sábado, 11 de marzo de 2023

1867. Cuaresma 2023 Dom III – Jesús nos da el agua viva

 

Jesús nos da el agua viva

Jn 4,5-42


Texto:

5 Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; 6 allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. 7 Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». 8 Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: 9 «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). 10 Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva». 11 La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; 12 ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». 13 Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; 14 pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». 15 La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». 16 Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve». 17 La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: 18 has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta. 20 Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». 21 Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así*. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». 25 La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». 26 Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».

27 En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». 28 La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: 29 «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?». 30 Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. 31 Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come». 32 Él les dijo: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis». 33 Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?». 34 Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. 35 ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; 36 el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. 37 Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. 38 Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

 39 En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». 40 Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41 Todavía creyeron muchos más por su predicación, 42 y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

 

Hermanos:

1. Cuando uno escucha esta bellísima escena del Evangelio, más que escuchar palabras y explicaciones, lo que uno quisiera es parar el tiempo, sentarse allí junto al pozo, ver, escuchar, contemplar. Esto lo podemos hacer nosotros de modo personal, en un rato de tranquilidad, en forma de sencilla oración contemplando con nuestra capacidad interior. No es una fantasía vana. Podemos estar convencidos de que los misterios del Señor no se han perdido en lo etéreo, como sucesos que fueron y ya no existen. Bien al contrario, Jesús Resucitado es el Viviente; como vive actúa, sí actúa con toda la fuerza de su divinidad, que no está sujeta a las limitaciones del espacio y tiempo que confina nuestras acciones.

Con esta gracia de su `presencia misteriosa, vamos a hacer algunas consideraciones, que son como una plataforma de lanzamiento para que el Espíritu de Dios obre como le plazca.

 

2. Llega una mujer de Samaría y se encuentra con un judío. Judíos y samaritanos no se tratan por cuestiones de raza y religión, y lo correcto sería decir: ¡Hola!, y nada más. Pero en la vida nada ocurre por causalidad, y si esta mujer, a una hora intempestiva ha llegado aquí, es porque Dios le ha traído.

Un hombre y una mujer a solas, si no son esposo y esposa, ¿qué tienen que hablar?  Esto lo ha notado el evangelista, al referirnos: llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?

Ha sido, pues, Jesús el que ha provocado la conversación: Mujer, dame de beber. Esa frase se ha quedado por ahí y atraviesa los siglos, y como una flecha que rasga el aire llega hasta nuestro corazón: Mujer, dame de beber.

Si alguna vez tenemos la oportunidad en una capilla de esas admirables hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, o Hermanas de la Caridad, veremos allí delante un crucifijo, y junto al crucifijo escrita una frase: Tengo sed. Es lo que Jesús dijo en la Cruz. Él lo decía porque su cuerpo estaba desangrado y se moría de sed.

Jesús le dice a la mujer, Jesús me dice a mí: Dame de beber.

 

3. Pero sigamos el diálogo: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva»

Estos días noticia importante de televisión aquí en México es que va faltando el agua y la gente tiene que ir a comprar garrafones para beber y cocinar, pipas para ala limpieza el aseo… Sin agua no se puede vivir. La mujer tiene que venir día a día al pozo, por        que sin agua no se puede vivir.

Pero Jesús habla de otra agua, que es el don de Dios. ¿Quién es este don de Dios? El que esta hablando y pidiéndole agua y el don de Dios es él mismo. No hace falta que pensemos en el Espíritu Santo o en gracias especiales. Jesús es el don de Dios; Jesús es el agua viva; Jesús es el don de los dones, el único que puede satisfacer todas nuestras necesidades.

 

Sigue la conversación…, Jesús le ha revelado la vida de ella a la mujer…, se crea la confianza … y se produce el encuentro, y en el encuentro la fe y la entrega de la mujer. Un encuentro de fe es un encuentro de amor, un encuentro de persona a persona. Es el momento que, lleno de emoción, ha escrito el evangelista: La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». 26 Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».

 

4. En este instante la mujer alcanza su plena categoría. Deja allí el cántaro y se convierte en apóstol de Jesús. La mujer ha introducido a Jesús en el pueblo y Jesús se quedó allí dos días. Y todo ha culminando con una apoteosis espiritual: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Aquella mujer desviada y sedienta ha encontrado lo que buscaba. Es la mujer creyente y apóstol. Acaso, acaso, es el mensaje que Jesús em está trayendo en este momento para mí.

Concluyamos, hermanos, mirando a Jesús sediento.

 

 Jesús, tú tienes sed y me pides de beber. Pero yo soy el que estoy sediento de ti. Dame de ese manantial que está en ti, dame esa agua viva Que dé satisfacción a mis más íntimos deseos. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 11 marzo 2023.

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