El ser humano ha nacido para la luz, y su destino final será la luz. “¡Luz, más luz! Fueron las palabras finales que se le escucharon a Goethe, en su agonía (+ 22 de marzo de 1832, en Weimar).
La luz es la primera creatura de Dios, en el Génesis. Es el lecho de todas las demás. El ciego de hoy nació en tinieblas. Jesús le dio la luz: luz en los ojos. Luego le dio la luz del corazón, que es la fe. ¿Crees tú en el Hijo del hombre? … Creo, Señor. Y se postró ante él.
Esta es la luz de la vida, Luz donde Dios habita, que queremos cantar. Jesús es luz, la Luz del mundo, mi Luz.
Los capuchinos tenemos una casa en Jerusalén, que se llama “Yoy soy la Luz del mundo” Jn 8,12 (en hebreo Aní ha’or ha ‘olam). Allí pude estar unos breves meses en tiempo de pandemia. (Gracias, hermanos).
Dice la divina Palabra: “Dios es luz y en Él no hay tiniebla alguna” (1 Jn 1,5).
Dios es luz y no es tiniebla,
y su luz es su alegría,
y Luz de Luz es el Verbo
que en Él eterno nacía.
Y la Luz nació en Belén,
Hijo de Dios en María,
toda la luz de los cielos
en una cunita ardía.
Y la luz se hizo mensaje,
y el mensaje Poesía,
y un pobrecito Juglar
cantar esa Luz quería.
Luz divina es la mansión
donde Dios Amor habita,
y el pecado es la tiniebla
el caos sin perspectiva.
Luz divina engendradora,
que al venir produce vida,
luz divina que se expande,
blanca luz que es energía.
Abrí los ojos al Sol
y mirarlo no podía,
y los cerré suavemente
que dentro otra luz veía.
Muy pequeñita y valiente,
mi Luz de fe se encendía,
cantaré con mi candil,
que tiene aceite de oliva.
Cantaré, pues él nos dijo:
Sed mi luz y profecía,
Luz esplendente del mundo
Con mi presencia escondida.
Jesús es mi aceite y llama,
que me alegra cada día,
y yo el pábilo encendido
en su cera siempre limpia.
Mi llama es chispa de amor
con aceite que suaviza,
venid, amigos, conmigo,
para ver la Luz que brilla.
Solo Jesús es la Luz,
que no es de Filosofía,
la Razón no lo comprende,
porque es muy corta de vista.
Se llame la luz del cielo
divina Sabiduría,
que al crear Dios Creador
en su labor le asistía.
Y Jesús en Tierra Santa
Luz de Dios él se decía,
Luz del mundo peregrino
que, al buscar, gime y vacila.
Luz y ruta de la historia,
de la historia y vida mía,
que iluminó mi sendero
ya en la hora matutina.
Luz de la Iglesia anhelante,
que es Iglesia que camina,
la agitan muchos doctores
pero Dios es quien la guía.
* * *
Vengamos al Evangelio
de esta Cuaresma bendita,
que Jesús allí me espera
y de amor siempre es la cita.
Que la verdad si es Verdad
vence siempre a la mentira,
y que el ciego iluminado
se hizo estrella que ilumina.
Crees tú en este encuentro,
crees tú en Jesús Mesías.
Creo, mi Señor, llorando.
Y se postró de rodillas.
Y nunca supimos más
del ciego de tanta dicha,
porque todo bautizado
lo lleva en sí y lo actualiza.
Yo soy yo. el iluminado
y ungido con santo crisma;
la Trinidad sacrosanta,
por Jesús en mí habita.
Mi vocación es ser luz,
antorcha encendida y viva,
que quien a mi ojos mire
vea a Jesús que le mira.
¡A Jesús sea la gloria,
la claridad beatífica
y que un día cara a cara
sea hermosura infinita! Amén.
Cuautitlán Izcalli, IV domingo de Cuaresma (ciclo A),
19 de marzo de 2023.
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