Elegido y elegido
El Deuteronomio es el libro más amoroso y enternecido del Antiguo Testamento, por hablar “more humano” de las cosas divinas, en las que Dios, solo Dios, tiene la primera y última Palabra, y en las que Él es el Infinito adorado. Este año (Pascua 2023) vamos leyendo en el Oficio de lectura el sagrado libro del Deuteronomio.
La clave del Deuteronomio es que somos “el pueblo elegido”. Pero ¿cómo se puede hablar así? ¿Dios a nosotros - a mí – y nosotros a Dios? ¿No es este un lenguaje elitista, sutilmente soberbio, y en el fondo, estúpido y dañino? ¿No es un inconfesable pecado atribuir al Dios de Todos ese “favoritismo” que expresa el lenguaje de la Alianza? ¿Ser Yo, Nosotros, el Pueblo de su Propiedad entre todos los Pueblos de la Tierra? No lo es, aunque no sepamos explicarlo. No lo es, porque hay un Hijo de Dios encarnado que, por gracia, a nosotros ha sido revelado. Esa es la clave, y ese es el Don por nadie merecido. Somos, pues, sus hijos en el Hijo, somos los hijos de su corazón, somos el Pueblo Elegido. El corazón, humildemente, transido de gratitud, se dilata a lo infinito. Porque ser el Pueblo elegido, siendo Don, es Misión y Vocación, hasta el abrazo definitivo tras la Muerte. Todo ello, en hebreo y en latín “in laudem et nomen et gloriam suam”.
Un texto singularísimo es el que leemos hoy, sábado de la primera semana de Cuaresma, que dice y proclama en el capítulo 26:
17 Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. 18 Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos. 19 Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».
Dicho con palabras de Evangelio: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48), de la liturgia de hoy.
Bajo el aliento de esta declaración divina vienen estos versos, esta rima espiritual.
Elegido… ¡y elegido!,
que nunca podré
entenderlo,
elegido para ser
por gracia su santo
pueblo.
Elegido y exaltado
en gloria hasta el mismo
cielo,
en nombre como su Nombre
y en esplendor sempiterno.
Elegido por encima
de toda nación y reino,
porque serás pueblo mío,
entre todos el primero.
Elegido en Alianza,
que entre los dos hemos
hecho,
y esto es más que
matrimonio
porque Dios es parte en
ello.
Mi corazón se desborda
de divinos sentimientos:
soy parte de sus sentires,
diálogo de sus afectos.
Soy amigo y más que amigo,
testigo de sus secretos,
soy amado en preferencia
de quien ama al mundo
entero.
Soy de Dios el confidente,
cuidado por sus desvelos,
soy de su Casa celeste
y Él me tiene como
miembro.
Predestinado, elegido,
sobre mi frente lo llevo:
no son méritos de guerra,
es mi divino abolengo.
Es vocación de humildad,
de disfrutar en silencio,
de fe y entrega amorosa,
porque es todo mi
Evangelio.
Soy feliz y esperanzado,
y envidia a nadie le tengo:
el Hijo que mora en mí
es más que merecimiento.
Ya solo la gratitud
va marcando mi sendero,
mi vida es Eucaristía
y alabanza al Padre Bueno.
Mi vocación es familia
en mi camino terreno,
porque sabese Elegido
es sentirse al mundo
abierto.
La elección en la Alianza
no es cerrado privilegio;
Israel es antesala
que se abre al Universo.
Y muy bellas perspectivas
van surgiendo en el
Salterio,
si versículo a versículo
con Jesús los Salmos rezo.
Dios de amor es comunión
de humanos, historia y
tiempo,
y va en busca de unidad
que el Universo es su
Templo.
Soy elegido, medito,
y quiero llorar contento,
porque su mano es caricia
que aplaca mi yo revuelto.
Soy elegido, a su mesa,
unto a su seno, en su
pecho,
nacido del pulso vivo
de su corazón eterno.
Y a la sacra Teología
la escudriño con recelo,
que no me da lo que busco,
que es más grande mi
deseo.
Cuaresma de reflexión
en mi casita desierto;
solo Jesús, solo Tú
conoces mis desaciertos.
Pero un amor poderoso,
que es más grande que un
imperio,
va buscando tus perfumes,
que aspiro, sutil, al
viento.
Yo no renuncio a la Biblia,
yo con la Biblia me quedo,
aunque sea pobrecito,
más pobre que Il
Poverello.
Soy elegido, elegido,
y humilde yo me lo creo,
pero es por ti, mi Señor,
y por tu honor lo
confieso.
¡Gloria al Único a quien
amo,
y lo demás quede muerto,
tú entiendes mis sentidos,
mi Dios a quien pido un
beso! Amén.
Cuautitlán Izcalli, sábado de la I semana de Cuaresma, 3 marzo 2023
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