viernes, 25 de noviembre de 2022

1830. Dom I Adv A – Cuando venga el Hijo del hombre

Cuando venga el Hijo del hombre

Mt 24,37-44

 

Texto:

37 Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. 38 En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; 39 y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: 40 dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; 41 dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42 Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. 44 Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

 

Hermanos:

1. Antes de entrar en el Evangelio que nos anuncia la venida de Jesús, el Hijo del hombre, lleno de gloria como lo vieron los profetas, quiero decir unas palabras pertinentes al tiempo que comenzamos.

Hoy comienza el Adviento; hoy comienza el calendario de la Iglesia, que es un año espiritual que se organiza en torno a dos momentos supremos: el nacimiento de Jesús, que celebramos en Navidad, la muerte y resurrección de Jesús, que constituyen la Pascua del Señor.

Para celebrar estos misterios la Iglesia reúne a sus fieles los domingos y abre las santas Escrituras, de donde nos viene la Palabras divinas, que se actualizan como palabra operativa de Dios hoy, ahora y aquí, y en vez de repetir cada año los mismos textos, las mismas lecturas, como se hacía en otros tiempos y se podría hacer, porque la palabra de Dios no tiene fondo, se organiza un ciclo de tres años de lecturas, que llamamos el año A, el año B y el año C. Justamente hoy comienza el año A. Es un año en el cual le vamos a dar preferencia al Evangelio de san Mateo; en el año B leemos a san Marcos; y en el año C (que fue el año pasado, cerrado el domingo último), el Evangelio de san Lucas. El Evangelio de san Juan se lee ordenadamente durante la Cuaresma y la Pascua.

Después de mucho estudio y experiencia se han organizado las lecturas de modo que los temas, los misterios que ilustran son los mismos; las lecturas que los explican son diversas. Y lo mismo se hace para organizar el Antiguo Testamento, que es la primera lectura de las tres de la Misa, y las Cartas de los Apóstoles, que es la segunda. De manera que un Cristiano que acude asiduamente a la celebración de la Eucaristía los domingos, todos los domingos del año, al cabo de tres años habrá escuchado virtualmente toda la Biblia.

 

2. Con esta breve instrucción, nos preguntamos ahora, hermanos, que es el Adviento. Es la preparación para a la Navidad, como la Cuaresma es la preparación para la Pascua. La respuesta es correcta, pero hay que matizarla.

Adviento, palabra que viene del latín, significa exactamente llegada, venida. En el griego, en el que se escribieron los santos Evangelios, se dice parusía. He aquí que, hablando de Jesús, el Señor, hablamos de tres venidas, que serían tres Advientos:

-        Él vino históricamente cuando se encarnó en el seno de María y nació en Belén.

-        Él viene cada día – hoy mismo – cuando llega a nuestras almas de mil modos: por acontecimientos en los cuales advertimos su presencia, por sentimientos, iluminaciones y mociones mediante los cuales notamos que efectivamente él esta con nosotros.

-        Y en tercer lugar, él vendrá un día para llevarnos definitivamente con él, bien se a la hora de nuestra muerte, bien sea en el juicio universal.

Tres venidas, tres tiempos, que nos disponemos a celebrar como misterio de Dios, misterio de salvación. Decimos, por lo tanto, que él vino, que él viene y que él vendrá.

 

3. Para iniciar el Adviento todos los años se nos presenta la venida final, la venida gloriosa, que nos ilumina, como ninguna otra venida, quién es realmente Jesús, a quien invocamos como Hijo de Dios. Nadie, a  o ser que estuviera loco, se ha podido identificar a sí mismo como juez del mundo y de la historia, como aquel que tiene la palabra última, el veredicto final acerca de la conducta de los hombres. Jesús se llamó a sí mismo el Hijo del hombre, y esta expresión que podría significar “soy un hombre más entre los hombres”, soy humano como todos somos humanos, esta expresión que ninguno se la había apropiado, está aludiendo a un título misterioso que el profeta Daniel le da al Mesías. Vio el profeta a uno como Hijo de hombre que venía sobre las nubes del cielo, al cual el Dios soberano le dio todo el poder y la gloria, todo el poder para juzgar a las naciones.

Los cristianos durante siglos, y hoy también, se han complacido en pintar a Jesús en el ábside de las iglesias y basílicas sentado en un trono de gloria, rodeado de ángeles y santos, teniendo a su derecha a su Madre santísima y a su izquierda a san Juan Bautista, el Precursor. Esa imagen nos da la identidad de Jesús. Dios, su Padre, le ha dado todo el poder; y él es quien un día nos ha de juzgar de nuestras acciones.

