Parábola de “El hombre de la alegría”
Mt 13,44
Meditación
para un retiro
Preámbulo: Circunstancia de esta
meditación
He
podido compartir la Parábola del tesoro escondido ene l campo en tres momentos
diferentes, y en cada uno de ellos, la parábola sigue manando…, manando un
sentido que no se agota.
Tres momentos diferentes que han sido
estos:
-
Un retiro espiritual que ayer, sábado, ofrecía
a las Concepcionistas Franciscanas de Logroño, comunidad resultante de varios
monasterios.
-
La homilía con las comunidades catecumenales
radicadas en la Parroquia de Valvanera, aquí en Logroño.
-
La homilía para el pueblo fiel en esta Iglesia
de las hermanas|, hoy domingo, 30 de julio de 2017
Y hay un “cuarto momento” no menos
importante – para mí – que los anteriores: Mi propio retiro que he emprendido
en esta casa, que, por ser casa de hermanas contemplativas, es lugar de paz. En
esta cima de mi vida octogenaria, ante una situación de aparente descomposición
– socialmente, eclesialmente, familiarmente… en nuestras instituciones de vida
religiosa - ¿qué me anuncia la Palabra de Dios
Y en cada uno de los intentos, la
Parábola de Jesús, Palabra de Dios, divino regalo que se hace a la Iglesia,
tiene irisaciones distintas.
Tengo ante mí dos libros:
-
El
Nuevo Testamento griego con su versión de la Nova Vulgata,
versión rigurosa del original, que no ha sido superada por ninguna otra en
cuanto a su fidelidad verbal al texto original.
-
El reciente Nuevo Testamento: Versión crítica sobre el texto original griego, del
jesuita P. Manuel Iglesias González (BAC maior 124, año 2017), verdadera
joya del panorama bíblico español, fruto de una vida, puesto que esta obra está
trabajada sobre las dos ediciones anteriores de un profesional de la filología
hebrea.
El P. Iglesias nos informa de que el
Evangelio de Tomás (antiguo texto del siglo II) falsifica la parábola cuando la
orienta hacia el negocio que va a emprender el poseedor del campo con el tesoro
que estaba en el campo. En labios de Jesús el sentido no iba por ahí. El antiquísimo
texto cristiano dice así, en el “logion” 109 de los 117 “logia” de que constan
el Evangelio de Tomás: “109. Jesús ha dicho: El Reino se asemeja a una persona
que tiene un tesoro escondido en su campo sin saberlo. Y después de morir, lo legó
a su hijo. El hijo no lo sabía, aceptó aquel campo, lo vendió. Y vino quien lo
compró, aró, descubrió el tesoro. Empezó a prestar dinero a interés a quienes
quería” (versión recogida en mercaba.org).
Entrando en el texto
En busca de un título
para esta parábola: El hombre de la alegría
En el texto original de Mateo, que lo
referimos a Jesús mismo, y que ciertamente está en el estilo de Jesús, se comienza
diciendo: “Es parecido el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo”.
Inmediatamente entra el hombre: “el cual, encontrándolo un hombre”, y ahora
llegamos al “punto central” de la acción. ¿Qué pasó?, se pregunta el oyente de Jesús.
Y Jesús responde:
-
Que este hombre reventó de alegría.
Aquí lo que acontece es una “explosión de
alegría”. Esta alegría no es una alegría contemplativa, lírica, mística (que
luego va a incluir todo ello), esta es una “alegría de vida”, una alegría
transformante, operativa, dinámica, que pone en movimiento toda la acción es la
alegría. Es una alegría fontanal de todo lo que va a ocurrir a continuación. En
efecto, esta alegría súbita, este entusiasmo de los dioses en la vida humana, va
a desencadenar toda la acción.
Acabamos de identificar al hombre del
hallazgo y podemos calificarlo así: el hombre de la alegría.
Este hombre de la alegría se pone en
acción y opera en tres frentes inmediatos:
Primero, “va”; sale de donde estaba y
empieza una acción nueva. No es buena traducción “va a vender”, que sería “se
determina a vender”. Sencillamente “va”: tres verbos en un presente indicativo,
regidos por una preposición modal: “impulsado por la alegría, a resultas de la
alegría, como consecuencia de la alegría, de aquella alegría” “apo tes
jarás, prae gaudio”, va, vende,
compra.
La alegría es una alegría muy
determinada: es “la” alegría “de él” o “de ello”
Si es “la alegría de él” es “la alegría
que lleva dentro”
Si es “la alegría de ello” es la alegría
de lo que le ha tocado, de lo que va a venir.
Preferimos el sentido primero. Y por esa
alegría que lleva dentro. Es es el hombre de la alegría.
La tristeza paraliza, es emisaria de muerte.
La alegría, por el contrario, es activa,
es productora de vida. Dios creo el mundo pro la alegría que tenía. Dios creo
el mundo por su alegría difusiva. Somos hijos de la alegría de Dios.
El hombre de la
renuncia, el hombre de la alegría
Inmediatamente “el hombre del encuentro”,
el hombre que ha encontrado, se ha convertido en “el hombre de la decisión”. Su
decisión es operativa y muy concreta:
-
El hombre va.
-
El hombre vende.
-
El hombre compra.
El texto sagrado privilegia en esta
secuencia de tres acciones, que son en sí las tres conjuntas, las tres
imprescindible, al segunda, por cuanto que redonde y especifica: y vende todo lo que tiene.
