domingo, 30 de julio de 2017

976. Parábola de “El hombre de la alegría”



Parábola de “El hombre de la alegría”
Mt 13,44
Meditación para un retiro

Preámbulo: Circunstancia de esta meditación
He podido compartir la Parábola del tesoro escondido ene l campo en tres momentos diferentes, y en cada uno de ellos, la parábola sigue manando…, manando un sentido que no se agota.
Tres momentos diferentes que han sido estos:
-         Un retiro espiritual que ayer, sábado, ofrecía a las Concepcionistas Franciscanas de Logroño, comunidad resultante de varios monasterios.
-         La homilía con las comunidades catecumenales radicadas en la Parroquia de Valvanera, aquí en Logroño.
-         La homilía para el pueblo fiel en esta Iglesia de las hermanas|, hoy domingo, 30 de julio de 2017
Y hay un “cuarto momento” no menos importante – para mí – que los anteriores: Mi propio retiro que he emprendido en esta casa, que, por ser casa de hermanas contemplativas, es lugar de paz. En esta cima de mi vida octogenaria, ante una situación de aparente descomposición – socialmente, eclesialmente, familiarmente… en nuestras instituciones de vida religiosa - ¿qué me anuncia la Palabra de Dios
Y en cada uno de los intentos, la Parábola de Jesús, Palabra de Dios, divino regalo que se hace a la Iglesia, tiene irisaciones distintas.
Tengo ante mí dos libros:
-         El Nuevo Testamento griego con su versión de la Nova Vulgata, versión rigurosa del original, que no ha sido superada por ninguna otra en cuanto a su fidelidad verbal al texto original.
-         El reciente Nuevo Testamento: Versión crítica sobre el texto original griego, del jesuita P. Manuel Iglesias González (BAC maior 124, año 2017), verdadera joya del panorama bíblico español, fruto de una vida, puesto que esta obra está trabajada sobre las dos ediciones anteriores de un profesional de la filología hebrea.
El P. Iglesias nos informa de que el Evangelio de Tomás (antiguo texto del siglo II) falsifica la parábola cuando la orienta hacia el negocio que va a emprender el poseedor del campo con el tesoro que estaba en el campo. En labios de Jesús el sentido no iba por ahí. El antiquísimo texto cristiano dice así, en el “logion” 109 de los 117 “logia” de que constan el Evangelio de Tomás: “109. Jesús ha dicho: El Reino se asemeja a una persona que tiene un tesoro escondido en su campo sin saberlo. Y después de morir, lo legó a su hijo. El hijo no lo sabía, aceptó aquel campo, lo vendió. Y vino quien lo compró, aró, descubrió el tesoro. Empezó a prestar dinero a interés a quienes quería” (versión recogida en mercaba.org).  

Entrando en el texto
En busca de un título para esta parábola: El hombre de la alegría
En el texto original de Mateo, que lo referimos a Jesús mismo, y que ciertamente está en el estilo de Jesús, se comienza diciendo: “Es parecido el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo”. Inmediatamente entra el hombre: “el cual, encontrándolo un hombre”, y ahora llegamos al “punto central” de la acción. ¿Qué pasó?, se pregunta el oyente de Jesús.
Y Jesús responde:
-         Que este hombre reventó de alegría.
Aquí lo que acontece es una “explosión de alegría”. Esta alegría no es una alegría contemplativa, lírica, mística (que luego va a incluir todo ello), esta es una “alegría de vida”, una alegría transformante, operativa, dinámica, que pone en movimiento toda la acción es la alegría. Es una alegría fontanal de todo lo que va a ocurrir a continuación. En efecto, esta alegría súbita, este entusiasmo de los dioses en la vida humana, va a desencadenar toda la acción.
Acabamos de identificar al hombre del hallazgo y podemos calificarlo así: el hombre de la alegría.
Este hombre de la alegría se pone en acción y opera en tres frentes inmediatos:
Primero, “va”; sale de donde estaba y empieza una acción nueva. No es buena traducción “va a vender”, que sería “se determina a vender”. Sencillamente “va”: tres verbos en un presente indicativo, regidos por una preposición modal: “impulsado por la alegría, a resultas de la alegría, como consecuencia de la alegría, de aquella alegría” “apo tes jarás, prae gaudio”, va, vende, compra.
La alegría es una alegría muy determinada: es “la” alegría “de él” o “de ello”
Si es “la alegría de él” es “la alegría que lleva dentro”
Si es “la alegría de ello” es la alegría de lo que le ha tocado, de lo que va a venir.
Preferimos el sentido primero. Y por esa alegría que lleva dentro. Es es el hombre de la alegría.
La tristeza paraliza, es emisaria de muerte.
La alegría, por el contrario, es activa, es productora de vida. Dios creo el mundo pro la alegría que tenía. Dios creo el mundo por su alegría difusiva. Somos hijos de la alegría de Dios.