3. Sus palabras son dulces y acogedoras, porque él, que es nuestro Dios, es nuestro hermano, el que ha muerto por nosotros; pero, al mismo tiempo, son palabras de cuidado y espanto. Porque, al hablar de su venida, nos habla de lo que pasó en tiempos de Noé, cuando la maldad había cundido sobre la tierra y vino el diluvio. La ciudad alegre y confiada vivía y se divertía; se casaban hombres y mujeres, hacían sus fiestas y negocios: compraban y vendían. Pero de pronto vino el diluvio y arrasó con todos. No importa que esto sea un mito antiguo para expresar cómo quiso Dios regenerar el mundo que se había corrompido. Lo que Jesús nos dice es que vendrá de repente, y que en todo momento tenemos que estar preparados.

Grabemos muy firmemente la última frase del Evangelio de hoy: “estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”.

 

4. Hermanos, el Evangelio no es para infundir terror, sino esperanza, y la virtud que suscita el Adviento es la esperanza, y con la esperanza la alegría. Por eso, quiero coronar estas palabras con el mensaje que nos llega hoy de la primera lectura. Isaías ha cantado esta esperanza contemplando a Jerusalén, dnde está el Monte de la casa del Señor, para nosotros Jesús:

Hacia él confluirán todas las naciones,  caminarán pueblos numerosos y dirán: | «Venid, subamos al monte del Señor, | a la casa del Dios de Jacob. | Él nos instruirá en sus caminos | y marcharemos por sus sendas; | porque de Sión saldrá la ley, | la palabra del Señor de Jerusalén». (Is 2,2-3).

Jesús es nuestro Adviento, y su persona solo produce esperanza y paz; él es el guía de nuestra vida, él es nuestro camino, marchemos gozosos por sus sendas.

Señor Jesús, tú eres nuestro Adviento, el que viniste, el que vienes, el que vendrás. Que toda nuestra vida esté ordenada por la luz de tu mirada, por el gozo de tu presencia. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, viernes 25 noviembre 2022.

martes, 22 de noviembre de 2022

1829. Presentación de María - Ronda espiritual

Vecina de Nazaret

Un día en Jerusalén – hace cerca de 40 años, en la Presentación de María el año 1984 – ansioso estudiante, tomé los libros del P. Bellarmino Bagatti (franciscano que estaba en la Enfermería de San Salvatore) tomé sus libros para informarme, y con  pluma erudita, prestada, puede escribir en su momento sobre esta memoria litúrgica:

“El 20 de noviembre del año 453, bajo el emperador Justiniano, fue dedicada en Jerusalén la iglesia llamada Santa María la Nueva, la Nea (excavaciones arqueológicas en 1969-1971), espléndida iglesia descrita por el contemporáneo Procopius. Asociada a esta dedicación se celebra la fiesta de la Presentación de María. La iglesia está cercana al área del Templo.

La Theotókos antigua era la iglesia constantiniana, emplazada donde hoy está la de Santa Ana (entre la Via Dolorosa y la Puerta de San Esteban). Pero el culto a María estaba asociado en Jerusalén desde tiempos anteriores a la tumba, hoy llamada Tumba de la Virgen, en la zona del Monte de los Olivos, en un terreno que era zona sepulcral en el siglo I.

María está profundamente enraizada en la Iglesia judeo-cristiana, y en concreto en la Iglesia Madre de Jerusalén. El Protoevangelio de Santiago (siglo II), que habla de María en el Templo, es fantasía. No obstante, hay que saber leer ese lenguaje; por ejemplo, la defensa invicta que hace de la virginidad de María. Si María en el Templo es alimentada por los ángeles, es porque el pío escritor piensa en la inocencia paradisíaca de antes de la caída.

La Virgen toda santa, consagrada al Señor, es la Virgen pensada por la Iglesia de Jerusalén. Con este trasfondo de Iglesia Madre jerosolimitana cantamos a la Virgen un himno compuesto precisamente en Jerusalén y en la fiesta de la Presentación de María”.

Brotaba un himno: Jerusalén la amó desde el principio.

Hoy, anciano, con corazón de jovencito sentimental, y aquí en México, ya preparando la fiesta de Guadalupe, vuelve María, la Niña María, la Divina Infantita. Un compañero la ha puesto en la capilla, preciosa, con sus aretes en las orejas – poco más que una bebé – y su pulserita de oro en la muñeca.

