lunes, 17 de julio de 2017

973. La paz de las Escrituras

La paz de las Escrituras
(S. Agustín, Oficio de hoy, lunes sem. XV)
   

    "El mismo que dijo: Alumbre vuestra luz a los hombres dijo también en la
misma ocasión: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los
hombres. Y del mismo modo que estas palabras te parecían contradictorias en
boca del Apóstol, así también en el Evangelio. Pero si no enturbias el agua de
tu corazón, también en ellas reconocerás la paz de las Escrituras, y
participarás tú también de su misma paz.

    Procuremos, pues, hermanos, no sólo vivir rectamente, sino también
obrar con rectitud delante de los hombres, y no sólo preocuparnos de tener la
conciencia tranquila, sino también, en cuanto lo permita nuestra debilidad y
la vigilancia de nuestra fragilidad humana, procuremos no hacer nada que
pueda hacer sospechar mal a nuestro hermano más débil, no sea que,
comiendo hierba limpia y bebiendo un agua pura, pisoteemos los pastos de
Dios, y las ovejas más débiles tengan que comer una hierba pisoteada y beber
un agua enturbiada".


    La paz de las Escrituras
    fluye muy honda y empapa;
    en esas aguas divinas
    la Trinidad se derrama.

    Veo, comprendo, lo siento
    que Dios es viva Palabra,
    que fluye en dos Testamentos
    y en una sola Alianza.

    Es palabra personal
    de sí mismo hasta mi nada,
    y entonces, cuando me toca
    mi nada queda olvidada.

    Que su Palabra es el germen
    y en su regazo me ensancha,
    es su Palabra su Espíritu,
    por él toda traspasada.

    Que su Palabra es encuentro,
    a mis brazos regalada;
    Palabra de eternidad,
    presente en mi Biblia santa.

    Dulce Palabra de Dios
    piedra en que mi pie se alza,
    Palabra que me la dice
    Dios mismo, hoy que me habla.

    Yo te bendigo, mi Padre,
    como Jesús me enseñana:
    y en tu corazón me quedo,
    prendido de tu Palabra.

Pamplona, 17 de julio de 2017

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