Las lágrimas de Jesús
Tres veces nos habla el Nuevo Testamento de las lágrinas de Jesús. Ante la tumba de Lázaro: Viendo llorar a Marta y a los judíos que la acompañaban, “Jesús se echó a llorar” (Jn 11,35). En el Huerto de la agonía: “en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial” (Heb 5,7). Y en la semana final, al bajar del monte de los Olivos (Dominus flevit) el Evangelio de hoy, jueves de la sem. XXXIII (Lc 19,41-44) dice: “41 Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, 42 mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. 43 Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, 44 te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».
Alguien me dice: “¿Lloraría hoy por su Iglesia? Creo que no porque en medio de muchas debilidades hay santidad, fe, esperanza y amor...”
Las lágrimas de Jesús
son de dolor y dulzura.
Llora el Amor, y si llora
esas lágrimas me curan.
¿Lloras por Jerusalén
viendo en tus ojos su ruina?
¿Cómo lloras por tu esposa,
a quien amas con locura?
Jerusalén, amor mío,
mi amor y mi desventura,
si al menos hoy conocieras…
no sería noche oscura.
Jerusalén, por ti lloro,
por ti muero en esta angustia,
y nueva vas a nacer
conmigo en mi sepultura.
Serás espiga dorada
y bendición y ventura,
y en ti se bendecirán
razas, pueblos y culturas.
Serás Iglesia preciosa;
mi pecho será tu cuna,
la promesa de Abraham
no ha de quedar infecunda.
¿Hoy lloraría Jesús,
al ver la túnica sucia?
Confieso, sí, mi Señor,
que las manchas son mis culpas.
Pero tu eterna belleza
resplandece toda pura,
y el amor vence al pecado
y yo veo tu hermosura.
Y la esposa del Cantar,
que danza al aire y exulta,
sigue cantando a su esposo,
el cantar que a él le gusta.
Goza Jesús con su esposa
en la divina liturgia,
goza en amor servicial,
derroche sin cuenta alguna.
Goza Jesús con su Iglesia,
su amada, la Iglesia suya,
la que mira a sus pupilas,
joven sin mancha ni arruga.
Vive la Iglesia, vive el amor;
vive, venid a la escucha.
Vive el Espíritu santo:
Sentidlo, vive y actúa.
Y yo también quiero ser
luz del monte o llama oculta,
que la gente vea en mí
que la Luz del mundo alumbra.
No llores, Jesús; sonríe,
y bríndame tu aleluya;
mis ojos lo necesitan,
y que mi fe no sucumba.
Manantial de toda paz,
gozo en las horas nocturnas,
tú que eres seguridad
sé nuestra segura brújula.
Si todo amor saca amor,
de tu Amor el nuestro fluya,
y sea la Iglesia un prado
de tu infinita ternura. Amén.
Madrid, jueves sem. XXXIII, 18 nov. 2021
No hay comentarios:
Publicar un comentario