sábado, 27 de abril de 2019

1202. Pascua 2019.25 y 26 Fin del ciclo - Salid al mundo, discípulos



Salid al mundo, discípulos
(Plegaria en el
Sábado de la Semana Pascual – Mc 16,9-15)

San Pablo VI nos escribió la exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi” (8 diciembre 1975), tesoro siempre a meditar.
Y con amor exquisito allí nos dijo cosas tan bellas como esta.
La evangelización, vocación propia de la Iglesia. La Iglesia lo sabe. Ella tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades", se aplican con toda verdad a ella misma. Y por su parte ella añade de buen grado, siguiendo a San Pablo: "Porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara!". Con gran gozo y consuelo hemos escuchado Nos, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: "Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia"; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” n. 14).
Predicamos a todas las gentes, a todo pueblo y raza de esta tierra, pero nuestro anuncia alcanza también a “toda creatura” (pase tê ktisei, omni creaturae, v. 15), porque la santa Resurrección de Jesús, el Señor, ha tocado la entraña del universo, y en él todo ha sido recreado, y toda creatura maniesta la gloria de Dios.

1. Salid al mundo, discípulos,
conmigo en el corazón
y anunciad el Evangelio
a toda la creación.

2. Del Génesis al principio,
cuando el mundo comenzó,
a las trompetas finales
que el Amado vio en visión

3. llevad vida y alegría,
predicad y alzad la voz,
y decid con gozo santo:
El Señor resucitó.

4. A las Estrellas del cielo,
a la Hermana Luna y Sol,
al Fuego, al Agua y al Viento
predicad la salvación.

5. A todas las creaturas
que el Creador las creó,
decidle que ya es el Día
de la feliz Redención.

6. Anunciad esta hermandad
que Dios Padre estableció
juntos la tierra y el hombre
en la regeneración.

7. Y a todo doliente humano
llevadle paz y perdón,
primicias de un Evangelio,
que culmina en comunión.

8. Anunciad con parresía
y proclamad el Pregón:
que la muerte fue vencida
y la vida es solo amor.

9. Ya el prodigio es evidencia
del creyente que aceptó
y Jesús es la respuesta
y la luz que iluminó.

10. Salgamos al mundo, hermanos,
como Dios nos confió,
con serena valentía,
y compartamos el don.

11. Es hora privilegiada,
es ésta Hora de Dios,
y anunciar a Jesucristo
es nuestra gracia y misión.

12. Aquí vengo agradecido,
aquí está tu servidor,
yo soy hijo del Anuncio,
yo seré tu Anunciador.

13. La Biblia llevo en mi mano,
que es vida y meditación,
ungido por el Espíritu
yo seré Predicador.

14. ¡Oh mi divina dulzura,
palabras que nadie oyó,
contigo, Jesús amado,
tu reino, gloria y honor! Amén.

Casa de formación Santa Verónica, Sábado de Pascua, 27 abril 2019



Memoria de los que fue
(Evangelio dominical
de la Octava de Pascua – Jn 20,19-31)

Hemos de llamar acá a las más bellas conquistas de la humanidad, para que nos ofrezcan soporte de este misterio infinito que se llama: la Resurrección del Señor.
¿Cómo se puede poner en contacto el Misterio, totalmente penetrado por el Dios Uno y Trino y los medios de nuestra tan limitada experiencia?
Las apariciones de Jesús, en esa variedad que ofrecen los textos evangélicos, cumplen una doble función.
Son, por una parte, memoria de lo que “aconteció”, pero que desborda toda experiencia. Son memorial sacramental de la Realidad absolutamente sagrada. Todo ello, volviendo la mirada a la historia.
Pero, mirada al futuro, son paradigma, anticipo, proyecto…, de lo que cada cristiano, or la pura gracia de Dios, puede experimentar de la Resurrección de Jesús, centro de nuestra fe.
No son un “andamiaje” or nosotros construidos para representar lo que nosotros imaginamos; son medios sacramentales de comunicación con el misterio absoluto.
El poeta, entrando en comunión con Jesús, qisiera asumir el afecto y la ternura del amante, la intimidad del orante, el vuelo, la evocación del musicante… Jesús Resucitado, presente n el Padre, presente en mí, transciende todo.
Jesús Resucitado, hijo del Padre e impregnado del Espíritu, pido tu misericordia para cantar. Es por tu gloria.

Memoria de lo que fue
y de lo que es proyecto,
cada escena del viviente
se me ofrece como Encuentro.

Encuentro de acceso al Padre
y al Espíritu que siento,
de la santa Trinidad,
puerta, camino y espejo.

Abre el costado divino,
para beber como anhelo,
o para estar silencioso
perdido adentro, muy dentro.

Al Espíritu Persona
quisiera en mi ser tenerlo
y quedar embriagado
de santidad y consuelo.

Trinidad que se revela
cuando Jesús alza el vuelo,
Locutores de mi vida,
mi Dios Uno, Dios eterno.

Mi Jesús Resurrección,
dame el divino silencio,
sabiduría de fe,
dame palparte tu cuerpo.

Yo peregrino te llamo,
Jesús de todo mi empeño.
dame experiencia de fe,
que en ella morir yo quiero.

Mi Jesús aparecido,
yo creo en el Evangelio,
creo en ti, Dios de Dios,
y en ti por siempre me quedo. Amén

(Fin de este ciclo)

Casa de formación Santa Verónica, víspera de la Octava de Pascua 201