Era rico, todo rico
La parábola del “rico epulón” (del rico “banqueteador”) es la parábola más curiosa de todas, por la inventiva que tiene, porque es cmo una película de sorpresas. Jesús inventa una catequesis de niños, para decir verdades gordas, El rico desgraciado que tenía de todo y le faltaba lo principal: no tenía corazón.
Y había un pobre muy pobre, pero tenía todo, porque tenía a Dios. Jesús le puso un nombre, Lázaro, que en su raíz hebrea significa: “Dios ayuda”.
Y Jesús se inventa lo que pasó después: Que murió Lázaro y los ángeles le llevaron al seno de Abraham, y murió el rico… le hicieron el funeral, y lo enterraron. Y ¿luego? Escuchemos lo que dice Jesús:
“Y (el rico) gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. 25 Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. 26 Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. 27 Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. 29 Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 30 Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. 31 Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”»
Era rico, todo rico
y tenía una mansión,
y un banquete cada día,
porque era el rico epulón.
Y vestía como viste
un famoso fanfarrón,
era rico, muy moderno
a plena satisfacción.
Y era pobre, más que pobre:
no tenía corazón;
un palacio reluciente
con música y diversión.
Y un mendigo que era Lázaro,
que “Dios tiene compasión”,
a la puerta del Palacio
mendigaba una ración.
Y ni migajas le daba
aquel rico comilón,
porque iban a la basura
lo que sobraba al glotón.
Y hasta los perros venían,
que no tenía Doctor,
y le lamían las llagas
al pobre de la región.
Pero este pobre era humilde,
y tenía mucho amor,
y sufría su pobreza
con paz y consolación.
Llegó un día venturoso
y aquel pobre se murió,
los ángeles de la Gloria
vinieron en procesión.
Entre canciones y palmas
con el Arcángel Mayor,
lo llevaron en festejos
hasta el cielo superior.
Y en el seno de Abraham
tuvo su puesto de honor
como pago de excelencia
a su gran tribulación.
Y como esto un día acaba,
para siempre solo Dios,
también el rico se fue
y acabó en el Panteón.
Le hicieron gran funeral
y hasta la prensa acudió
el Presidente del pueblo,
la gente y Gobernador.
Y estando allí donde estaba
de Lázaro se acordó,
que las llamas le abrasaban
con un infernal calor.
Mándame, Padre Abraham,
a Lázaro, de favor,
con una gotita de agua
del dedo, por compasión.
Y ya sabéis, mis amigos,
lo que Abraham contestó,
y no alargo más el cuento,
pidiendo vuestra atención.
La moraleja es muy clara
de este divino sermón:
Si no creen en la Biblia,
les sobre una aparición.
Mis hermanos, compaisanos,
creed que llevo razón:
Tenemos los Evangelios,
cada día una lección.
Al Evangelio del día
besadle con devoción,
que cada día contiene
un secreto para Vos.
El Evangelio chiquito,
cada día su sección,
es la llave que me abre
para mí el Reino de Dios.
Día a día esta palabra
me da luz y dirección,
me da paz, sabiduría
y fuerzas en mi aflicción.
El Evangelio es presencia
del Dios de la Comunión,
el tesoro más precioso
que en mi casa guardo yo.
¡Bendito el santo Evangelio
en mi mesa de labor,
en mi bolsa de viajero
y en mi mano en la oración!
¡Bendito sea Jesús
que su presencia dejó,
en un pequeño librito
que un día me enamoró!
Cuautitlán Izcalli, jueves II semana de Cuaresma, 9 marzo 2023.
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