domingo, 12 de marzo de 2023

1868. El Banquete de mi Padre – Rima espiritual sobre la Parábola del Padre bueno

 

El Banquete de mi Padre – Lc 15,24

La parábola del hijo pródigo – una de las tres parábolas de la misericordia de Lc 15 (dracma perdida, oveja perdida, hijo perdido) – que llaman, más bien, la Parábola del Padre bueno, o sea acaso la Parábola del Padre y de los dos hijos, es la Reina de la parábolas, la Joya de las parábolas.

Los muy sabios exegetas (John P. Meier, 1942-1922) dicen que posiblemente esta y las más famosas (Buen Samaritano, Ovejas y cabras en el juicio final, las Diez vírgenes…) sean creación de la comunidad, bajo el impulso irrefrenable de la creatividad de Jesús. Lo absolutamente ciertoe s que hoy Jesús Resucitado me está diciendo esta parábola a mí; pero ocurre que yo no soy ni el hijo malo, descarriado, ni el hijo “bueno” que no comprende esa locura de amor que es el banquete que el padre bueno – el único bueno – ha preparado para el hijo que, al fin, ha retornado. Le perdona, y de su pecado no se acordará más, y ha creado para éle este banquete nupcial, que ha venido del cielo a la tierra, que  ni los ángeles se lo han podido imaginar. Y yo, sencillo discípulo de Jesús, cuando ya mis días se acercan al final, voy pensando: ¿Y es que el Padre bueno no habrá preparado para mí un banquete no inferior al suntuoso banquete de la parábola? Cierto que la parábola me está revelando el banquete que Dios ha preparado para este su hijo.

Es lo que queremos cantar en esta rima espiritual que corresponde al Evangelio del sábado de la II semana de Cuaresma. La parábola del hijo pródigo, abrazado, perdonado, agasajado con el mejor banquete viene a ser como la cúspide espiritual del sacramento cuaresmal, que anuncia lo que dice y lo que sugiere.

 

El Banquete de mi Padre

es un invento de Dios;

los ángeles no sabían,

ni nadie lo adivinó.

 

Ha vuelto de su aventura

el joven hijo menor:

hoy es fiesta, hoy es Pascua,

que mi hijo resucitó.

 

Y como fiesta sin pena,

a plena revelación,

todo es fiesta en la familia:

lo que pasó…, ya pasó.

 

Lo que pasó ya no existe,

porque Dios lo destruyó,

que cuando Dios nos perdona

aniquila nuestro error.

 

Traigan el traje precioso

y aquel anillo de honor,

y cálcenle las sandalias,

que los pies se lastimó.

 

Y suenen los instrumentos

con la más bella canción,

y hagamos baile celeste

en esta celebración.

 

¿Estará loco mi padre,

-pensaba el hijo mayor-,

que a ese tipo sinvergüenza

le prepara tal fiestón?

 

Loco de amor sí que estaba

el anciano bienhechor,

que esa fiesta milagrosa

era fiesta del perdón.

 

Los divinos pensamientos

qué diferentes que son

de toda filosofía

que en el mundo se pensó.

 

Dios perdona de verdad,

perdonando al pecador,

y perdona hasta olvidar

la maldad que cometió.

 

Y nace una primavera,

que es de gracia y bendición,

del pecado perdonado,

que en lágrimas se lavó.

 

Milagro de los milagros

que en el mundo apareció,

el perdón que Jesucristo

con su Reino nos dejó.

 

* * *

He regresado a mi historia,

historia de salvación:

¿dónde estoy en la parábola,

que es viva revelación?

 

Yo no soy el hijo pródigo,

que de casa se marchó,

buscando loca aventura

camino de perdición.

 

Mas quiero un banquete regio

con hermosa invitación,

y un traje sin estrenar

y anillo de admiración.

 

Una fiesta la más bella,

que jamás nadie soñó,

fiesta por Dios preparada,

la fiesta del puro amor.

 

16. Yo soy tu fiesta, decía

Jesús en mi corazón;

soy tu fiesta cada día

en la santa Comunión.

 

Soy tu música y manjar,

soy tu amistad sin traición,

soy tu Evangelio viviente,

soy tu Jesús Salvador.

 

Y en el día de tu muerte

Soy tu abrazo Redentor,

soy la Cena preparada,

en la nueva Creación.

 

Soy el que soy y el que era,

y en tus venas soy tu Yo,

y tú eres en mí mi latido

que yo soy la Encarnación.

 

* * *

 

Tú eres, Jesús, hoy mi historia,

mi pensamiento y visión,

la armonía de mis fuerzas,

mi paz y satisfacción.

 

Tú eres, Jesús, mi   esperanza,

mi futuro y vocación,

la novedad de mis días,

la luz cuando cae el sol.

 

Tú eres mi dulce parábola,

que ninguno la escribió;

tú eres hoy mi amanecer

y eres siempre mi esplendor.

 

Y mi Banquete has de ser,

oh Jesús, mi Redentor,

cuando nos llamen a bodas

el Día que Dios fijó. Amén.


 

Cuautitlán Izcalli, (sábado, 11 marzo 2023).

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