llegamos a un punto central de la vida de Jesús, y como siempre decimos que el Evangelio en todas sus escenas y palabras es revelación de fe que Dios nos regala, hoy podemos titular nuestro mensaje: Jesús nos revela su identidad de Mesías, Hijo de Dios. La pregunta de Jesús atraviesa los siglos: ¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Quién decís vosotros que soy yo?
De la respuesta que demos a esta pregunta la pregunta y la respuesta que demos a nuestra propia vida y existencia, de modo tanto personal como comunitario o social. ¿Quién es Jesús? ¿Es simplemente un maestro o líder de la humanidad, al rango de otros, o es algo más e incluso único?
Como cristianos tenemos una respuesta, que para nosotros es una respuesta absoluta y definitiva. Nos pueden llamar fanáticos, pero creemos que nuestra fe, que sorprende al mundo, es humilde y leal.
Vengamos, pues, a los momentos distintos de esta escena y al significado de los mismo.
2. Esta escena nos la cuenta al detalle los tres primeros Evangelios, es decir, san Mateo, san Marcos y san Lucas. Estamos en la región en la región de la Cesarea de Filipos, al norte de Israel, colindando con los países de afuera. Jesús se ha retirado allí. Y ¿para qué? San Lucas nos ha dado este detalle de primera importancia: “Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»” (Lc 9,18).
Es un momento de oración muy importante. Como lo será la oración que Jesús hace en el monte de la Transfiguración. Le acompañan sus discípulos íntimos, los apóstoles. Y en este momento quiere clarificar conceptos y decisiones. ¿Quién es él para le gente, quién es él para sus discípulos?
¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
El Hijo del Hombre, así hablaba Jesús de sí mismo, con una designación misteriosa que había tomado del Antiguo Testamento, de los profetas Ezequiel y más particularmente Daniel.
La gente tiene distintas opiniones y le ofrecen, como ejemplo, cuatro respuestas:
Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Todas estas respuestas son muy dignas y laudatorias; coinciden todas en algo misterioso, pero no acaban de dar con la última identidad de Jesús.
Desde los tiempos de Abraham Dios está haciendo una historia maravillosa con su amada pueblo de Israel, y en esta historia ha suscitado profetas preclaros. Jesús es uno de esos profetas excelsos del pueblo de Dios.
Es Juan el Bautista que ha revivido. Oigamos este otro pasaje del Evangelio que nos va a aclararlo que estamos escuchando. “Como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». Otros decían: «Es Elías». Otros: «Es un profeta como los antiguos». Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado»” (Mc 6,14-16).
Jesús podía ser Elías, que según la Escrituras había de venir al final de los tiempos. O acaso podía ser el profeta Jeremías, que Israel lo consideraba como intercesor por el pueblo de Dios.
En todo caso, los mejor intencionados veían a Jesús como un hombre de Dios maravillo, al rango de los más grandes profetas; pero no pasaban de allí.
3. Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Ahora ya no es el Hijo del hombre, simplemente “yo”: ¿Quién soy yo? ¿Por qué venís conmigo? ¿Qué hacéis visto en mí?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo»
Simón hace esta confesión de fe, y se entiende que en este momento está hablando por sí mismo y en representación de sus compañeros.
Jesús es el Mesías, que anunciaban los profetas: es, pues, más que profeta: E incluso Jesús es el Hijo de Dios vivo.
¿En qué universidad ha aprendido Simón estas cosas? ¿Cómo lo ha discurrido? ¿Quién se lo ha dicho?
Lo vamos a oír de las mismas palabras de Jesús. No hay en el mundo nadie que me pueda decir a mí quién es Jesús de Nazaret. Tiene que ser Dios mismo el que me lo revele en el corazón.
Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos,
Esta frase es divina y nos trae a nosotros un divino consuelo. Si yo quiero saber quién es Jesús me lo tiene que revelar Dios mismo, como Dios no se lo había revelado, ni a Moisés ni a nadie antes de la llegada de este momento. El hombre, por sus estudios humanos, no puede llegar a la identidad de Jesús. Solo hay un camino que Dios mismo nos lo revele.
4. Hermanos, estamos diciendo cosas que a lo mejor la mejor Filosofía de los hombres nos lo reproche. El hombre solo conoce lo que alcanza la razón humana, y debe regirse por ella; lo demás es subjetivismo, es mito, es imaginación.
Este es el problema; y esto es la Fe.
En el mundo hay múltiples religiones. Las había en el tiempo de Jesús, las hay hoy, y ha de seguir habiendo. Todas ellas buscan a un ser poderoso y transcendente, dueño de la vida, a quien debemos obedecer. Ninguna se ha atrevido a afirmar que un hombre, una ser de la raza humana, alguien nacido de mujer, sea el verdadero Hijo de Dios. Y es lo que nosotros decimos: Jesús, hijo de María, es el verdadero Hijo de Dios, Creador de cielo y tierra, y en su día Juez del mundo, y desde ahí nosotros queremos dar sentido a la vida-
Nos dijeron los maestros antiguos: Yo, cristiano, no considero nada de cuanto hay de humano ajeno a mí mismo. (Nihil humanui a me alienum puto). Como discípulo de Jesús, hijo de Dios, me interesa todo lo humano. Desde esa visión total de vida, que me da el admitir la divinidad, la soberanía de Cristo, me interesa el trabajo, la educación, la familia, la salud, la economía, la política.
Esto es así, mis queridos hermanos, y no debemos avergonzarlos de creerlo y anunciarlo.
Dios habita en nuestros corazones, y lo que reveló a Pedro nos lo sigue revelando a vosotros. Así entendemos mejor la extraña frase final de este Evangelio: Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Sin duda que era una medida provisional. Pero apunta algo definitivo, muy importante. El conocimiento de Jesús no se puede mercantilizar. No es cuestión de proselitismo, de marketing o cosa parecida. Se trata de amor, de revelación, de intimidad. Entonces sí, cuando uno llega a este conocimiento se juega la vida por la vida.
Concluyamos con una súplica humilde y confiada a Jesús:
Señor Jesús, tú eres el amor y sentido de mi vida. Ha que te conozca a ti con ese conocimiento que el Padre del cielo otorgó a tu apóstol Pedro, y por medio de él a toda tu santa Iglesia. Amén.
Alfaro, La Rioja, sábado 26 agosto 2023.