El hombre de la renuncia, el hombre de la alegría
Inmediatamente “el hombre del encuentro”, el hombre que ha encontrado, se ha convertido en “el hombre de la decisión”. Su decisión es operativa y muy concreta:
-         El hombre va.
-         El hombre vende.
-         El hombre compra.
El texto sagrado privilegia en esta secuencia de tres acciones, que son en sí las tres conjuntas, las tres imprescindible, al segunda, por cuanto que redonde y especifica: y vende todo lo que tiene.

La acción de vender determina un paso irreversible, porque vende todo lo que tiene (et vendit universa, quae habet). No vende una parte de su hacienda, sino que juega con el “todo”, lo cual no es de  gente de negocios, pues hay que tener un algo “por si acaso”.
No se trata, pues, de hacer cálculos del 50%, del 75%... Nada de esto entra en la parábola. Lo que recalca la parábola
-         No es esta medida prudencial para el negocio.
-         Ni el sacrificio que estos pueda suponer, porque una venat es una renuncia.
Lo que recalca la parábola es
-         La seguridad y la determinación.
-         El acierto rotundo
-         La plena ventaja de la venta, sin ninguna duda posible.
-         Y la facilidad y felicidad con que se hace este desprendimiento: El TODO es nada frente a lo que viene. No hay ningún sacrificio en desprenderse de todo para recibir el Sumo que se nos da.
El desprendimiento del todo y la alegría que lo motiva, alegría alcanzada antes de que venga, son los dos polos del gozne de la parábola; pero evidentemente el acento se pone en la alegría. Se trata, por tanto, de El hombre de la alegría, que acierta rotundamente cuando la alegría le impulsa a dejarlo todo por el reino.

El reino de la alegría
Ahora entra el creyente, el teólogo creyente para descubrir el reino como reino de la alegría. Y he aquí una serie de afirmaciones soberanas que sustentante el sentido de la parábola:
1)    El reino de Dios (el reino de los cielos) no es otra cosa que la vida de Dios.
2)    La vida de Dios no puede ser otra que toda la vida de Dios que pasa a ser la vida del hombre, toda la vida del hombre. Esto es lo que Jesús anuncia en su mensaje: nos entrega la vida de Dios.
3)    En la vida de Dios está la alegría de Dios, toda la alegría de Dios.
4)    Dios quiere compartir su vida y alegría con el hombre; toda su vida y su alegría con el hombre.
5)    De manera que no hay mayor alegría de Dios que el darse al hombre tal cual es, tal cual el hombre lo puede recibir.

El hombre de la alegría y el Dios de la alegría
1)    El hombre de la parábola es el hombre de la alegría.
2)    Ahora va a resultar que el Dios de la parábola es el Dios de la alegría
3)    Y que la mayor alegría de Dios va a ser el regalar al hombre su propia alegría. Dios es feliz haciendo felices a los hombres. Dios manifiesta su alegría explayándola hacia los hombres.

La tristeza es pecado contra Dios
1)    Estar triste – estar preocupado – es dudar del poder del advenimiento del reino de Dios. Es intentar sustraer a Dios su soberanía, el ejercicio de su reinado.
2)    En un salto de fe, los salmos cantan:
-         “Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad, | lugar del que hiciste tu trono, Señor; | santuario, Señor, que fundaron tus manos. | El Señor reina por siempre jamás “(Éx 15,17-18).
-         El Señor reinará eternamente, | y los gentiles desaparecerán de su tierra. /   Señor, tú escuchas los deseos de los humildes, | les prestas oído y los animas; /  tú defiendes al huérfano y al desvalido: | que el hombre hecho de tierra no vuelva a sembrar su terror” (Salmo 9,37-39).
-         El Señor reina, vestido de majestad; | el Señor, vestido y ceñido de poder: | así está firme el orbe y no vacila (Sal 93,1).
-         El Señor reina, la tierra goza, | se alegran las islas innumerables (Sal 97,1)
-         El Señor reina, la tierra goza, | se alegran las islas innumerables (146,1)
3)    Y Miqueas nos da este oráculo de esperanza: (Haré de las cojas un resto, | de las cansadas, un pueblo numeroso. | El Señor reinará sobre ellos | en el monte Sión, | desde ahora y para siempre” (Mi 2,7).