Amores… amores que la sabia Teología no los alcance; pero los despegaré de los repliegues del corazón. Si fuera mexicano, le diría: ¡Mamita…, cuídame junto  Diosito!

Si soy lo que soy, le estoy diciendo:

Madre, déjame hacerte un verso, para soltar mi alma en poesía.

 

Vecina de Nazaret,

la humilde niña María,

era a la vista de todos

mas nadie la conocía.

 

Era pura, inmaculada,

por Dios toda bendecida;

la voluntad del Señor

era su Ley y su vida.

 

Muchas mujeres ilustres

en Israel las había,

y las páginas sagradas

sus historias recogían.

 

Pero María entre todas

por gracia, era distinta;

no por ella, por un Hijo

que en su hora nacería.

 

El Espíritu guardaba

a la Madre del Mesías,

mas del modo y la manera

no hay saber ni fantasía.

 

Era ella, solo ella

la siempre fiel y sencilla,

era secreto de Dios,

una mujer sin mancilla.

 

Era don, era promesa

de Dios que se complacía

de tener entre nosotros

a la Madre que quería.

 

Una mujer cotidiana,

que en la aldea iba y venía,

pero en su pecho elegido

la Paloma el nido hacía.

 

Y su memoria ha quedado,

nunca jamás extinguida,

por las calles como aroma,

y en la Iglesia se destila.

 

Las canciones al recuerdan,

y las preces la suspiran,

Miryam de las Escrituras,

María en la lengua mía.

 

Ya diciembre va viniendo,

Guadalupe está a la esquina,

y por montañas y valles

se acerca la romería.

 

Rondan guitarras, violines,

mariachis con maestría,

en vilo los corazón,

que arrancan Las mañanitas.

 

Y otra vez vuelvo callado

en pos de otras melodías,

mi corazón en quietud

recuerda, busca y medita.

 

María de Nazaret,

la pequeña…, y aún la niña,

Virgen de la Trinidad,

Bella como una cunita.

 

Yo de noche la contemplo,

mas no es dulce pesadilla;

es mi pensar y alentar,

hasta llamarla bonita.

 

Niña María de amor,

el eco de mis sonrisas,

bajo tus ojos amables

yo pongo mi cobijita.

 

María de mi ternura,

hoy aquí mi Aparecida,

niña, mujer, y enlutada,

toda misterio y la misma.

 

Vuelve tu rostro precioso,

vuelve tus ojos y mira,

nosotros hacemos ronda

hasta caer de rodillas.

 

¿Ya puedo decir “amén”

y cerrar mi poemita?

No quiero, pero es preciso,

oh mi dulce Madrecita. Amén: que así sea.

 

Cuautitlán Izcalli, noche de santa Cecilia, 2022.

(Escribí de noche)

sábado, 19 de noviembre de 2022

1828. Dom. XXXIV, C – Jesús Crucificado, rey del universo

 

 Jesús Crucificado, rey del universo

Lc 23,35-43 


 

Texto evangélico:

35 El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». 36 Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, 37 diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». 38 Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos». 

39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». 40 Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? 41 Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». 42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». 43 Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Hermanos:

1. Reina el amor. Es todo lo que podemos decir al contemplar esta imagen divina de la muerte de Jesús que nos presenta san Lucas, y que es este año el Evangelio para proclamar que Jesucristo es el Rey del Universo. Reina el amor. Reina el amor, muriendo en la cruz, acogiendo, perdonando, callando ante las muecas e injurias, y diciéndole al ladrón arrepentido: Hoy estarás conmigo en el paraíso.

Cuando el centurión que tenía la lanza vio esta escena, cuenta san Marcos que exclamó: Verdaderamente este era Hijo de Dios.

Y ¿este es el Rey, hermanos? Este es el Rey, y no otro.

No le vamos a poner una corona de oro – no la quiere – para decir, comparándolo con los imperios y reinos que han sido o son en el mundo: Jesús es el Rey de todos, Jesús es el dueño de todos los imperios: Jesús, como hijo de Dios, es el poseedor de toda la creación, de todos los poderes que comporta un reinado completo: poder dominativo o de dominio y posesión, poder legislativo, poder gubernativo, poder judicial. Toda esta filosofía del poder, que ha ido creando el derecho humano, no vale para decir cuál es el poder de Cristo, el reinado de Cristo, por aquella sencilla razón que dijo Jesús a Pilato:

Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad (Jn 18,36-37).

