Yo quiero vida y vivir
Cuando nos acercamos a la Escritura, que es Palabra de revelación y amor de Dios para sus hijos, nos acercamos a la Zarza ardiendo. Y oímos como Moisés en el monte Horeb, a quien Dios le dijo: “Moisés, Moisés… No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que piesas es terreno sagrado” (Ex 3,4-5). ¿Qué significa el relato de la resurrección de Lázaro, entremezclado es escenas conmovedoras de amor? ¿Es que Jesús saca del sepulcro a un muerto, que ha terminado su vida humana, para que comience otra vida humana, con los propios riesgos de toda vida humana, una vez concluído el paso definitivo? Dice la Sagrada Escritura: “el destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio. 28 De la misma manera, Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar a los que lo esperan (Hb 9.27-28). El significado del texto – sea cual sea el género literario en que ha sido escrito (lo explicábamos en la homilía) es la proclamación de lo que Jesús revela, que nos llega hasta nosotros:
“Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; 26 y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (Jn 11,25-26).
El supremo don que Dios Dios Creador hace a su creatura es darle la vida inmortal, por la Pascua de su Hijo. Es lo que queremos cantar ene esta rima espiritual al eco del Evangelio de la resurrección de Lázaro.
La piedad cristiana ha cultivado el ejercicio de preparación para la Buena Muerte. Confesar nuestra fe en la vida inmortal que se nos da por gracia del Hijo, es también un ejercicio de preparación para nuestra Buena Muerte, que esperamos pro la bondad de Cristo Redentor.
Yo quiero vida y vivir,
pero vivir para siempre;
quiero la vida de Dios,
cuando atraviese la muerte.
Mas no sé ni me imagino
cómo será lo que viene,
porque mi suma Razón
espantada se estremece
Quiero amar y ser feliz
y eso sí bien me apetece;
y amando poder decir:
Hoy es hoy eternamente.
No hay ayer, pues no hay mañana
ni en mis ojos ni en mi frente;
el tiempo ya se marchó,
que el tiempo ata y detiene.
Ser inmortal es amar
y estar en la pura fuente,
en donde brota el amor
que al correr crea corriente.
Es entrar en Trinidad
ser en eterno presente,
como Dios ya era Dios
antes que nadie existiese.
7. Es quedar divinizado
tras el final de repente,
y sentirse la victoria
de Cristo resplandeciente.
Ser vida, vida inmortal
yo que soy ser contingente,
es el mayor de los dones
que Dios tiene en sus haberes.
Y las primicias las llevo
latente en todos mis genes,
que “ab aeterno” fui pensado,
nacido en vida terrestre.
Mi vocación de amor puro,
abierto a la luz celeste,
la inoculó mi Dios Santo
de su mente hasta mi mente.
Soy divino para Dios,
de su origen descendiente,
caricia que de Él salía
para su propio deleite.
Soy inmortal porque a Él
así le gustaba verme,
el universo pasaba
y Él quería el Árbol verde.
Soy inmortal en el Hijo,
grano muerto que florece,
y al florecer es cosecha
de la fe y todos los fieles.
Yo pido a Jesús la gracia
de acogerla, cuando ella llegue,
a la Muerte como Hermana,
como Esposa que enternece.
Y decirle, lagrimado:
¡Que me bese, que me bese!
que ya ha llegado el Amor
con todos los parabienes.
Me acuerdo de san Francisco,
cuyo hábito me envuelve,
él la acogía cantando,
gustando puros placeres.
Jesús, mi luz terminal,
yo confieso que me quieres,
y si el querer es verdad
el gozo será mi suerte.
El encuentro con tu rostro,
sea el deseo más fuerte,
la vida se va pasajera
y eres tú quien siempre eres.
Sea gracia, toda gracia,
el anuncio de que vienes,
que me quieres inmortal
trofeo de tus laureles.
Dulce morir en tus brazos,
cuando mis ojos se cierren,
y en tu Pascua victoriosa
con tus ojos me despierte.
Soy inmortal por amor
en Jesús que resplandece,
¡Gloria a Ti, Vida vertida,
Gloria a ti, Jesús Viviente!
Cuautitlán Izcalli, V domingo de Cuaresma, 26 marzo 2023.