Conclusión personal
1.     El reino de Dios está viniendo. Jesús lo ha puesto en marcha. Y ya ha anticipado que la Parusía será el gran triunfo final. Él mismo será el protagonista de esta historia divina, que es historia intrahumana.
2.     Lo que ha de acontecer en las edades venideras de la historia lo ignoramos en absoluto; ni el mismo Hijo lo sabía.
3.     No sé, pues, qué va a ser de la Iglesia, a la que tanto amo.
4.     Solo sé que el advenimiento del reino de Dios, de la vida de Dios, de la alegría de Dios es promesa segura.
5.     Dios no puede fracasar en su obra. Y puede ser que las misma tarea de las religiones sea obra de Dios en pro del advenimiento de su reino, aunque Jesús, al parecer, no sea conocido.
6.     Ciertamente sé que la obra de magnitud divina del Reino es obra de Dios, y que el ser humano no puede añadir ni quitar.
7.     Y también sé que el hombre de la parábola soy yo y que la parábola me está alzando a acoger la vida de Dios, la alegría de Dios, “vendiendo todo lo que tengo”, desapareciendo yo para experimentar el triunfo de Dios, lo mismo que desapareció Jesús.
8.     De los tiempos, de los modos no sé nada; y a la verdad que no me toca a mí ni decidir ni siquiera cavilar.
9.     El hecho de haberlo descubierto, en el mensaje del Evangelio, es la alegría infinita de mi vida, y no quiero otra.

Logroño, domingo, 30 julio 2017

viernes, 28 de julio de 2017

975. Domingo XVII A – Dejarlo todo con alegría por el Reino de Dios




Dejarlo todo con alegría por el Reino de Dios
Mateo 13,44-52

Texto del Evangelio
44 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
 45 El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, 46 que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
 47 El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48 cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. 49 Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
 51 ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». 52 Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Hermanos:
1. Por tercer domingo consecutivo estamos escuchando el capítulo de las parábolas de san Mateo – capitulo 13 – y hoy son: el tesoro en el campo, la perla preciosa, dos parábolas paralelas con el mismo significado, una desde la sensibilidad del hombre, otra desde la sensibilidad de la mujer; y como remate la parábola de la red barredera, la separación final de buenos y malos. Esta parábola termina con el veredicto que nosotros no nos atrevemos a pronunciar: al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Para cerrar este pequeño ciclo de parábolas hay una conclusión en labios de Jesús: ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí».

2. Aquí comienza nuestra reflexión: entender y no entender. ¿De qué clase de entender se trata? Jesús lo ha explicado en la primera parábola, la de la semilla que cae en los distintos terrenos. El primer terreno era el camino: el que “oye y no entiende”; viene el Malvado, el Maligno, el Diablo y roba la semilla que ha caído. La semilla no puede producir, porque no ha entrado dentro. Por el contrario, en el caso del terreno bueno: uno escucha, entiende y la semilla fructifica. “Entender” significa caer la semilla dentro, germinar y fructificar.
¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí».
La palabra de Dios siempre, absolutamente siempre tiene que fructificar. Si no fructifica es que no ha germinado, que no ha entrado dentro.

3. Y aplicando esto de un modo particular a mi propia vida, el caso es este: Si la palabra de Dios no ha transformado mi vida, es que no ha entrado dentro. No ha entrado dentro, aunque la haya oído. Entonces no puede hacer efecto. Como todo el mundo sabe, no se pueden tomar ciertos medicamentos sin prescripción médica. ¿Por qué? Porque el medicamento actúa, o para bien o para mal. El paciente toma un anticoagulante de la sangre y tiene que ir cada cierto tiempo a los análisis, para saber cómo está actuando. Y según ello, el doctor dirá si hay que aumentar, disminuir o quitar. Esto es real.
La Palabra de Dios genera dentro un proceso transformante. Si pasa un año y otro año y nada sucede, estaríamos enfermos, y muy enfermos. La rutina se habría apoderado de nosotros.