Según estas palabras, Jesús no tiene guardia que le proteja, ejército que el defienda; no solamente no la tiene, sino que todo sugiere que parece que no quiere que esa guardia, ese ejército sea un componente de su comunidad.

 

2. Hermanos, volvamos otra vez al principio para reafirmar las verdades de nuestra fe: Jesús es rey muriendo entre bandidos, Jesús es rey sin tener una propiedad territorial para decir esto es mío; Jesús es rey sin ejército que le defienda; Jesús es rey de amor teniendo a su alrededor miles y miles de seguidores que han muerto, como él, por amor a él y por amor a los que él ha amado.

 

Estamos formulando unas verdades que parecen contradecir al lenguaje que hace cien años utitlizaba el Papa Pío XI, cuando el año 1925 escribió la encíclica Quas primas sobre la fiesta de Cristo Rey. Jesucristo, Hijo de Dios, ha sido constituido Rey de cielos y tierra con plena poder en cielo y tierra, tanto en lo espiritual como en lo temporal. Permítanme esta larga cita: 

   

     “Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confirió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.

Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales[27]. Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano[28]” (Quas primas, 15).

 

3. Este discurso del Papa nos llevaría a muchas explicaciones y aclaraciones necesarias, que son propias de la teología y de la jurisprudencia humana. El Evangelio de san Lucas nos transmite este episodio: “le dijo uno de la gente: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?»” (Lc 12,13-14).

Esta frase es muy significativa y da mucho que reflexionar. Por circunstancias históricas la Iglesia Católica se ha constituido también en un estado soberano, que se llama Estado de la Ciudad del Vaticano. Las informaciones de Internet, abiertas al mundo entero, nos dan estos datos: “En la actualidad la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con 180 estados soberanos.1​ El último país con el que estableció relaciones fue Birmania en 2017. … Cuando Juan Pablo II fue elegido papa en 1978, existían relaciones diplomáticas solo con 84 países” (artículo Relaciones diplomáticas de la Santa Sede, en Wikipedia, consulta 19/XI/2022). El estado vaticano – sepámoslo – es el estado soberano del mundo más pequeño del mundo: su extensión no alcanza al medio kilómetro cuadrado (es de 0,44) y su población es de menos de 1000 habitantes. Se piensa que la existencia de esta figura puede favorecer la comunicación humana fluida, pero no dejamos de pensar que esta realidad es sumamente ambigua, que los cristianos tendremos que pensarla, reinventarla, transformarla y acaso suprimirla. Un ejemplo: en mi país el Diplomático de la Santa Sede no podrá decir ante el Gobierno: El Concilio afirma: “la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables” (Gaudium et spes, 51), no lo puede decir porque debe respetar la Constitución del Estado, las Leyes fundamentales, que dicen que la interrupción del embarazo es un derecho que pertenece a la mujer, por lo tanto, a su dignidad y libertad, y en consecuencia no es ningún crimen. Pero el Señor no nos ha mandado al mundo a defender lo que defienden los estados, sino el Evangelio, a no avergonzarnos de él, aunque esto nos cueste la vida.

 

4. Por lo tanto, hermanos, qué es el Reino de Cristo, que nosotros queremos anunciar con humildad y valentía. No es ningún reino jurídico, político. Es otra cosa que al define el prefacio del día de Cristo Rey con estas palabras:

el reino de la verdad y la vida,

el reino de la santidad y la gracia,

el reino de la justicia, el amor y la paz.

 

No nos engañemos: este reino no se consigue con ninguno de los poderes humanos: el mando, las armas, el dinero; solo se consigue con la conversión y la entrega hasta la cruz.

 

Señor Jesús, tú eres nuestro Rey muriendo en la cruz; haz que sepamos dar la vida por ti y por nuestros hermanos. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado, 19 noviembre 2022

jueves, 17 de noviembre de 2022

1827. Cristo del Apocalipsis – Rima espiritual en los días finales del ciclo litúrgico, ante la fiesta de Cristo Rey.

Cristo del Apocalipsis


 

 

 

En la semana final del año litúrgico leemos el Apocalipsis. Escuchemos:

9 Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. 10 El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como de trompeta 11 que decía: «Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias, a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea». 12 Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro*, 13 y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro. 14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos como llama de fuego. 15 Sus pies eran semejantes al bronce bruñido incandescente en el crisol; y su voz como rumor de muchas aguas. 16 Tenía en su mano derecha siete estrellas; y de su boca salía una espada aguda de doble filo; su rostro era como el sol cuando brilla en su apogeo. 17 Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome: «No temas; yo soy el Primero y el Último, 18 el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. 19 Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto. 20 En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi derecha, y los siete candelabros de oro, las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candelabros que has visto son las siete iglesias» (Ap 1,9-20).

