jueves, 11 de abril de 2019

1188. Cuaresma, Dom. Ramos, C – Bendito el que viene en nombre del Señor


Bendito el que viene en nombre del Señor
Lc 19,28-40

Texto evangélico:
28 Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
29 Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, 30 diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo. 31 Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”». 32 Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. 33 Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: « ¿Por qué desatáis el pollino?». 34 Ellos dijeron: «El Señor lo necesita». 35 Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él. 36 Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino. 37 Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, 38 diciendo: « ¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas». 39 Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». 40 Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».
Hermanos:
1. El Domingo de Ramos, que da comienzo a la Semana Santa, tiene una belleza especial. Es un día festivo, que abre las grandes solemnidades del año: Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado de Gloria, Domingo de Resurrección. Antes, en los medios rurales de mi tierra, el Domingo de Ramos era día de estrenar ropa…, cosa que evidentemente pasó a la historia al venir la sociedad de consumo. Día de fiesta, y al mismo tiempo, día teñido de Pasión, porque efectivamente la Pasión del Señor ha comenzado.
En el Domingo de Ramos se leen dos Evangelio: un Evangelio para la procesión, y otro Evangelio para la Misa. El Evangelio de la procesión es el Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén: Mateo, Marcos o Lucas según los años. El Evangelio de la Misa es el relato de la Pasión: Mateo, Marcos o Lucas de modo correspondiente.
Nos vamos a centrar en la entrada de Jesús, no como homilía para el sacerdote en ese momento – que no sería apropiado – sino como reflexión del misterio de la fiesta.

2. ¿Quién es el que entra en Jerusalén? El Señor, es decir, el Señor Jesús. El Señor lo necesita. Esta frase misteriosa está en los tres evangelistas que narran lo sucedido, pero, mirando los detalles, es evidente que en Evangelio de san Lucas tiene un resalte muy singular.
Ante todo, para Jesús lo que va a hacer es algo del todo intencionado y provocado, algo que están en el plan providente de Dios que dirige la historia del mundo. Jesús, como profeta, como vidente de Dios, está viendo lo que Dios ha dispuesto. Y Dios ha dispuesto una humilde cabalgadura en la que su Hijo amado va a hacer la entrada solemne, mesiánica, en su pueblo.
La entrada en Jerusalén, igual que la última Cena y la Eucaristía, es una escena que Jesús dirige a distancia. Está viendo lo que va a suceder.

3. Y efectivamente, los dos discípulos enviados encuentran nada menos que a los dueños del animal (a los “señores” del animal dice el texto original) que estaban allí. Acabamos de escuchar: “Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatáis el pollino?». 34 Ellos dijeron: «El Señor lo necesita».
Sí, el Señor necesitaba. San Lucas repite tantas veces que “era necesario”…, “era necesario…” Pero ahora más que nunca es necesario. A tal grado que san Lucas – solo él – nos transmite esta frase fulminante que Jesús lanza a algunos fariseos, a quienes molesta este homenaje: Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras.
Esta frase recriminatoria, tan dura, no es una frase a la desesperada, sino es un grito triunfal que Jesús pronuncia como aplauso de su vida. Si estos callan, gritarán las piedras.

4. Jesús no había reclamado triunfos y homenajes para sí. Al contrario, cuando de sus manos, por compasión y sin remedio, salía un milagro, Jesús imponía silencio. Pero hoy es el final de su vida, y su comunidad de discípulos le tributa esta liturgia de alabanza, que Jesús plenamente acepta, y se identifica con ella.
No podemos traspasar el misterio de la conciencia personal, pero estas palabras nos llevan de la mano a valorar, con la mistagogía de le fe en nuestras celebraciones sagradas, lo que ha pensado Jesús de su propia vida. “He triunfado, y puedo presentar al Padre este homenaje como las credenciales de mi misión. He triunfado”. Y ahí está el coro de discípulos que, con palabras tomadas de los salmos, comienza a cantar el triunfo pascual: « ¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas.
El misterio pascual y el misterio de la Encarnación se funden en esta síntesis. Hoy es el día venturoso en que Jesús recibe en esta tierra el premio y el consuelo que le pertenecen.

5. Los pequeños detalles del relato nos invitan a dar curso a la emoción y a la ternura. El animal estrenaba su lomo para este ilustre Cabalgante. Y era la primera vez que el animal, nacido para llevar a personas y transportar los frutos del trabajo, recibía a un hombre en su espaldar. Las gentes de campo saben lo difícil que es montar por primera vez una animal de carga.
Anota el texto sagrado que, como silla de montar, los apóstoles pusieron sus propios mantos. ¡Qué detalle más significativo! Y anota igualmente cómo los apóstoles “subieron” o “montaron” a Jesús; es decir, interpretando el verbo directo, “le ayudaron a montar”.
¡Qué divina satisfacción se aposenta en el corazón humano de Jesús!
Para asomarse a estas emociones, a lo mejor habrá que saltar, por un momento, al versículo siguiente del Evangelio (también exclusivo de Lucas), que no lo leemos hoy antes de iniciar las Palmas. El versículo es que Jesús lloró sobre su ciudad amada, y se lamentó sobre ella.
Gozo y dolor se mezclan en la historia de lo que hoy está sucediendo. Historia de la vida humana, historia de Jesús, peregrino de nuestros caminos.

6. Hermanos, paseemos de la gozosa contemplación de este misterioso escenario a la pequeña crónica de nuestra vida.
Y lo primero de todo, gocémonos todo cuanto podamos – todo cuanto Dios nos dé – en el triunfo de Jesús, y digámoslo que lo aceptamos de todo corazón. Y como súplica permítanme que le dirija a Jesús estos versos que a él se los dediqué en Tierra Santa, un domingo de Ramos hace más de treinta años:
En Betfagé nos unimos
para seguirle en su marcha;
subamos por la pendiente,
nos dan los olivos ramas;
con ellas demos victoria,
y nunca a esos ojos lágrimas.

Paz y Bien. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves de la V semana de Cuaresma, 11 de abril de 2019.

No hay comentarios:

Publicar un comentario