sábado, 19 de agosto de 2023

1907. Dom XX A – Jesús abre el Evangelio al mundo pagano


1907. Dom XX A – Jesús abre el Evangelio al mundo pagano

Mt 15, 21-28

 Texto

21 Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22 Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». 23 Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». 24 Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». 25 Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». 26 Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». 27 Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

28   Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

     En aquel momento quedó curada su hija.

 

Hermanos:

1. Seguimos con el santo Evangelio según san Mateo. Para entender correctamente el episodio de hoy tenemos que saber un poquito de geografía de la que llamamos la Tierra Santa. La Tierra de Israel es un franja de lo que hoy llamamos Oriente Próximo que linda con el Mediterráneo, y allí el puerto industrial de Haifa, y por la parte Norte Líbano y Siria.

Tiro y Sidón son dos ciudades de las que se habla en el Antiguo Testamento; así en el profeta Ezequiel.; hoy están en el territorio de Líbanos. Son dos ciudades no judías, dos ciudades paganas. Jesús se retiro a la región de Tiro y Sidón, cierto que no en plan de vacaciones como viajamos hoy en día; pero seguramente que en plan de descanso. En todo caso Jesús no va en plan de misionero, como irá San Pablo, recorriendo ciudades del Imperio Romano.

Esta situación geográfica y espiritual nos va a dar el sentido de la revelación que nos transmite Jesús ene l santo Evangelio.

2. Y he aquí, pues, que una mujer ha oído hablar de él. Esta mujer no es judía, es pagana; es una “cananea” así la califica el Evangelio. Hemos de pensar que ella no sabe lo que es al Ley de Moisés; que ella no ha ido a la sinagoga, porque allí no hay sinagogas. Pero Dios tiene almas selectas en todas partes. Y hoy ocurre lo mismo que Dios tiene muchos santos entre los budistas, entre los musulmanes, entre religiones que se practican en África. Esta mujer ha oído hablar de Jesús y sabe que Jesús es un hombre de Dios. No le importa que no sea de sus creencias, no le importa que sea judío; incluso llega a llamarle “Señor, Hijo de  David”. Y acude a él con una necesidad.

Una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Jesús quiere probar su fe, purificarla, hacerla más fe, y no le da una respuesta. Pero la mujer sigue gritando y gritando lo mismo, hasta que los mismos apóstoles tienen que intervenir: Atiéndela, que viene detrás gritando.

Y Jesús responde a los apóstoles con una frase desconcertante: Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel.

¿Cómo es posible que Jesús hable con este lenguaje? Él que se sabe Hijo de Dios, se abre a toda miseria humana, y como lo va a decir en el momento de la cena, su entrega y su muerte, va a ser no solo por unos pocos, sino por los muchos, por todos, como lo habían anunciado los profetas. Jesús en este momento está esperando la hora exacta y aquilatando más y más la hermosura de la fe de esta gran mujer.

La mujer insiste: Señor, ayúdame. Cuando Jesús nos ha hablado de la oración nos ha dicho que insistamos una y otra vez. Recordar aquel ejemplo de la viuda importuna: tenemos que cansar a Dios.

Jesús le ataja: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. Para los judíos, ellos eran los hijos; los demás, los de fuera, los perros de casa. Pero la mujer, valiente, vuelve otra vez, para decirle:

Pero, Señor, entérate bien de lo que te digo, que no te estoy pidiendo el pan de los hijos; estoy pidiendo las migajas, las basuritas que caen deba de la misa, que hay que tirarlas y se las comen los perritos.

Si bien lo pensamos, esto que está diciendo la mujer, no es una frase ingeniosa o genial; es una inmensa confesión de fe. Intuyo quién eres, y tengo tanta fe en ti, que te pido no un gran milagro, te pido lo que para ti es una cosita de nada… , porque curar a mi hija, para quien es dueño de cielo y tierra es una cosita de nada.

3. Y ahora viene la frase principal del relato, la confesión de fe que hace Jesús, dirigiéndose a la mujer, como hoy se quiere dirigir a nosotros: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

Jesús hace este milagro a distancia. San Marcos nos precisa: “Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado” (Mc 7,30).

Llegará el momento, luego de la Resurrección, en que Jesús ordene a sus apóstoles: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

San Pablo proclama bien fuerte: Ya no hay judío ni griego.

Y los profetas nos lo habían anunciados con las bellas palabras que hoy hemos escuchado en la primera lectura:

“A los extranjeros | que se han unido al Señor para servirlo, | para amar el nombre del Señor | y ser sus servidores, | que observan el sábado sin profanarlo | y mantienen mi alianza,

los traeré a mi monte santo, | los llenaré de júbilo en mi casa de oración; | sus holocaustos y sacrificios | serán aceptables sobre mi altar; | porque mi casa es casa de oración, | y así la llamarán todos los pueblos” (Is 56,6-7).

El Templo de Dios, la Casa de Dios, es Casa de oración para todos los pueblos. Esta mujer, sin saberlo, nos lo ha anticipado.

5. El Dios en quien creemos, ese Dios que ha anunciado Jesús en la predicación del Reino es el Dios que llama a todos los pueblos. Y los llama por Jesucristo y los llama para recibir el Evangelio de Jesús. Bien sabemos, hermanos, que Dios actúa a través de todas las religiones; pero nosotros, como discípulos de Jesús, queremos continuar la obra que él ha anunciado: anunciarle a él y proclamar el Evangelio, porque en ninguna religión se va a encontrar la riqueza que nos ha traído Jesús con el Evangelio.

Señor Jesús, te pedimos dos gracias: la fe invencible de esta mujer cananea que arrancó ese milagro de tu corazón; y también te pedimos que, estemos donde estemos, con nuestra vida y nuestras palabras seamos testigos y mensajeros del Evangelio y del amor del Padre hacia todos. Amén.

Madrid, sábado, 19 de agosto de 2023, San Ezequiel Moreno, santo misionero de mi pueblo de Alfaro (La Rioja)

No hay comentarios:

Publicar un comentario