4. El principio es claro. Si Dios existe, Dios obra y actúa, Dios habla. Si tú no percibes a Dios, la culpa no es de Dios; la culpa es tuya. Si Dios no es experiencia, sería un ídolo. Dice el salmo a propósito de los ídolos: “tienen boca, y no hablan; | tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; | tienen nariz, y no huelen; tienen manos, y no tocan; | tienen pies, y no andan; | no tiene voz su garganta” (Sal 115-13-15). Los ídolos no son Dios porque no obran: ni hablan ni actúan.
Volvamos, pues, a la pregunta de Jesús: ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí».
Estemos siempre con el corazón dispuesto para acoger la Palabra del Señor, que es viva y eficaz: “la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón (Heb 4,8).

5. Jesús no está hablando del reino de Dios. El Reino de Dios es el centro de la predicación de Jesús. Muchas veces se puede traducir por “reinado de Dios”. La soberanía de Dios sobre este mundo, la realidad del ejercicio de esta soberanía es el reinado de Dios. El proyecto de Dios sobre el mundo, eso es su reino. No puede haber una cosa más grande, ni para Dios ni para el mundo.
Lo que Dios es en sí quiere proyectarlo sobre el mundo. Eso es mucho más grande que todo lo que el hombre puede imaginar. El haber descubierto esto en la vida, es el descubrimiento divino. Jesús inventa una parábola, la parábola de la alegría. Si uno ha descubierto ese tesoro, ¿qué pasa? Lo que pasa es que cuando uno descubre ese campo, que allí está el tesoro, lo deja todo, lo vende todo, absolutamente todo, para comprar ese campo donde está el tesoro escondido.
La parábola gira en ese gozne: dejarlo todo, sin retenerse nada, y experimentar la gran alegría. Nadie dirá que hace un sacrificio por dejarlo todo, porque lo que le viene encima es mucho mayor.
El punto principal es la alegría: la alegría de haber encontrado el tesoro de Dios, el reino de Dios.

6. No se puede hablar con mayor esperanza que como está hablando Jesús. El futuro de nuestra vida está ahí, en esa alegría que nadie nos la puede arrebatar. El reino de Dios viene de Dios; Él nos lo da, nos lo está dando, nos lo dará siempre. Nadie, absolutamente nadie, puede quitarle a Dios su infinita alegría de darnos su reino. Nadie absolutamente nadie, podrá quitarnos a nosotros, la alegría de dejarlo todo para tener el tesoro de ese Reino.
Hermanos, estamos en la plenitud de nuestra fe, la que Jesús nos ha anunciado. Si aceptamos esto, todo cambiará.
Esta es la armonía interna de la vida del cristiano: darlo todo por el reino y hallar en él la suprema alegría de la existencia.

7. A todos os invito, hermanos, y a mí el primero, a entender esto… Lo necesitamos de una manera esencial. Vemos, con mucha preocupación, esta descomposición profunda que se está operando. Los datos hieren a los ojos y no los podemos ocultar. Esta preocupación  nos atenaza y nos entristece; esta descomposición profunda del cristianismo, de la fe, de la sociedad. Si nos descuidamos podemos caer en una fatal enfermedad, la enfermedad de la tristeza vital, producida por la anemia de la fe. En cambio, si aceptamos la Palabra de Dios en su integridad, el panorama cambia radicalmente.
No vamos a pasar a la parábola de la red barredera, del juicio final de la historia, done se separarán buenos de malo. No vamos a pasar, porque necesitamos tiempo para gustar lo que estamos diciendo y que penetre en lo más íntimo de nosotros.

8. Vamos a pedirle al Señor la sabiduría que le pidió Salomón al comienzo de su reinado, según el texto de la primera lectura: “Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal” (1Re 3,8).
Señor Jesús, tú nos has revelado el Reino de tu Padre, su proyecto de amor sobre el mundo, concédenos, por el Espíritu Santo, descubrir este tesoro infinito, y dejar todo con alegría para alcanzarlo. Amén.

Pamplona, viernes, 28 julio 2017.


En México el niño Mateo esá escuchando atentamente esta homilía
que le ha puesto su abuelita. Un beso desde España. Vuelvo pronto.