El Adviento nos
trajo en su día la inspiración de múltiples himnos, como puede ver el visitante
en el sitio de mercaba.org, entrando en “El pan de unos versos”:
Ahora, al regresar
a Jerusalén, el santo Adviento de Jesús reaviva la inspiración y el deseo, y
tras anunciar el mensaje en la homilía, las palabras consoladoras de Jesús “levantaos,
alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”, suscitan versos de
esperanza y entrega. Vayan como sencilla oferta de oración para nuestra
liturgia comunitaria.
El Adviento está
ungido de ternura. He aquí, como degustación espiritual, las antífonas de los
Laudes del primer Domingo:
Ant.
1 Aquel
día los montes destilarán dulzura y las colinas manarán leche y miel. Aleluya.
Ant. 2 Los
montes y las colinas aclamarán en presencia del Señor y los árboles del bosque
aplaudirán, porque viene el Señor y reinará eternamente. Aleluya.
Ant. 3 Vendrá
el gran profeta y renovará Jerusalén. Aleluya.
Señor,
despierta en tus fieles el deseo de prepararse a la venida de Cristo por la
práctica de las buenas, obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan
poseer el reino celestial.
Vendrá Jesús,
radiante de alegría,
como esposo que
sale de su estancia,
y con él el
cortejo de los ángeles
pendientes de su
luz y su mirada.
El mundo ya pasó y
nace el nuevo,
pasó toda maldad,
toda batalla;
y reinará por
siempre el Evangelio
la vida, toda
vida, que es su gracia.
Vendrá Jesús el
día señalado
de la unidad de
Dios y el alma humana;
y en la eterna,
divina Trinidad,
Jesús y su familia
harán su entrada.
Jesús es el final,
nuestra ventura,
alzad vuestras
cabezas coronadas;
su gloria dilatada
es nuestra gloria
y su belleza
nuestra paz colmada.
Podrá ceder el
universo entero,
el tiempo y la
materia en llamarada;
Jesús humilde,
hermano y compañero,
será victoria
excelsa que nos salva.
¡A ti, Jesús,
divino Redentor,
que en obediencia
al Padre nos amabas,
y diste vida y
muerte en cruz clavado,
a ti, oh Hombre y
Dios, toda alabanza! Amén.
Jerusalén,
primeras vísperas del I dom. de Adviento 2021-2022
Verán al Hijo del hombre venir en
una nube con gran poder y gloria
Lc 21,25-28.34-36
Texto evangélico:
25 Habrá signos en
el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes,
perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, 26 desfalleciendo
los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo,
pues las potencias del cielo serán sacudidas. 27 Entonces verán al
Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. 28 Cuando
empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra
liberación.
34 Tened
cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas,
borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel
día; 35 porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la
tierra. 36 Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que
podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo
del hombre».
Hermanos:
1. Con la gracia
de Dios iniciamos el nuevo año espiritual de la Iglesia, el año de las
celebraciones litúrgicas que tiene su punto culminante en la Pascua del Señor;
en esta ocasión el Domingo 17 de abril de 2022. Quiera el Señor en su bondad
que este año sea definitivamente el año de la desaparición de la pandemia, que nos
ha unido en el dolor a toda la humanidad, y que hasta la fecha nos da un
balance de más de 5 millones de seres humanos muertos (5,182,449). Esta dura
realidad nos ha mostrado que la fragilidad humana nos hace a todos más
solidarios y hermanos, y que hemos de reconocer que, por encima de nuestros esfuerzos
y conquistas, hay un Ser Único a quien solo se debe el poder y la gloria.
A todos los que
generosamente siguen esta predicación evangélica a través de las maravillas de
la red, del Internet, quiero decirles que hemos cambiado de escenario. Hoy y
los próximos meses – si el Señor me lo permite – les hablo desde la Tierra Santa,
desde Jerusalén. Aquí los hermanos capuchinos tenemos una casa, que se titula: “Yo
soy la luz del mundo (Jn 8,12). Centro de espiritualidad y formación bíblica en
Jerusalén”, un centro establecido hace 10 años (2011) para los hermanos de la
Orden y personas que en la vida van buscando el rostro del Señor. Jerusalén,
ciudad de las lágrimas de Jesús, de su Pasión y Resurrección, y de su esperanza
gloriosa.