La acción de vender determina un paso
irreversible, porque vende todo lo que tiene (et vendit universa, quae habet). No vende una parte de su hacienda,
sino que juega con el “todo”, lo cual no es de
gente de negocios, pues hay que tener un algo “por si acaso”.
No se trata, pues, de hacer cálculos del
50%, del 75%... Nada de esto entra en la parábola. Lo que recalca la parábola
-
No es esta medida prudencial para el
negocio.
-
Ni el sacrificio que estos pueda
suponer, porque una venat es una renuncia.
Lo
que recalca la parábola es
-
La seguridad y la determinación.
-
El acierto rotundo
-
La plena ventaja de la venta, sin
ninguna duda posible.
-
Y la facilidad y felicidad con que se
hace este desprendimiento: El TODO es nada frente a lo que viene. No hay ningún
sacrificio en desprenderse de todo para recibir el Sumo que se nos da.
El desprendimiento del todo y la alegría
que lo motiva, alegría alcanzada antes de que venga, son los dos polos del
gozne de la parábola; pero evidentemente el acento se pone en la alegría. Se
trata, por tanto, de El hombre de la alegría, que acierta rotundamente cuando la
alegría le impulsa a dejarlo todo por el reino.
El reino de la alegría
Ahora entra el creyente, el teólogo
creyente para descubrir el reino como reino de la alegría. Y he aquí una serie
de afirmaciones soberanas que sustentante el sentido de la parábola:
1) El
reino de Dios (el reino de los cielos) no es otra cosa que la vida de Dios.
2)
La vida de Dios no puede ser otra que
toda la vida de Dios que pasa a ser la vida del hombre, toda la vida del
hombre. Esto es lo que Jesús anuncia en su mensaje: nos entrega la vida de Dios.
3)
En la vida de Dios está la alegría de Dios,
toda la alegría de Dios.
4)
Dios quiere compartir su vida y alegría
con el hombre; toda su vida y su alegría con el hombre.
5) De
manera que no hay mayor alegría de Dios que el darse al hombre tal cual es, tal
cual el hombre lo puede recibir.
El hombre de la alegría
y el Dios de la alegría
1) El
hombre de la parábola es el hombre de la alegría.
2)
Ahora va a resultar que el Dios de la
parábola es el Dios de la alegría
3) Y
que la mayor alegría de Dios va a ser el regalar al hombre su propia alegría. Dios
es feliz haciendo felices a los hombres. Dios manifiesta su alegría
explayándola hacia los hombres.
La tristeza es pecado contra
Dios
1) Estar
triste – estar preocupado – es dudar del poder del advenimiento del reino de Dios.
Es intentar sustraer a Dios su soberanía, el ejercicio de su reinado.
2)
En un salto de fe, los salmos cantan:
-
“Lo introduces y lo plantas en el monte de tu
heredad, | lugar del que hiciste tu trono, Señor; | santuario, Señor,
que fundaron tus manos. | El Señor reina
por siempre jamás “(Éx 15,17-18).
-
“El Señor reinará eternamente, | y los
gentiles desaparecerán de su tierra. / Señor,
tú escuchas los deseos de los humildes, | les prestas oído y los animas; /
tú defiendes al huérfano y al
desvalido: | que el hombre hecho de tierra no vuelva a sembrar su terror”
(Salmo 9,37-39).
-
El Señor reina, vestido de majestad; | el
Señor, vestido y ceñido de poder: | así está firme el orbe y no vacila
(Sal 93,1).
-
El Señor reina, la tierra goza, | se
alegran las islas innumerables (Sal 97,1)
-
El Señor reina, la tierra goza, | se alegran las
islas innumerables (146,1)
3)
Y Miqueas nos da este oráculo de esperanza: (Haré de
las cojas un resto, | de las cansadas, un pueblo numeroso. | El Señor reinará sobre ellos | en
el monte Sión, | desde ahora y para siempre” (Mi 2,7).
Conclusión
personal
1.
El reino de Dios está viniendo. Jesús lo ha puesto en
marcha. Y ya ha anticipado que la Parusía será el gran triunfo final. Él mismo
será el protagonista de esta historia divina, que es historia intrahumana.
2.
Lo que ha de acontecer en las edades venideras de la
historia lo ignoramos en absoluto; ni el mismo Hijo lo sabía.
3.
No sé, pues, qué va a ser de la Iglesia, a la que
tanto amo.
4.
Solo sé que el advenimiento del reino de Dios, de la
vida de Dios, de la alegría de Dios es promesa segura.
5.
Dios no puede fracasar en su obra. Y puede ser que las
misma tarea de las religiones sea obra de Dios en pro del advenimiento de su
reino, aunque Jesús, al parecer, no sea conocido.
6.
Ciertamente sé que la obra de magnitud divina del
Reino es obra de Dios, y que el ser humano no puede añadir ni quitar.
7.
Y también sé que el hombre de la parábola soy yo y que
la parábola me está alzando a acoger la vida de Dios, la alegría de Dios, “vendiendo
todo lo que tengo”, desapareciendo yo para experimentar el triunfo de Dios, lo
mismo que desapareció Jesús.
8.
De los tiempos, de los modos no sé nada; y a la verdad
que no me toca a mí ni decidir ni siquiera cavilar.
9.
El hecho de haberlo descubierto, en el mensaje del Evangelio,
es la alegría infinita de mi vida, y no quiero otra.
Logroño, domingo, 30 julio 2017