martes, 9 de abril de 2019

1187. Pascua 2019. 11-12-13-14


11. Intimidad de Dios y comunión

En este himno cantamos al Espíritu. Dos palabras pueden dirigir nuestros sentimientos de contemplación. El Espíritu es la intimidad de Dios; el Espíritu es la ultimidad de Dios. Veámoslo al Espíritu como protagonista agente de la Resurrección del Hijo amado de Dios Padre. Este es el secreto del himno

Intimidad de Dios y comunión,
ultimidad que agota al Infinito,
a ti, oh eterno Espíritu, cantamos,
el corazón en busca del Dios vivo.

Derramado en Jesús tú fuiste suyo,
desde el vientre hasta el último suspiro,
y al inclinar su rostro hacia la tumba
él te entregó a nosotros, sus discípulos.

Y tú fuiste en el Día esplendoroso
belleza de su cuerpo amanecido
y luz del mundo nuevo que nacía
milagro con nosotros, por ti ungidos.

Espíritu dador de toda dádiva,
en Trinidad eternamente unido,
resurrección que vive y permanece,
amor sin fin, consuelo que sentimos.

Te amamos, te adoramos, te palpamos,
mirando al Salvador, a Cristo invicto,
y en su radiante luz te contemplamos
Espíritu del fin y del principio.

¡Gloria sea a Jesús Resucitado,
eterno manantial de gozo límpido,
y sea él amante intercesor,
esperanza colmada de los siglos! Amén.

Guadalajara, Jalisco, Domingo 7 abril 2019.

12. Y Dios hizo lo mejor

El Mensaje del Papa Francisco para este año 2019 tiene este título:
La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rom 8,19)
Y comienza así; “Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24)”.
En el sentir de Pablo la creación está condicionada por nuestro pecado, que la ha dañado. Y en su mensaje el Papa dirá:
“Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1)”.

Y Dios hizo lo mejor
que por hacer le faltaba,
cuando a su Hijo Divino
despertó de madrugada.

Y entonces el mundo fue
lo que el Padre quiso al alba:
un casa para el Hijo
con huerto acondicionada.

Las aves y florecillas
música y colores daban;
la tierra daba su fruto
y Adán feliz trabajaba.

Dulce visión que se antoja
en el Reino de la Gracia;
el pecado ya no existe
y el amor es el que manda.

Esto anhelamos Jesús,
y es verdad nuestra esperanza,
y eres tú la primavera
de esta final alianza.

¡A ti, mi Señor glorioso
la ternura y alabanza,
recibe este abrazo al cosmos
como liturgia sagrada! Amén.

Guadalajara, Jalisco, Domingo 7 abril 2019.

13. Resurrección y Bautismo
(Soliloquio pascual)

El día 8 de abril de 1937, a los cuatro meses de haber nacido (5 dic. 1936) y de ser bautizado (9 dic.) recibí el Sacramento de la Confirmación. Era la costumbre de entonces, que el Obispo, en su visita, confirmaba a todos los niños y niñas que estuvieran sin confirmar.
Recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “En los ritos orientales la iniciación cristiana de los niños comienza con el Bautismo, seguido inmediatamente por la Confirmación y la Eucaristía, mientras que en el rito romano se continúa durante unos años de catequesis, para acabar más tarde con la Confirmación y la Eucaristía, cima de su iniciación cristiana (cf. CIC can. 851,2; 868)” (Catecismo, 1233).
Resurrección y Bautismo
y santa Confirmación:
el Espíritu Divino
vino a mí y se aposentó.

¡Oh qué dicha celestial
ser la Morada de Dios,
ser la voz de su Palabra
llevar conmigo el Perdón!

Yo creo en los Siete Dones
que Dios Hijo me otorgó.
y yo creo en los milagros
del Evangelio en misión.

El Milagro de los siglos,
mayor que la Creación
fue el milagro de la Pascua
en el cuerpo del Señor.

Y si Dios puede lo grande
podrá también lo menor;
aquí hay un alma sencilla
dispuesta a acoger tu don.

Que en mis manos resplandezca
el don de la compasión
por mi Jesús compasivo
presente en la absolución.

Mis obras digan a gritos
que Jesús resucitó,
que el Espíritu está vivo
con maravillas de amor.

Digamos, hermanos santos,
en humilde confesión,
que el bien al mal ha vencido
y se llama Redención.

Toda la tierra está llena
de su santa Bendición;
el Espíritu nos unge
y exhala su santa Unción.

¡Gloria al Padre, gloria al Hijo,
y al Ósculo del Amor:
por los siglos de los siglos
la santa Resurrección! Amén.

Guadalajara, 8 abril 2019


14. Definitivo, no quiero
sino el triunfo del amor

¿Cómo se demuestra la Resurrección de Jesús? Si la Resurrección es Misterio, no se demuestra; se cree en la fe de la Iglesia. La Resurrección no se demuestra: “se explica”, es decir, se explaya ante los ojos y se saborea el Misterio.
La Resurrección es igual que la Eucaristía: no se demuestra, no se puede demostrar.
No hay vía histórica que termine ahí. Tampoco hay vía ontológica que pueda llegar a  este resultado. Por la “via fidei”, por la “via amoris” entramos y nos perdemos en el amor infinito. Justamente tomando la “via amoris” – lo más humano de todo lo humano – abordamos el misterio. Resucitó el Señor. ¿Quién lo dice? Simplemente el Amor revelado. Basta.
¡Santa Pascua del Señor!

Definitivo: no quiero
sino el triunfo del amor,
mas no mi amor limitado,
sino Otro, que he visto yo.

Hubo un amor al principio,
que fue el amor explosión,
mas era solo el anuncio
del milagro superior.

El mundo amoroso brilla
de aquel fuego que rompió,
y los humanos se postran
adorando a Dios o al Sol.

No era el Amor todavía
que Dios eterno pensó:
eran solo las primicias
del Amor Encarnación.

Las entrañas de María
son amor en gestación,
que da su flor y su fruto
en Amor en la Pasión.

No es la Palabra final,
broche de revelación:
aguardad, videntes santos,
la luz que trae el dolor.

Resurrección sí lo es
lo que la Cruz ya nos dio:
Dios en la muerte murió
y en gloria resucitó.

Callaron las Escrituras
y el Amor de Dios habló,
ya no busquéis argumentos
si el Amor os encendió.

Adentro, en la eternidad,
el que habitaba habitó,
y este Jesús Nazareno
como Hijo se mostró.

Esta es la fe de mi Pascua
que mi amor necesitó:
Vive el Amor, vive y reina
y en Amor nos consagró. Amén.

Guadalajara, Jalisco, martes 9 de abril de 2019.

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