lunes, 20 de marzo de 2023

1871. Dios es luz y no es tiniebla. – Rima espiritual sobre Jn 9,1-41, IV domingo de Cuaresma

 

Dios es luz y no es tiniebla

El ser humano ha nacido para la luz, y su destino final será la luz. “¡Luz, más luz! Fueron las palabras finales que se le escucharon a Goethe, en su agonía (+ 22 de marzo de 1832, en Weimar).

La luz es la primera creatura de Dios, en el Génesis. Es el lecho de todas las demás. El ciego de hoy nació en tinieblas. Jesús le dio la luz: luz en los ojos. Luego le dio la luz del corazón, que es la fe. ¿Crees tú en el Hijo del hombre? … Creo, Señor. Y se postró ante él.

Esta es la luz de la vida, Luz donde Dios habita, que queremos cantar. Jesús es luz, la Luz del mundo, mi Luz.

Los capuchinos tenemos una casa en Jerusalén, que se llama “Yoy soy la Luz del mundo” Jn 8,12 (en hebreo Aní ha’or ha ‘olam). Allí pude estar unos breves meses en tiempo de pandemia. (Gracias, hermanos).

Dice la divina Palabra: “Dios es luz y en Él no hay tiniebla alguna” (1 Jn 1,5).


Dios es luz y no es tiniebla,

y su luz es su alegría,

y Luz de Luz es el Verbo

que en Él eterno nacía.

 

Y la Luz nació en Belén,

Hijo de Dios en María,

toda la luz de los cielos

en una cunita ardía.

 

Y la luz se hizo mensaje,

y el mensaje Poesía,

y un pobrecito Juglar

cantar esa Luz quería.

 

Luz divina es la mansión

donde Dios Amor habita,

y el pecado es la tiniebla

el caos sin perspectiva.

 

Luz divina engendradora,

que al venir produce vida,

luz divina que se expande,

blanca luz que es energía.

 

Abrí los ojos al Sol

y mirarlo no podía,

y los cerré suavemente

que dentro otra luz veía.

 

Muy pequeñita y valiente,

mi Luz de fe se encendía,

cantaré con mi candil,

que tiene aceite de oliva.

 

Cantaré, pues él nos dijo:

Sed mi luz y profecía,

Luz esplendente del mundo

Con mi presencia escondida.

Jesús es mi aceite y llama,

que me alegra cada día,

y yo el pábilo encendido

en su cera siempre limpia.

 

Mi llama es chispa de amor

con aceite que suaviza,

venid, amigos, conmigo,

para ver la Luz que brilla.

 

Solo Jesús es la Luz,

que no es de Filosofía,

la Razón no lo comprende,

porque es muy corta de vista.

 

Se llame la luz del cielo

divina Sabiduría,

que al crear Dios Creador

en su labor le asistía.

 

Y Jesús en Tierra Santa

Luz de Dios él se decía,

Luz del mundo peregrino

que, al buscar, gime y vacila.

 

Luz y ruta de la historia,

de la historia y vida mía,

que iluminó mi sendero

ya en la hora matutina.

 

Luz de la Iglesia anhelante,

que es Iglesia que camina,

la agitan muchos doctores

pero Dios es quien la guía.

 

* * *

Vengamos al Evangelio

de esta Cuaresma bendita,

que Jesús allí me espera

y de amor siempre es la cita.

 

Que la verdad si es Verdad

vence siempre a la mentira,

y que el ciego iluminado

se hizo estrella que ilumina.

 

Crees tú en este encuentro,

crees tú en Jesús Mesías.

Creo, mi Señor, llorando.

Y se postró de rodillas.

 

Y nunca supimos más

del ciego de tanta dicha,

porque todo bautizado

lo lleva en sí y lo actualiza.

 

Yo soy yo. el iluminado

y ungido con santo crisma;

la Trinidad sacrosanta,

por Jesús en mí habita.

 

Mi vocación es ser luz,

antorcha encendida y viva,

que quien a mi ojos mire

vea a Jesús que le mira.

 

¡A Jesús sea la gloria,

la claridad beatífica

y que un día cara a cara

sea hermosura infinita! Amén.



Cuautitlán Izcalli, IV domingo de Cuaresma (ciclo A),

19 de marzo de 2023.


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