 

Los atributos divinos con que Jesús aparece ene esta visión inicial se desglosan en cada uno de los mensajes a las siete Iglesias de Asia Menor.

o   al ángel de la Iglesia en Éfeso: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro.

o   al ángel de la Iglesia en Esmirna: Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida.

o   al ángel de la Iglesia en Pérgamo: Esto dice el que tiene la espada aguda de doble filo.

o   al ángel de la Iglesia en Tiatira: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene sus ojos como como llama de fuego y sus pies como bronce bruñido.

o   al ángel de la Iglesia en Sardes: Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas.

o   al ángel de la Iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo y el Verdadero, el que tiene la llave de David, de forma que si él abre, nadie cierra, y si él cierra, nadie abre.

o   al ángel de la Iglesia en Laodicea: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios.

El Vidente Juan está viendo el Apocalipsis en los avatares de la Iglesia en que vive. Yo puedo leer humildemente el Apocalipsis en la realidad de la Iglesia Sinodal en que vivimos. (Puede consultarse el documento publicado el mes pasado: “Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54,2). Documento de trabajo para la etapa continental, publicado por la Secretaría General del Sínodo, en. www.synod.va).

Cada una de las cartas-mensaje concluye con el mismo grito de invitación: El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Lo que justifica que el creyente acuda de modo personal a lo que el Espíritu le dice a él en el hoy de la Iglesia.

Cristo del Apocalipsis,

El que eres y el que eras,

ante tu rostro divino

se postra la Iglesia entera.

 

* * *

¿Eres tú, Jesús glorioso,

el Jesús del Evangelio,

el que calzaba sandalias,

igual que las que yo llevo?

 

Soy el mismo, me decía

la voz que suena por dentro,

y en mi frente suave mano

deshacía mi recelo.

 

Jesús de mi intimidad,

intimior intimo meo,

eres tú, tan solo tú,

deshecho el espacio y tiempo.

 

Y soy yo, mi propio yo,

¿entiendes lo que no entiendo?

Mi yo mismo desvalido

en amor divino ardiendo.

 

Yo pido el vestido blanco

de vencedores redentos

para acercarme a tus pies

y darte, llorando, un beso.

 

Un beso que me ha nacido

antes de mi nacimiento,

cuando aún yo no existía

y me pensante ab aeterno.

 

Mi vida tuya es en  ti,

un beso…, un beso abierto,

que se ha metido en tus plantas

y nadie podrá beberlo.

 

Mi Dios del Apocalipsis,

mi Jesús de mis requiebros,

sufro… y opino…, tú sabes

y es amor mi sufrimiento.

 

Mas junto a ti yo estaré,

ayúdame en mi silencio,

que acaso palabras medias

no expliquen lo que yo siento.

 

Estrellas veo en tu mano,

y una es la mía, yo … me atrevo,

guárdamela reluciente,

cuídala, que tengo miedo.

 

Y una espada de sajar,

que eres juez del universo;

si es por mi herida maligna

ven a mí como enfermero.

 

Ojos de llama brillante

que purifican a fuego;

soy impuro, no me excuso

mas tú…, piedad, que eres bueno.

 

El Espíritu te habita,

Dios por dentro, Dios reflejo,

y yo quiero ser divino

A tu contacto sincero.

 

Eres tú, Jesús creído,

eres Santo y Verdadero,

y yo perdido en tu Nombre

he de ser lo que en ti veo.

 

Eres llave que abre y cierra,

Y la mía te la entrego;

Hijo de Dios, de David,

de mi Historia el solo dueño.

 

Mi Jesús y mi misión;

callad, sabios, deteneos;

solo él, tan solo él,

mi yo que desaparezco. Amén.

 

(Postcriptum

Gracias, Vidente de Patmos,

 
que reposaste en su pecho: 

lloraba Juan y yo lloro,mas 

¡hay Vencedor y hay cielo).

 

Cuautitlán Izcalli, miércoles 16 noviembre 2022.