Cuando venga el Hijo del hombre
Mt 24,37-44
Texto:
37 Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. 38 En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; 39 y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: 40 dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; 41 dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42 Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. 44 Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
Hermanos:
1. Antes de entrar en el Evangelio que nos anuncia la venida de Jesús, el Hijo del hombre, lleno de gloria como lo vieron los profetas, quiero decir unas palabras pertinentes al tiempo que comenzamos.
Hoy comienza el Adviento; hoy comienza el calendario de la Iglesia, que es un año espiritual que se organiza en torno a dos momentos supremos: el nacimiento de Jesús, que celebramos en Navidad, la muerte y resurrección de Jesús, que constituyen la Pascua del Señor.
Para celebrar estos misterios la Iglesia reúne a sus fieles los domingos y abre las santas Escrituras, de donde nos viene la Palabras divinas, que se actualizan como palabra operativa de Dios hoy, ahora y aquí, y en vez de repetir cada año los mismos textos, las mismas lecturas, como se hacía en otros tiempos y se podría hacer, porque la palabra de Dios no tiene fondo, se organiza un ciclo de tres años de lecturas, que llamamos el año A, el año B y el año C. Justamente hoy comienza el año A. Es un año en el cual le vamos a dar preferencia al Evangelio de san Mateo; en el año B leemos a san Marcos; y en el año C (que fue el año pasado, cerrado el domingo último), el Evangelio de san Lucas. El Evangelio de san Juan se lee ordenadamente durante la Cuaresma y la Pascua.
Después de mucho estudio y experiencia se han organizado las lecturas de modo que los temas, los misterios que ilustran son los mismos; las lecturas que los explican son diversas. Y lo mismo se hace para organizar el Antiguo Testamento, que es la primera lectura de las tres de la Misa, y las Cartas de los Apóstoles, que es la segunda. De manera que un Cristiano que acude asiduamente a la celebración de la Eucaristía los domingos, todos los domingos del año, al cabo de tres años habrá escuchado virtualmente toda la Biblia.
2. Con esta breve instrucción, nos preguntamos ahora, hermanos, que es el Adviento. Es la preparación para a la Navidad, como la Cuaresma es la preparación para la Pascua. La respuesta es correcta, pero hay que matizarla.
Adviento, palabra que viene del latín, significa exactamente llegada, venida. En el griego, en el que se escribieron los santos Evangelios, se dice parusía. He aquí que, hablando de Jesús, el Señor, hablamos de tres venidas, que serían tres Advientos:
- Él vino históricamente cuando se encarnó en el seno de María y nació en Belén.
- Él viene cada día – hoy mismo – cuando llega a nuestras almas de mil modos: por acontecimientos en los cuales advertimos su presencia, por sentimientos, iluminaciones y mociones mediante los cuales notamos que efectivamente él esta con nosotros.
- Y en tercer lugar, él vendrá un día para llevarnos definitivamente con él, bien se a la hora de nuestra muerte, bien sea en el juicio universal.
Tres venidas, tres tiempos, que nos disponemos a celebrar como misterio de Dios, misterio de salvación. Decimos, por lo tanto, que él vino, que él viene y que él vendrá.
3. Para iniciar el Adviento todos los años se nos presenta la venida final, la venida gloriosa, que nos ilumina, como ninguna otra venida, quién es realmente Jesús, a quien invocamos como Hijo de Dios. Nadie, a o ser que estuviera loco, se ha podido identificar a sí mismo como juez del mundo y de la historia, como aquel que tiene la palabra última, el veredicto final acerca de la conducta de los hombres. Jesús se llamó a sí mismo el Hijo del hombre, y esta expresión que podría significar “soy un hombre más entre los hombres”, soy humano como todos somos humanos, esta expresión que ninguno se la había apropiado, está aludiendo a un título misterioso que el profeta Daniel le da al Mesías. Vio el profeta a uno como Hijo de hombre que venía sobre las nubes del cielo, al cual el Dios soberano le dio todo el poder y la gloria, todo el poder para juzgar a las naciones.
Los cristianos durante siglos, y hoy también, se han complacido en pintar a Jesús en el ábside de las iglesias y basílicas sentado en un trono de gloria, rodeado de ángeles y santos, teniendo a su derecha a su Madre santísima y a su izquierda a san Juan Bautista, el Precursor. Esa imagen nos da la identidad de Jesús. Dios, su Padre, le ha dado todo el poder; y él es quien un día nos ha de juzgar de nuestras acciones.
3. Sus palabras son dulces y acogedoras, porque él, que es nuestro Dios, es nuestro hermano, el que ha muerto por nosotros; pero, al mismo tiempo, son palabras de cuidado y espanto. Porque, al hablar de su venida, nos habla de lo que pasó en tiempos de Noé, cuando la maldad había cundido sobre la tierra y vino el diluvio. La ciudad alegre y confiada vivía y se divertía; se casaban hombres y mujeres, hacían sus fiestas y negocios: compraban y vendían. Pero de pronto vino el diluvio y arrasó con todos. No importa que esto sea un mito antiguo para expresar cómo quiso Dios regenerar el mundo que se había corrompido. Lo que Jesús nos dice es que vendrá de repente, y que en todo momento tenemos que estar preparados.
Grabemos muy firmemente la última frase del Evangelio de hoy: “estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”.
4. Hermanos, el Evangelio no es para infundir terror, sino esperanza, y la virtud que suscita el Adviento es la esperanza, y con la esperanza la alegría. Por eso, quiero coronar estas palabras con el mensaje que nos llega hoy de la primera lectura. Isaías ha cantado esta esperanza contemplando a Jerusalén, dnde está el Monte de la casa del Señor, para nosotros Jesús:
Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: | «Venid, subamos al monte del Señor, | a la casa del Dios de Jacob. | Él nos instruirá en sus caminos | y marcharemos por sus sendas; | porque de Sión saldrá la ley, | la palabra del Señor de Jerusalén». (Is 2,2-3).
Jesús es nuestro Adviento, y su persona solo produce esperanza y paz; él es el guía de nuestra vida, él es nuestro camino, marchemos gozosos por sus sendas.
Señor Jesús, tú eres nuestro Adviento, el que viniste, el que vienes, el que vendrás. Que toda nuestra vida esté ordenada por la luz de tu mirada, por el gozo de tu presencia. Amén.
Cuautitlán Izcalli, viernes 25 noviembre 2022.