jueves, 25 de abril de 2019

1199. Pascua 2019.24 – Qué delicioso san Juan


 ¡Qué delicioso san Juan!
(Canción viviendo Evangelio)

“1 Después de esto Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. 3 Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. 4 Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». 6 Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. 7 Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. 8 Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. 9 Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. 10 Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». 11 Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.  12 Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. 13 Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos” (Jn 21,1-14).

¡Qué delicioso san Juan,
tan sublime y tan concreto!
Narrador de intimidades
y artista de sentimientos.

Siete eran los pescadores
y Simón al frente de ellos
y ciento cincuenta y tres
los peces que recogieron.

¡Es el Señor! exclamó
el Amado mañanero;
y Pedro, atando su túnica,
se lanzó por ser primero.

Sobre unas brasas había
un pez sabroso muy tierno,
y con el pez una hogaza
también cocida en el fuego.

Venid y almorzad, les dijo
el Invitante del cielo.
Era abril de hermosa luna
y soplaba un viento fresco.

Así empezaba una historia
que la vivo en mi recuerdo.
¡Es el Señor!, me resuena
y nunca se apaga el eco.

Y me he quedado a almorzar
invitado en este almuerzo;
a mi frente está Jesús
y con él como y converso.

De aquel entonces acá
ya pasaron dos milenios,
¡Es el Señor!, y ahí está,
junto al mar del Evangelio.

Es el Señor, mi Señor,
y yo lo sigo diciendo,
y esas brasas son mi hogar
y ese pez es mi alimento.

Y ese pan, el que me gusta
porque ese pan es su cuerpo,
y esos ojos son los suyos
que son un remanso inmenso.

Mañana pascual de abril,
a orillas del lago bello;
mi Jesús es primavera,
su Pascua, feliz misterio.

Ante el Viernes de Pascua de 2019

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