2. Hoy comenzamos
el Adviento y, al punto, vienen a mi memoria las palabras con las que el Misal
de la Iglesia describe el significado de este tiempo, que las voy a repetir
como portal de entrada. Dicen exactamente las páginas introductorias del Misal:
“El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para
las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo
de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se
dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin
de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como
tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas del calendario litúrgico,
n. 39).
Quiera comenzar
este año con las palabras precisas de la primera lectura, las promesas de Dios que
encontramos en Jeremías, profeta de sufrimiento y de consolación: “En aquellos
días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El
Señor es nuestra justicia” (Jer 14,16).El
Señor es nuestra salvación, el Señor es nuestra justicia, el Señor es nuestro
nombre. Este Señor no es otro sino el Señor Jesús.
Tiempo de
expectación gozosa y alegre, acabamos de escuchar de labios de nuestra Madre la
Iglesia. ¿De dónde ha aprendido la Iglesia que este tiempo es de seguridad, de
consolación y dulce esperanza? Es el mismo Señor quien lo dice: “Cuando
empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra
liberación”.
3. Las palabras del
santo Evangelio, que para nosotros son la revelación que Jesús nos dirige hoy,
nos presentan un escenario en cuatro cuadros, que vamos a considerar.
(1) El primero es
ese cataclismo en el mundo desconocido de los astros, es decir, los signos
celestiales: el sol, la luna, las estrellas. Se acaba un mundo y comienza otro.
(2) El segundo
cuadro es el pavor que esta convulsión cósmica produce en los seres humanos:
angustia de las gentes por el estruendo del amar y del oleaje.
(3) El tercero es
la visión celestial del Hijo del hombre, Jesús, que aparece con signos
celestiales, porque ha empezado el nuevo mundo.
(4) Y el cuarto:
el mensaje a los elegidos: se acerca vuestra liberación.
La conclusión de
este escenario es que velemos: Estad, pues, despiertos en todo tiempo,
pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie
ante el Hijo del hombre.
4. Puesto que la
fe es iluminación, vamos a reflexionar con fe, hermanos, sobre lo que estas palabras
de Jesús significan para él y para nosotros.
El Hijo del
hombre, que es él, aparece en una nube con gran poder y gloria. Jesús ha visto
su identidad, no comparable con al de ningún otro ser de la ceración, a la
altura del mismo Dios, como Hijo de Dios.
Desde tiempo
inmemorial los hombres han pensado en el final del mundo. Si en tiempo de Jesús
alguien hubiera dicho que el hombre, con su propio pie, con sus propias botas,
iba a pisar la luna, porque de la tierra había llegado hasta allá, lo hubieran
tenido por un loco, acaso por un endemoniado. Y hoy la ciencia humana ha
logrado llegar con sus aparatos hasta Marte y concluimos que algún día podrá
también llegar el hombre. Hoy conocemos cosas que Jesús Hombre no conocía, en
el misterio de la Encarnación, hecho uno igual que nosotros en todo menso en el
pecado. Los astrónomos nos dicen que, en el movimiento universal de las
galaxias, la tierra, el sol, la luna con un punto invisible en el espacio. El Evangelio
no puede representar esas cosas; tan solo nos dicen que “las potencias del
cielo serán sacudidas”.
En este escenario
entra Jesús. Él es no solamente el dueño y referente de cada vida humana; es el
dueño y señor de la historia humana. Aparecerá como ser celestial. En otro
momento lo veremos como juez de las naciones, como aquel que da el veredicto
final de buenos y malos.
El Adviento nos invita a anticipar este
momento, pero con los sentimientos propio que dimanan del corazón amante de Jesús:
levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
5. Jesús nos ha
dicho que velemos, y al eco de sus palabras, san Pablo nos exhorta: 12
En cuanto a vosotros, que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y
de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; 13 y
que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios,
nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con
todos sus santos (1Tes 3,12-13).
Querido hermanos:
Este es nuestro ideal y programa, claro y sencillo: ser santos e irreprensibles
en la venida de nuestro Señor Jesucristo. Si las sagradas Escrituras nos lo proponen,
es porque es posible.
Señor Jesús, guárdanos
de todo `pecado, y por el amor guárdanos sanso e irreprensibles para su venida.
A ti la gloria por los siglos de los siglos, Amén.