Iglesia santa de Dios
“Y
finalmente, está el Misterio de la Iglesia. La frase con la que Romano
Guardini, hace casi 100 años, expresó la esperanza gozosa que había en él y en
muchos otros, permanece inolvidable: “Un evento de importancia incalculable ha
comenzado, la Iglesia está despertando en las almas”.
Se
refería a que la Iglesia ya no era experimentada o percibida simplemente como
un sistema externo que entraba en nuestras vidas, como una especie de
autoridad, sino que había comenzado a ser percibida como algo presente en el
corazón de la gente, como algo no meramente externo sino que nos movía
interiormente. Casi 50 años después, al reconsiderar este proceso y viendo lo
que ha estado pasando, me siento tentado a revertir la frase: “La Iglesia está
muriendo en las almas”.
De
hecho, hoy la Iglesia es vista ampliamente solo como una especie de aparato
político. Se habla de ella casi exclusivamente en categorías políticas y esto
se aplica incluso a obispos que formulan su concepción de la Iglesia del mañana
casi exclusivamente en términos políticos. La crisis, causada por los muchos
casos de abusos de clérigos, nos hace mirar a la Iglesia como algo casi
inaceptable que tenemos que tomar en nuestras manos y rediseñar. Pero una
Iglesia que se hace a sí misma no puede constituir esperanza.
…
(Al
final) El hoy de la Iglesia es más que nunca una Iglesia de mártires y por ello
un testimonio del Dios viviente. Si miramos a nuestro alrededor y escuchamos
con un corazón atento, podremos hoy encontrar testigos en todos lados,
especialmente entre la gente ordi-naria, pero también en los altos rangos de la
Iglesia, que se alzan por Dios con sus vi-das y su sufrimiento. Es una inercia
del corazón lo que nos lleva a no desear reconocerlos. Una de las grandes y
esenciales tareas de nuestra evangelización es, hasta donde podamos, establecer
hábitats de fe y, por encima de todo, encontrar y reconocerlos.
Vivo en
una casa, en una pequeña comunidad de personas que descubren tales testimonios
del Dios viviente una y otra vez en la vida diaria, y que alegremente me comentan
esto. Ver y encontrar a la Iglesia viviente es una tarea maravillosa que nos
fortalece y que, una y otra vez, nos hace alegres en nuestra fe”. (Benedicto
XVI, La Iglesia y el escándalo del abuso sexual. “Originalmente iba a ser
publicado en Semana Santa por el Klerusblatt,
periódico mensual para el clero en la mayoría de diócesis bávaras de Alemania;
sin embargo fue filtrado este miércoles 10 de abril por el New York Post”.
Aciprensa)
Iglesia
santa de Dios
que
vives en cada alma,
gózate
en el alma mía,
Iglesia,
mi madre amada.
Hoy
la Iglesia estremecida
de
un gozo que el rostro baña
se
siente más pura y bella,
por
Jesús más habitada.
Yo
soy la Iglesia creyente
y
la siento en mis entrañas,
y
siento que de la tumba
nace
una nueva esperanza.
Yo
soy la fiel Magdalena,
la
que sin írse lloraba,
“No
llores”, dice la Voz,
y
ya se fueron mis lágrimas.
Va
renaciendo el amor,
flores
y flores que exhalan
la
pureza y el perfume
de
su carne inmaculada.
Vive
Jesús y miradme
en
esta noche de Pascua,
mis
ojos lo están diciendo,
mis
labios con gozo cantan.
Soy
la Iglesia de testigos
que
alaban y que proclaman;
yo
nací en Jerusalén
y
en América me alcanzan.
Qué
gozo sentirse hermano
en
la fe que nos hermana,
y
en los cinco continentes
cantar
aquella mañana.
Jesús,
Señor de la Iglesia,
presencia
que no se apaga;
somos
tu Pascua y tu júbilo
familia
que brinda y ama.
Tu
invitación aceptamos
para
la pascua sin pausa;
¡gloria
a ti, mi Dios amante
en
la Pascua trinitaria! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, Lunes Santo 15 abril 2019
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